MIGUEL ARCILA MONTOYA
DEVOCIONARIO PERSONAL DIARIO
PAUTAS
DE ORACIÓN
ABUNDANCIA DE TEXTO BÍBLICO
Y TEOLÓGICO PARA HONRAR A DIOS
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GRATUIDAD
Gratuitamente
han recibido,
gratuitamente
deben dar.
(Mateo
10,8. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel)
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HIMNO
AL AMOR CRISTIANO
El
amor es paciente, es servicial, [el
amor]
no es envidioso ni busca aparentar,
no
es orgulloso ni actúa con bajeza, no
busca
su interés, no se irrita, sino que deja
atrás
las ofensas y las perdona, nunca se
alegra
de la injusticia, y siempre se alegra
de
la verdad. Todo lo aguanta, todo lo
cree,
todo lo espera, todo lo soporta.
El
amor nunca terminará.
(1Co
13,4-8. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel)
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SABIDURÍA
También
yo soy un hombre mortal, igual que todos,
hijo
del primer hombre modelado en arcilla,
en
el vientre materno fue esculpida mi carne;
tardé
diez meses en tomar consistencia en su sangre,
gracias
al semen de mi padre y del placer que acompaña al sueño.
Al
nacer, también yo respiré el aire común,
y
al caer en la tierra que todos pisan,
estrené
mi voz llorando, igual que todos;
me
criaron con mimo, entre pañales.
Ningún
rey empezó de otra manera;
idéntica
es la entrada de todos en la vida e igual es la salida.
Por
eso supliqué y se me concedió la prudencia,
invoqué
y vino a mí el espíritu de Sabiduría.
La
preferí a cetros y tronos,
y
en comparación con ella tuve en nada la riqueza;
no
la equiparé a la piedra más preciosa,
porque
todo el oro a su lado es un poco de arena,
y,
junto a ella, la plata vale lo que el barro;
la
quise más que a la salud y la belleza
y
me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
Con
ella me vinieron todos los bienes juntos,
en
sus manos había riquezas incontables;
de
todas gocé, porque la Sabiduría las trae,
aunque
yo no sabía que es la madre de todas.
La aprendí sin malicia, la
comparto sin envidia y no me guardo sus riquezas;
porque
es un tesoro inagotable para los hombres:
los
que la adquieren se atraen la amistad de Dios,
porque
el don de su enseñanza los recomienda.
La
Sabiduría me lo enseñó
Que
me conceda Dios saber expresarme
y
pensar como corresponde a ese don,
pues
él es el guía a la Sabiduría y quien marca el camino a los sabios.
Porque
en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras,
y
toda la prudencia y el talento.
Él
me otorgó un conocimiento infalible de los seres
para
conocer la trama del mundo y las propiedades de los elementos;
el
comienzo y el fin y el medio de los tiempos,
las
diversas posiciones del sol y el cambio de las estaciones;
los
ciclos anuales y la posición de las estrellas;
la
naturaleza de los animales y la furia de las fieras,
el
poder de los espíritus y las reflexiones de los hombres,
las
variedades de plantas y las virtudes de las raíces;
todo
lo sé; oculto o manifiesto,
porque
la Sabiduría, artífice del universo, me lo enseñó.
Reflejo
de la luz eterna
En
ella hay un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil,
penetrante,
inmaculado, transparente, invulnerable, bondadoso, agudo,
independiente,
benéfico, amigo del hombre, firme, seguro, sereno,
que
todo lo puede, que todo lo vigila, que en todos los espíritus penetra,
en
los inteligentes, en los puros, en los sutilísimos.
La
Sabiduría es más móvil que cualquier movimiento,
y,
en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo;
porque
es exhalación del poder divino,
emanación
purísima de la gloria del Omnipotente,
por
eso nada inmundo se le pega.
Es
reflejo de la luz eterna,
espejo
nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad.
Siendo una sola, todo lo
puede; sin cambiar en nada, renueva el universo,
y,
entrando en las almas buenas de cada generación,
va
haciendo amigos de Dios y profetas;
pues
Dios ama sólo a quien convive con la Sabiduría.
Es
más bella que el sol y que todas las constelaciones,
comparada
a la luz del día, sale ganando,
pues
a éste lo releva la noche,
mientras
que a la Sabiduría no la puede el mal.
(Sabiduría
7,1-30. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel)
NOTA[i]
1. DEL NOMBRE DE DIOS
Especial, con el respaldo Bíblico: A) Dios; B) El Señor; C) Señor Dios; D) Dios Todopoderoso; E) Padre; F) Padre Nuestro; G) Jesús es El Señor.
A) DIOS, (v. Lev 20,3; 1Cron 29,16; Sal 103,1; Ez 20,39);
B) EL SEÑOR, “Dios dijo
a Moisés: YO
SOY EL SEÑOR. Yo me aparecí a Abrahán, Isaac y Jacob
como DIOS TODOPODEROSO, pero no les di a conocer MI NOMBRE: EL SEÑOR” (v. Ex
6,2-3; Joel 2,19,27; Is 45,1,5,6; Ez 39,22; Lev 26,1,2,12);
C) SEÑOR DIOS, (v. Gn 2,4b; 15,7; 17,1; 28,13; 35,11; Ex 3,13-17; 6,2-3;
20,1-2,5; Dt 1,21; 28,1);
D) DIOS TODOPODEROSO, (v. Gn
17,1; 35,11);
E) PADRE, (v. Mateo 23,9; Lucas 10,21);
F) PADRE NUESTRO, (v. Mateo 6,9-15; Lucas
11,1-4; Filipenses 4,20; 1Tesalonicenses 3,11);
G) JESÚS ES SEÑOR, (v. 1Corintios 12,3B-14; San Juan 20,19-23).
1.1 El NOMBRE DE DIOS (Yo
Soy El Que Soy, Yahvé O Yavé,
YHVH O YHWH, JeHová)
Nombre de Dios quien, en proposición
tan clara y evidente que no necesita ni puede demostrarse, proclama:
“Abrán cayó rostro en tierra
y Dios le habló así: … Seré tu DIOS y el de tus descendientes futuros … Y seré
su DIOS.” (Gn 17,3,7,8);
“Yo
soy … su DIOS, Y NO HAY OTRO, y mi pueblo no quedará defraudado” (v. Joel 2,19
y 27);
“FUERA
DE MÍ NO HAY DIOS. … Y NO HAY OTRO” (v. Isaías 45,1,5,6; Dt 32,39);
“A
partir de aquel día sabrá la casa de Israel que YO SOY … SU DIOS.” (v. Ezequiel
39,22);
“Porque
YO SOY … SU DIOS. … Caminaré entre ustedes y SERÉ SU DIOS y ustedes serán mi
pueblo.” (v. Levítico 26,1,2,12);
“Moisés
replicó a Dios: –Mira, yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de sus
padres me ha enviado a ustedes. Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les
respondo? DIOS dijo a Moisés: –SOY EL QUE SOY. ESTO DIRÁS a los israelitas: YO
SOY me envía a ustedes. DIOS añadió a Moisés: –ESTO DIRÁS a los israelitas: El SEÑOR
DIOS de sus padres, DIOS de Abrahán, DIOS de Isaac, DIOS de Jacob, me envía a
ustedes. Éste es mi Nombre para siempre: así me llamarán de generación en
generación. Vete, reúne a las autoridades de Israel y diles: El SEÑOR DIOS de
sus padres, de Abrahán, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me ha dicho: Los
tengo presentes y veo cómo los tratan los egipcios” (v. Ex 3,13-16).
NOTA[ii]
1.1.1 DIOS.
Dios, “El nombre de Dios es
el Nombre supremo, Nombre santo (Lev 20,3; 1Crón 29,16; Sal 103,1; Ez 20,39),
formidable y terrible (Dt 28,59; Sal 99,33; 111,9; Mal 1,11-14). Dios habita en
un espacio trascendente, del que no se le puede hacer salir, presencializarle
en leño labrado, piedra esculpida o metal fundido (Éx 34,17; Lev 26,1; Dt
4,15-28), pero, sin perder su lejanía inaccesible, se presencializa y se
concreta en el Nombre (Job 1,21; Dt 28,58; Ez 48,9; Am 2,7). La centralización
del culto, llevada a cabo por el deuteronomista, se fundamenta en esta teología
del Nombre de Dios, que mora en el santuario (Dt 12,2-3). Dios habita en el
cielo, mientras que el templo es la morada fija y permanente de su Nombre (1Re
27,30; Dt 12,5; 14,24; 2Re 8,29; 21,7; 23,27). Toda ofensa cultual, hecha en el
santuario, implica una profanación del Nombre de Yavé (Lev 18,21; 20,30; 22,2);
también se le profana, jurando en falso por el Nombre (Lev 19,12), empleándolo
en vano y a la ligera (Éx 20,1-17; Dt 5,11; Si 23,9), blasfemándolo (Lev 19,12;
24,11).
“La prohibición de usar el
nombre de Yavé en vano, los rabinos la interpretaron de todo uso superfluo del
Nombre, en la vida privada, en las relaciones sociales, hasta en la misma
lectura y oraciones privadas o colectivas. A partir del s. III a.C , ya no se
pronuncia el Nombre sagrado de Yavé, el hacerlo se consideraba una profanación,
equivalía a «maldecir a Yavé», y hasta constituía un grave peligro para la vida
misma, como si una corriente eléctrica de alta tensión rodeara el espacio donde
mora el Nombre de Yavé. El tetragrama de Yavé se reemplaza por el de Adonai.
Yavé es un Nombre impronunciable. Esto dio origen a una serie de
circunlocuciones sustitutivas del Nombre de Yavé, tales como el Cielo, el
Santo, la Presencia, la Morada, el Lugar, el Nombre, la Palabra. Entre todas,
la más frecuente es la Palabra, pero la más profunda es el Nombre que es una
manifestación de la identidad del Nombre y la Persona de Yavé (Evaristo Martín
Nieto. El Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo 1996, Madrid.
Pág. 57).
1.1.2 EL SEÑOR.
El Señor, es que, el propio “Dios dijo
a Moisés: YO
SOY EL SEÑOR. Yo me aparecí a Abrahán, Isaac y Jacob
como DIOS TODOPODEROSO, pero no les di a conocer MI NOMBRE: EL SEÑOR” (Ex
6,2-3).
Y, de este modo, Dios personalmente
lo consagra (v. Ex 6,2-3; Ex 20,1-17; Joel 2,19,27; Is 45,1,5,6; Ez 39,22; Lev
26,1,2,12; Salmos 68,4-5).
1.1.3 SEÑOR DIOS.
Señor Dios, se expresa:
“Cuando el SEÑOR DIOS hizo la tierra y el cielo” (Gn 2,4b).
Y, así, se invoca (v. Gn 2,4b;
15,7; 17,1; 28,13; 35,11; Ex 3,13-17; 6,2-3; 20,1-2,5; Dt 1,21; 28,1).
NOTA[iii]
1.1.4 DIOS TODOPODEROSO.
Dios Todopoderoso, ya que:
“Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo:
-Yo soy DIOS TODOPODEROSO.” (Gn 17,1).
Y, en tal forma, Dios mismo
lo exalta (v. Gn 17,1; 35,11; Ex 6,2-3).
NOTA[iv]
1.1.5 PADRE.
Padre, pues, Cristo, de
propia voz, afirma: "Entonces Jesús, dirigiéndose a la multitud y a sus
discípulos, dijo: … En la tierra a nadie llamen padre, pues uno solo es su
PADRE, EL DEL CIELO" (Mateo 23,9); además, expresa: “Lleno de gozo bajo la
acción del Espíritu Santo, yo te alabo, PADRE, te bendigo, SEÑOR DEL CIELO Y DE
LA TIERRA” (Lucas 10,21); y, de Niño Jesús, ya interrogaba: “¿No sabían que yo
debo estar en los asuntos de mi PADRE?” (Lucas 2,49).
Y, de esta manera, se
estipula (v. Mateo 23,1-2,9; Mateo 11, 25-30; Mateo 16,17 y 27; Mateo 26,39; Lucas
22,41-42; Juan 17,1).
NOTA[v]
1.1.6 PADRE NUESTRO.
Padre Nuestro, porque, Jesucristo
mismo, enseña: “Ustedes oren así: ¡PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO! (Mateo
6,9).
Y, se manda (v. Mateo
6,9-15; Lucas 11,1-4; Filipenses 4,20; 1Tesalonicenses 3,11).
NOTA[vi]
1.1.7 JESÚS ES EL SEÑOR.
Jesús es El Señor, en cuanto
“nadie puede decir: “JESÚS ES EL SEÑOR”, sino en el Espíritu” (1Co 12,3B, La Santa Biblia. Ediciones
Paulinas, 3ª ed. 1966, Madrid).
Y, se glorifica (v. 1Corintios
12,3B-14; San Juan 20,19-23).
NOTA[vii]
1.2 ORACIÓN INTENCIÓN DE LAS
INDULGENCIAS - FÓRMULA PROPIA PARA DIRIGIRLA DIARIAMENTE
«¡PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN
EL CIELO, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras
ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden; no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del
mal. Amén!» (v. Mateo 6,9-15; Lucas 11,1-4).
¡Aleluya!
Señor,
al glorificarte aquí en la tierra, tengo intención de ganar el día de hoy todas
las indulgencias que pudiere con mis
buenas obras de oraciones y acciones enriquecidas con este don y concedido a
cada una de ellas.
Igualmente,
Señor, tales indulgencias, las dejo en manos de la Santísima Virgen María para
que disponga de ellas como fuere de su agrado, en alivio de las santas almas
del Purgatorio y la mía propia, y especialmente a las de mi árbol genealógico y
demás parientes, a las de mis amigos y conocidos, y a las de mis bienhechores y
favorecedores; almas en cuya ayuda abandono todos mis tesoros espirituales.
Por
Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
1.3
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Señor,
Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro:
Que
Tu Espíritu Santo se derrame sobre mí, dándome inteligencia y sabiduría para
entender y amar y practicar las Sagradas Escrituras y resolver correctamente
todos los asuntos, y que ello sea para Alabanza y Gloria Tuya, para mi bien y
el de Tu Santa Iglesia. Y, Espíritu Santo, que yo comprenda y que yo recuerde la
Palabra de Dios. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
1.4 BENDICIÓN
“Levántense,
bendigan al Señor, su Dios, desde siempre y por siempre; bendigan su Nombre
glorioso, que supera toda bendición y alabanza.” (Nehemías 9,5b).
NOTA[viii]
CAPÍTULO 2
2.1 ORACIÓN PRESENTACIÓN DE PETICIONES
No me inquieto por cosa alguna; antes bien, en toda
ocasión, presento al Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro,
mis peticiones,
mediante la oración y la
súplica, acompañadas de
la acción de gracias
y la
paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodia mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús (v. Filipenses 4,7 Biblia de Jerusalén).
Amén. ¡Aleluya!
Y, Señor,
Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, con humildad y
reverencia:
A) Te agradezco el acceder a
mi presentada PETICIÓN:
Que me concedas, si quieres, la gracia
de (…);
B) Mediante la ORACIÓN:
Que nos enseñó y nos dio el Señor Jesús: «¡PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN
EL CIELO, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras
ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden; no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del
mal. Amén!» (v. Mateo 6,9-13).
C) Y, con mi SÚPLICA:
En plena entrega a tu Voluntad, que me otorgues lo pedido; mas no sea como yo quiero,
sino como quieres Tú
(v. Mateo
26,39) y para Alabanza y Gloria de Tu Nombre (Señor, Dios, Señor Dios, Dios
Todopoderoso, Padre Nuestro),
para mi bien y el de toda Tu Santa Iglesia;
D) Acompañada de mi ACCIÓN
DE GRACIAS:
Por tu bondad, por todos los beneficios que me has
otorgado, por los bienes que me has
concedido, por
la buena acogida que me brindas y para bendecir y cantar Tu
Nombre (v. Tobías 12,6).
¡Aleluya! ¡Gracias, Muchas
Gracias, Mi Señor!
Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén. ¡Aleluya!
Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro,
te pido que tu Gracia continuamente me preceda y acompañe, de manera que esté
dispuesto a obrar siempre bien, viva en perenne acción de gracias y sea salud y
paz para los que me rodean. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
En todo lugar y momento,
invoco el Nombre de Jesucristo, Señor Nuestro, y la Gracia y Paz de parte de
Dios Nuestro Padre y del Señor Jesucristo, está conmigo. Amén. ¡Aleluya! (v. 1Corintios
1,2-3).
E) Mientras Jeremías estaba
todavía detenido en el atrio de la guardia, el
Señor le dirigió la
palabra: –Así dice el Señor, que hizo la
tierra, la formó y la estableció; su Nombre es Señor. Llámame, y te contestaré,
te comunicaré cosas grandes e inaccesibles que no conoces. (v. Jeremías 33,1-3).
3.1 ORACIÓN PROBLEMAS
ECONÓMICOS
Dios Mío, en estos tiempos de dificultades me ayudas
a resolver los problemas económicos. No cuidaba bien el dinero y me diste una
nueva actitud y un nuevo compromiso para administrar mis finanzas sabia y
cuidadosamente.
Mis problemas económicos estaban fuera de mi alcance
y me has ayudado a encontrar una manera, TÚ MANERA, SEÑOR, DIOS, SEÑOR DIOS,
DIOS TODOPODEROSO, PADRE NUESTRO, de cumplir con mis obligaciones. Puse esta
necesidad ANTE TÍ, sabiendo que TÚ me guías hacia una buena solución, y lo
hiciste. ¡Gracias, muchas gracias, mi Señor! Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén. ¡Aleluya!
“Mi Dios les dará a ustedes todo lo que les falte,
conforme a las gloriosas riquezas que tiene … ¡Gloria para siempre a Nuestro
Dios y Padre! Amén.” ¡Aleluya! (v. Filipenses 4,19-20).
Señor Jesús, a mis necesidades, con obediencia y
temor de Dios, digo: ¡Dios proveerá! (v. Génesis 22,8).
Señor, Dios, Señor
Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, te agradezco por haber oído mi oración
y estar respondiendo a ella según tu infinita sabiduría y amor, te alabo y
bendigo por tus bondades y bendiciones para conmigo y por ser tan bueno con tus
criaturas, y dejo los resultados en Tus Manos, ¡Oh Dios!
Deposito en el Señor Jesús todas mis preocupaciones y
Él cuida de mí, ¡con Dios nada es imposible! (v. Lucas 1,37). Por Jesucristo,
Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
Alabo al Señor en cada instante y en cada situación, en
cada problema y en cada alegría, y la gracia del SEÑOR, DIOS, SEÑOR DIOS, DIOS TODOPODEROSO, PADRE
NUESTRO, llega cada vez más abundante sobre mí y sobre mi
familia y sobre todos nuestros asuntos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
¡Aleluya!
4.1 ORACIÓN DIARIA DE LA MAÑANA
Hoy, Señor, Dios, Señor
Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo:
¡Que te agraden, Señor, las palabras de mi boca, y
los pensamientos y deseos de mi corazón! Amén. ¡Aleluya!
Hoy, me pongo en oración para darle órdenes a mi
mañana de este nuevo día y declarar lo que es mi nuevo excelente día.
Hoy, tomo autoridad sobre mi día en el Nombre de
Jesús y cada elemento de mi día coopera con un mismo buen propósito y buen
destino.
Hoy, es el nacimiento de un nuevo día, todo mal ha terminado
y camino en un periodo de éxito, prosperidad y felicidad, las cosas viejas han
pasado y todas las cosas han sido hechas nuevas.
Hoy, prosigo hacia la meta del supremo llamamiento del
Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre
Nuestro, en Cristo Jesús.
Hoy, cualquier cosa o persona asignada para minarme,
frustrarme, obstaculizarme o hacerme daño ordeno, en el Nombre de Jesús, que
sea apartada de mi esfera de influencia.
Hoy, ordeno a mi día que coopere plenamente con tu
plan y tu propósito para el, Señor Jesús.
Hoy, me pongo de acuerdo con gran anticipación de las
cosas buenas que Tú, Señor, Dios, Señor
Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, has preparado para mí.
Hoy, decreto y declaro que está amaneciendo un nuevo
día para toda mi vida: para mis labores y para mis asuntos; para mis quehaceres
y para mis finanzas; para mis relaciones y para mi bienestar.
Hoy, atraigo a mi día:
A) Felicidad, riqueza, prosperidad, dicha, bienestar,
honor, vida, éxito, visión, dirección, ingeniosidad, creatividad,
espiritualidad, santidad, justicia y paz; y,
B) Recursos de tu Espíritu Santo de totalidad,
seguridad, salud, tranquilidad, gozo, contento y amistad, y de su Fruto de
amor, alegría, paz con Dios y con los hombres, paciencia, amabilidad, bondad,
fidelidad, modestia y dominio propio.
Hoy, tengo una emoción nueva; tengo una mente nueva; tengo
un impulso nuevo; tengo una unción nueva que no está contaminada ni hace
concesiones.
Hoy, mediante esta unción nueva, es quebrado todo
yugo de mi vida y es destruido, se levanta toda carga.
Hoy, el yugo es fácil y la carga es ligera.
¡Hoy es un día maravilloso!
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
5.1 ORACIÓN NO TEMER MALAS NOTICIAS
5.1.1
HONRO AL SEÑOR
¡Aleluya! Dichoso porque temo al Señor y en sus preceptos
hallo el sumo deleite, no temo malas nuevas; mi corazón está firme, confiado en
el Señor. Amén.
¡Aleluya! (v. Salmos 112,1,7).
¡Aleluya! No temeré malas nuevas; mi corazón está
firme, confiado en Yahvé. Amén. ¡Aleluya! (v. Salmos 111,7-(112,7)-).
NOTA[ix]
¡Gracias a Dios, que me da la victoria por medio de
Nuestro Señor Jesucristo! Amén. ¡Aleluya!
(v. 1Corintios 15,57).
Estoy
siempre contento. Oro
en todo momento. Doy gracias a Dios, por todo, porque
esto es lo que Él quiere de mí como creyente en Cristo Jesús. Amén. ¡Aleluya! (v.
1Tesalonicenses 5,16-18).
Señor, Tú eres Santo; tú reinas, alabado por Israel (v.
Salmos 22,4).
Bendigo al Señor a todas horas; mis labios siempre lo
alaban. Yo me siento orgulloso del Señor; ¡óiganlo y alégrense, hombres
humildes! alabemos juntos y a una voz la grandeza del Nombre del Señor (Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre
Nuestro -v. Mateo
6,9-), -v. Salmos 34,1-4-.
5.1.2 SIN TEMER
Siendo Dios mi salvador, confío y no temo porque mi
fuerza y poder es el Señor, Él es mi salvación (v. Isaías 12,2).
El Señor me guarda de todo mal, Él guarda mi vida (v.
Salmos 121,7).
Recurro al Señor, y Él me contesta, y me libra de
todos mis temores (v. Salmos 34,5).
Creo en el Señor Jesús, y obtengo la salvación yo y
mi familia (v. Hechos 16,31).
Alabo
siempre a Dios
por medio de
Jesucristo. Esta alabanza es el sacrificio que debo ofrecer. ¡Lo alabo,
pues, con mis labios! (v. Hebreos 13,15).
¡Gloria al Señor, Dios, Señor
Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro!
¡Bendito Seas Señor Jesús!
¡Alabado Seas Espíritu Santo!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
No tengo por qué temer recibir malas noticias, pues
mi corazón está seguro, confiado en el Señor. CONFIO Y NO TEMO, alabándolo
a Él: Dios habita
en medio de
las alabanzas de su
pueblo. Por Jesucristo,
Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya! (v. Salmos 112,7).
Y, MI DIOS PROVEE A TODAS MIS NECESIDADES CON
MAGNIFICENCIA, CONFORME A SU RIQUEZA, EN CRISTO JESÚS. A Dios, Nuestro Padre, la
gloria por los siglos de los siglos. Amén. ¡Aleluya! (v. Filipenses 4,19-20).
Señor, Dios, Señor
Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, que no falten en mi casa la harina ni
el aceite del pan diario, cual prometiste por medio de Elías (v. 1Reyes 17,14-16).
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
“MI SEÑOR, DIOS, SEÑOR DIOS, DIOS TODOPODEROSO, PADRE
NUESTRO, AHORA MISMO ESTÁ SUPLIENDO TODAS MIS NECESIDADES. POR
JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR. AMÉN”. ¡Aleluya!
Por ello, “GRACIAS, DIOS, PADRE NUESTRO, POR TUS
RIQUEZAS AHORA EN CRISTO JESÚS. AMÉN”. ¡Aleluya! (Filipenses 4,19-20).
Bendita, Alabada, Ensalzada, Adorada y Glorificada
sea la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres Personas
Distintas y Un Solo Dios Verdadero. Amén. ¡Aleluya!
Ven Espíritu de Amor y de Paz. A Tí Espíritu de Amor,
junto con el Padre Omnipotente y el Hijo Unigénito, Alabanza, Honor y Gloria
por los siglos de los siglos. Amén. (San Juan Pablo II Papa). ¡Aleluya!
Me postro y adoro a Dios, que está sentado en el
trono, diciendo:
«¡Amén! ¡Aleluya!» (v. Apocalipsis
19,4 Biblia de Jerusalén).
«¡Bendito sea el Nombre del Señor!» (v. Job 1,21;
Salmos 113,2). «¡Gracias, Muchas Gracias, Mi Señor!» (v. Lucas 17,15-17).
«¡Amén! ¡Aleluya!»
“Señor, no soy digno, ni merezco que entres en mi
pobre morada, pero di una sola palabra y mi alma será sana, salva, libre y
perdonada. Amén. El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor
Jesucristo, guarden mi alma para la vida eterna. Amén.” ¡Aleluya!
Señor, que te reciba con la misma pureza, humildad y
devoción que te recibí el día de mi Primera Comunión y que esta Santa Misa sea
como la de aquel día. Amén. ¡Aleluya! (domiarmo).
5.2
ALABANZA A LA BONDAD DEL SEÑOR
Aleluya. ALABAD al Señor, siervos suyos; alabad el Nombre
del Señor. Sea bendito el Nombre del Señor desde ahora y en todos los siglos. El
Nombre del Señor es digno de ser alabado desde donde el sol nace hasta donde se
pone; porque el Señor es excelso sobre todas las naciones, y su gloria se eleva
sobre los cielos. En efecto, ¿quién es como el SEÑOR DIOS NUESTRO, que habita
en las alturas, y que sin embargo mira lo que hay mas humilde en el cielo y en
la tierra; que saca del polvo al desvalido, y alza del estiércol al pobre, para
colocarlo entre los príncipes, entre los príncipes de su pueblo; y finalmente
que da a la que era estéril la alegría de verse en su casa madre de muchos
hijos. (v. Salmo CXII Biblia Vulgata Latina. 1ª
Edición Mejicana. Tomo Décimo. Libro de Los Salmos 1832. Enteramente conforme a
la cuarta y ultima francesa del año de 1820).
¡Aleluya! Alabad, siervos de Yahvé, alabad el Nombre
de Yahvé. Sea bendito el Nombre de Yahvé desde ahora y por siempre. Desde el
levante del sol hasta su ocaso sea ensalzado el Nombre de Yahvé. Excelso sobre
todas las gentes es Yahvé; su gloria es más alta que los cielos. ¡Aleluya!
Amén. (v. Salmos 113, 1-4, Biblia
Nácar-Colunga).
¡Alabad, siervos de YHVH, alabad el Nombre de YHVH!
¡Bendito sea el Nombre de YHVH desde ahora y para siempre! Desde el nacimiento
del sol hasta su ocaso, sea alabado el Nombre de YHVH. YHVH se eleva sobre todas las naciones, y
sobre los cielos su gloria. ¿Quién como YHVH nuestro Dios, entronizado en las
alturas, que se rebaja para mirar en los cielos y en la tierra? (v. Salmos 113, 1-6, Biblia Hebraica Stuttgartensia LXX).
¡Aleluya! ¡Alabad, siervos de Yavé, alabad al Nombre
de Yavé! ¡Bendito sea el Nombre de Yavé desde ahora y para siempre! ¡Desde que
sale el sol hasta su ocaso, sea loado el Nombre de Yavé! ¡Excelso sobre todas
las gentes, Yavé, su Gloria por encima de los cielos! ¿Quién como Yavé, nuestro
Dios, que se sienta en lo alto y se rebaja para ver cielos y tierra? (v. Salmos 113, 1-6, Biblia Paulinas. La Santa Biblia.
Dr. Evaristo Martín Nieto. 1966).
¡Aleluya! Siervos del Señor, ¡Alaben su Nombre!
¡Bendito sea ahora y siempre el Nombre del Señor! ¡Alabado sea el Nombre del
Señor del oriente al occidente! El Señor está por encima de las naciones; ¡Su
gloria está por encima del cielo! Nadie es comparable al SEÑOR NUESTRO DIOS,
que reina allá en lo alto; y que, sin embargo, se inclina para mirar el cielo y
la tierra. El Señor levanta del suelo al pobre, y saca del lugar más bajo al
necesitado para sentarlo entre gente importante, entre la gente importante de
su pueblo. A la mujer que no tuvo hijos le da la alegría de ser madre y de
tener su propio hogar. ¡Aleluya! (v. Salmos
113 Biblia Dios Habla Hoy).
¡Hallelú Yah! Alabad, siervos de Yahvé, alabad el
Nombre de Yahvé. Sea bendito el Nombre de Yahvé, desde ahora y para siempre.
Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso sea ensalzado el Nombre de Yahvé.
Excelso es Yahvé sobre todas las naciones, sobre los cielos, su gloria. ¿Quién
hay en los cielos y en la tierra, comparable al SEÑOR DIOS NUESTRO, que tiene
su trono en las Alturas y se inclina para mirar? Alza del polvo al desvalido y
desde el estiércol exalta al pobre para sentarlo con los nobles, entre los
príncipes de su pueblo. Él hace que la estéril viva en hogar, madre gozosa de
hijos. (v. La Sagrada Biblia. Traducción
directa de los originales por Monseñor Doctor Juan Straubinger. Con todas sus
notas completas según la fiel versión original).
¡Aleluya! Alaben, siervos del Señor, alaben el Nombre
del Señor. Bendito sea el Nombre del Señor ahora y por siempre. Desde la salida
del sol hasta su ocaso, alabado sea el Nombre del Señor. ¡Aleluya! Amén. (v. Salmos 113, 1-3; 1 Sm 2, 1-10; Lc 1,46-53, Biblia del
Peregrino Schokel).
Bendice, alma mía, al Señor, y mi ser a su Santo
Nombre; bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios. Bendigan al
Señor, Ángeles suyos, milicia valerosa que cumple sus órdenes, obediente al
sonido de su palabra. Bendigan al Señor, todos sus ejércitos, siervos suyos que
cumplen su voluntad. Bendigan al Señor, todas sus obras, en todos los lugares
de su imperio. ¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Aleluya! Amén. (v. Salmos 103, 1-2, 20-22; Eclesiástico 18,8-14).
5.3 NO TEMO
No
temo, porque Dios está conmigo; no me angustio, porque Él es mi Dios: me
fortalece y me auxilia y me sostiene con su diestra victoriosa. Amén. ¡Aleluya! (v.
Isaías 41,10).
Siendo
Dios mi salvador, confío y no temo porque mi fuerza y poder es el Señor, Él es
mi salvación. Amén. ¡Aleluya! (v. Isaías 12,2).
El
Señor, mi Dios, me agarra de la diestra, y me dice: No temas, yo mismo te
auxilio (v. Isaías 41,13). Amén. ¡Aleluya!
El
Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas me hace reposar, me
conduce a fuentes tranquilas y recrea mis fuerzas. Me guía el sendero adecuado
haciendo gala su oficio. Aunque camine por lúgubres cañadas, ningún mal temeré,
porque tú vas conmigo; tu vara y tu bastón me defienden. ¡La bondad y el amor
me escoltan todos los días de mi vida! (v. Salmos 23). Amén. ¡Aleluya!
Siete
veces al día te alabo por tus justos mandamientos (v. Salmos 119,164). Amén.
¡Aleluya!
“Entonces
el Señor respondió a su pueblo: … Yo soy el SEÑOR, su DIOS, y no hay otro, y mi
pueblo no quedará defraudado” (v. Joel 2,19 y 27, EX 20,1-17).
“Así
dice el Señor a su ungido, Ciro, a quien lleva de la mano: … Yo soy el Señor, y
no hay otro; fuera de mí no hay dios. … Yo soy el Señor, y no hay otro” (v.
Isaías 45,1,5,6).
“A
partir de aquel día sabrá la casa de Israel que yo soy el Señor, su Dios.” (v. Ezequiel
39,22).
“Porque
yo soy el Señor, su Dios. … Yo soy el Señor. … Caminaré entre ustedes y seré su
Dios y ustedes serán mi pueblo.” (v. Levítico 26,1,2,12).
Yo
estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo (v. Mateo 28,20).
NOTA[x]
Cuando me supliques, te
escucharé, y tú cumplirás tus promesas (v. Job 22,27).
El
Señor avanza ante mí. Él está conmigo, no me dejará ni me abandonará. No temo
ni me acobardo (v. Deuteronomio 31,8).
Respondió
el Señor: Yo en persona iré caminando para llevarte al descanso (v. Éxodo
33,14).
Antes
de que me llamen yo les responderé, aún estarán hablando y los habré escuchado (v.
Isaías 65,24).
Sabemos
que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman, de los
llamados según su designio (v. Romanos 8,28).
Entonces
llamaré al Señor, y me responderá; pediré auxilio, y me dirá: Aquí estoy (v. Isaías
58,9).
Si
clamo, el Señor me escucha y me libra de todas las angustias (v. Salmos 34,18).
El
Señor está cerca de los que sufren y salva a los que desfallecen (v. Salmos
34,19).
Por
muchos males que sufra el justo, de todos lo libra el Señor (v. Salmos 34,20).
¡Levántate,
Señor, sálvame, Dios mío! Abofetea a todos mis enemigos, rompe los dientes de
los malvados (v. Salmos 3,8).
Sépanlo:
el Señor ha distinguido a su amigo, el Señor me oye cuando lo llamo (v. Salmos
4,4).
¡De
ti, Señor, viene la salvación, y la bendición para tu pueblo! (v. Salmos 3,9).
El
Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi
vida: ¿de quién me asustaré? (v. Salmos 27,1). Amén. ¡Aleluya!
Porque
el Señor es sol y es escudo, Dios concede favor y gloria; el Señor no niega sus
bienes a los de conducta intachable. Señor del universo, ¡dichoso quien confía
en ti! (v. Salmos 84, 12-13).
Invócame
el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria (v. Salmos 50,15).
Yo
invoco a Dios y el Señor me salvará. Por la tarde, por la mañana, al mediodía
gimo y suspiro, Él escuchará mi voz: Líbrame de la agresión, sálvame que son
muchos contra mí. Que Dios me escuche y los humille, el que reina desde
antiguo, pues no tienen enmienda ni respetan a Dios (v. Salmos 55,17-20).
Escucha,
Señor, mi plegaria, atiende a la voz de mi súplica. Cuando te invoco angustiado
dígnate responderme. Ningún dios hay como tú, Dueño Mío, ninguna obra como las
tuyas (v. Salmos 86,6-8).
Porque
me ama, lo libraré, lo protegeré porque me reconoce. Me llamará y le
responderé, estaré con él en la angustia, lo defenderé y honraré. Lo saciaré de
larga vida y le haré ver mi salvación (v. Salmos 91,14-16).
Encomiendo
al Señor mi camino, confío en Él, y Él actuará (v. Salmos 37,5).
Me
has concedido lo que desea mi corazón, no me has negado lo que pedían mis
labios. Te adelantaste a bendecirme con bienes, me has puesto en la cabeza una
corona de oro (v. Salmos 21,3-4). Amén. ¡Aleluya! ¡Gracias, Muchas Gracias, Mi
Señor!
No
me preocupo, ni me perturbo, todo pasa, Dios no cambia. Con paciencia, todo se
alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta (Santa Teresa de
Ávila).
“Señor,
el rey festeja tu triunfo, ¡cuánto se alegra por tu victoria! Le has concedido
lo que desea su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios. Te
adelantaste a bendecirlo con bienes, le has puesto en la cabeza una corona de
oro. Te pidió vida y se la concediste, años que se prolongan sin término. Grande es su prestigio por tu victoria, le
has conferido honor y majestad. Le has concedido bendiciones incesantes, lo
colmas de gozo en tu presencia. Porque
el rey confía en el Señor, con la gracia del Altísimo, no fracasará” (v. Salmos
21,1-8).
“Señor,
tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Aunque vivamos setenta
años y el más robusto hasta ochenta, afanarse por ellos es fatiga inútil,
porque pasan aprisa y volamos. Enséñanos la medida exacta de nuestros días para
que adquiramos un corazón sensato” (v. Salmos 90,1,10,12).
CAPÍTULO 6
6.1 ORACIÓN CANTO DE ALABANZA A DIOS CON EL ANTECEDENTE CRONOLÓGICO DEL MAGNIFICAT
6.1.1.1 SALMOS 34
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está
siempre en mi boca. Yo me siento orgulloso del Señor: que lo escuchen los
humildes y se alegren. Glorifiquen conmigo al Señor, todos juntos alabemos su
Nombre. Consulté al Señor y me respondió librándome de todos mis temores.
Mírenlo y quedarán radiantes, sus rostros no se sonrojarán. Este pobre clamó y
el Señor lo escuchó, liberándolo de todas sus angustias. El Ángel del Señor
acampa en torno a sus fieles y los protege. Gusten y vean qué bueno es el
Señor: ¡Feliz quien se refugia en Él! Respeten al Señor sus consagrados, que
nada les falta a quienes lo respetan. Los ricos se empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de bienes. Amén. ¡Aleluya!
6.1.1.2 SALMOS 113
¡Aleluya! Alaben, siervos del Señor, alaben el Nombre
del Señor. Bendito sea el Nombre del Señor ahora y por siempre. Desde la salida
del sol hasta su ocaso, alabado sea el Nombre del Señor. El Señor es excelso
sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¿Quién como el Señor, Dios
Nuestro, que está entronizado en lo alto y se inclina para mirar desde cielo a
la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para
sentarlo con los nobles, con los más nobles de su pueblo. Pone al frente de su
casa a la estéril, madre feliz de hijos. ¡Aleluya! Amén.
6.1.1.3 CANTO DE ANA
Mi corazón se regocija por el Señor, en Dios me
siento llena de fuerza, mi boca se ríe de mis enemigos, porque tu salvación me
ha llenado de alegría. No hay santo como el Señor, no hay roca como nuestro
Dios. No multipliquen discursos arrogantes, que la insolencia no les brote de
la boca, porque el Señor es un Dios que sabe, Él es quien pesa las acciones. Se
rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se visten de valor;
los satisfechos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la
mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos se marchita. El
Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; el Señor da la
pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que
herede un trono glorioso, porque del Señor son los pilares de la tierra y sobre
ellos afianzó el mundo. Él protege los pasos de sus amigos mientras los
malvados perecen en las tinieblas –porque el hombre no triunfa por su fuerza–.
El Señor desbarata a sus contrarios, el Altísimo truena desde el cielo, el
Señor juzga hasta el confín de la tierra. Él da autoridad a su rey, exalta el
poder de su Ungido. Amén. ¡Aleluya! (v. 1
Samuel 2,1-10; v. Sal 113, 1-3; Lc 1,46-55).
6.1.1.4 CÁNTICO DE LA SANTÍSIMA VÍRGEN MARÍA - MAGNIFICAT
El ángel le respondió:
—El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el
título de Hijo de Dios. Mira, también tu
pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está
ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios.
Respondió María:
—YO SOY LA ESCLAVA DEL SEÑOR –(es el único título que la misma
Virgen María se dió a si misma)–:
que se cumpla en mí tu palabra.
El ángel la dejó y se fue.
Mi alma canta la grandeza del Señor, mi espíritu
festeja a Dios mi salvador, porque se ha fijado en la humillación de su esclava
y en adelante me felicitarán todas las generaciones. Porque el Poderoso ha
hecho grandes cosas por mí, su Nombre es Santo. Su misericordia con sus fieles
se extiende de generación en generación. Despliega la fuerza de su brazo,
dispersa a los soberbios en sus planes, derriba del trono a los poderosos y
eleva a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los
ricos. Socorre a Israel, su siervo, recordando la lealtad, prometida a nuestros
antepasados, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. ¡Aleluya!
Amén.
Entonces María se levantó y se dirigió
apresuradamente a la serranía, a un pueblo de Judea. Entró en casa de Zacarías
y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un
salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte:
—Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de
tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mira, en
cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi
vientre.
¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el
Señor te anunció. (v. Lucas 1,35-55).
6.2 OTROS
6.2.1 DAR CON AMOR (CARIDAD)
Hijo mío, cuando hagas un favor, no reprendas, y
cuando des limosna no ofendas con tus palabras: el rocío alivia el calor, así
una buena palabra vale más que un regalo; ¿no vale la palabra más que un regalo
cuando procede de un hombre caritativo? El necio insulta sin caridad, un regalo
de mala gana hace llorar (v. Eclesiástico 18,15-18).
NOTA[xi]
6.2.2 ALABANZA AL PADRE CON JESÚS
Lleno
de gozo bajo la acción del Espíritu Santo, yo te alabo, PADRE, te bendigo,
Señor del cielo y de la tierra, (…petición…) Amén. ¡Aleluya! (v. Lucas
10,21).
6.2.3 ORACIÓN EN LOS INICIOS
¡Qué amable es tu morada, Señor del universo!
Languidece mi ser y anhela a gritos el atrio del Señor; mi corazón y mi carne
saltan de gozo por el Dios vivo (v. Salmos 84,2-3). Te doy gracias, Señor, de
todo corazón contando todas tus maravillas; quiero festejarte y celebrarte
cantando en tu honor, Altísimo. Amén. ¡Aleluya! (v. Salmos 9,2-3).
¡Aleluya! Alaben, siervos del Señor, alaben el Nombre
del Señor. Bendito sea el Nombre del Señor ahora y por siempre. Desde la salida
del sol hasta su ocaso, alabado sea el Nombre del Señor (Dios, Padre Nuestro).
El Señor es excelso sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¡Aleluya!
(v. Salmos 113,1-4). Amén.
Tú eres mi Dios, te doy gracias, Dios mío, yo te
ensalzo. Doy gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor. Amén. ¡Aleluya! (v.
Salmos 118,28-29).
Me levanto, bendigo al Señor, mi Dios, desde siempre
y por siempre; bendigo su Nombre glorioso (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-),
que supera toda bendición y alabanza (v. Nehemías 9,5). Amén. ¡Aleluya!
Bendigo al Señor que me aconseja, aun de noche
instruye mi conciencia. He elegido al Señor como mi guía perpetuo, de su
diestra jamás me apartaré (v. Salmos 16,7-8). Amén. ¡Aleluya!
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, a ti
gloria y alabanza eternamente. Bendito sea tu Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo
6,9-), santo y glorioso, a Él gloria y alabanza eternamente (v. Daniel 3,52).
Amén. ¡Aleluya!
Rezo
pidiendo a Nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros y nos proteja: «Bendito
eres, Dios de nuestros padres, y bendito tu Nombre
(Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-) por los siglos de los siglos. Que te
bendigan el cielo y todas tus criaturas por los siglos», de los siglos. Amén. ¡Aleluya! (v.
Tobías 8,4-5).
Que el Señor me defienda mientras viva. ¡Señor, tu
Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-) es eterno, no abandones la obra de
tus manos! Amén.
¡Aleluya! (v. Salmos 138,8).
7.1 ORACIONES A SAN JOSÉ
7.1.1 ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA NECESIDADES ECONÓMICAS Y DE TRABAJO
San José, bendito guardián de Jesús y casto esposo de
María: tú que empleaste todo tu amor y tu vida en el perfecto cumplimiento de
tu deber, tú que mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el incansable
trabajo de tus manos, protégeme bondadosamente que vengo confiadamente a ti.
San José, tú conoces mis aspiraciones y esperanza, por eso, hoy me dirijo a ti, porque sé que tú
me comprendes, me ayudas, me amparas y me defiendes.
San José, tú también supiste de pruebas y angustias,
cansancio y duro trabajo; pero, aún dentro de las preocupaciones materiales y
espirituales de la vida, tu alma estaba llena de profunda paz y estalló plena
de verdadera alegría, por causa del íntimo trato que tuviste y gozaste, con el
Hijo de Dios, quien fue confiado a Ti, a la vez que a su tierna Madre, María.
San José, bendito, te pido, por amor a Jesús y a
María, me auxilies prontamente en esta gran necesidad que hoy me oprime e
inquieta: (…petición…)
San José, seguro y confiado en tu mediación ante
Jesús y María, te doy las gracias por anticipado y te ruego que, además, me
concedas tu santa Protección y Bendición, para así conseguir perseverar en la
fe, la esperanza, la caridad y el amor, y llegar al gozo del cielo con Jesús, con
la Virgen María, en especial como Rosa Mística, los Ángeles, los Santos y tu
sagrada y dulce compañía. Amén. ¡Aleluya!
Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.
7.1.2 ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA PROSPERIDAD, BIENESTAR, ARMONÍA Y DICHA
¡Oh, Bendito San José! Honra de los patriarcas, padre
espiritual de Jesús, ejecutor de los designios de la sabiduría y misericordia
divina e infinita y esposo dichoso de María, Hijo elegido del Poderoso,
Príncipe del cielo, Abogado de tus devotos: Ayúdame con el suave imán de tu
corazón, para que pueda alcanzar la paz, la armonía y la dicha; que pueda
conseguir bienestar en el hogar y prosperidad en mis asuntos; que no haya de
afligirme cosa alguna, pues tu fortaleza me envuelve y estando bajo tu Amparo y
Protección nada me ha de faltar.
¡Oh, Bendito San José! No deseches mis súplicas
bienaventurado San José y concédeme lo que solicito: (…petición…).
¡Oh, Bendito San José! Aquí inclinado ante tu
presencia compasiva espero, seguro de tu misericordia y la de María, en
especial como Rosa Mística, satisfactorias respuestas. Amén. ¡Aleluya!
Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.
7.1.3 ORACIÓN A SAN JOSÉ DEL PAPA LEÓN XII
A vos, Oh Bienaventurado San José, acudimos en
nuestra tribulación, y, después de implorar el auxilio de vuestra Santísima
Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella
caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por
el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos
que volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió
Jesucristo, y, con vuestro poder y auxilio, socorráis nuestras necesidades.
Proteged, ¡Oh Providentísimo Custodio de la Divina
Familia!, a la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda
mancha de error y de corrupción; asistidnos propicio desde el cielo, Santísimo
libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en
otro tiempo librasteis al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora
defended la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda
adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para
que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente
vivir, piadosamente morir y alcanzar, en los cielos, la eterna bienaventuranza.
Así sea.
NOTA[xii]
7.1.4 ORACIÓN A SAN JOSÉ DE
SANTA TERESA DE JESÚS
Glorioso Patriarca San José, cuyo poder sabe hacer
posibles las cosas imposibles, venid en mi auxilio en estos momentos de
angustia y dificultad. Tomad bajo vuestra protección las situaciones tan serias
y difíciles que os encomiendo, a fin de que tengan una feliz solución. Mi
Bienamado Padre, toda mi confianza está puesta en Vos. Que no se diga que Os he
invocado en vano y puesto que Vos podéis todo ante Jesús y María, mostradme que
vuestra bondad es tan grande como vuestro poder. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.
7.1.5 ORACIÓN SAGRADA FAMILIA
¡Oh Sagrada Familia de Nazaret!
Ayuda a nuestra familia según la necesidad de cada
día.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
(domiarmo)
7.1.6 ID A SAN JOSÉ. NOVENA PODEROSA A SAN JOSÉ
7.1.6.1
EL PODER DE ESTA NOVENA
El P.
Lallemant, S.J. (1587-1633) contó que San José nunca le
rehusó nada de todo
lo que le pidió.
En
una ocasión urgió a dos sacerdotes jóvenes a hacer esta
novena, haciéndoles prometer
que si obtenían la gracia a través del Santo, se
comprometerían a tenerle devoción y expandir esta devoción entre otros.
Uno de
ellos le pidió la gracia de hablar
y escribir dignamente de Nuestro Señor, pero al día siguiente de haber
empezado la novena, fue donde el P. Lallemant y le dijo que lo había pensado
mejor y que quería cambiar la petición.
El
P. Lallemant le contestó: “Es demasiado
tarde para pedir otra gracia, pues la primera que pidió ya ha sido concedida”.
El
joven sacerdote comprobó que San José le
había concedido la primera gracia pues llegó a ser el más notable
predicador y escritor de su tiempo...
7.1.6.2
MODO DE HACER ESTA NOVENA
NO
SE NECESITA NINGUNA ORACIÓN ESPECIAL PARA HACERLA.
Simplemente,
durante 9 días, elevar la mente a San José cada día, durante cuatro momentos
diarios que pueden ser: a la mañana, al mediodía, en la tarde y en la noche, o
cuando uno pueda mejor.
También
puede ser en cualquier lugar y haciendo el trabajo que cada uno tenga.
Y,
de este modo:
PRIMER
MOMENTO. Elevar la mente a San José pensando, en un breve instante, LA
FIDELIDAD DEL SANTO A LA GRACIA. Después dar gracias a Dios por ello y pedirle
la gracia que queremos conseguir.
SEGUNDO
MOMENTO. Elevar la mente a San José pensando, en un breve instante, LA FIDELIDAD DEL SANTO A LA VIDA INTERIOR.
Después dar gracias a Dios por ello y pedirle la gracia que queremos conseguir.
TERCER
MOMENTO. Elevar la mente a San José pensando, en un breve instante, el AMOR QUE
TUVO EL SANTO A LA VIRGEN. Después dar gracias a Dios por ello y pedirle la
gracia que queremos conseguir.
CUARTO
MOMENTO. Elevar la mente a San José pensando, en un breve instante, el AMOR
QUE TUVO
EL SANTO AL DIVINO NIÑO
JESÚS. Después dar gracias a Dios por ello y pedirle la gracia que
queremos conseguir.
NOTA[xiii]
7.1.7
ANTIGUA ORACIÓN A SAN JOSÉ
Oh
San José, cuya protección es tan grande, tan poderosa y eficaz ante el trono de
Dios, en vuestras manos entrego todos mis intereses y mis deseos.
Oh
San José, asistidme con vuestra poderosa intercesión. Obtened para mí, de
vuestro Divino Hijo, Nuestro Señor, todas las bendiciones espirituales que
necesito. A fin de que, habiendo conseguido, aquí en la tierra, la ayuda de
vuestro poder celestial, pueda ofrecer mi gratitud y homenaje, al Padre más
Amoroso.
Oh
San José, nunca me cansaré de contemplaros con el Niño Jesús dormido en
vuestros brazos. No me atrevo a acercarme mientras que el Niño reposa sobre
vuestro corazón. Abrazadle fuertemente en mi nombre; y de parte mía, besad su
fina y delicada Cabecita. Luego, suplicadle que me devuelva ese beso a la hora
de mi ultimo suspiro. San José, patrón de los moribundos, rogad por nosotros.
Amén.
NOTA[xiv]
CAPÍTULO 8
8.1 ORACIONES EN SAN MIGUEL ARCÁNGEL Y NOVENA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
¡ARCÁNGEL SAN MIGUEL:
AYUDADME, AYUDADME, AYUDADME!
8.1.1 PREÁMBULO ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS
En el Nombre de Dios, YO SOY EL QUE YO SOY, Dios en
mí, atraigo al amado Arcángel San Miguel y a sus legiones de Ángeles y les digo
que decido, elijo, acepto y me comprometo, si Dios, Padre Nuestro, quiere y es
su voluntad, a (…petición…) y que mi llamado sea multiplicado y utilizado para
ayudar a otras almas necesitadas y lo agradezco y lo acepto hecho en este
momento con pleno poder, si Dios, Padre Nuestro, lo quiere y
de acuerdo con su voluntad.
Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén. ¡Aleluya!
8.1.1.1 YO PECADOR
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi
culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María
siempre Virgen, a
los Ángeles, a
los Santos y a
ustedes hermanos que
intercedan por mí
ante Dios, Nuestro Señor. Amén.
8.1.1.2 ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Espíritu Santo enséñame a comprender como Jesús
comprende; enséñame a amar
como Jesús me
ama; enséñame a perdonar como Jesús me perdona; y enséñame a
dar sin mezquindad como Jesús me da; porque dando se recibe y así vendrá
Prosperidad. Amén. ¡Aleluya!
8.1.1.3
ORACIONES QUE EL ÁNGEL DE LA PAZ ENSEÑÓ A LOS TRES PASTORCITOS DE FÁTIMA
8.1.1.3.1
ORACIÓN DEL PERDÓN.
¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no
creen, no adoran, no esperan y no os aman. Amén. (Aparición Primavera 1916).
En todas las formas que podáis ofreced sacrificios a
Dios en reparación por los pecados por los que Él es ofendido, y en suplicación
por los pecadores. (Aparición Verano 1916).
8.1.1.3.2
ORACIÓN DEL ÁNGEL.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, Os adoro profundamente. Os
ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor
Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de
la tierra, en reparación de los
ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los
méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, os
pido la conversión de los pobres pecadores. Amén. (Aparición Septiembre-Octubre
1916).
Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo,
horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y
consolad a vuestro Dios. Amén. (Aparición Septiembre-Octubre 1916).
8.1.1.4 ORACIONES DE LA VIRGEN MARÍA EN FÁTIMA
8.1.1.4.1
ORACIÓN OFRECIMIENTO.
¿Os ofreceréis a Dios y aceptaréis todos los sufrimientos que Él os envíe. En
reparación por todos los pecados que le ofenden y por la conversión de los
pecadores? "Oh sí, lo haremos".
"Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la
gracia de Dios os fortalecerá". (1ª Aparición, Mayo 13 1917).
8.1.1.4.2
ORACIÓN EUCARÍSTICA.
Santísima Trinidad, te adoro. Dios mío,
te amo en el Santísimo Sacramento. Amén. (1ª Aparición, Mayo 13 1917).
8.1.1.4.3
ORACIÓN DE LA DECENA
(Oración al final de los Misterios del Rosario). Oh Jesús Mío, perdona nuestros
pecados. Líbranos del fuego del infierno. Lleva al Cielo todas las almas,
especialmente socorre a las más necesitadas de tu misericordia. Amén. (2ª
Aparición, Junio 13 1917 y 3ª Aparición, Julio 13 1917).
8.1.1.4.4
ORACIÓN DEL SACRIFICIO.
Oh Jesús mío, es por tu amor, en reparación de las ofensas cometidas contra el
Inmaculado Corazón de María y por la conversión de los pobres pecadores. Amén.
(3ª Aparición, Julio 13 1917).
8.1.1.4.5
REZAR.
Rezad, rezad, rezad mucho. Haced sacrificios por los pecadores. Muchas almas se
van al infierno, porque nadie está dispuesto a ayudarlas con sacrificios. (4ª
Aparición, Agosto 19 1917).
8.1.1.4.6
PEDIR PERDÓN.
Las personas deben rehacer sus vidas y pedir perdón por sus pecados. No deben
de ofender más a Nuestro Señor, ¡ya es ofendido demasiado! (5ª Aparición, Septiembre 13 1917).
8.1.1.4.7
ENMIENDA.
Es preciso que se enmienden; que pidan perdón por sus pecados.
Y tomando un aspecto más triste dijo: No ofendan más
a Dios Nuestro Señor que ya está demasiado ofendido. (6ª Aparición, Octubre 13
1917).
8.1.1.5 ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
San Miguel Arcángel, primado entre los príncipes del
Cielo, te ofrezco mis alabanzas y devoción, porque Dios te ha creado tan
excelente y tan perfecto y te ha dotado de un celo tan grande por la gloria y
de una sumisión tan admirable a sus Divinos Designios. Amén. ¡Aleluya!
8.1.1.6 ORACIÓN DE LEÓN XIII
San Miguel Arcángel, defiéndeme en la pelea. Sé mi
amparo contra el poder y las acechanzas del demonio. Hágale oír Dios su voz imperiosa
como se lo suplico. Y Tú, Príncipe de la Milicia Celestial, precipita al
infierno a Satanás y a todos espíritus malignos que para la perdición de las
almas andan por el mundo. Amén.
8.1.1.7 ORACIÓN DE PAPA FRANCISCO BENDICIÓN DE LA NUEVA ESTATUA DE SAN
MIGUEL ARCÁNGEL Jardines Vaticanos
Viernes 5 de julio de 2013
¡Oh glorioso Arcángel San Miguel vela sobre esta
Ciudad y sobre la Sede Apostólica, corazón y centro de la catolicidad, para que
viva en fidelidad al Evangelio y en el ejercicio de la caridad heroica!
¡Haznos victoriosos contra las tentaciones del poder,
de la riqueza y de la sensualidad! ¡Sé tú el baluarte contra toda maquinación,
que amenaza la serenidad de la Iglesia! ¡Sé tú la centinela de nuestros
pensamientos, que libera del asedio de la mentalidad mundana! ¡Sé tú la guía
espiritual que nos sostiene en la buena batalla de la fe!». Amén.
8.1.2 ÁNGELES Y ARCÁNGELES
8.1.2.1 DE ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 102, 20. Bendigan al
Señor, todos sus Ángeles, fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen
la voz de su palabra.
8.1.2.2 DE ORACIÓN COLECTA. SEÑOR, DIOS, PADRE NUESTRO,
que ordenas admirablemente los oficios de los Ángeles y de los hombres, te pido
que me protejan siempre en la tierra aquellos que te asisten continuamente en
el cielo. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
8.1.2.3 DE SALMOS Sal 137, 1-5. Respuesta. Te cantaré en
presencia de los Ángeles, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque has
oído las palabras de mi boca. Te cantaré en presencia de los Ángeles y me
postraré ante tu santo templo. R. Te cantaré en presencia de los Ángeles,
Señor.
Doy gracias a tu Nombre, Dios, Padre Nuestro por tu
amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondes
cada vez que te invoco y aumentas
la fuerza de
mi alma. R. Te cantaré
en presencia de los Ángeles,
Señor.
Que los reyes de la tierra te bendigan al oír la
palabra de tu boca, y que celebren los designios del Señor, porque la gloria
del Señor es grande. R. Te cantaré en
presencia de los Ángeles, Señor.
8.1.2.4 DE ALELUYA Sal 102,21. ¡Aleluya!
¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos, sus servidores, los que cumplen su
voluntad! ¡Aleluya!
Jesucristo se manifestará con toda su gloria y poder.
Todo quedará sometido a Él, porque sólo a Él se dará el dominio y el señorío.
También los Ángeles le rendirán gloria y honor.
Cuando alabo y canto a Jesucristo victorioso, también
los coros Angélicos cantan conmigo. Y yo en cada Eucaristía que participo uno
mi voz a las de los Ángeles y Arcángeles para cantar la Gloria de Dios tres
veces Santo, uniéndome así a aquellos primeros adoradores de Dios, en el culto
y en el amoroso conocimiento del misterio inefable de su santidad.
8.1.2.5 DE ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS. Te ofrezco, Señor, este
sacrificio de alabanza, llevado a tu presencia por manos de los Ángeles, y te
pido que lo recibas con bondad y sirva para mi salvación. Por Jesucristo,
Nuestro Señor. Amén.
En verdad es justo y necesario, es mi deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios
Todopoderoso y Eterno.
Y proclamar siempre tu alabanza por los Ángeles y
Arcángeles, pues el honor que ellos te tributan manifiesta tu grandeza y tu
gloria y, por grande que sea su esplendor, Tú demuestras cuan inmenso eres y
que has de ser honrado por encima de cualquier criatura, por Jesucristo, Señor
Nuestro. Amén. ¡Aleluya!
Por Él, te alaba la multitud de los Ángeles, y yo me uno
a ellos para adorarte alegremente y cantar a una sola voz:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito
el que viene en Nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
8.1.2.6 DE PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO
Te pido humildemente, Dios Todopoderoso, que esta
ofrenda sea llevada a tu presencia hasta el altar del cielo, por manos de tu
Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al
participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición (Plegaria
Eucarística I o Canon Romano 96; Misal Romano. Catecismo de la Iglesia
Católica, #1383. Instrucción General del Misal Romano, #222).
8.1.2.7 DE ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal
137, 1. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los
Ángeles.
8.1.2.8 DE ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN. Renovado con el pan
celestial, te ruego, Padre, que fortalecido por su eficacia, avance seguro por
el camino de la Salvación, bajo la fiel custodia de tus Ángeles. Por
Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
8.1.2.9 DE
GRACIAS. Señor,
Dios, Padre Nuestro, con un ánimo repleto de esperanza y de confianza, de
gratitud y de alegría, corro a Tí Oh Padre, para darte gracias por (…petición...)
El camino del hombre a lo largo de los senderos del tiempo es un viaje
arriesgado, pero Tú has puesto a mi lado compañeros atentos que me sirven con
intelecto de amor:
Te doy gracias por el Arcángel Miguel, que me ayuda a
combatir el buen combate de la fe y recordar que su nombre significa “quién
como Dios”, y que su conducta y su fidelidad me invitan siempre a reconocer el
señorío de Jesús y a buscar siempre la Gloria de Dios, Señor, Padre Nuestro.
Visita, Señor Jesús, mi habitación y el lugar donde
me encuentre y aleja de ellos las insidias del enemigo, que San Miguel Arcángel
y tus Santos Ángeles habiten en ellos y me guarden en paz y que San Miguel
Arcángel marche constantemente conmigo delante de mí, detrás de mí, arriba de
mí, abajo de mí, a mi derecha, a mi izquierda y dentro de mí, y que Tu Bendición
permanezca siempre conmigo. Amén. ¡Aleluya!
Te doy gracias por el Arcángel Gabriel, que viene a
mí envuelto de misterio y deposita en mi corazón Tu Palabra, para que ésta se
vuelva en mí, como en María, obediencia y vida, y quien me hace entender y
comprender Tu Palabra y vivir en la eterna Alabanza del Señor. Amén. ¡Aleluya!
Te doy gracias por el Arcángel Rafael que en la hora
de mis miedos y enfermedades, me coge de la mano y me conduce por el recto
camino para que no me desvíe de la senda de la salvación y hace que cuando
caiga enfermo no me descuide, que rece a Dios y Él hará que me sane, pero dejo
actuar también al médico y no lo rechazo y Dios le da acierto al diagnosticar y
al aplicar la medicina saludable. Amén. ¡Aleluya! (v. Eclesiástico
38:1,4,7,9,12,14).
NOTA[xv]
Te doy gracias, Oh Padre, que de mil modos te haces
presente a mí. Me guardas como a la niña de tus ojos, a la sombra de tus alas
me escondes de los malvados que me asaltan, del enemigo mortal que me acorrala.
Y, me haces gustar ya desde ahora la dulzura de la íntima comunión contigo. Por
Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
«Bendigan al Señor, Ángeles suyos, milicia valerosa
que cumple sus órdenes, obediente al sonido de su palabra» (v. Salmos 103,20). Oh Dios, que con admirable sabiduría
distribuyes los ministerios de los Ángeles y de los hombres, te pido que mi
vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten
continuamente en el cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno,
escucha mi oración, y dígnate enviar del cielo a tu Santo Ángel, para que
custodie, anime, proteja, visite y defienda a todos los que moran en esta casa.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. (Indulgencia). ¡Aleluya!
8.1.3 DE ÁNGEL CUSTODIO
“…Feliz el hombre que se confía a la protección de su
Ángel custodio y escucha sus inspiraciones…” (Maria Rosa Mística. Aparición del
29-VI-1974).
Ángel de Dios, tú que eres mi custodio, a mí, que he
sido encomendado a Ti por la piedad celestial, ilumíname, guárdame, dirígeme y
guíame. Amén. (Indulgencia). ¡Aleluya!
Ángel de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor
con amorosa piedad, guárdame y guía mis pasos por los caminos del bien. Amén.
¡Aleluya!
Ángel de mi Guarda, con humildad te pido me ampares y me libres de todo
peligro. Amén. ¡Aleluya!
Ángel de mi Guarda, mi dulce compañía, no me
desampares ni de noche ni de día, hasta que me pongas en paz y alegría, con
todos los Santos, con Jesús, José y María. Amén. ¡Aleluya!
Ángel de mi Guarda, protégeme ya que desde su
comienzo (v. Mt 18, 10) hasta la muerte (v. Lc 16, 22), la vida humana está
rodeada de Tu custodia (v. Sal 34, 8; 91, 10-13) y de Tu intercesión (v. Jb 33,
23-24; Za 1,12; Tb 12, 12). Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
(domiarmo)
San Miguel Arcángel, Celestial y Purísimo Mensajero
de Dios, dígnate alcanzarme de los sagrados corazones de Jesús y María un
verdadero amor por Ellos, la sumisión a la Divina Voluntad y la gracia de (…petición...).
Amén. ¡Aleluya!
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.
8.1.4 DE JACULATORIAS
¡Aleluya! Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros Tú reino.
Amén.
Bendito, Alabado y Adorado sea Jesús en el Santísimo
Sacramento del Altar. Sea para siempre Bendito, Alabado y Adorado. Amén.
Sagrada Inmaculada Concepción de María, Madre de Dios
y Madre Nuestra, ruega por nosotros. Amén.
Bendito sea el Nombre del Señor, Dios, Padre Nuestro,
ahora y por siempre. Desde la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el
Nombre del Señor. Amén. ¡Aleluya!
8.2.1 DÍA PRIMERO
Oh, María Inmaculada,
Madre de Dios
y Madre Mía,
Dulce Medianera Nuestra, Reina del Cielo y de la tierra, te suplico
humildemente te dignes
interceder siempre por
mí. Pide a tu
Divino Hijo que envíe a San Miguel Arcángel y a los Ángeles bajo su mando para
que quiten los obstáculos que se oponen al reino del Sagrado Corazón en mi
alma, en mi familia y en toda mi nación.
Y tu, Oh, San Miguel Arcángel, Príncipe de la milicia
celestial, ven pronto en mí ayuda para lograr (…petición...); te lo pido de
todo corazón.
Protégeme contra el infierno desencadenado; y por la
Virtud Divina de la que has sido revestido, después de conceder la victoria a
la Iglesia aquí en la tierra, lleva mi alma a la Eterna Patria. Amen.
Papa Francisco destacó:
“Miguel —que significa: «¿Quién es como Dios?»— es el
modelo del primado de Dios, de su trascendencia y poder”, "Miguel lucha por restablecer la
justicia divina".
Y, por eso,
recuerdo que su
conducta y su
fidelidad deben invitarme siempre
a reconocer el Señorío de Jesús y a buscar siempre la gloria de Dios, Nuestro
Señor.
8.2.2 DÍA SEGUNDO
Príncipe
de los Ángeles,
San Miguel Arcángel,
ayúdame, socórreme en la vida y en la muerte y así ampárame. Jesús,
María y José, enviad en mi socorro al excelso Arcángel San Miguel con su Poder.
Con Dios, ayúdame en la última agonía; fiel a tu balanza, no sean en vano mis
oraciones y esperanzas. General de la Gloria que conduces a las almas, presenta
mi alma al Trono de la Luz. De antemano te agradezco humildemente la Gracia
recibida de (…petición...). Amén.
Papa Francisco expresó:
"defiende al pueblo de Dios de sus enemigos y
sobre todo del enemigo por excelencia, el diablo".
8.2.3 DÍA TERCERO
Arcángel San Miguel, tu nombre indica igualmente la
grandeza majestuosa y el papel de Primer Mensajero, Representante del Altísimo,
eres el Ángel por excelencia, la síntesis de los Nueve Coros, el más hermoso y
más poderoso de los espíritus celestes. Te imploro me concedas (…petición...).
Amén.
Papa Francisco precisó:
“San
Miguel vence porque
es Dios quien
actúa en él.
Esta escultura nos recuerda entonces que el mal ha sido vencido, el
acusador ha sido desenmascarado, su cabeza, aplastada, porque la salvación se
realizó de una vez para siempre en la sangre de Cristo. Incluso si el diablo
busca siempre rasguñar el rostro del Arcángel y el rostro del hombre, Dios es
más fuerte; su victoria y su salvación se ofrece a todo hombre. En el camino y
en las pruebas de la vida no estamos solos, estamos acompañados y sostenidos
por los Ángeles de Dios, que ofrecen, por decirlo así, sus alas para ayudarnos
a superar tantos peligros, para poder volar alto respecto a las realidades que
pueden hacer pesada nuestra vida o arrastrarnos hacia abajo”.
8.2.4 DÍA CUARTO
Arcángel
San Miguel, el
Poderoso Príncipe, en
la hora en que
Cristo resucita, clamas: ¿Quién como tú, mi Dios, Jesús humilde? Al pecado de
los hombres descendiste y hoy el Padre te signa y te bendice. Atiende mi clamor
para que me guardes en mis caminos, condúceme
hoy por tus
sendas, no permitas
que caiga en el
pecado y concédeme la gracia de (…petición...). Amén.
Y, Santísima Virgen ruega a Dios que envíe a San
Miguel Arcángel, el primer gran Servidor tuyo, el primero en reconocerte por
Reina, y a sus Ángeles, para apartar los obstáculos que se oponen al reinado
del Sagrado Corazón de Jesús en nuestras almas, en nuestras familias, en toda
nuestra nación y en el mundo entero. Amén.
Papa Francisco especificó:
“Al consagrar el Estado de la Ciudad del Vaticano a
San Miguel Arcángel, le pedimos que nos defienda del Maligno y que lo arroje
fuera”.
8.2.5 DÍA QUINTO
Oh, Príncipe Nobilísimo de las Jerarquías Angélicas,
valeroso guerrero del Altísimo, celoso defensor de la Gloria del Señor, terror
de los
ángeles rebeldes, amor
y delicia de
todos los Ángeles justos, mi dilectísimo Arcángel San
Miguel, deseando formar parte del número de tus devotos y siervos, hoy me
consagro a ti, me doy, me ofrezco y me pongo a mí mismo, a mi familia y todos
mis bienes bajo tu poderosa protección y en especial (…petición...). Amén.
Papa Francisco oró:
“¡Oh glorioso Arcángel San Miguel… vela sobre esta
Ciudad y sobre la Sede Apostólica, corazón y centro de la catolicidad, para que
viva en fidelidad al Evangelio y en el ejercicio de la caridad heroica!”.
8.2.6 DÍA SEXTO
Arcángel San Miguel, con humilde confianza en tu
bondad y en el poder de tu auxilio, me presento ante Ti en compañía de mi Ángel
de la Guarda, para entregarme a Ti. Sé Tú mi patrono, protector especial e
intercesor ante Dios para obtener, si lo quiere y es su voluntad, la Gracia de (…petición...).
Amén.
Papa Francisco indicó:
“¡Haznos
victoriosos contra las
tentaciones del poder,
de la riqueza y de la
sensualidad!”.
8.2.7 DÍA SÉPTIMO
Dios, Padre y Señor de los Ángeles, a quienes
encomiendas la guarda de los hombres: te ofrezco los méritos de estos soberanos
espíritus y los del Príncipe de los Ángeles, San Miguel Arcángel, quien por sí
mismo y por medio de sus ministros guarda la naturaleza humana, para que me
preserves de todo pecado con una pureza angelical, y me concedas (…petición...)
lo que te pido en esta novena para mayor honra y gloria tuya. Amén.
Papa Francisco afirmó:
“¡Sé tú el baluarte contra toda maquinación, que
amenaza la serenidad de la Iglesia!”.
8.2.8 DÍA OCTAVO
Dios, Padre y Señor de los Ángeles, a quienes
encomiendas los negocios más importantes de tu gloria: te ofrezco los méritos
de estos nobles espíritus
y los de
San Miguel Arcángel,
quien defendió tu honra y gloria contra Lucifer y sus secuaces, para que
yo busque en todas las cosas tu mayor gloria y me concedas, si quieres, (…petición...)
lo que te pido en esta novena. Amén.
Papa Francisco aseveró:
“¡Sé tú la
centinela de nuestros
pensamientos, que libera
del asedio de la mentalidad mundana!”.
8.2.9 DÍA NOVENO
Dios, Padre y Señor de los Serafines que se abrasan
en tu amor: te ofrezco los méritos de estos ardentísimos espíritus y los de tu
amado siervo San
Miguel Arcángel, para
que yo te
ame sobre todas las cosas, único
Dios y Señor mío, con toda el alma, con todo el corazón y con todas las
fuerzas, y para que me concedas (…petición...) lo que te pido en esta novena,
para mayor honra y gloria tuya. Amén.
Papa Francisco impetró:
“¡Sé tú la guía espiritual que nos sostiene en la
buena batalla de la fe!”.
Dígnate, te suplico, obtener de los Sagrados
Corazones de Jesús y de María y por la intercesión de San José, “el custodio de
Jesús, el custodio de la Sagrada Familia. Que su presencia nos haga aún más
fuertes y valientes en dejar espacio a Dios en nuestra vida para vencer siempre
el mal con el bien. Pidámosle que nos proteja, nos cuide, para que la vida de
la gracia crezca cada día más en cada uno de nosotros”; y de San Joaquín y de
Santa Ana, los padres de María, que aumenten los devotos para obtener la
salvación de las almas y, si Dios quiere y es su voluntad, se me otorgue la
gracia especial de (…petición...). Amén.
8.2.10 ORACIÓN PARA EL FINAL DE LA NOVENA
¡Oh soberano Arcángel San Miguel, excelentísimo
Príncipe de la corte del cielo!
¿Quién no te
será devoto desde
hoy si así favoreces a quienes creen en Ti? ¿Quién
no te servirá con mucho agrado si de este modo pagas los servicios que se te
hacen? Mas para que yo te ame, basta saber el amor que me tienes, al que no
puedo corresponder de igual manera.
Para que te ame no necesitas prometerme tus favores:
basta con los beneficios hasta ahora recibidos, que no podré pagar ni agradecer
lo suficiente. Pero ya que no puedo con obras corresponder a tantas gracias,
recibe mis palabras y mi afecto.
Gracias te doy ¡Oh Excelso y Sublime Espíritu! porque
defendiste la honra y gloria
de Nuestro Señor
Jesucristo y por
todos los servicios que le has
prestado tanto a Él como a Su Santísima Madre.
A Dios Padre le doy gracias por el Ángel que ha
destinado para mi Guarda y por los beneficios que de Él he recibido a lo largo
de mi vida, a través de Tí o de sus Ángeles; también por los beneficios de los
que no he estado consciente y, por lo tanto, no puedo agradecer debidamente.
Por eso pido al Ángel de mi Guarda que, en mi nombre, los agradezca.
A Ti ¡Oh Príncipe! Quiero agradecerte lo que has hecho
por los hombres, y principalmente por
la Santa Iglesia
de la que
soy miembro. Me gozo de los privilegios, gracias, prerrogativas,
dignidades y dones naturales y sobrenaturales con los que Dios te honró y
enriqueció; doy al Señor eternas gracias por ellos, porque así quiso exaltarte
y hacerte su elegido y favorito entre los Ángeles.
¡Defiéndeme, Oh valeroso capitán de los ejércitos de
Dios! Envía en mi auxilio a tus soldados para que me defiendan de los demonios
y no me rinda ante sus embates y tentaciones. Manda a tus Ángeles para que me
guíen y no camine ciegamente, y me lleven de la mano para que no tropiecen mis
pies en el camino peligroso de esta vida.
Asiste con Tus Ángeles a mi muerte y alcánzame del
Señor la contrición verdadera de mis culpas, para que, presentada mi alma ante
Su Tribunal, merezca ser llevada por Tus manos ante el Trono de la Santísima
Trinidad y entre en la posesión de la gloria, donde alabe al Señor para siempre
y te dé perpetuas gracias por haber conseguido con Tu intercesión, la
bienaventuranza y (…petición...). Amén.
CAPÍTULO 9
9.1 ORACIÓN PERSONAL A MARÍA ROSA MÍSTICA EN TODOS LOS DÍAS
1. EN EL QUERER
“¡Yo soy la Inmaculada
Concepción!” – “Yo soy María de las Gracias, esto es, la Llena de Gracia, Madre
de mi Divino Hijo Jesucristo” – “Por mi venida a Montichiari deseo ser invocada
y venerada como Rosa Mística”, dijo la Santísima Virgen María, específica y
claramente, cuando deseó ser invocada y venerada bajo la advocación en especial
como Rosa Mística, en aparición del 8 de diciembre de 1947.
"Yo deseo, hijitos,
CONDUCIRLOS A JESÚS, porque Él es la salvación. Por eso, hijitos, cuanto más
recen, más serán míos y de mi Hijo Jesús. Los bendigo a todos con mi bendición
maternal." (Mensaje de María, Medjugorje, Croacia, 25 junio 1994).
Y, la respuesta de la Virgen Santísima a pregunta de un sacerdote sobre
si la oración debería ser dirigida a ella o a Jesús, fue: "Por favor,
PIDAN A JESÚS. Yo soy la Madre de ustedes y, por lo tanto, INTERCEDO A SU
FAVOR. TODAS LAS ORACIONES DIRIGIDAS A MÍ, SE LAS PRESENTO A JESÚS. YO AYUDARÉ
E INTERCEDERÉ, pero no todo depende sólo de mí. Es necesario, también, que
ustedes se esfuercen, que ustedes recen con fervor" (Maisa Castro. Ruega
por nosotros, Santa Madre de Dios. Raboni Editora. 2ª ed. 1999, pág. 18).
María, en especial como Rosa Mística, con amor cumplo tu deseo
siguiendo las enseñanzas de tu Divino Hijo Jesucristo:
A) De oración y de fe; ya que Jesús dijo: “Pedid y se os dará, buscad y
hallaréis, llamad a la puerta y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, y
el que busca halla, y al que llama a la puerta, se le abre” (v. Mateo 7,7-8, Biblia LXX). “Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os
digo, si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que aun
si a este monte dijerais: Sé quitado y echado al mar, será hecho; Y TODO CUANTO
PIDÁIS EN ORACIÓN, CREYENDO, LO RECIBIRÉIS” (v. Mateo 21, 21-22, Biblia LXX); y
B) Con el poder de la oración y la fe; porque “Y ésta es la confianza
que tenemos ante Él: que CUANDO PIDAMOS ALGO CONFORME A SU VOLUNTAD, ÉL NOS
ESCUCHA. Y si sabemos que nos escucha en cualquier cosa que pidamos, sabemos
que tenemos las peticiones que le hemos hecho” (v. 1Juan 5,14-15, Biblia LXX).
2. EN INICIO
Que te agraden, Señor, las palabras de mi boca, y los pensamientos y
deseos de mi corazón. Oh Señor, refugio y redentor mío (v. Salmos Los 150
Himnos más bellos del mundo. P. Eliécer Sálesman, Ed. San Pablo Ecuador, 2002,
pág. 51). Amén. ¡Aleluya!
Que “Sean aceptos delante de ti los dichos de mi boca, y la meditación
de mi corazón, Oh YHVH, Roca mía y Redentor mío” (v. Salmos 19,14 Biblia Griega de los LXX, dícese la usada por
Jesús y los Apóstoles, como que en el N.T. hay unas 350 citas del A.T. y unas
300 están claramente tomadas de ella -La Santa Biblia, ediciones Paulinas, 3a
ed. 1966, pág. XIX-).
Pretendo orar en el Nombre de Jesús, según el Espíritu Santo dirija;
con el corazón, alma y cuerpo, con toda su atención espiritual centrada en
Dios; bendiciendo su Nombre (Dios,
Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), en todo lo que hago; dándole gracias por sus grandes
maravillas; y con intercesión de la Madre de Jesús y Madre Nuestra, María, en especial
como Rosa Mística.
De este modo, pues:
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.
DÍA PRIMERO
3. EN ALABANZA A
DIOS
"Estoy SIEMPRE contento. Oro en TODO momento. Doy gracias a Dios
POR TODO, porque esto es
lo que Él
quiere de mí
como creyente en
Cristo Jesús" (v. 1Tesalonicenses 5,16-18).
"Doy SIEMPRE gracias a Dios el Padre por TODAS las cosas, en el
Nombre de Nuestro Señor Jesucristo" (v. Efesios 5,20).
"Se que Dios dispone TODAS las cosas para el bien de quienes lo
aman" (v. Romanos 8,28).
"Porque es cierto que cualquiera aparente calamidad que me ocurra,
si doy las gracias y alabo a Dios por
ello, se transformará en una bendición" (William
Law, siglo XVIII).
Dios, Padre, con el Rey David, te he de dar gracias:
“Y bendijo David a YHVH delante de toda la congregación, y dijo David:
¡Bendito Tú, Oh YHVH, Dios de nuestro padre Israel, por los siglos de los
siglos! ¡Tuya, Oh YHVH, es la grandeza y el poder, y la gloria, y la victoria y
el honor; porque todo cuanto existe en los cielos y en la tierra tuyo es!
¡Tuyo, Oh YHVH, es el reino, que se eleva por cabeza de todo! De ti procede la
riqueza y la honra, y Tú lo gobiernas todo, y en tu mano está el poder y la
fortaleza, y en tu mano está el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora
pues, Oh Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso Nombre. Porque
¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos ofrecer voluntariamente
semejantes cosas? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (v. 1Crónicas
29, 11-15; Biblia LXX).
“Padre Celestial, te damos
gracias y te alabamos por el hermoso regalo que nos das en Jesús y por el poder
maravilloso que hay según te abrimos nuestros corazones en oración. Señor, te
pido que cada uno pueda tener un corazón para alabarte y darte gracias en todo
tiempo y en todo lugar. Yo pido que todas mis alabanzas y acciones de gracias
sean indiferentes a lo que está pasando y que tu amor pueda correr más
abundantemente a través de nosotros ahora. Aunque podamos tener dolor o estemos
apretando nuestros dientes, podemos alabarte sabiendo que todas las cosas
trabajan juntas para el bien de aquellos que te aman. Yo pido que dejes tu
poder sanador correr sobre nosotros y que las áreas profundas de nuestras vidas
sean curadas, especialmente el área de amarse uno mismo, que podamos aprender a
amarnos nosotros mismos para que podamos amarte a Ti y amarnos más unos a
otros. Gracias te damos y te alabamos, Jesús, por el trabajo que estás haciendo
dentro de todos en este momento. Amén” (P. Robert De Grandis S.S.J. Manual para
El Ministerio De Curación. Centro Carismático Minuto de Dios. Colección Logos
Nº 48. Bogotá D.E. pág. 48).
Señor Dios, Padre Nuestro, estoy agradecido por cada detalle en mi
vida; se que todo lo que me das es un don gratuito, a causa de tu bondad y de
tu amor, y lo comprendo así y lo acepto; pongo mi situación por completo en tus
manos, conforme a tu Voluntad; se que Tú tienes un propósito perfecto para mí.
Te alabo y te doy gracias y se que me ayudarás en todo. Te alabo y te doy
gracias, Oh Dios, por (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias
a Dios, porque es tu camino para realizar tu plan perfecto para mí; es tu medio
de apartar el mal, impartiendo lo recto y dándome un corazón dispuesto. Y, Oh
María, en especial como Rosa Mística, Madre Santísima, yo te amo y me abandono
a Tus cuidados maternales. Me siento avergonzado ante tu Hijo Jesús si acaso me
ha faltado fe para darle las gracias porque ya me ha concedido lo pedido; Tú
ruega por mí para que pueda crecer en la fe que Jesús me ha dado lo querido;
abandono completamente mi problema en Tus Manos para que te encargues de él
ante Tu Hijo, “Porque uno es Dios, único también el mediador entre Dios y los
hombres, Cristo Jesús” (v. 1Timoteo 2,5), “pues ningún otro Nombre debajo del
cielo es dado a los hombres para salvarnos” (v. Hechos 4,12); y sólo Jesús
sana, libera y salva, y “todo lo que pidáis al Padre os lo concederá en mi Nombre”
(v. Juan 16,23). Por Jesucristo Nuestro Señor y para Tú Gloria y con
intercesión de la Madre de Jesús y Madre Nuestra, María, en especial como Rosa
Mística. Amén. ¡Bendito seas Señor Jesús! ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! ¡Aleluya!.
4. EN ACTO DE
CONTRICIÓN
Por Jesucristo Nuestro Señor, con Él y en Él, a Ti Dios, Padre
Celestial Omnipotente, en la Unidad del Espíritu Santo, y con intercesión de la Madre de Jesús y
Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, María, en
especial como Rosa Mística,
ACÚSOME:
De todos los pecados, negligencias y omisiones, porque he faltado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
De los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que he ofendido a
Dios.
De no amar al Señor mi Dios con todo el corazón, con toda el alma, con
toda mi mente, con todo mi ser y a mi prójimo como a mi mismo.
De no alabar a Dios en toda ocasión.
De no tratar de vivir siempre según la voluntad de Dios.
De no vivir en fidelidad al Evangelio y en el ejercicio de la caridad
cristiana.
De no inclinarme siempre a pensar con rectitud y a practicar el bien
con diligencia.
De no haber sabido dominar la lengua ni cuidado las palabras.
De no tratar de ser victorioso contra las tentaciones del poder, de la
riqueza y de la sensualidad.
De no buscar ser liberado del asedio de la mentalidad mundana.
De no tener a los sagrados corazones de Jesús y María, un verdadero y
total amor por ellos, y la sumisión a la Divina Voluntad.
De no creer, no adorar, no esperar y no amar a Dios suficientemente.
De no honrar siempre al Señor Jesús.
De no hacer caso de las enseñanzas más importantes de la ley, cuales
son la justicia, la misericordia y la fidelidad; es decir, de no practicar la
justicia, de no amar la misericordia y de no andar humildemente con Dios, en
todo momento.
De no perdonar para orar si tengo algo en contra de alguno.
POR TANTO,
PIDO AL SEÑOR JESÚS, DIOS, PADRE CELESTIAL:
Que perdone misericordiosamente mis ofensas, reconozco sinceramente mis
faltas.
Que perdone mis pecados y que por su infinita misericordia y por el
poder de su Preciosísima Sangre me limpie de toda falta y de toda iniquidad.
Que la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, me alcance un
verdadero dolor de todas mis culpas. Amén. ¡Aleluya!
Convencido, Señor, de lograr tu perdón, prosigo en mi orar.
¡ERES BENDITA, OH MARÍA, COMO ROSA MÍSTICA!
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, entre todas las mujeres.
Eres una de nosotros y fuiste escogida por Dios, desde siempre, para concebir
en tu seno a Nuestro Salvador.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, pues fuiste preservada del
pecado original y supiste conservar en tu corazón, en tu alma y en tu cuerpo,
la pureza virginal con que fuiste adornada por la gracia de Dios para
transformarte en sagrario vivo del Redentor.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, por el "sí"
incondicional que generosamente diste al Creador y, a lo largo de tu vida
terrena, confirmaste en la fe, en la confianza y en el abandono total a Aquél
que te escogió entre todas la mujeres.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque fuiste fiel a tu Dios
en las alegrías y en los dolores.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque concebiste del
Espíritu Santo y engendraste en tu seno al Rey de Reyes, el Señor de Señores.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque de tu carne y de tu
sangre fue formada la naturaleza humana de Jesús.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque te abriste tan
plenamente al Espíritu Santo que fuiste adornada con todos Sus dones y
sustentada por ellos: tú te mantuviste de pié junto a la Cruz de tu Hijo Amado.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque asumiste en el
Calvario la misión de engendrar y formar hijos e hijas para Dios en la Iglesia
de Cristo.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, hija amada del Padre Eterno,
esposa purísima del Espíritu Santo, Madre del Hijo de Dios Encarnado.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque supiste preparar con
amor, en tu seno virgen, la primera venida del Salvador.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque fuiste escogida por
Dios como embajadora del cielo para preparar la segunda venida triunfal del
Señor Jesús.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque te dignaste a
recibirnos como tus hijos e hijas.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque, siendo la Madre de
Dios, puedes acercarte a tu Amado Jesús e interceder por tus pobres hijos que
claman por Tí aquí en la tierra. Cuántas y cuántas veces has intercedido por
nosotros, de generación en generación, como lo hiciste en las bodas en Caná de
Galilea.
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, porque te tenemos por nuestra
Madre, entregada a nosotros, seguidores de Jesús, a través de la persona del
amado Apóstol Juan. "Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo
a quien amaba, dice a su madre: 'Mujer, ahí tienes a tu hijo.' Luego dice al
discípulo: 'Ahí tienes a tu madre.' Y desde aquella hora el discípulo la acogió
en su casa" (v. Jn 19,26-27).
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, que también te llevamos, en
nuestro corazón, a nuestro hogar, a nuestra familia, a nuestra vida diaria.
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, que hacemos parte de la familia
de Dios: Dios es nuestro Padre. Jesús es nuestro hermano mayor. El Espíritu
Santo habita en nosotros. María Santísima es nuestra Madre.
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, que proclamamos: Ave, María,
llena de gracia, el Señor es contigo; Bendita eres entre las mujeres, y bendito
es el fruto de tu vientre, Jesús.
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, que con el corazón lleno de
amor, de fe y de confianza, invocamos tu poderosa intercesión ¡Oh Virgen María!,
en especial como Rosa Mística, rezando: Santa María, Madre de Dios, ruega por
nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
La intercesión de Nuestra Señora es un deseo de Dios, por lo tanto, un
recurso santo y muy útil. San Bernardo, en un célebre pasaje, revela: “Esta es
la voluntad de Dios: que recibamos todo por medio de María.” No hay duda de que
Jesús es el único mediador entre los hombres y el Padre, pero quién nos lleva
hasta Jesús, en las primeras prácticas (tantos así lo creen), es Su Madre, Nuestra
Madre, María Santísima.
Así, pues, somos felices nosotros los que contamos con esta Madre
solícita y bondadosa, María, en especial como Rosa Mística, que no roba para sí
la Gloria de su Hijo, pero que pide por Nosotros en el Nombre de Jesús, y todo
nos alcanza por los méritos de Él (Maisa Castro, obra citada, págs. 13-16).
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA SEGUNDO
5. EN INVOCACIÓN
Que venga el Señor Jesús, que venga el Señor, que llene mi corazón de
su amor, de su poder y de su Espíritu Santo.
Que el Espíritu Santo, me ilumine siempre, en adelante, lo que debo
pensar, decir, hacer y evitar.
Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo:
Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para la gloria de Dios,
bien de las almas,
y mi propia santificación.
Oh Espíritu Santo,
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar,
dame acierto al empezar,
dirección al progresar,
y perfección al acabar. Amén.
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del
pobre, Don, en tus dones espléndido; luz que penetras las almas; fuente del
mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el
duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y
reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del
pecado, cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que
tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos, por tu bondad y tu
gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo
eterno. Amén. Aleluya.
Te pido esto, Dios, Padre, en el Nombre Bendito de Jesucristo, a Tí
Padre Celestial, con el Poder del Espíritu Santo, y por la intercesión de la
Virgen María, en especial como Rosa Mística,
y el Auxilio de los Santos, de los Ángeles y de los Arcángeles. Amén. ¡Aleluya!
6. EN SALUTACIÓN
¡Oh Madre (María, en especial como Rosa Mística), nunca te podré
agradecer lo suficiente! ¡Que todo mi cuerpo te alabe y agradezca eternamente!
Y, ¡que cada pensamiento mío te alabe y agradezca eternamente! ¡No sé, Madre
Mía, qué más te puedo decir, sino que mi alma siente inmensa gratitud! (Maisa
Castro. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, pág. 39, Raboni Editora).
Corazón Inmaculado de María, ¡compadécete de mí! Refugio de los
pecadores ¡ruega por mí! Dulce Corazón de María ¡sé mi salvación! (Maisa
Castro, ibídem, pág 31).
Jesús, María, yo los amo, ¡Salven a las almas! (Maisa Castro ib).
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza; a Tí, Celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te
ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión; no me dejes,
Madre Mía.
Oh Rosa Mística, Virgen Inmaculada, Madre de la Gracia, en honor de tu
Divino Hijo, me postro ante Ti, para implorar la misericordia de Dios.
7. EN FIDELIDAD
A Ti, Dios, Padre Celestial Omnipotente, en la Unidad del Espíritu
Santo, por Cristo, con Él y en Él, y con
intercesión de la Madre de Jesús y Madre Nuestra, María, en especial como Rosa
Mística:
TE PIDO
Por el Papa Francisco y los Obispos, Sacerdotes y Diáconos, y las
personas consagradas a Dios;
Por un florecimiento de las vocaciones religiosas y por menos
deserciones y por una gran santidad en sus miembros y por toda la Iglesia.
Además,
TE IMPLORO
Gracias abundantes espirituales y materiales, para el alma y para el
cuerpo; y
Que Nuestro Señor Jesucristo, conceda copiosamente misericordia a todos
los devotos de María, en especial como Rosa Mística.
ACTO DE HUMILDAD
Señor, yo no soy digno de que Vos entréis en mi interior; mas decid una
sola palabra, y mi alma quedará sana y santa y salva (Misal Romano Diario, Ed.
Balmes, Barcelona, 1962, págs. 858 y 872).
8. EN ACCIÓN DE
GRACIAS SEÑOR JESÚS, MÍO
Padre lleno de amor, que me concedes siempre más de lo que merezco y
deseo, para orar perdono si tengo algo en contra de alguno y Tú, Señor Jesús,
perdona misericordiosamente mis ofensas, reconozco sinceramente mis faltas, por
“que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados”
(Lucas 5,24).
Señor Jesús, gracias por tu bondad amorosa. Gracias por tu infinita
misericordia. Gracias por mi vida, salud, gozo, alegría y paz. Gracias por mi
familia. Gracias por todo cuanto me rodea. Gracias por todos los beneficios
espirituales, corporales y materiales, porque para Tí no hay imposibles.
¡Dios mío! Yo creo, yo adoro, yo espero, yo te amo. Te pido perdón por
todos los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman. Santísima Trinidad, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo
Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de tu Hijo Jesucristo, presente en todos los
Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e
indiferencias con los que Él mismo es ofendido. Te pido por los méritos
infinitos del Sacratísimo Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María,
la conversión de los pecadores. Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de
Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus
crímenes y consolad a vuestro Dios (Oración del Ángel a Tres Pastorcitos en
Fátima). Oh Jesús Mío, perdona nuestros pecados. Líbranos del fuego del
infierno. Lleva al Cielo todas las almas, especialmente socorre a las más
necesitadas de tu misericordia (Oración de la Virgen María en Fátima).
El Señor Jesús, Mi Dios, es solamente uno (v. Deuteronomio 4,35 y
39-40). Amaré al Señor Jesús, Mi Dios, con todo el corazón, con toda el alma,
con todas mis fuerzas (v. Marcos 12,33). Las palabras que hoy digo quedarán en
mi memoria; se las repetiré a todos y hablaré de ellas estando en casa y yendo
de camino, acostado y levantado (v. Mateo 22,37; Lucas 10,27; Deuteronomio
6,4-7).
Señor Jesús, haz que me incline siempre a pensar con rectitud y a
practicar el bien con diligencia y, puesto que no puedo existir sin ti,
concédeme vivir siempre según tu voluntad (v. Isaías 41,10; Oración Liturgia
Horas Laudes Jueves Segunda Semana Cuaresma).
Acuérdate, Señor Jesús, de tu misericordia y, ya que a los hambrientos
los colmas de bienes, socorre mi indigencia con la abundancia de tus riquezas
(Liturgia de Las Horas, Vísperas, Oración).
Señor Jesús, afligido por (…petición...), necesidad por
la cual alabo y doy gracias a Dios, te invoco; escúchame, y sálvame de mis
angustias, conforme a tu Voluntad (v. Salmos 34,6; 18,6; 50,15; 114; 2Samuel
22,7).
En toda ocasión alabo a Dios, el Señor Jesús, y le pido que me vaya
bien en mis acciones y en todo lo que emprenda (v. Tobías 4, 19). El dueño de
mi vida es Jesucristo, quien con su Preciosa Sangre me cuida y me protege.
Bajo tu amparo me acojo, Santa Madre de Jesús y Madre Nuestra, María (en
especial como Rosa Mística), no desprecies las oraciones que te dirijo en mis
necesidades, antes bien líbrame de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita
(Oración Mariana).
Si el Señor Jesús quiere, viviré y (…petición...), conforme a su
Voluntad, necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios.
Visita, Señor Jesús, mi habitación y lugar donde me encuentre y aleja
de ellos las insidias del enemigo, que San Miguel Arcángel y tus Santos Ángeles
habiten en ellos y me guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre
conmigo (Oración Conclusiva Liturgia Horas Completas).
Señor Jesús, lo que no quiera que me hagan, que no se lo haga a los demás;
y, que trate a los demás como quiera que ellos me traten (v. Tobías 4, 15;
Mateo 7, 12; Lucas 6,31) (domiarmo).
9. EN ESCUCHA
Padre, Dios Mío, Omnipotente, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la
Tierra, te doy gracias porque siempre me escuchas. Yo sé que siempre me
escuchas (v. Juan 11,42).
Quiero darte las gracias, mi Señor,
por el don que me das cada mañana,
- por los árboles, los pájaros y el sol,
por la lluvia que azota en mi ventana.
Quiero darte las gracias, mi Señor,
por los niños que encuentro en mi camino,
- por sus ojos que no saben de rencor,
por la gracia que tras ellos adivino.
Quiero darte las gracias, mi Señor,
cada noche al terminar un nuevo día,
- por mi madre, por el pan, por el amor,
por las penas que son fuente de alegría.
Gracias, muchas gracias, mi Señor (Canción).
A Tí, Dios, Padre, alabanza, honor y gloria. Otórgame aquellas gracias
que no he sabido suplicarte y Tú sabes que necesito (v. Salmos 116,1). Hoy, en
oración, debo pedirte por intercesión de María, en especial como Rosa Mística,
la gracia, si Tú quieres, de vivir en paz y sin temor de ningún peligro; de
tener la sabiduría que comienza por honrar al Señor Jesús (v. Proverbios
9,10-12) y tener discernimiento e inteligencia espiritual; pido con todas mis
fuerzas inteligencia y buen juicio, vivir rectamente y sin tacha, saber también
lo que es recto y justo, y estar atento a todo lo bueno, que la discreción y la
inteligencia sean mis constantes protectoras; ruego adquirir instrucción,
prudencia, justicia, rectitud y equilibrio;
y (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios,
pues para Tí, Señor Jesús, Dios Mío, nada es imposible (v. Lucas 1,37 y 18,27;
Mateo 19,26; Marcos 10,27; Filipenses 3,21; Génesis 18,14; Números 11,23; Job
13,12; Jeremías 32,17,27) y, por eso, creo que ya lo tengo, que ya lo he
recibido y lo obtengo, conforme a tu Voluntad (v. Proverbios 16,3; Jeremías
17,7-8 y 29,11; Salmos 20,4 y 34,8; Filipenses 4,19; Éxodo 23,25).
Acuérdate, Oh piadosísima Virgen María (en especial como Rosa Mística),
que jamás se oyó decir que hayas abandonado a ninguno de cuantos han acudido a
tu amparo, implorando tu protección y reclamando tu auxilio. Animado con esta
confianza, también yo acudo a Tí, Virgen de Vírgenes, y gimiendo bajo el peso
de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu soberana presencia. No deseches
mis súplicas, Madre del Verbo Divino, antes bien óyelas y acógelas
benignamente. Amén. (San Bernardo).
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA TERCERO
10. EN BENDICIÓN
Ven Señor Jesús, ven Señor, llena mi corazón de tu amor, de tu poder y
de tu Espíritu Santo. Que el Señor me
bendiga y me proteja; que el Señor me mire con agrado y me muestre su bondad;
que el Señor me mire con amor y me conceda la paz (v. Números 6,24-26). Amén. ¡Aleluya!
Que Dios, en el Nombre de Jesús, me bendiga. Que Dios, Padre, Dios Hijo
Nuestro Señor Jesucristo y Dios Espíritu Santo, me concedan su amor y su paz. Y
que por los méritos de su infancia, Jesús me conceda la gracia de (…petición...), conforme a su
Voluntad, necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios. Amén. ¡Aleluya!
Por Cristo, con Él y en Él, a Ti Dios, Padre Omnipotente, en la Unidad
del Espíritu Santo, todo Honor y toda Gloria, por los siglos de los siglos.
Amén (Santa Misa).
11. EN ORACIONES
ANTIGUAS
CORAZÓN DE JESÚS, EN VOS CONFÍO
Postrado a vuestros pies
humildemente vengo a pediros dulce Jesús mío, poderos repetir constantemente
¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
Si la confianza es prueba de ternura esta prueba de amor daros ansío aún
cuando esté sumido en la amargura ¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
En las horas más tristes de la vida cuando todos me dejen ¡Oh Dios mío¡ y
el alma está por penas combatida ¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
Aunque sienta venir la
desconfianza y os obligue a mirarme con
desvío no será confundida mi esperanza
¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
Si en el bautismo que hermoseara
mi alma yo os permití ser vuestro, y vos ser mío, clamaré siempre en tempestad
o en calma ¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
Yo siento una confianza de tal suerte que sin ningún temor ¡Oh Dueño
Mío¡ espero repetir hasta la muerte ¡Sagrado Corazón en vos confío¡
ORACIÓN MÁS ANTIGUA A MARÍA SANTÍSIMA
BAJO TU AMPARO
“Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las
súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre
de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita”.
(Escrita en papiro griego que pertenece al siglo III ó IV. Se conserva
en la Biblioteca de John Ryland, en Manchester-Inglaterra. Encontrada sepultada
en el desierto de Egipto, confirmando de esta manera su antigüedad. Se la
encuentra incluida en el rito bizantino, copto, ambrosiano y latino.
http://www.idyanunciad.net/reina/tema16.htm#_ftn1).
12. EN PETICIÓN CON
ARMONÍA DE ÁNGELES
En el Nombre de Dios, Yo Soy El Que Soy, Yo Soy (v. Éxodo 3,14), Dios
en Mí, el Único Dios Verdadero y su Enviado Jesucristo, y la mediación de
María, en especial como Rosa Mística, atraigo al amado Arcángel San Miguel y a
sus legiones de Ángeles y les digo que decido, elijo, acepto y me comprometo,
si Dios, Padre quiere y es su voluntad, a (…petición...), necesidad por
la cual alabo y doy gracias a Dios, y que mi llamado sea multiplicado y
utilizado para ayudar a otras almas necesitadas y lo agradezco y lo acepto
hecho en este momento con pleno poder, si Dios lo quiere y de acuerdo con su
voluntad. Por Jesucristo Nuestro Señor y la intercesión de Excelsa María, en
especial como Rosa Mística. Amén. ¡Aleluya!
Oh Santos Ángeles de Dios, bellos seres espirituales que están en el
cielo y desde allí siempre me cuidan y me protegen, Oh bienaventurados seres de
luz, Mensajeros de Dios y ejecutores de sus órdenes, que por bondad y clemencia
del Altísimo me prestan su misteriosa y poderosa ayuda y me dan asistencia y
auxilio en toda mala situación, acudo a vuestro poder de intermediación y con
la Madre de Jesús y Madre Nuestra, María, en especial como Rosa Mística, para
que me consigan de la clemencia de Dios el ser atendido en mis carencias y
dificultades y para que Él, que es dueño de toda la creación, derrame sobre mí
sus bendiciones y provea en esta necesidad
apremiante y angustiosa de (…petición...), conforme a su
Voluntad, necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios, para mayor gloria
suya y bien de mi alma.
Oh Seres Celestiales, guías y custodios de los hombres, os pido me
ayuden en mis tristezas: hace tiempo busco la manera y solución para poder
llevar a mi hogar ciertos bienes espirituales, corporales y materiales, pero no he podido; ya la desesperación
y el abatimiento quieren minarme y todo hasta
me parece imposible; por eso os pido, Ángeles amados, ayuda urgente para
superar este apuro por el que paso desde hace ya algún tiempo.
Siento que me faltan fuerzas y la intranquilidad que experimento es muy
grande. Mis carencias son muy graves y sin su ayuda, María, en especial como
Rosa Mística, y Ángeles míos, jamás podré salir de esta angustiosa situación y
por la cual alabo y doy gracias a Dios; por ello, os suplico me presten vuestro
amparo, vuestra poderosa mediación y pidan a Dios, Padre, extienda hacia mí su
mano poderosa y me conceda lo necesario para salir de esta desesperada
situación.
Que Dios, Padre, me envíe su señal y una rápida solución a todos mis
problemas. Tengo fe que todo se ha de solucionar pronto, en el tiempo y el plazo
que el Padre fije con su propia autoridad y según su voluntad. Amén. ¡Aleluya!
13. EN HUMILDAD Y
REVERENCIA
Rogad María, en especial como
Rosa Mística, San Miguel Arcángel y Santos Ángeles benditos por mí, para que
arriben a mi casa toda clase de bendiciones y muy especialmente:
Bendiciones Espirituales: de paz, regocijo y alegría, a mis afectos,
mis pensamientos y mis deseos, y protección al Papa Francisco y la Iglesia.
Bendiciones Corporales: que Dios me siga brindando salud, riquezas y
honra, honores y felicidad, armonía y dicha.
Bendiciones Materiales: de abundancia y de prosperidad y tanto a mi
economía, como a mis ingresos, a mis asuntos, a mis bienes, a mi empleo, a mi
hogar, a mi familia, a mi estudio, a mis manos, y que llegue la fortuna y la
buena suerte a mi vida.
Señor Jesús, Tú conoces todo, Tú sabes que te quiero (v. Juan 21,17;
Jeremías 17,10 y 29,12-13), con humildad y reverencia, Señor, me atrevo a
pedirte sabiduría para entender qué quieres de mí y para todo mi actuar;
riquezas para el alma y para el cuerpo y honores en servirte y vida plena; ser
más dedicado, más comprometido a orar y encontrar, en la oración, una idea que
me impacte, un sentimiento, una emoción, una intuición, que me haga volver a
ella, "Pon tu alegría en el Señor, Él hará lo que desea tu corazón" (v.
Salmos 37,4).
14. EN SAN MIGUEL
ARCÁNGEL
San Miguel Arcángel y Santos Ángeles, presentad cuanto antes mis deseos
al Señor Jesús, mostradle mis carencias y necesidades y obtened para mí, de su
infinita bondad y con la intercesión maternal de María, en especial como Rosa
Mística, remedio a mis angustiosos
problemas e invoco especialmente la protección del Arcángel San Miguel, para
que proteja a la Iglesia contra todos los engaños amenazantes y la defienda.
Confío plenamente en vosotros, María, en especial como Rosa Mística,
San Miguel Arcángel y Santos Ángeles y os agradezco de antemano por escuchar y
atender mis súplicas y darles un final feliz. Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén. ¡Aleluya!
Aquí y ahora decido, elijo, acepto y me comprometo y he tomado la firme
decisión de (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios,
si Dios quiere y es su Voluntad y ya que Tú, Dios, Padre, por Jesucristo
Nuestro Señor, y la intercesión de María, en especial como Rosa Mística, San
Miguel Arcángel y los Santos Ángeles abriste,
bajo la gracia
y por los
caminos milagrosos, las
sendas para que mis carencias
sean subsanadas lo más pronto posible. Y que, por eso, soy guiado divinamente
hacia personas, ideas, recursos, oportunidades, acciones y hacia cualquier cosa
que me lleve a cumplir con este objetivo. Todo esto divirtiéndome, siendo
alegre y feliz y con un mínimo nivel de estrés en el proceso, y por Gracia de
Dios.
Por Jesucristo Nuestro Señor y por los méritos infinitos de su
Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María y por la intercesión de
María, en especial como Rosa Mística, de San Miguel Arcángel y de los Santos
Ángeles, merezco vivir libre de privaciones, merezco una vida próspera y feliz,
merezco administrar bien mis bienes y hacerlos crecer y merezco goces
espirituales. Está hecho; hecho está; lo veo; gracias Dios Mío, Muchas Gracias
Mi Señor.
Todos los Ángeles del Señor, bendecid al Señor: entonadle himnos y
glorificadle por todos los siglos. Bendice, alma mía, al Señor: y todo cuanto
hay en mí bendiga su Santo Nombre. Gloria al Padre.
En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor Jesús,
me haces vivir tranquilo (v. Salmos 4,8; 3,5; 16,8; Job 11,18-19).
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA CUARTO
15. EN PRESENCIA DE
JESUS SACRAMENTADO
Señor, Jesucristo, no soy digno que entres en mi pobre morada, mas por
vuestra Santa Palabra mis pecados serán perdonados, mi alma será sana, salva,
libre y perdonada, por eso te digo como el capitán romano: “—Señor, yo no
merezco que entres en mi casa; solamente da la orden—”, y mi alma será sana
(Lucas 7,6-7; Mateo 8,8).
Señor, Jesucristo, que estás en el Sagrario orando día y noche por mí,
te digo como los apóstoles: ''Enséñame a orar'', devotamente a María, en especial
como Rosa Mística (v. Lucas 11,1).
Señor, Jesucristo, que regalas
el agua que salta hasta la Vida Eterna, te digo como la Samaritana del pozo de
Jacob: "Dame siempre de esa agua", para que te alabe y agradezca (v. Juan
4,15).
Señor, Jesucristo, que eres luz que ilumina a todo el que viene a este
mundo, te digo como el ciego Bartimeo: "Señor, que pueda ver", el
camino recto que señala los consejos de la sabiduría (v. Marcos 10,51).
Señor, Jesucristo, a quien el Padre, Dios, ha dado todo poder en el cielo
y en la tierra, te digo como el hombre enfermo de lepra del Evangelio de
Marcos: "Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad”, del pecado
(v. Marcos 1,40; Lucas 5,12).
Señor, Jesucristo, a quien obedecen la mar y el viento, como en la
noche en que “Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua
en dirección a Jesús. Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como
comenzaba a hundirse, gritó: —¡Sálvame, Señor!—”, te digo: "Sálvame, Señor, que
perezco", en mis afugias (v. Mateo 14,30).
Señor, Jesucristo, te pido aceptar y cumplir siempre con alegría y paz
lo que la Voluntad de Dios permita, expresando lo que en la noche de la
amargura dijiste cuando: “En seguida Jesús se fue un poco más adelante, se
inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: «Padre mío, si es
posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero,
sino lo que quieres tú»” (v. Mateo 26,39).
Señor, Jesucristo, que orabas postrado en tierra, quiero ahora
postrarme contigo espiritualmente y acompañarte en la adoración al Padre Dios,
y petición en esta necesidad.
Señor, Jesucristo, que te aplastaban todas las maldades del mundo y
bañaste el suelo con la sangre que brotaba de tu rostro cuando “En medio de la
angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que
corrían hasta el suelo”, quiero repetir hoy contigo tu oración: Padre si es
posible, que se aparte el cáliz de amargura que me hace sufrir (v. Lucas
22,44).
Señor, Jesucristo, y quiero añadir también como Tú: Padre, si no es
posible que se aleje el cáliz de la amargura y el dolor, que no se haga como yo
quiero sino como Tú quieras.
Señor, Jesucristo, por tu agonía en el Huerto ten misericordia de todos
los agonizantes y no los dejes morir sin antes haberse reconciliado con Dios;
y, Padre Celestial, que al llegar ellos al Divino Tribunal para ser juzgados,
los encuentres purificados con la Sangre de Jesús.
Señor, Jesucristo, que aceptaste el cáliz de amargura, ya que “Después
se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de
rodillas, oraba: "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no
se haga mi voluntad, sino la tuya" y “Entonces se le apareció un ángel del
cielo que lo reconfortaba”, haz que también yo acepte las penas y sufrimientos
que Dios permite que me sucedan, pero no dejes de enviarme un Ángel Tuyo a
reconfortarme, a consolarme y ayudarme (v. Lucas 22,43).
Señor, Jesucristo, por tus amarguras y tristezas, te pido que cures mis
depresiones y desánimos y me conserves siempre en paz y tranquilidad, seguro
que Dios nunca me abandonará pues yo no lo abandono a Él y que me dará consuelo
al alma, luminosidad a los ojos, y salud, vida y bendición, y si acaso tengo
alguna angustia del alma, falta de fe, un desánimo, una tristeza profunda, una
desesperación, miedo, ansiedad, odio, frustración, culpa, cólera, o algo que
pueda producir resentimiento, venganza, rabia, violencia, ira o desánimo, o
enfermedad del cuerpo que disminuya la habilidad para funcionar bien, me lo
quita.
Señor, Jesucristo, que te entregaste en manos de los enemigos
dejándoles hacerte sufrir lo que quisieran, te pido, Señor, que también yo esté
dispuesto a sufrir con paciencia todo lo que Tú permitas que me suceda, siempre
sin renegar y sin quejarme, todo por Dios y por la salvación de mi alma (v. Juan
18).
Señor, Jesucristo, que a los que llegaron a tomarte “Jesús les dijo:
«Yo soy», se echaron hacia atrás y cayeron al suelo”, te pido, Señor, que yo
muchas veces caiga de rodillas y te adore, pero que nunca me vaya a suceder
como a aquellos malvados, que luego se levantaron para ofenderte y hacerte
sufrir (v. Juan 18,6).
Señor, Jesucristo, que en esas
“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó y le cortó la oreja
derecha a uno llamado Malco, que era criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo a
Pedro: —Vuelve a poner la espada en su lugar. Si el Padre me da a beber este
trago amargo, ¿acaso no habré de beberlo?—”, te pido me corrijas también a mí
como a Pedro, cuando me falte prudencia y paciencia en mi proceder, y cuando
quiera emplear la violencia o los malos modos, en vez de ser manso y humilde de
corazón como lo eres Tú (v. Juan 18,10; Mateo 11,29).
Señor, Jesucristo, que te insultaron y te daban bofetadas, “y
acercándose, le decían: "¡Salud, rey de los judíos!", y lo
abofeteaban” y “También lo escupían, y con la misma vara le golpeaban la
cabeza. Después de burlarse así de él”, te pido Señor, por los honores y estima
que te quitaron y te negaron al escupirte, al insultarte y al darte bofetadas,
que yo sea capaz de aceptar con paciencia y calma las humillaciones, los
insultos y los desprecios, todo por Tu amor y por mi salvación.
Señor, Jesucristo, a quien Caifás y el Sanedrín condenaron
injustamente, por esa condenación injusta que sufriste, te pido perdón por
haberme dedicado tantas veces a juzgar y condenar a los demás y haz que de
ahora en adelante jamás juzgue ni condene injustamente a nadie. Señor, ayúdame
a ser como Tú: no enjuiciador. Ayúdame a vivir la vida, sin condenar a nadie,
sin criticar.
Señor, Jesucristo, que te amarraron ásperamente las manos y los pies
para azotarte, te pido, Señor, por esas tus manos atadas, perdóname las faltas
que he cometido. Recuerda, Señor, que yo también soy un pobre prisionero atado
con las cadenas de las pasiones. Libérame, Señor, con tu poder y tu
misericordia, si estoy encadenado por alguna mala costumbre, por algún vicio,
por una mala amistad o por una inclinación muy fuerte hacia el pecado, o por el
orgullo, o por la tristeza, o por la avaricia o por alguna otra pasión.
Señor, Jesucristo, de quien muchas veces me he alejado con pensamientos
de orgullo, de ambición, de vanidad o de impureza o con el deseo de conseguir
la falsa admiración de las gentes, te pido que cada vez que me llegue el pensamiento
que me aparta de Ti, sea capaz de rechazarlo y que te diga una y mil veces:
“—¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!—”; no permitas que me aparte de
Ti (v. Lucas 23,46).
Señor, Jesucristo, Dios Mío, en este momento te pido la presencia del Espíritu
Santo para que limpie mi conciencia y deposite en mi inteligencia el poder y la
forma para lograr el beneficio que me produce mis labores y mis asuntos, mi
estudio y mi vida (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a
Dios, y que los resultados sean para gloria tuya, para beneficio de mi prójimo
y para el mío propio. Y, que tu bendición llegue al Santo Padre, Papa
Francisco, a los Obispos, a los Sacerdotes y Diáconos, a los Religiosos y a los
Laicos comprometidos con tu obra, a mi familia, a mi hogar, a mi empleo, a mi
estudio, a mi vida y a mis necesidades.
Señor, Jesucristo, Oh, Dios, que tuyo
soy y tuyo quiero
ser para siempre, te consagro mi persona y mi familia, con todo
lo que soy y tengo;
reina en mi hogar, que
ya te pertenece,
y no permitas que nos
apartemos de Ti.
Señor, Jesucristo, que te llegue mi clamor y acógelo como lo hiciste
con el de Tobías, por eso te digo como él: “En aquellos días, Tobías se echó a
llorar; rezaba entre sollozos y decía: Señor, tú eres justo y justas son tus
sentencias; actúas siempre con misericordia, con lealtad y con justicia. Señor,
acuérdate de mí; no me castigues por mis pecados, no tengas en cuenta mis
culpas ni las de mis padres. Por desobedecer tus mandamientos nos entregaste al
saqueo, al destierro y a la muerte; nos hiciste refrán y burla de las naciones
donde nos dispersaste. Señor, tus sentencias son graves, pues no cumplimos tus
mandamientos ni nos portamos lealmente contigo. Señor, haz de mí lo que
quieras, hazme expirar en paz, que prefiero la muerte a la vida”, … y haz lo mismo cuanto que “llegaron las
oraciones … a la presencia gloriosa del Dios Altísimo y fue enviado el santo
ángel Rafael a curarlo” (v. Tobías 3,1-6 y 16).
16. EN PRECES
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea el Nombre del Señor (Dios, Padre Nuestro) ahora y por
siempre. Desde donde sale el sol hasta su ocaso alabado sea el Nombre del Señor
(Dios, Padre Nuestro).
Bendito sea Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la Excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su Gloriosa Asunción a los Cielos.
Bendito sea el Nombre de María, Virgen y Madre.
Bendita sea Santa María, De Los Ángeles.
Bendita sea Santa María, Rosa Mística.
Bendita sea Santa María, La Esclava Del Señor.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
Señor danos sacerdotes.
Señor danos muchos sacerdotes.
Señor danos muchos sacerdotes santos.
Señor danos religiosos.
Señor danos muchos religiosos.
Señor danos muchos religiosos santos.
Señor danos familias.
Señor danos muchas familias.
Señor danos muchas familias santas.
Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío.
Dulce Corazón de María, sed la Salvación Mía.
Nos diste, Señor, el Pan del Cielo. Que contiene en Sí todo Deleite.
Oh Dios que en este Sacramento Admirable nos dejaste el memorial de tu
Pasión; te pido me concedas venerar de tal modo los Sagrados Misterios de Tu
Cuerpo y de Tu Sangre, que experimente constantemente en mí el fruto de tu
Redención. Tú que Vives y Reinas por los siglos de los siglos. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA QUINTO
17. EN VENERACIÓN AL
CORAZÓN PURÍSIMO DE MARÍA
¡Salve, Corazón clemente, Corazón Inmaculado, Corazón dulce, inocente,
mística, sellada fuente, hermoso vergel cerrado, refugio del alma mía en las
pruebas y temores!
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Gallardo lirio, que afrenta de la nieve la blancura, rosa ardiente que
fulgura, con cuanto en el prado ostenta esbeltez y donosura; encanto del alma
mía, Corazón, flor de las flores.
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Amante siempre aunque herido, que nada sabes de enojos: así perfume
escogido esparce el rosal florido aprisionado entre abrojos: la ingratitud
siempre mía, de ti siempre los favores.
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Por más que fiero contigo el pecador te taladre, eres su mejor abrigo,
siempre Corazón amigo, siempre Corazón de Madre, consuelo del alma mía en el
valle de dolores.
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Corazón centro, reposo, templo del divino Amor, tálamo nupcial,
hermoso, donde descansa el Esposo como en su trono mejor: ¡Oh si en la yerta
alma mía se encendieran tus ardores!
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Corazón todo ternura, Corazón todo bondad, Corazón todo dulzura, todo
Gracia y hermosura e inefable caridad; casto imán del alma mía, Corazón de mis
amores.
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
18. EN ALIVIO CON EL
PADRE RAFAEL GARCÍA HERREROS
Cristo Divino, cúrame, estoy enfermo, necesito que Tú pases tu mano de
Médico Divino sobre mí. Pon tu mano sobre mi cabeza y purifica mis
pensamientos, sana mis intenciones. Posa tu mano sobre mi corazón, sáname de
cualquier enfermedad de mi cuerpo, Tú milagroso, Tú poderoso. Oh Cristo, te
pido alivio. Yo creo en tu infinito poder sanador, yo débil, yo enfermo, yo
convaleciente, yo desalentado. Ahora acudo a Tí, en este momento, te suplico,
que haya muchos que reciban salud por tu poder infinito, por el adorable poder
que Tú tienes de sanar al hombre. ¡Cristo infinito! ¡Cristo eterno! ¡Cristo
cercano! ¡Cristo compasivo! ¡Cristo amigo! ¡Sáname! Amén.
Bendito, Alabado y Adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del
Altar. Sea para siempre Bendito, Alabado y Adorado.
Bendito, Alabado y Adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del
Altar. Sea para siempre Bendito, Alabado y Adorado.
Bendito, Alabado y Adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del
Altar. Sea para siempre Bendito, Alabado y Adorado.
Te adoro, Oh Cristo, y te bendigo que por tu Santa Cruz Redimiste al
mundo.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA SEXTO
19. EN ADORACIÓN
EUCARÍSTICA CON SAN JUAN PABLO II
Señor Jesús:
Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como
somos.
"Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y
conocido que tú eres el Hijo de Dios" (v. Jn. 6,69).
Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la
última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra FE.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos
llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.
Siguiéndote a ti, "camino, verdad y vida", queremos penetrar
en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la
nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: "Este es mi
Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo" (v. Mt. 17,5).
Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras
situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y
social.
Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y
amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives
"siempre intercediendo por nosotros" (v. Heb. 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino
apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque
tú eres el centro, el principio y el fin de todo.
Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala
de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer
lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.
Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que
eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo" (v. Flp.
1,21).
Nuestra vida no tiene sentido sin ti.
Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque
"con tan buen amigo presente todo se puede sufrir". En ti
aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración "el
amor es el que habla" (Sta. Teresa).
Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes
básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia
vocación cristiana.
CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de
presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta
a tus palabras: "Quedaos aquí y velad conmigo" (v. Mt. 26,38).
Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y
palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo
tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de
donación.
El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a
decir esos "gemidos inenarrables" (v. Rom. 8,26) que se traducen en
actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con
sola tu presencia, tu amor y tu palabra.
En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas,
y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.
Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o
"misterio".
Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el
"misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos
en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio
activo y fecundo que nace de la contemplación.
Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se
convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.
Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y
adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se
hizo la más perfecta Madre.
Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando
tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.
Amén.
20. EN INVOCACIÓN DE
FIN
Espíritu Santo: enséñame a comprender como Jesús me comprende; enséñame
a amar como Jesús me ama; enséñame a perdonar como Jesús me perdona; y,
enséñame a dar sin mezquindad como Jesús me da. Dando es como se recibe y vendrá prosperidad.
Gloria a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Gloria a la Madre de Jesús y Madre Nuestra y Madre de la Iglesia y
Reina del Santo Rosario, María, en especial como Rosa Mística. Amén.
21. EN MARÍA, COMO
ROSA MÍSTICA, MADRE DE JESÚS Y MADRE NUESTRA
Sagrada Inmaculada Concepción de María, Madre de Dios y Madre Nuestra y
Reina del Santo Rosario, ruega por nosotros. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA SÉPTIMO
22. EN LAS ORACIONES
LITÚRGICAS PARTE PRIMERA
Concede, Señor, a tu pueblo perseverancia y firmeza en la fe, y a
cuantos confiesan que tu Hijo, Dios de gloria eterna como tú, nació de Madre
Virgen con un cuerpo como el nuestro, líbralos de los males de esta vida y
ayúdales a alcanzar las alegrías eternas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos
hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen
María, consigamos aumento de paz al celebrar tan gran misterio. Por Jesucristo,
Nuestro Señor. Amén.
Concédenos, Señor, por intercesión de la Virgen María, hacernos dignos
de participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por Jesucristo, Nuestro
Señor. Amén.
Confirma, Señor, en nosotros, la verdadera fe, para que cuantos
confesamos al Hijo de la Virgen, como Dios y como hombre verdadero, podamos
llegar a las alegrías del reino por el poder de su santa resurrección. Por
Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del
ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su
pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.
Dios, creador y restaurador del hombre, que has querido que tu Hijo,
Palabra eterna, se encarnase en el seno de María, siempre Virgen, escucha
nuestras súplicas, y que Cristo, tu Unigénito, hecho hombre por nosotros, se
digne hacernos partícipes de su condición divina. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.
Dios de misericordia, fortalece nuestra débil condición y, al recordar
a la Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, vernos libres de todas
nuestras culpas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios de misericordia, remedia con el amparo del cielo nuestro
desvalimiento, para que, cuantos celebramos la memoria de la inmaculada Virgen
María, Madre de Dios, podamos, por su intercesión, vernos libres de nuestros
pecados. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, concede a los fieles, que se alegran bajo la
protección de la Virgen María, verse libres, por su intercesión, de todos los
males de este mundo y alcanzar las alegrías del cielo. Por Jesucristo, Nuestro
Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, confírmanos en la fe de los misterios que
celebramos, y, pues confesamos a tu Hijo Jesucristo, nacido de la Virgen, Dios
y hombre verdadero, te rogamos que por la fuerza salvadora de su resurrección
merezcamos llegar a las alegrías eternas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, que derramaste el Espíritu Santo sobre los
apóstoles, reunidos en oración con María, la Madre de Jesús, concédenos, por
intercesión de la Virgen, entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la
gloria de tu nombre con testimonio de palabra y de vida. Por Jesucristo, Nuestro
Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre
de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión alcancemos la
gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.
Dios Todopoderoso, que por la maternidad virginal de María entregaste a
los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión
materna de la que nos ha dado a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Dios Todopoderoso, que, según lo anunciaste por el ángel, has querido
que tu Hijo se encarnara en el seno de María, la Virgen, escucha nuestras
súplicas y haz que sintamos la protección de María los que la proclamamos
verdadera Madre de Dios. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba
en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te
rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus
maravillas durante toda nuestra vida. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso y eterno, te pedimos que tu Hijo, que se encarnó en
las entrañas de la Virgen María y quiso vivir entre nosotros, nos haga
partícipes de la abundancia de su misericordia. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.
Dios Todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has
concedido un amparo celestial a cuantos la invocan, concédenos, por su
intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el
amor. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios y Padre de nuestro salvador Jesucristo, que en María, virgen santa
y madre diligente, nos has dado la imagen de la Iglesia; envía tu Espíritu en
ayuda de nuestra debilidad, para que perseverando en la fe crezcamos en el amor
y avancemos juntos hasta la meta de la bienaventurada esperanza. Por
Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido
revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia,
para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio
admirable de la encarnación de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de
los siglos. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA OCTAVO
22. EN LAS ORACIONES LITÚRGICAS PARTE SEGUNDA
Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María
entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la
intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor
de la vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Oh Dios, cuyo Hijo al expirar en la cruz quiso que su madre, la Virgen
María, fuese en adelante nuestra Madre, concédenos a quienes recurrimos a su
protección ser confortados por la invocación de su Santo Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-). Por Jesucristo,
Nuestro Señor. Amén.
Oh Dios, Padre de misericordia, cuyo Hijo, clavado en la cruz, proclamó
como Madre nuestra a santa María Virgen, Madre suya, concédenos, por su
mediación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por
la santidad de sus hijos, y atraiga a su seno a todas las familias de los
pueblos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Oh Dios, que en tu providencia admirable has querido asociar a la
Virgen María al misterio de nuestra salvación, haz que, fieles a su consejo, pongamos
en práctica todo lo que Cristo nos ha enseñado en el Evangelio. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos. Amén.
Oh Dios, que por la concepción inmaculada de la Virgen María preparaste
a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la
preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios
de todas nuestras culpas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo,
has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la
Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por Jesucristo, Nuestro
Señor. Amén.
Oh Dios, tú que has preparado en el Corazón de la Virgen María una
digna morada al Espíritu Santo, haz que nosotros, por intercesión de la Virgen,
lleguemos a ser templos dignos de tu gloria. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.
Perdona, Señor, los pecados de tus hijos y, ya que nuestras obras no
pueden complacerte, concédenos la salvación por medio de la Madre de tu Hijo, Nuestro
Señor Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Porque te has complacido, Señor, en la humildad de tu sierva, la Virgen
María, has querido elevarla a la dignidad de Madre de tu Hijo y la has coronado
de gloria y esplendor; por su intercesión, te pedimos que, a cuantos has
salvado por el misterio de la redención, nos concedas también el premio de tu
gloria. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Que se alegre tu Iglesia, Señor, y se goce en el Nacimiento de la
Virgen María, que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación. Por
Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo
al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo,
merezca participar de su resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la
Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro
Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a
él en su naturaleza divina. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada
aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la
has transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad,
concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con
humildad de corazón. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Te pedimos, Señor, que, al recordar los dolores de la Virgen María,
completemos en nosotros, en favor de la Iglesia, lo que falta a la pasión de
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud
de alma y cuerpo; y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de
las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por
Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Te pedimos, Señor, que tu Iglesia, por la mediación maternal de la
Virgen, anuncie a todas las gentes el Evangelio y llene el mundo entero de la
efusión de tu Espíritu. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Te rogamos, Señor, que venga en nuestra ayuda la intercesión poderosa
de la Virgen María, para que nos veamos libres de todo peligro y podamos vivir
en tu paz. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Oh Madre, derrama sobre mí tus dones celestiales. Oh María, en especial
como Rosa Mística, Madre de la Iglesia, ruega por mí. –Salve–
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA NOVENO
23. EN MEDITACIÓN
Hijo mío queridísimo: ¡yo quiero que esta imagen mía la conserves, no
como un recuerdo sino como una señal de mi presencia contigo!
¡Cuando te sientas triste, tómala en tus manos, yo quiero ser tu
consuelo!
¡Cuando llores, yo seré tu pañuelo…!
¡Cuando te sientas tentado, yo quiero darte fortaleza…!, y si por
desgracia has caído, ¡yo quiero levantarte de inmediato…!
Guárdala como testimonio de mi amor y ayuda para ti y para los tuyos.
¡Yo quiero ser tu defensa, tu guardiana y guardiana de tu familia…!
No temas; ¡yo iré siempre contigo…!
¡Oh, si mis hijos todos comprendieran cuanto los amo, llorarían de
alegría…!
(Aparición diciembre 5, 1975: "Yo hago descender la bendición
sobre estas estatuas que son mi imagen. A donde quiera que vaya llevaré conmigo
alegría, paz y gracia para las almas. Yo estoy siempre cerca de vosotros con mi
protección maternal y la especial bendición del Señor").
24. EN JACULATORIAS
A los misterios de la Santísima Trinidad y Santísima Encarnación del
Hijo de Dios y a la Virgen María.
A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Bendita, alabada, ensalzada, adorada y glorificada sea la Santísima
Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios
Verdadero. Amén.
A LA SANTÍSIMA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
Bendita, alabada, ensalzada, adorada y glorificada sea la Encarnación
del Hijo de Dios en las purísimas entrañas de María Santísima por obra y gracia
del Espíritu Santo: su nacimiento, vida, pasión y muerte, y gloriosísima
Resurrección, y triunfante Ascensión a los cielos. Amén.
A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Sagrada Inmaculada Concepción de María, Madre de Dios y Madre Nuestra,
ruega por nosotros. Amén.
Dulce Corazón de María, sed mi salvación.
Madre dolorosa, ruega por nosotros.
Madre mía, líbrame del pecado mortal.
María, esperanza nuestra, ruega por nosotros.
Virgen María, Madre de Jesús, haznos santos.
María, haz que viva en Dios, con Dios y por Dios.
Santa María, purifica mi corazón y mi cuerpo.
Madre santa, llévame contigo.
María, que entraste al mundo sin pecado alguno, alcánzame de Dios que
yo pueda salir de esta vida sin pecado.
María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi
alma.
Bendita sea la Santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada
Virgen María, Madre de Dios.
Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Ave María Purísima. Sin pecado concebida. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
25. EN COMUNIÓN
ESPIRITUAL
Creo, Señor Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el
Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas y me pesa de todo corazón haberte
ofendido. Deseo, en este momento, recibirte en mi alma, más ya que no puedo
hacerlo sacramentalmente, ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón.
“Señor, no soy digno, ni merezco que entres en mi pobre morada, pero di
una sola palabra y mi alma será sana, salva, libre y perdonada. El Cuerpo, la
Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, guarden mi alma
para la vida eterna. Amén”
Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno enteramente a Ti.
Señor, no permitas que por el pecado me separe de Ti. Amén.
"Yo quisiera, Señor, y Dios mío, recibiros con aquella pureza,
humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu
y fervor de los santos”, Comunión Espiritual que de labios del Padre Manuel
Laborda aprendió San Josemaría Escrivá de Balaguer.
NOTA[xvi]
Te suplico, Oh Señor Mío Jesucristo, que la ardiente y dulce fuerza de
tu amor, embargue toda mi alma, a fin de que muera de amor por Tí, así como Tú
te dignaste morir de amor por mí. Amén.
Señor Jesús, no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas por
vuestra santísima palabra, mi alma será sana, salva, libre y perdonada. Amén.
Invocaciones:
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh mi buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas escóndeme.
No permitas que me aparte de Tí.
Del maligno enemigo defiéndeme.
En la hora de mi muerte llámame.
Y mándame ir a Tí, para que con tus santos te alabe por los siglos de
los siglos. Así sea. (San Ignacio de Loyola).
Indulgencia de 300 días. Indulgencia de siete años si se rezaren
piadosamente estas invocaciones después de la sagrada Comunión. Indulgencia
plenaria con las condiciones acostumbradas si se han rezado devotamente estas
invocaciones durante un mes entero.(E.I.131) (Misal Romano Diario, Ed. Balmes,
Barcelona, 1962, pág. 877).
26. EN DESPEDIDA
PLEGARIA A LA VIRGEN «ROSA MÍSTICA»
Virgen Inmaculada, Rosa Mística, en honor de tu Divino Hijo nos
postramos delante de Ti, implorando la
misericordia de Dios.
No por nuestros méritos, sino por la bondad de tu Corazón Maternal,
concédenos ayuda y gracia con la seguridad de ser escuchados.
Dios te salve...
Rosa Mística, Madre de
Jesús, Reina del Santo Rosario y Madre de la Iglesia —del Cuerpo Místico de Cristo—,
te pedimos, concedas al mundo rasgado
por la discordia, la unidad y la paz y todas aquellas gracias que puedan
cambiar los corazones de todos sus hijos.
Dios te salve...
Rosa Mística, Reina de los Apóstoles,
haz que alrededor de los altares
eucarísticos, surjan muchas vocaciones sacerdotales y religiosas para
difundir con la santidad de su
vida y con celo apostólico el Reino de
tu Hijo Jesús por todo el mundo.
Dios te salve…
Rosa Mística, derrama sobre nosotros tus gracias celestiales.
Dios te salve...
¡Dios te salve, Reina...Rosa
Mística, Madre de la Iglesia, Ruega por nosotros!
27. EN ORACIÓN DE 1942 (31/10/1942)
DEPRECACIÓN FILIAL AL PURÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA
Quisiera, Virgen María, Madre mía muy amada, tener el alma abrasada en
vuestro amor noche y día.
¡Oh dulce Señora mía! Quién tuviera tal ardor que aventajara en fervor
a los serafines todos, amándoos por cuantos modos inventó el más fino amor!
Antífona. Regocíjese, ¡Oh María!, tu Corazón en Dios, tu salud, porque
el que es Todopoderoso hizo contigo cosas grandes.
V. El que me hallare, hallará la vida. R\ Y beberá del Señor la salud.
Oración. ¡Oh clementísimo Dios, que para salvación de los pecadores y
consuelo de los desgraciados, quisisteis enriquecer el Purísimo Corazón de la
bienaventurada Virgen María con los afectos de caridad y misericordia, tan
conformes a los del Divino Corazón de Jesús, vuestro Hijo!, conceded a todos
los que honramos a este dulcísimo y amantísimo Corazón, que por los méritos e
intercesión de la misma Virgen sacratísima, nos halléis conformes al Corazón de
Jesús. Os lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
28. EN CONCLUSIÓN
Gracias, Oh Dios, porque, en
Nombre de Jesús e intercesión de María, en especial como Rosa Mística, con la
oración ya me has dado lo que he necesitado.
Sálvame, Señor Jesús, despierto, y protégeme, mientras duermo, para que
vele con Cristo y descanse en paz.
Señor Jesús, a mis necesidades, con obediencia y temor de Dios, digo
como Abrahán anunció a su hijo Isaac: “Dios proveerá” (“ElOhim se proveerá”, v.
Génesis 22,8 LXX).
Oh Dios, fuerza de los que en Tí
esperan, escucha mis súplicas y, puesto que el hombre es frágil y sin ti nada
puede, concédeme la ayuda de tu gracia, para observar tus mandamientos y
agradarte con mis deseos y acciones. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos
de los siglos. Amén.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te
glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey Celestial, Dios, Padre
Todopoderoso. Señor, Hijo Único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo
del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que
quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la
derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú
Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios,
Padre. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, gracias por interceder. Agradezco
al Señor Jesús por haber oído mi oración y estar respondiendo a ella según su
infinita sabiduría y amor; alabo y bendigo al Señor Jesús por sus bondades y
bendiciones para conmigo y por ser Él tan bueno con sus criaturas. Dejo los
resultados en manos de Dios. Deposito en el Señor Jesús todas mis
preocupaciones y Él cuidará de mí (v. 1Pedro 5,7), con Dios nada será imposible
(v. Lucas 1,37). Por Jesucristo Nuestro
Señor. Amén.
Padre Nuestro, que estás en el
cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona
nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos
dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo;
bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte.
Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el
principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Gloria para siempre a nuestro Dios y Padre y a María, en especial como
Rosa Mística, Virgen Madre de Dios y Madre y Señora Nuestra! Así sea.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra,
Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi
fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
EPÍLOGO
BENDITA
MARÍA, COMO ROSA MÍSTICA, EN SUS APARICIONES:
Bendita María, Rosa Mística. (08-XII-1947 y 08-IX-1974)
Bendita María, La Inmaculada Concepción. (08-XII-1947)
Bendita María, de las Gracias. (08-XII-1947)
Bendita María, la Llena de Gracia. (08-XII-1947)
Bendita María, Madre de su Divino Hijo Jesucristo. (08-XII-1947)
Bendita María, Madre de Jesús. (13-VII-1947)
Bendita María, Madre Nuestra. (13-VII-1947)
Bendita María, Madre de la Iglesia Universal. (08-XII-1947)
Bendita María, Reina del Santo Rosario. (17-I-1971, 25-VII-1971 y
22-VII-1973)
Bendita María, el Inmaculado Corazón. (07-XII-1947)
Bendita María, “Yo les prometo que si me veneran de esta manera
especial, gozarán particularmente de mi protección maternal y florecerán las
vocaciones religiosas y sacerdotales en todo el mundo”. (13-VII-1947)
Bendita María, “He aquí por qué me presento rodeada de un rosal”.
(13-VII-1947)
Bendita María, “espíritu de oración”. (13-VII-1947)
Bendita María, “espíritu de reparación y de sacrificio”. (13-VII-1947)
Bendita María, “espíritu de inmolación total”. (13-VII-1947)
Bendita María, “El fiat de la redención y el fiat de mi cooperación,
encuentran su símbolo en la más Hermosa Flor “La Rosa Mística”.”. (22-X-1947)
Bendita María, “Madre del Señor Jesús”. (22-X-1947)
Bendita María, “Madre de la Gracia”. (22-X-1947)
Bendita María, “Madre del Cuerpo Místico de la Iglesia”. (22-X-1947)
Bendita María, Asunta al Cielo “Después que fui Asunta al Cielo, me he
puesto siempre en medio como mediadora entre mi Divino Hijo Jesucristo y toda
la humanidad!...¡Cuántos favores!...¡Cuántos castigos he tenido!...¡Cuántos
coloquios he tenido con las almas!...¡Cuántas visitas más hice a la tierra para
traer mensajes!.”. (08-VIII-1966)
Bendita María, “mediadora entre Él y los hombres, intercediendo
especialmente por las almas consagradas”. (22-X-1947)
Bendita María, la hora de Gracia para todo el mundo. (22-XI-1947 y
08-XII-1947)
Bendita María, “mediante esta devoción se alcanzará numerosas gracias
para el alma y para el cuerpo. Nuestro Señor, mi divino Hijo Jesús, concederá
copiosamente su misericordia, mientras los buenos recen por sus hermanos que
permanecen en el pecado”. (08-XII-1947)
Bendita María, Corazón Maternal. (07-XII-1947 y 08-XII-1947)
Bendita María, Imagen Rosa Mística. “Donde quiera que yo llegue, llevo
conmigo copiosísimas gracias del Señor Jesús, mi Divino Hijo”. (05-XI-1974)
Bendita María, “El 12 de mayo de 1975 otras 6 estatuas de la Virgen
Peregrina, dos de 1 m de altura y las restantes más pequeñas de 76 cm se
trajeron al Oratorio de Pierina. Ese mismo día a las 9 de la noche, se le
apareció la Virgen y dijo: “Yo hago descender la bendición sobre estas estatuas
que son Mi Imagen. Dondequiera que Yo vaya, llevo Conmigo: alegría, paz y
gracias para las almas...Siempre estoy cerca de vosotros con Mi Maternal
protección y la especial bendición del Señor”. (12-V-1975)
Bendita María, "Si todos, buenos y malos, se unen en la oración,
obtendrán de este Corazón misericordia y paz”. (08-XII-1947)
Bendita María, “Tengo preparada una sobreabundancia de gracia para
todos aquellos hijos que escuchan mi voz y toman a pecho mis deseos”.
(08-XII-1947)
Bendita María, “Esto debe demostrar cómo el pecado es lodo y suciedad
en el corazón de mis hijos. Pero si se bañan con el agua de la Gracia que son
los Sacramentos, las almas quedan purificadas”. (17-IV-1966)
Bendita María, dadora de “Gracias materiales y espirituales”.
(08-XII-1947)
Bendita María, “Deseo que este trigo sea amasado y convertido en pan
eucarístico para muchas COMUNIONES REPARADORAS” (09-VI-1966)
Bendita María, “Mi amor universal unido a la Sangre Preciosísima de
Jesús, salve a toda la humanidad, y una a todos los hombres bajo un solo rebaño
y un solo Pastor”. (17-IV-1966)
Bendita María, "Hija, mira aquí el Santo Rosario! Todos los que lo
recen recibirán infinidad de gracias. El rosario establece una fuerte unión con
mi Corazón y glorifica al Señor de los cielos y del Universo. Insta a todos los
que me aman, que reparen los agravios que se infieren a mi Divino Hijo
Jesucristo. Hijos míos, amaos mutuamente… haced sacrificios por amor. La
oración es el amor que sube al cielo. Ojalá todos mis hijos comprendan mi deseo
para cumplirlo. La bendición del Señor descienda sobre todos!". (1966)
Bendita María, "Un rosario bien rezado es la mejor oración
imperatoria. Contiene la meditación de los misterios de la fe; el Padre
Nuestro, la oración del Señor que une a todos los hijos; y la glorificación de
la Santísima Trinidad con el Gloria. Repite a todos que recen el rosario porque
es un anillo de fe y de luz y una prenda del poder de la intercesión".
(17-I-1971)
Bendita María, "Yo hago descender la bendición sobre estas
estatuas que son mi imagen. A donde quiera que vaya llevaré conmigo alegría,
paz y gracia para las almas. Yo estoy siempre cerca de vosotros con mi
protección maternal y la especial bendición del Señor". (05-XII-1975)
Bendita María, que acompaña con la Gracia y la Bendición de su Hijo
Jesús. (05-IV-1960)
Bendita María, mi Divino Hijo Jesucristo me envía una vez más a la
tierra, a Montichiari, para llevar a la humanidad copiosas Gracias.
(17-IV-1966)
Bendita María, “Mi divino Hijo es todo amor, pero el mundo va hacia la
ruina. Yo he alcanzado una vez más misericordia y vengo a Montichiari para
traer las gracias de su amor, pero para salvar a la humanidad se necesita
oración, sacrificio y penitencia”. (13-V-1966)
Bendita María, “Que se llame la fuente de la Gracia”. (17-IV-1966)
Bendita María, “Mi Hijo me ha enviado nuevamente a pedir la unión de
Comunión Reparadora y que esto sea para el 13 de octubre”. (06-VIII-1966)
Bendita María, "La obediencia es paz que viene del Señor... Lo
contrario es discordia y ruina de las almas!" "Imitar el ejemplo que
nos ha dado primero el Divino Hijo Jesucristo: se humilló y se hizo obediente
hasta la muerte de Cruz. Hija, la obediencia es humildad, muchas veces es
sacrificio, pero Dios Nuestro Señor sabe dar después al alma paz y docilidad,
que es el verdadero amor de Él" (15-V-1969)
Bendita María, “Haz de acuñar una medalla según este modelo: por un
lado "Rosa Mística" y por el otro, "María, Madre de la Iglesia".
“He sido enviada por el Señor, que escogió a Montichiari para traer el don de
su amor, el don de la fuente de gracia y el don de la medalla de mi amor
maternal. Yo intervendré en la difusión de la medalla, prenda de caridad
universal. Mis hijos me llevarán sobre sus corazones a todas partes y yo les
prometo mi protección maternal llena de gracias, en este tiempo en que se
quiere destruir la veneración que se me tributa”. “Esta medalla es el signo de
que mis hijos están siempre conmigo que soy la Madre del Señor y Madre de la
humanidad. Este es el triunfo del amor universal. La bendición del Señor y mi
protección estarán siempre con aquellos que recurren a Mi”. (19-V-1970)
Bendita “María, Madre de la Iglesia“. (08-IX-1974)
Bendita María, “Dile a mis hijos que recen el Santo Rosario…, anillo de
Fe y de luz y vínculo de unión, de gloria, de intercesión.” (17-I-1971)
Bendita María, Fíat de la Creación, Fíat de la Redención, María de la
Corredención. (29-VI-1974 y 13-I-1951)
Bendita María, “Feliz el hombre que se confía a la protección de su
Ángel custodio y escucha sus inspiraciones…”. (29-VI-1974)
Bendita María,, “Rosa mística no tiene en sí nada de nuevo… En Rosa
Mística está simbolizado el «Fíat» de la Redención, el «Fíat» de mi
colaboración”. (22-VII-1973)
Bendita María, “Yo soy la Inmaculada Concepción, la Madre de Jesús el
Señor, la Madre de la Gracia, la Madre del Cuerpo Místico: ¡La Iglesia!".
(22-VII-1973)
Bendita María, "La Gracia del Señor y su Misericordia infinita por
la Iglesia harán florecer de nuevo la Rosa Mística. Y si se escucha esta
invitación materna, Montichiari será el lugar desde el cual la luz mística se
irradiará a todo el mundo. Sí, todo esto se realizará!". (22-VII-1973)
Bendita “Yo soy María, la Madre de la Iglesia. Por esta Iglesia, por el
Santo Padre, por los sacerdotes y por todos los hijos de la Iglesia pido
oración, oración, oración, para que vuelva a los corazones el verdadero amor al
Señor y a la verdadera caridad”. (08-IX-1974)
Bendita María, “Invocad especialmente la protección del Arcángel San
Miguel, para que proteja a la Iglesia contra todos los engaños amenazantes y la
defienda. En efecto, la Iglesia no se ha encontrado jamás en tanto peligro como
hoy.” (08-IX-1974)
Bendita María, “Ante estas imágenes se ha orado y yo estoy ahora
especialmente presente en la ciudad de mi amado hijo Papa Pablo, el Padre de la
Iglesia”. (23-XI-1975)
Bendita María, “En verdad dondequiera que yo me detenga mediante esas
imágenes, llevo conmigo la Gracia del Señor y el Amor de este Corazón materno.
Yo llevo la luz a los corazones, donde aun hay tinieblas, para que ellos
comprendan el Amor que he revelado en Montichiari”. (23-XI-1975)
Bendita María, “Colaborad con mi Amor, dad con mi Amor, sacrificad con
mi Amor. Así vosotros estaréis unidos a mi por siempre en amor.”. (23-XI-1975)
Bendita María, “ORACIÓN de Fe, ORACIÓN de amor, ORACIÓN de alabanza,
ORACIÓN para obtener gracias”, “¡RECITAD EL SANTO ROSARIO!”. (22-VII-1973)
Bendita María, "Hija, mira aquí el Santo Rosario! Todos los que lo
recen recibirán infinidad de gracias. El rosario establece una fuerte unión con
mi Corazón y glorifica al Señor de los cielos y del Universo. Insta a todos los
que me aman, que reparen los agravios que se infieren a mi Divino Hijo
Jesucristo. Hijos míos, amaos mutuamente… HACED SACRIFICIOS POR AMOR. La
oración es el amor que sube al cielo. Ojalá todos mis hijos comprendan mi deseo
para cumplirlo. La bendición del Señor descienda sobre todos!". (1966)
Bendita María, "La obediencia es paz que viene del Señor... Lo
contrario es discordia y ruina de las almas!" "Imitar el ejemplo que
nos ha dado primero el Divino Hijo Jesucristo: se humilló y se hizo obediente
hasta la muerte de Cruz. Hija, la obediencia es humildad, muchas veces es
SACRIFICIO, pero Dios Nuestro Señor sabe dar después al alma paz y docilidad,
que es el verdadero amor de Él" (15-V-1969)
Bendita María, “PENITENCIA quiere decir, aceptar las pequeñas cruces
diarias y realizar el trabajo cotidiano en espíritu de expiación”. (22-XI-1947)
María, en especial como Rosa Mística, para terminar quiero, en este
momento, expresar con el Padre DeGrandis:
“Deseo concluir con la siguiente “Oración Milagrosa”, la cual ayuda a
que las personas entreguen su vida a Jesús y pidan la presencia del Espíritu
Santo. Se ha comprobado que trae grandes bendiciones cuando se dice con
voluntad.
Oración Milagrosa
Señor Jesús, vengo ante Tí tal como soy. Estoy avergonzado por mis
pecados, me arrepiento de mis pecados, por favor perdóname. En Tu Nombre
perdono a otros por todo lo que hayan hecho contra mí. Renuncio a Satanás, a
los espíritus del mal y a todas sus obras. Entrego a Ti todo mi ser, Señor
Jesús, ahora y siempre.
Jesús, te invito a entrar en mi vida. Te acepto como mi Señor, Dios y
Salvador. Sáname, cámbiame, fortaléceme en cuerpo, alma y espíritu.
Ven, Señor Jesús, cúbreme con Tu Preciosa Sangre y lléname con tu Santo
Espíritu. Te amo, Señor Jesús. Te alabo, Jesús. Te agradezco, Jesús. Te seguiré
todos los días de mi vida. Amén.
María, Madre (de Dios y Madre Nuestra), Reina de la paz (y Reina del
Santo Rosario, María en especial como Rosa Mística), todos los Ángeles y
Santos, por favor ayúdenme. (Por Jesucristo Nuestro Señor y para su Gloria.)
Amén. (-¡Aleluya!-)
Repite esta oración con fe, sin importar cómo te sientas. Cuando
llegues al punto en que realmente quieras decir cada palabra, con todo tu
corazón, algo espiritual y bueno te ocurrirá. Experimentaras a Jesús y Él
cambiará tu vida de manera especial. Ya verás. P. Peter Mary Rookey, OSM” (Rev.
Robert DeGrandis S,S,J. Recibiendo la Sagrada Eucaristía, Asociación María
Santificadora, 3ª ed., mayo 2001, Bogotá D.C., Colombia, págs. 41-44.
ORACIÓN A MARÍA, COMO ROSA MÍSTICA, POR LA SALUD
¡Oh Jesús! que clavado en la
Cruz me dejaste como Madre Nuestra a tu Madre Santa María Virgen: concédeme por
su mediación amorosa, la purificación de mi alma y la curación milagrosa de mi
cuerpo aquejado por esta enfermedad … (nombrarla en silencio). Te lo suplico,
confiado en tus palabras: cumplimento de las promesas hechas por María, en especial
como Rosa Mística, en Montichiari y Fontanelle. Amén.
(Tres Avemarías y Gloria, para honrar las tres rosas de Nuestra
Señora).
CAPÍTULO 10
10.1 ORACIÓN BENDITO SEAS, SEÑOR
Señor, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, con el Salmo 118
puedo cantar lleno de gratitud: "el
Señor es mi fuerza y mi energía, Él es mi salvación" (v. 14). "Este
es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo" (v.
24). Amén. (San Juan Pablo II Papa, Audiencia General, Miércoles 5 de diciembre
de 2001). ¡Aleluya!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Daniel 3,26 - Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, alabado y
glorificado tu Nombre por siempre. Amén. ¡Aleluya!
Daniel 3,51-90 - Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, a Ti gloria
y alabanza eternamente.
Bendito sea tu Nombre, santo y glorioso, a Él gloria y alabanza
eternamente.
Bendito seas en el templo de tu santa gloria, a Ti gloria y alabanza
eternamente.
Bendito seas en tu trono real, a Ti gloria y alabanza eternamente.
Bendito cuando cabalgas sobre querubines penetrando los abismos, a Ti
gloria y alabanza eternamente.
Bendito seas en el firmamento del cielo, a Ti gloria y alabanza
eternamente.
Criaturas todas del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor
eternamente.
Ángeles del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Cielos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Aguas del espacio, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Ejércitos del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Sol y luna, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
astros del cielo, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Lluvia y rocío, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
vientos todos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
fuego y calor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
fríos y heladas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
rocíos y nevadas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
témpanos y hielos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
escarchas y nieves, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Noches y días, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
luz y tinieblas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
rayos y nubes, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Que la tierra bendiga al Señor, cante en su honor eternamente;
montes y cumbres, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor, cante en su honor eternamente;
manantiales, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
mares y ríos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
cetáceos y cuanto se agita en el mar, bendigan al Señor, canten en su
honor eternamente;
aves del cielo, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
fieras y ganados, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Hijos de los hombres, bendigan al Señor, canten en su honor
eternamente;
bendiga Israel al Señor, cante en su honor eternamente;
sacerdotes del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor
eternamente;
servidores del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor
eternamente;
almas y espíritus justos, bendigan al Señor, canten en su honor
eternamente;
santos y humildes de corazón, bendigan al Señor, canten en su honor
eternamente;
Ananías, Azarías y Misael, bendigan al Señor, canten en su honor
eternamente;
porque los sacó de la fosa, los libró del poder de la muerte, los
arrancó de la llama ardiente y los libró del fuego.
Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su
misericordia.
Alaben a Dios, todos los fieles de Dios, denle gracias con canciones, porque
es eterna su misericordia y dura por los siglos de los siglos.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Tobías 8,4-5
Vamos a rezar pidiendo a nuestro Señor que tenga misericordia de
nosotros y nos proteja. Se levantó, y empezaron a rezar pidiendo a Dios que los
protegiera. Rezó así: Bendito eres, Dios de nuestros padres, y bendito tu
Nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan el cielo y todas tus
criaturas por siempre. Amén. ¡Aleluya!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Salmos 138,8
Que el Señor me defienda mientras viva. ¡Señor, tu Nombre es eterno, no
abandones la obra de tus manos! Amén. ¡Aleluya!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
1 Crónicas 29,10-20
Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para
siempre. A ti, Señor, la grandeza, el poder, el honor, la majestad y la gloria,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. Tuyo el reino y el que está por
encima de todos. Riqueza y gloria vienen de ti. Todo lo gobiernas. En tus manos
están la fuerza y el poder, en tus manos engrandecer y fortalecer a quien
quieras. Nosotros, Dios Nuestro, te damos gracias y alabamos tu Nombre
glorioso. Ni yo ni mi pueblo somos nadie para ofrecerte todo esto, porque todo
es tuyo, y te ofrecemos lo que tu mano nos ha dado. Ante ti somos emigrantes y
extranjeros, igual que nuestros padres. Nuestra vida terrena no es más que una
sombra sin esperanza. Señor, Dios Nuestro, todo lo que hemos preparado para
construir un templo a tu Santo Nombre viene de tus manos y a ti te pertenece.
Sé, Dios mío, que sondeas el corazón y amas la sinceridad. Con sincero corazón
te ofrezco todo esto, y veo con alegría a tu pueblo aquí reunido ofreciéndote
sus dones. Señor, Dios de nuestros padres Abrahán, Isaac e Israel, conserva siempre
en tu pueblo ESTA FORMA DE PENSAR Y DE SENTIR, mantén sus corazones fieles a
ti. Concede a mi hijo Salomón un corazón íntegro para poner en práctica todos tus
PRECEPTOS, NORMAS Y MANDATOS, y para edificarte este templo que he proyectado. David
dijo a toda la comunidad: Bendigan al Señor, su Dios. Toda la comunidad bendijo
al Señor, Dios de sus padres, y postrándose rindieron homenaje al Señor y al
rey.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
10.2
ORACIONES VARIAS BENDITO SEAS
Bendito seas Dios, Padre Nuestro, porque caminas siempre a nuestro lado
instruyéndonos con tu Palabra, aquella que formó la creación entera; que habló
por medio de los profetas a tu pueblo; que se hizo hombre, Nuestro Señor
Jesucristo; y que nos sostiene por la inspiración del Espíritu Santo. Que ella
encienda siempre nuestros corazones y nos dé la sabiduría y la fuerza necesaria
para hacer tu Voluntad. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de
los siglos. Amén.
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Bendito seas, Señor, porque nos conduces al Padre. Tú dijiste: Yo soy la
luz del mundo, quien me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz
de la vida; ILUMÍNANOS, PUES, CON LA LUZ DE TU PALABRA para que unidos a todos
los hombres y mujeres de buena voluntad trabajemos por un mundo cada vez más
humano. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Bendito seas, Señor, porque viniste al mundo para salvarlo. Que Tu
Palabra nos mantenga en vela aguardando tu venida y salvación, para que con la fuerza
de tu espíritu seamos testigos de tu llegada a todos los pueblos. Te lo pedimos
a Tí que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Bendito seas, Señor, porque naciendo de María asumiste nuestra
condición humana, pusiste tu morada entre nosotros. Que Tu Palabra nos llene
siempre de gozo y lo compartamos con todos los hombres y mujeres que luchan por
el nacimiento de un mundo mejor. Te lo pedimos a Tí que vives y reinas por los
siglos de los siglos. Amén.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Bendito seas, Señor, porque nos haces renacer a una vida nueva por el
agua y el Espíritu. Que Tu Palabra convierta nuestros corazones de piedra en corazones
de carne, y junto a los hombres y mujeres de buena voluntad nos dé la fuerza
necesaria para trabajar por un mundo cada vez más humano. Te lo pedimos a Tí
que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Bendito seas, Señor, porque con Tu Resurrección has destruido el pecado
y la muerte. Tú dijiste: Yo soy la Resurrección y la vida. Quien cree en mí,
aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. Que Tu
Palabra, Señor, nos mantenga firmes en esta esperanza, y nos fortalezca para
alcanzar la vida eterna.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te
glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios, Padre
Todopoderoso, Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado
del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende
nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el
Espíritu Santo en la gloria de Dios, Padre. Amén.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Vírgen de Medjugorje. Ultimo Mensaje, 25 de diciembre de 2016. Durante su
aparición:
“Queridos hijos! Con gran alegría hoy les traigo a mi Hijo Jesús para
que Él les dé Su paz. Abran sus corazones, hijitos, y estén alegres para que
puedan recibirla. El Cielo está con ustedes y lucha por LA PAZ EN SUS
CORAZONES, EN LAS FAMILIAS Y EN EL MUNDO, y ustedes, hijitos, ayuden con sus
oraciones para que así sea. Los bendigo con mi Hijo Jesús y los invito a no
perder la esperanza y a que vuestra mirada y vuestro corazón estén siempre
dirigidos hacia el Cielo y la eternidad. De esa manera estarán abiertos a Dios
y Sus planes. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
El Señor tenga piedad y nos bendiga. Amén. ¡Aleluya!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
10.3
BENDICIÓN DE SALMOS 67, 72, 84, 128
10.3.1
SALMOS 67
Que el Señor tenga piedad y nos bendiga, que nos muestre su rostro
radiante, que se reconozca en la tierra tu poderío, y entre las naciones tu
victoria. ¡Que te den gracias los pueblos, Oh Dios, que todos los pueblos te
den gracias! Que se alegren y salten de gozo las naciones porque riges al mundo
con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la
tierra. ¡Que te den gracias los pueblos, Oh Dios, que todos los pueblos te den
gracias! LA TIERRA HA DADO SU COSECHA: NOS BENDICE DIOS, NUESTRO DIOS. Que Dios
nos bendiga, y que lo respeten hasta en los confines del mundo. (Amén. ¡Aleluya!) (Abundancia, don
de Dios, v. Génesis
27:28; Deuteronomio 16:10; 28:11; Salmos 65; 68:9; 104:10; 144:13; Joel 2:26;
Hechos 14:17 y ss).
NOTA[xvii]
NÚMEROS
6, 24-26
El Señor te bendiga y te guarde, el Señor te muestre su rostro radiante
y tenga piedad de ti, el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz.
EFESIOS 1,3
¡Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo!, quien por medio
de Cristo nos bendijo con toda clase de bendiciones espirituales del cielo. Amén.
¡Aleluya!
10.3.2
SALMOS 72
Que en sus días cunda la prosperidad, y haya prosperidad hasta que
falte la luna. Que se postren ante Él todos los reyes y que todos los pueblos
le sirvan. ¡Bendito el Señor Dios de Israel, el único que hace maravillas! ¡Bendito
por siempre su Nombre glorioso (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo
6,9-),
que su gloria llene la tierra! ¡Amén, Amén! ¡Aleluya!
10.3.3
SALMOS 84
Señor Dios del universo, escucha mi súplica, atiéndeme, Dios de Jacob. Porque
el Señor es sol y es escudo, Dios concede favor y gloria; el Señor no niega sus
bienes a los de conducta intachable. Señor del universo, ¡dichoso quien confía
en Tí!
10.3.4
SALMOS 128
¡Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos! Comerás del
trabajo de tus manos, ¡dichoso, tú, que te irá bien! Tu mujer, como una vid
fecunda, en la intimidad de tu casa, tus hijos como brotes de olivo en torno a
tu mesa. Así bendecirá el Dios fiel al varón que respeta al Señor. Que el Señor
te bendiga desde Sión, disfruta del bienestar de Jerusalén, todos los días de
tu vida. Goza de los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
EN TARJETA
NAVIDAD
Por los méritos de María, Madre del Salvador, te pedimos, Dios de la
alegría, que llenes el año que hemos comenzado con tu presencia amorosa y que
cuanto deseamos de corazón a nuestros hermanos, sea fuente de bendición y de
paz para todos.
Por los méritos de María, Madre del Salvador, te pedimos, Dios de la
Alegría, que llenes el año que hemos comenzado, con tu presencia amorosa y que
cuanto deseamos de corazón a estos seres queridos, sea fuente de bendición y de
paz para todos.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
BENDICIÓN
ALIMENTOS
¡Bendito sea el Nombre del Señor! (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-). Como abundantemente, y quedo saciado, y
alabo el Nombre de Dios, Mi Señor (v. Joel 2, 26), con
alegría y sencillez sincera (v. Hechos 2, 42-47),
y de todo corazón (v. Efesios 5, 19-21). ¡Gracias, Muchas Gracias, Mi Señor!
Amén. ¡Aleluya! (domiarmo)
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Comerán los pobres hasta saciarse y alabarán al Señor los que lo
buscan: ¡No pierdan nunca el ánimo! (v. Salmos 22,27).
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
EFESIOS
5, 19-21
Entre ustedes entonen salmos, himnos y cantos inspirados, cantando y
celebrando al Señor de todo corazón, dando gracias siempre y por cualquier
motivo a Dios Padre, en Nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Sométanse los unos
a los otros en atención a Cristo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
DEUTERONOMIO
4, 29
Buscarás al Señor, tu Dios, y lo encontrarás si lo buscas de todo
corazón y con toda el alma.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
JOSUÉ
24, 14
Yo emprendo hoy el viaje que a todos les toca recorrer. Reconozcan de
todo corazón y con toda el alma que no ha dejado de cumplirse una sola de todas
las promesas que les hizo el Señor, su Dios. Todas se han cumplido, ni una sola
ha dejado de cumplirse.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
2CRÓNICAS
32,21
Todo lo que emprendió en servicio del templo, de la ley y de los
preceptos lo hizo sirviendo a su Dios de todo corazón. Por eso tuvo éxito.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
1 SAMUEL 1,27
…es lo que yo pedía; el Señor
me ha concedido mi petición. (Biblia del Peregrino).
Yo le pedía este niño y
Yavé me ha concedido lo que le pedía. (Biblia Paulinas).
LBLA Por este niño oraba, y el
Señor me ha concedido la petición que le hice.
DHH Le pedí al Señor que me diera
este hijo, y él me lo concedió.
JBS Por este niño oraba, y el
SEÑOR me dio lo que le pedí.
NBD Éste es el niño que yo le
pedí al Señor, y él me lo concedió.
NBLH Por este niño oraba, y el
Señor me ha concedido la petición que le hice.
NTV Le pedí al Señor que me diera
este niño, y él concedió mi petición.
NVI Este es el niño que yo le
pedí al Señor, y él me lo concedió.
CST Éste es el niño que yo le
pedí al Señor, y él me lo concedió.
PDT Oré por este hijo, y el
SEÑOR contestó mi oración, dándomelo.
BLP Este es el niño que pedía y
el Señor me ha concedido la petición que le hice.
BLPH Este es el niño que pedía y
el Señor me ha concedido la petición que le hice.
RVA-2015 Por este niño oraba, y
el SEÑOR me ha concedido lo que le pedí.
RVC Oraba por este niño, y el
Señor me lo concedió.
RVR1960 Por este niño oraba, y
Jehová me dio lo que le pedí.
RVA Por este niño oraba, y Jehová
me dió lo que le pedí.
SRV-BRG Por este niño oraba, y
Jehová me dió lo que le pedí.
TLA Yo le pedí este niño, y él
me lo concedió.
SALMOS
66, 16-20
Vengan a escuchar, fieles de Dios, les contaré lo que hizo por mí:
Lo invoqué con la boca, con la lengua lo alabé.
Si yo hubiera tenido mala intención, el Señor no me habría escuchado.
Pero Dios me escuchó, atendió a la voz de mi súplica.
¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni apartó de mí su misericordia!
¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni apartó de mí su misericordia!
CAPÍTULO 11
11.1 ORACIÓN BENDICIONES
DEUTERONOMIO
28,1-14
BENDICIONES
»Si obedeces y escuchas la voz del Señor, tu Dios, poniendo en práctica
todos los preceptos que yo te mando hoy, el Señor, tu Dios, te pondrá por
encima de todas las naciones del mundo. Sobre ti irán viniendo, hasta darte
alcance, todas estas bendiciones, si escuchas la voz del Señor, tu Dios:
»Bendito seas en la ciudad, bendito seas en el campo.
»Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tu
ganado, las crías de tus reses y el parto de tus ovejas.
»Bendita tu canasta y bendito el recipiente donde amasas tu pan.
»Bendito seas al entrar, bendito seas al salir.
»Que el Señor te entregue ya vencidos los enemigos que se alcen contra
ti; vendrán a atacarte por un camino y por siete caminos huirán.
»Que el Señor mande contigo la bendición en tus graneros y en tus
empresas y te bendiga en la tierra que va a darte el Señor, tu Dios.
»Que el Señor te nombre su pueblo santo, como te tiene prometido, si
guardas los preceptos del Señor, tu Dios, y vas por sus caminos; así verán
todos los pueblos de la tierra que se ha invocado sobre ti el Nombre del Señor (Dios,
Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), y te temerán.
»Que el Señor te enriquezca con el fruto de tu vientre, el fruto de tu
ganado y el fruto de tu suelo, en la tierra que el Señor había prometido a tus
padres que te daría a ti.
»Que el Señor te abra su rico tesoro del cielo, dando a su tiempo la
lluvia a tu tierra y bendiciendo todas tus tareas; así, prestarás a muchas
naciones y tú no pedirás prestado.
»Que el Señor te ponga en el primer lugar, no en el último; que siempre
estés encima de los demás, nunca debajo; si escuchas los preceptos del Señor,
tu Dios, que yo te mando hoy, poniéndolos por obra, y no te apartas a derecha
ni a izquierda de lo que yo te mando hoy, yendo detrás de dioses extranjeros
para darles culto.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
A
HIJO 1SAMUEL 26,25
¡Bendito seas, (…) hijo mío! Tendrás éxito en todas tus cosas, por la Gracia de Dios y con
su ayuda. Amén. ¡Aleluya! (domiarmo).
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
1REYES
2,45
¡Bendito el rey Salomón, y el trono de David permanezca ante el Señor
por siempre!
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1REYES
5,21
¡Bendito sea hoy el Señor, que ha dado a David un hijo sabio al frente
de tan gran nación!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
1REYES
8,14-20
¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel! Que ha cumplido con su mano lo
que su boca había anunciado a mi padre David cuando le dijo:
Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo, Israel, no elegí ninguna ciudad
de las tribus de Israel para hacerme un templo donde residiera mi Nombre, sino que
elegí a David para que estuviese al frente de mi pueblo, Israel.
Mi padre, David, pensó edificar un templo en honor del Señor, Dios de
Israel, y el Señor le dijo:
Ese proyecto que tienes de construir un templo en mi honor haces bien
en tenerlo; sólo que tú no construirás ese templo, sino que un hijo de tus
entrañas será quien construya ese templo en mi honor.
El Señor ha cumplido la promesa que hizo: yo he sucedido en el trono de
Israel a mi padre, David, como lo prometió el Señor, y he construido este
templo en honor del Señor, Dios de Israel.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
1REYES
8,56-61
¡Bendito sea el Señor, que ha dado el descanso a su pueblo, Israel,
conforme a sus promesas! No ha fallado ni una sola de las promesas que nos hizo
por medio de su siervo Moisés.
Que el Señor, Nuestro Dios, esté con nosotros, como estuvo con nuestros
padres; que no nos abandone ni nos rechace.
Que incline hacia Él nuestro corazón, para que sigamos todos sus
caminos y guardemos los PRECEPTOS, MANDATOS Y DECRETOS que dio a nuestros
padres.
Que las palabras de esta súplica hecha ante el Señor permanezcan junto
al Señor, Nuestro Dios, día y noche, para que haga justicia a su siervo y a su
pueblo, Israel, SEGÚN LA NECESIDAD DE CADA DÍA.
Así sabrán todas las naciones del mundo que EL SEÑOR ES EL DIOS
VERDADERO, Y NO HAY OTRO; y el corazón de ustedes será totalmente del Señor, Nuestro
Dios, SIGUIENDO SUS PRECEPTOS Y GUARDANDO SUS MANDAMIENTOS, como hacen hoy.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
1CRÓNICAS
16,36
Bendito el Señor Dios de Israel, desde siempre y por siempre. Todo el
pueblo respondió: ¡Amén! ¡Aleluya!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
1CRÓNICAS
17,27
Dígnate bendecir a la casa de tu servidor para que esté siempre en tu
presencia; porque LO QUE TÚ, SEÑOR, BENDICES, QUEDA BENDITO PARA SIEMPRE. (Amén. ¡Aleluya!)
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
TOBÍAS
8,15-17
Bendito eres, Dios, digno de toda bendición sincera. Seas bendito por
siempre. Bendito eres por el gozo que me has dado: no pasó lo que me temía, sino
que nos has tratado según tu gran misericordia. (Amén. ¡Aleluya!)
Bendito eres por haberte compadecido de dos hijos únicos. Sé
misericordioso con ellos, Señor, y protégelos; haz que vivan hasta el fin disfrutando
de tu misericordia.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
TOBÍAS 10,14-15
Bendito sea Dios, bendito su gran Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), benditos sean todos sus Santos Ángeles
por siempre. Que su Nombre se invoque sobre nosotros. Que su Nombre glorioso nos
proteja, (Amén.
¡Aleluya!)
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
VARIOS
PROVERBIOS 28 (en versículos 5 y 25)
El que consulta al Señor lo entiende todo.
El que confía en el Señor prosperará. Amén. ¡Aleluya!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
LUZ Y PECADO. 1 JUAN, 1,5-2,2.
“CAPÍTULO 1 - Éste es el mensaje que le oímos y les anunciamos: que
Dios es luz sin mezcla de tinieblas. Si decimos que compartimos su vida
mientras caminamos a oscuras, mentimos y no procedemos con sinceridad. Pero si
caminamos en la luz, como él está en la luz, estamos en comunión unos con otros
y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no hemos
pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Si confesamos nuestros pecados, él
es fiel y justo para perdonarnos los pecados y limpiarnos de todo delito. Si
decimos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no
está en nosotros. CAPÍTULO 2 - Hijos míos, les escribo esto para que no pequen.
Pero si alguien peca, tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo el Justo. Él
se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados y no sólo
los nuestros, sino los de todo el mundo.”
NOTA[xviii]
NOTA[xix]
NOTA[xx]
EL
AYUNO
(Isaías 58,1-12; v.1,10-20,
y Zacarías 7)
1 Grita con fuerte voz, no te contengas, alza la voz como una trompeta,
denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.
2 Consultan mi oráculo a diario, muestran deseo de conocer mi camino como
si fueran un pueblo que practicara la justicia y no abandonase el mandato de su
Dios. Me piden sentencias justas, desean tener cerca a Dios.
3 ¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿Mortificarnos, si tú no te
fijas? Miren: el día de ayuno buscan su propio interés, y maltratan a sus
servidores;
4 miren: ayunan entre peleas y disputas, dando puñetazos sin piedad. No
ayunen como ahora, haciendo oír en el cielo sus voces.
5 ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se
mortifica? Doblar la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, ¿a
eso lo llaman ayuno, día agradable al Señor?
6 El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer
saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos
los cepos;
7 compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir
al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano.
8 Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas sanarán
rápidamente; tu justicia te abrirá camino, detrás irá la gloria del Señor.
9 Entonces llamarás al Señor, y te responderá; pedirás auxilio, y te
dirá: Aquí estoy. Si destierras de ti toda opresión, y el señalar con el dedo, y
la palabra maligna;
10 si das tu pan al hambriento y sacias el estómago del necesitado, surgirá
tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
11 El Señor te guiará siempre, en el desierto saciará tu hambre, hará
fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuyas
aguas nunca se agotan,
12 reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos
antiguos; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.
NOTA[xxi]
SALMOS
118,25
¡Sálvanos, Señor, por favor!
¡Por favor, danos éxito, Señor! (Biblia del Peregrino)
Danos la victoria, dánosla, Señor;
danos el triunfo, dánoslo, Señor. (Biblia Martin Nieto)
¡Da la salud, dala, oh Yavé,
Da la prosperidad, dala, oh Yavé! (Biblia La Santa Biblia, Paulinas, 3ª
ed.)
Por favor, Señor, ¡sálvanos!
Por favor, Señor, ¡haz que nos vaya bien! (Biblia Dios Habla Hoy)
Te
rogamos, oh YHVH: ¡Sálvanos ahora!
Te
rogamos, oh YHVH: ¡Haznos prosperar ahora!
(Biblia Textual Hebraica Sttugartensia)
Mas
no por esta alegría olvidaré, Señor, la continua necesidad que tengo de tu
auxilio; yo te pido este auxilio, Dios mio; sálvame, Señor; haz prosperar el reinado de tu ungido, (Sagrada Biblia en Latín
y Español. 1832).
NOTA[xxii]
NOTAS
[i] 7,1-14 Ningún rey
empezó de otra manera.
A continuación comienza el discurso del rey, en su deseo de compartir
cuanto ha llegado a saber de la sabiduría. Desde el ejemplo de su vida va a
mostrar cómo llegó a obtenerla. Esta primera parte se puede dividir en dos: 1.
Autopresentación del rey (1-6): siguiendo el modelo de la diatriba griega, el
autor se sitúa, aun siendo rey, en el nivel de los demás hombres (Gn 2,7; Job
10,8-12; Sal 139,13-16). 2. Explicación de cómo adquirió la sabiduría (7-14):
con posibles alusiones al sueño de Salomón en Gabaón (1 Re 3), se presenta la
sabiduría como fruto de la oración y estimada más que todos los bienes –la
belleza, la salud y la luz eran algunos de los valores más estimados por los
griegos–.
A pesar de los siglos, hay muchos textos de la Biblia de plena
actualidad. El comienzo de este texto es uno de ellos. La sabiduría de Dios no
puede ser reconocida sin antes reconciliarse con la propia naturaleza humana, y
desde aquí, contemplarla como un regalo que supera todos los bienes que el
hombre pueda adquirir por sus propios méritos. Un don que, como todos, cuanto
más se reparte, más se obtiene de él.
7,15-21 La Sabiduría me lo enseñó.
El discurso del rey continúa ahora con una invocación para saber
expresarse adecuadamente, seguida de una enumeración de los conocimientos que
ha obtenido de la sabiduría (1 Re 5,9-14). Muchos de los elementos son una
actualización del texto de 1 Re 4,32-34, según los conocimientos de la física
griega –actividad del mundo, relación de los elementos naturales, etc.–. De
este modo el rey se atribuye para sí la ciencia que buscaba la cultura del
momento.
Hoy día el mundo hace alarde constantemente de la independencia de los
distintos ámbitos de la realidad –el conocimiento, las relaciones humanas, la
sociedad, el mundo laboral, la economía, el derecho, la política, etc.–, con la
consiguiente deshumanización de las mismas. Para este texto, sin embargo, Dios
es quien unifica toda verdad, ¿acaso no es urgente comprender esta frase desde
el compromiso con el mundo más necesitado?
7,22–8,1 Reflejo de la luz eterna.
En este apartado se define la naturaleza de la sabiduría, con términos
de la filosofía griega aplicados a la religión judía (Eclo 24,3; Jn
1,5.9; Col 1,15). Comienza enumerando 21 características de la sabiduría (22s)
y continúa estableciendo la relación de ésta con Dios y con la creación
(7,24–8,1), como en Prov 8,22-31, prólogo de toda la teología en la que se
inspirarán Juan (Jn 1,3.10), Pablo (Col 1,15-17) y Hebreos (Heb 1,3). De este
modo, el autor del libro expresa la superioridad de la sabiduría respecto al
conocimiento griego. ¿Cómo reconocer la verdadera sabiduría? ¿Es posible
hallarla
en medio de un mundo tantas veces alejado de la verdad y envuelto en juegos
egoístas? Sí, mientras existan quienes, con sus vidas, sean portadores de
esperanza y de sentido para quienes los han perdido, y mientras haya también,
quienes los reconozcan. (Sabiduría 7,1-30. Biblia del Peregrino, Luis Alonso
Schokel)
[ii] nom, DIOS tip, DOCT ver, TRINIDAD vet,
DIOS
(a) La revelación de Dios.
“Ya a partir de su primer renglón, la Biblia habla de Dios (Gn. 1:1). De
un extremo al otro, se presenta como la revelación que Él ha dado de Sí mismo,
revelación sin la cual nosotros no sabríamos nada suficiente acerca de Él.
Es cierto que antes de revelarse mediante la palabra escrita, Dios se
manifestaba por la obra de la creación. Ésta muestra la gloria, poder y deidad
del Creador (Sal. 19:1; Ro. 1:20). También aquellos que no poseen las
Escrituras son culpables de no buscar a Dios, de no glorificarle, y de no darle
gracias (Hch. 17:27; Ro. 1:20). Pero en ningún pasaje leemos que nadie entre
los hombres llegue a conocer a Dios de una manera concreta mediante la
contemplación de la naturaleza.
Lo mismo se puede decir acerca de la conciencia. Los hombres poseen una
cierta noción de la voluntad de Dios (Ro. 2:15). De ello es que subsista un
mínimo de moralidad en la sociedad humana y que los magistrados sean, a su
manera, servidores de Dios (Ro. 13:4). Pero ello no impide que los paganos
ignoren las ordenanzas divinas (Sal. 147:20). Como el hombre pecador no busca a
Dios (Sal. 14:2; Ro. 3:11), hace falta entonces una revelación especial en la
que Dios toma la iniciativa para que el hombre pueda llegar a conocerle.
Así, se reveló a los primeros miembros de la humanidad, Adán, Abel,
Caín, Noé. Pero los recuerdos de esta revelación primitiva quedaron rápidamente
oscurecidos. Se pudiera pensar que Job y sus amigos, no pertenecientes al pueblo
elegido, todavía fueron beneficiarios y depositarios de aquel conocimiento
anterior de Dios. Pero los mismos antepasados de Abraham estaban apartados de
Dios (Jos. 24:2). Asimismo, las naciones en general son presentadas como
alejadas de Dios (Ef. 2:12). En particular, las pretensiones de los filósofos
son rechazadas con energía: el mundo, con su sabiduría, no conoció a Dios (1
Co. 1:21).
Como consecuencia, Dios se reveló, primeramente de una manera directa, a
Abraham, Isaac y Jacob, después con la mediación de los profetas, desde Moisés
hasta Malaquías. Sus escritos son palabra de Dios (Dt. 18:18, 19), una palabra
viva (Hch. 7:38). La revelación culmina en la encarnación, ya prevista y
saludada desde antes por los creyentes del AT y del NT (Jn. 20:30; Ro. 16:26).
El resultado es que en tanto que esperamos aquel día en que el Señor, a Su
vuelta, nos llevará a la gloria, donde conoceremos como somos conocidos (1 Co.
13:12), no tenemos otra fuente válida de información acerca de Dios que la
Biblia.
Para que podamos llegar a beneficiamos de la revelación de las
Escrituras hace falta, por otra parte, la acción interior del Espíritu Santo.
Vista nuestra naturaleza pecadora, somos impermeables a la verdad, incluso
cuando nos es presentada en todo su esplendor. Hay una total incompatibilidad
entre la manera de pensar de Dios y la de los hombres (Is. 55:8, 9; 1 Co.
2:14). Es preciso que mediante el Espíritu, el Padre nos ilumine con la verdad,
y nos disponga para aceptarla (Mt. 16:17; Jn. 6:45; 1 Co. 2:10; Ef. 1:17, 18).
Esta revelación no comporta ninguna imperfección. Se puede admitir una
cierta gradación entre la palabra transmitida por los profetas y la del Hijo
(He. 1:1). Pero como el mismo Hijo puso Su sello sin reservas de ningún tipo
sobre los escritos del AT (Mt. 5:17), no debemos tampoco nosotros presentar
ninguna de nuestra parte.
A propósito de esta revelación se puede hacer la siguiente observación:
Al decirse: «Oísteis que fue dicho a los antiguos, mas yo os digo» (Mt. 5:21,
22, etc.), según los más acreditados exegetas, Jesús no hablaba aquí del texto
del AT, sino solamente de las interpretaciones tendenciosas por las que los
judíos trataban de restringir su alcance (cp. Mt. 15:3-6). Incluso si se quiere
interpretar de otro modo los pasajes del sermón del monte, no se puede por ello
llegar a la conclusión de que la revelación antigua fuera errónea: lo más que
se podría decir es que no había sido dada todavía en su plenitud (cp. Mt.
19:8).
(b) La Unidad de Dios.
De principio, Dios aparece como único. Si se emplea la misma palabra en
el AT y en el NT para designar a Jehová y a los falsos dioses, se da por
supuesto que jamás los autores sagrados atribuyen a los segundos existencia
real. Se trata de vanidades (Sal. 115:8; Is. 44:9; 1 Co. 8:4-6). Con frecuencia
se puede ver detrás de ellos a los demonios, inspiradores de idolatría,
mediante la cual se hacen dar a sí mismos la honra, en lugar de a Dios (1 Co.
10:19, 20).
Con toda certeza, Jehová es el Dios de Israel; pero este vínculo no
tiene nada de común con las limitaciones que imaginaban los paganos. Para
ellos, cada divinidad tenía sus circunscripciones, con fronteras bien
delimitadas, fuera de las cuales otras divinidades ejercían su poder. Nada de
esta concepción se halla en los autores sagrados.
Jehová es el Dios de los israelitas por Su elección. En Su soberanía se
quiso revelar a ellos (Dt. 4:33- 36). Concluyó una alianza con ellos, y los
eligió para que fueran Sus testigos. Esto no significa en absoluto que Su
autoridad quede confiada a los que formaban parte de esta nación. Él es el
Señor de todas las naciones (Sal. 82:8; 72:11, 17, etc.).
En el seno del pueblo de Israel hubo ciertamente los que atribuían una
cierta realidad a los falsos dioses hasta el punto de rendirles culto. Incluso
dentro de la Iglesia primitiva los había que no estaban del todo convencidos de
la vanidad de los ídolos (1 Co. 8:7). Pero esta tendencia no apareció jamás
entre los instrumentos de la revelación. Todo lo que se oye acerca del
desarrollo progresivo del monoteísmo en el AT proviene de una interpretación
inexacta de los textos. Desde la primera línea de Génesis, Dios es uno, Creador
de todo el universo. Los Diez Mandamientos, cuya antigüedad es irrebatible,
comienzan con la exclusión de toda falsa deidad (Éx. 20:3). La confesión de fe
de Israel se halla en Dt. 6:4. Las afirmaciones de Is. 40-48 son insuperables
en su vigor monoteísta, pero no aportan nada que sea fundamentalmente inédito
con respecto a los textos más antiguos.
(c) La Trinidad.
La unidad de Dios no excluye en absoluto la distinción entre las
Personas de la divinidad. Ya el AT deja entrever esta distinción, aunque
ciertamente de una manera velada, ya que era sobre todo la unidad de Dios lo
que debía ser destacado frente al politeísmo ambiental. Incluso si no se quiere
tener en cuenta la forma plural «Elohim» unida a un verbo en singular, debido a
que este hecho recibe varias interpretaciones, hay textos en los que el nombre
de Dios es applicable por adelantado al Mesías (Sal. 45:7-8; Is. 9:5); también,
siendo que el nombre de «Señor» equivale al nombre inefable de Jehová, se ha de
considerar el Sal. 11:1. Con Jehová se asocia un Hijo (2 S. 7:14; Pr. 30:4; cp.
Sal. 2:12). El pasaje acerca de la Sabiduría en Proverbios (Pr. 8) nos la
presenta como un ser personal, y no como una abstracción, hasta tal punto que,
desde el mismo marco de referencia del judaísmo, sus filósofos llegaron a la
conclusión de la existencia de un mediador, el Logos, entre Dios y el mundo.
El Espíritu de Dios es igualmente mencionado con frecuencia en el AT, y
ello en términos que implican a la vez Su existencia propia y su unidad
sustancial con Dios (Gn. 1:2; Sal. 51:13; 2 S. 23:1). Al llegar al NT hallamos
allí la doctrina de la Trinidad netamente formulada, aun cuando no se emplee
este término.
De entrada, el NT es tan formal como el AT al afirmar la unidad de Dios
(Mr. 12:29; Stg. 2:19). La divinidad del Hijo y del Espíritu Santo no
contradice en nada este hecho. Pablo opone el solo Dios y Padre y el solo Señor
Jesucristo a la multiplicidad de las divinidades y de los señoríos del
paganismo (1 Co. 8:5, 6).
Así, en el seno de la esencia divina única se pueden distinguir tres
Personas que reciben igualmente el nombre de Dios, que en el seno de la Deidad
mantienen unas relaciones a nivel interpersonal. Sería prolijo enumerar todos
los pasajes donde este nombre se aplica al Padre. (He aquí unos como ejemplo:
Jn. 20:17; 1 Ts. 1:1; 1 P. 1:2; Stg. 1:27; Jud. 1).
El Hijo es llamado Dios por el apóstol Juan (Jn. 1:1; 1 Jn. 5:20), por
el apóstol Pedro (2 P. 1:1), por el apóstol Pablo (Tit. 2:13; Ro. 9:5), por el
autor de la epístola a los Hebreos (He. 1:8). El texto más contundente es aquel
en el que el mismo Jesús acepta que se le llame así (Jn. 20:28). En cuanto al
Espíritu Santo, es evidente en base a Hch. 5:3,4 que mentirle a Él es lo mismo
que mentir a Dios. Ello es debido a que se trata de Dios. Su Personalidad queda
también evidenciada por cuanto tiene voluntad (He.2:4); se comunica (He.9:8);
conduce a los Suyos (Gá.5:18); justifica (1Co.6:11); enseña (1Co.2:13); y da
testimonio (Ro.8:16), aparte de muchas otras actividades, de las que se
mencionan varias principales en Jn.14,15 y 16.
Las tres Personas de la Trinidad son mencionadas juntas en la fórmula
bautismal (Mt. 28:19) y en la bendición apostólica (2 Co. 13:13); también en 1
Co. 12:4, 6 y en Ef. 4:4-6, de manera que queda implicada su distinción. Esta
distinción queda además posiblemente destacada aún más claramente en los
pasajes en los que las tres Personas aparecen con funciones distintas: Por
ejemplo, en el bautismo de Jesús, el Padre da testimonio del Hijo, sobre quien
desciende el Espíritu Santo (Mt. 3:16, 17); a su muerte, el Hijo se ofrece al
Padre por el Espíritu (He. 9:14); en Pentecostés, el Padre envía el Espíritu
Santo en nombre del Hijo, y el Hijo lo envía de parte del Padre (Jn. 14:26;
15:26).
En nuestra experiencia de la salvación, la distinción entre las Personas
se nos hace clara. Somos salvados según la presciencia de Dios Padre. Es el
Hijo quien se ofreció en sacrificio para la redención. Es el Espíritu Santo
quien aplica las bendiciones (1 P. 1:2). Pero esta distinción no está limitada
a la administración de la salvación, sino que existe desde toda la eternidad en
el seno de la esencia divina (Jn. 17:5).
Para acabar de precisar esta doctrina, debemos mencionar los textos que
destacan la unidad entre las tres Personas; el primer libro en antigüedad del
NT, la 1. Epístola a los Tesalonicenses, presenta al Padre y al Hijo de tal
manera unidos, que el verbo que denota la acción de ellos está en singular, lo
que es tan contrario a todas las leyes de la gramática griega como pueda serlo
a las de la gramática de la lengua castellana. «Mas el Dios y Padre nuestro, y
nuestro Señor Jesucristo, dirija (sic) nuestro camino» (1 Ts. 3 11). Jesús dijo
de una manera explícita: «Yo y el Padre somos una sola cosa» (Jn. 10:30). Por
su parte el Espíritu Santo está tan estrechamente unido al Padre y al Hijo que
por Su venida al corazón del creyente también el Padre y el Hijo vienen a morar
allí (Jn. 14:17, 23). La subordinación del Hijo al Padre y la del Espíritu
Santo al Padre y al Hijo no implican diferencia alguna de esencia entre las
tres Personas.
Para hacer comprender el misterio de la Trinidad, en ocasiones quizá
para hacerlo aceptable al pensamiento humano, los teólogos han recurrido a
diversos argumentos y a diversas comparaciones derivadas del mundo inanimado, y
especialmente de la naturaleza humana. Como no hallamos ninguna argumentación
de este género en la Biblia, no corresponde una discusión de este tema a un
diccionario bíblico. Sin embargo, los que deseen estudiar a fondo esta cuestión
hallarán un valioso tratamiento de la misma en la obra de L. S. Chafer,
«Teología Sistemática», tomo I, PP. 294- 313, y en la obra de F. Lacueva, «Un Dios
en tres Personas» (PP. 125-166). (Véase también TRINIDAD).
(d) Los Atributos de Dios.
A la pregunta ¿quién es Dios? hemos tratado de dar respuesta con la
Biblia en la mano: Es Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo.
Tenemos que abordar ahora la cuestión que no puede venir más que en segundo
lugar: ¿Cómo es Dios? Aquí es que
deberemos mencionar lo que se denominan los atributos de Dios, esto es, los
caracteres por los que se distingue de Sus criaturas. La Biblia no da una lista
de Sus atributos como tal, sino que los muestra en actividad, de una manera
concreta, en la historia de la revelación. De pasada se puede constatar que se
aplican indiferentemente a las tres Personas divinas.” (Páginas 204 a 206 del
Diccionario Bíblico Teruel http://www.diocesisdeteruel.org/pdf%20y%20otros/materiales/BIBLIA/DICCIONARIO%20B%C3%8DBLICO.pdf).
“nom, DIOS (Nombres) tip, DOCT CRIT ver, DIVINIDADES PAGANAS,
PENTATEUCO, EJÉRCITO DE LOS CIELOS vet,
DIOS (Nombres)
Se rendía una veneración muy particular al «nombre de Dios» en Israel
(Éx. 20:7; Dt. 5:11). Ello se debe a que este nombre, objeto del mayor de los
respetos por parte de todos los creyentes, era para los israelitas como la
misma persona del Señor. En Éx. 23:20, se dice del ángel que manifestaba Su presencia
que el nombre de Jehová estaba en él, lo que significa que Dios estaba en él.
En Dt. 12:11 leemos que en el país de Canaán Dios se reservará un lugar donde
morará Su nombre. En otros pasajes, el nombre de Dios viene a ser sinónimo de
Su presencia, p. ej., Sal. 20:2: «Jehová te oiga en el día de la angustia; el
nombre del Dios de Jacob te defienda.»
Así se explica el hecho de que entre los principales pecados condenados
en el Decálogo figure aquel que consiste en «tomar el nombre de Dios en vano».
Esta veneración del nombre inefable de Dios (Jehová) llega entre los judíos
hasta extremos rayanos en la superstición. Se llegó a ni osar pronunciar este
nombre, y a prohibir su utilización, e incluso a castigar con la muerte a los
mismos rabinos que, por error, lo llegaban a pronunciar públicamente. Se
excluyó la lectura del nombre, ya que no el nombre mismo, del texto sagrado.
Sobre las cuatro consonantes del nombre, o tetragramatón, se colocaron vocales
(las del vocablo «Adonai», Señor), de manera que en todas las ocasiones que al
leer la Torá se hallaba el nombre de Jehová, se pronunciaba «Adonai».
En el NT se halla el nombre empleado en el sentido particular que se ha
estado señalando. Es evidente que «creer en el nombre» de Jesús (1 Jn. 5:13) es
creer en Jesús mismo. El pedir a Dios que Su nombre «sea santificado» es orar
para que se reconozca y respete la santidad del mismo Dios (cp. el lugar que
toma el «nombre» en Hechos 3:16; 4:10, 12, 17, 30; 5:28, 40; 8:12, 16; 9:15-16,
28; 10:43; 19:17; 21:13; 26:9). Los nombres dados a Dios en la Biblia dicen
cómo es Dios. Y lo dicen indudablemente mucho major que todos los comentarios
que puedan hacerse de Su persona.
(a) ELOHIM.
Elohim es ciertamente una de las designaciones más antiguas del Dios de
la Revelación. Se halla en los relatos bíblicos de la creación y de la época
patriarcal. Sólo la Biblia conoce este término. Es cierto que tenía un origen
semítico: en las lenguas cananea y caldea Dios se llamaba El. Indudablemente,
se había preservado el antiguo nombre de Dios dado en la revelación original,
conocida por Noé, pero que quedó posteriormente rodeado de conceptos paganos.
Así, Abraham y sus descendientes retomaron el nombre de El en su sentido
originario, desvinculado de connotaciones paganas, para designar a Dios. En
Israel, este nombre asume un carácter más particular, viniendo a ser el nombre
propio del Dios único e incomparable. Es así que se acompaña siempre con un
adjetivo que destaca un aspecto una virtud del mismo Dios El Shaddai (Dios
Todopoderoso Gn. 17:1), El Elión (Dios Altísimo Gn. 14:18), El Olam (Dios
eterno Gn. 21:33), El Ganna (Dios celoso Éx. 20:5), El Hai (Dios viviente Jos.
3:10). De todas maneras se usa preferentemente la forma plural Elohim. Ciertos
críticos han sostenido que al ser Elohim un plural ello constituye prueba del
politeísmo de los antiguos hebreos. Sin embargo, la prueba de que esto es una
falsa acusación la tenemos en los adjetivos que acompañan al término Elohim de
la Biblia, y que se hallan siempre en forma singular. Así, en Gn. 1:1 se dice,
no que Elohim (los dioses) crearon, sino: Elohim creó (bórá). En realidad la
forma plural de Dios en la Biblia evoca un sentimiento de reverencia. Es un
plural mayestático, el nombre que sintetiza todas las perfecciones divinas. Al
mismo tiempo, insinúa la presencia de una pluralidad de personas en el seno de
la deidad. Cp. igualmente los consejos en el seno de Dios: «Hagamos al
hombre...» (Gn. 1:26) y «He aquí el hombre es como uno de nosotros» (Gn. 3:22).
Elohim se deriva de una raíz que significa «ser fuerte, poderoso». Este
nombre del Dios poderoso conviene particularmente al Creador de Génesis 1,
donde se emplea constantemente. Aparece 2.312 veces en el AT.
(b) JEHOVÁ.
Éste es el nombre más empleado en el AT (6.499 veces). En castellano se
transcribe en esta forma. No se trata de un sustantivo, sino de un calificativo
que, en hebreo, se presenta en forma de un tetragrama: YHVH. Éste es el nombre
inefable, que los judíos no tenían derecho alguno a pronunciar, y que debían
sustituir en la lectura del texto sagrado por Señor (mi Señor, Adonai). Es por
esta lectura que los masoretas tuvieron la idea de añadir a las cuatro
consonantes YHVH las vocales que pertenecían al sustantivo Señor (Adonai). El
lector judío, así, no se equivocaba; sabía que tenía allí dos nombres en uno,
uno todo en vocales, el otro todo en consonantes. Más tarde, los cristianos
transcribieron erróneamente como «Jehová», dando así en una sola palabra las
dos juntas. La verdadera transcripción debiera dares como YªHV'H, o Yahveh.
YHVH significa «Aquel que es». En este nombre encontramos a la vez la
afirmación metafísica del Ser eternamente presente (Yo soy), que está en el
origen y al final de toda existencia, Dios único, incomparable, sin
limitaciones, y la afirmación moral y espiritual de la fidelidad divina.
Yahveh, éste es el Dios que se relaciona con el hombre, y que le quiere dar Su
propia vida (la raíz de Yahveh es a la vez ser y vivir). La inmortalidad, la
verdad y la fidelidad quedan reunidas en Yahveh. Si «Elohim» destaca un
atributo de Dios, el poder, «Yahveh» revela con mayor fuerza Su propia esencia.
El uso de este último nombre muestra que se relaciona con el Dios de la
redención y del pacto que se revela al hombre para salvarle. Es Elohim, el
Creador, quien dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen» (Gn. 1:26); pero es
como Yahveh-Elohim que entra en relación con el hombre a partir de que éste
toma su lugar en la escena, advirtiéndole, juzgándole, prometiéndole salvación,
revistiéndole de pieles de animales sacrificados (Gn. 2:7, 16; 3:9, 15, 21).
Otras expresiones compuestas con el mismo nombre completan esta revelación de
la providencia y de la salvación divinas:
(A) «Yahveh-Jireh», Jehová proveerá (Gn. 22:13-14);
(B) «Yahveh-Rafah», Jehová que te sana (Éx. 15:26);
(C) «Yahveh-Nissi», Jehová mi bandera (Éx. 17:15);
(D) «Yahveh-Shalom», Jehová Paz (Jue. 6:24);
(E) «Yahveh-Raah», Jehová mi Pastor (Sal. 23:1);
(F) «Yahveh-Tsidkenu», Jehová nuestra justicia (Jer. 23:6).
En verdad, Jehová, el Dios salvador, responde a todas las necesidades de
nuestro ser.
La teología crítica ha pretendido que el empleo de los dos nombres
Elohim y Yahveh denota en el texto bíblico dos autores diferentes, el Elohísta
y el Yahvista (sin hablar de otras «fuentes» constantemente puestas al día;
véase PENTATEUCO), que hubieran escrito mucho tiempo después de Moisés, y con
mucho tiempo entre sí. Pero el argumento basado sobre los nombres divinos no
demuestra nada en absoluto: Sólo en Génesis, Elohim aparece 164 veces, y Yahveh
146 veces. ¿Acaso se puede recortar el texto en otros tantos fragmentos? ¿Y qué
se va a hacer del nombre Yahveh-Elohim (Jehová Dios), que aparece desde el
capítulo 2? ¿Se va a decir también que los otros nombres (Adonai, etc.) revelan
cada uno de ellos a un nuevo autor, distinto de los otros? Según los críticos,
el nombre de Jehová no hubiera sido revelado más que a partir de Moisés ante la
zarza ardiente, puesto que Dios le afirma: «Así dirás a los hijos de Israel: El
YO SOY me ha enviado a vosotros» (Yo soy, «Eheieh», ésta es la transcripción de
la 1ª persona de Yahveh; «Él» es, tal es el sentido verdadero de Su Persona).
El Señor añade, al enviar a Moisés: «Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob
como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos» (Éx.
3:15; 6:3). ¿Qué significa esta declaración, frente a todo lo que hemos
afirmado acerca de la presencia de Jehová en todas las páginas del Génesis? Una
explicación que se ajusta a la mentalidad oriental acerca de la naturaleza de
los hombres es como sigue: El Éxodo es por excelencia el libro del pacto y de
la redención. Dios se revela en el Éxodo como nunca lo había hecho a los
patriarcas, y ello no solamente a Su pueblo, sino también a los egipcios y a
Faraón. El rey exclamó: «¿Quién es Jehová?... Yo no conozco a Jehová» (Éx.
5:2), y la respuesta del Señor vuelve como un proverbio: .... y vosotros
sabréis que yo soy Jehová» (Ez. 6:7; 7:5,17, etc., cp. Ezequiel, donde esta
expression aparece más de 50 veces, p. ej., Ez. 5:13; 6:14, etc.). Así, conocer
a Jehová es reconocer Su naturaleza, Su carácter, Su soberanía, Su obra en
juicio y salvación.
(c) JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS.
Jehová de los ejércitos. Expresión frecuentemente empleada en el AT (Is.
54:5; Os. 12:6, etc.), más particularmente en los libros preexílicos (Samuel,
Reyes, Salmos, Isaías, Amós). Este nombre compuesto viene a ser sinónimo de
Creador todopoderoso, de dominador supremo, de Dueño de todo el cosmos.
(d) ADONAI.
Adonai, Señor, Dueño. Este nombre fue también aplicado ya desde el
principio al Dios de Israel (Gn. 15:2, 8; 18:3, 27, 30; Éx. 23:17; 34:23); se
utiliza 427 veces en el AT, expresando la soberanía de Dios, y por ello el
sentimiento de dependencia de la creación, la noción de que el hombre está al
servicio de su Creador, a quien pertenece, y a quien debe su existencia como el
vasallo a su soberano. (Notemos que el término «adonai» se emplea también para
un hombre; p. ej., Abraham es el «Señor» de Sara y de su siervo (Gn. 18:12;
24:9, 10, 12). Moisés, amedrentado ante el servicio al que ha sido llamado,
emplea el nombre divino apropiado al decir: «¡Ay, Señor [Adonai]!, nunca he
sido hombre de fácil palabra. . . » Y es Jehová [Yahveh] quien le promete Su
presencia y ayuda eficaz (Éx. 4:10-17). El término Señor («Kurios») en el NT es
el equivalente de «Adonai».
(e) EL SANTO DE ISRAEL.
El Santo de Israel. En el libro de Isaías, Dios es frecuentemente
llamado el Santo de Israel, o solamente el Santo, para denotar el Dios de
Israel, o el Verdadero Dios (Is. 1:4; 5:19, 24; 6; 40:25, etc.). En Ezequiel,
Dios se hace conocer como Jehová, como el Dios poderoso y verdadero, al
manifestar Su santidad (Ez. 20:41 ss; 28:22; 36:2 etc. Es preciso señalar que
Dios jura por Su santidad, como jura por Sí mismo (Am. 4:2; Sal. 89:36; Gn.
22:16; Éx. 32:13; Jer. 22:5; Is. 45:23).
La santidad parece ser sinónima con la divinidad. La lectura de un libro
como Levítico deja al lector convencido de ello. La santidad, considerada en
Dios, no resulta ser tanto uno de Sus atributos como Su mismo carácter. A
través del AT, los textos en los que se trata la santidad divina expresan a la
vez Su inefable pureza, Su horror al mal, su aborrecimiento contra el pecado,
al igual que Su gloria, majestad, elevación y Su grandeza supremas. La santidad
de Dios está en estrecha relación con Sus celos, Su ira y Su venganza. Su
naturaleza celosa (Éx. 20:15) no es nada más que Su santidad en acción
(Oehler). En Ez. 38:18, 23 leemos que en Sus celos e ira Jehová ejercerá Sus
juicios sobre Israel y que así Él se glorificará y santificará. La venganza de
Dios es una consecuencia de Sus celos y de Su ira (Nah. 1:2; Ez. 25:14, 17).
Los celos, la ira, y la venganza estallan cada vez que la voluntad de Dios se
enfrenta a la oposición de los hombres, cada vez que es menospreciada y
desobedecida.
Al revelarse como santo, Dios intimaba a Israel que ellos debían ser
también santos (Lv. 11:44; 19:2; 20:7, 27; cp. 1 P. 1:16). Esta orden queda,
como vemos en la cita de 1 Pedro, reafirmada para los creyentes del Nuevo
Pacto.
(f) PADRE.
El NT nos dice que Dios es luz, y que es amor (1 Jn. 1:5; 4:8), pero
aquí se trata de Su naturaleza y atributos y no de nombres divinos. La
revelación más sublime le da el título que resume para el creyente todos los
demás títulos y atributos: el de «Padre». El contenido y sentido de este nombre
nos ha sido revelado claramente por Jesucristo, por Sí mismo, por la parábola
del hijo pródigo (Lc. 15), el Padrenuestro (Lc. 11); por Su oración sacerdotal
(Jn. 17). Y esta revelación nos la ha dado en Su calidad de «Hijo», y con el
don total que consumó en el Calvario, donde Dios estaba en Cristo,
reconciliando consigo al mundo (2 Co. 5:19).
Pero Jehová estaba ya considerado como «Padre» en un sentido nacional, e
invocado como tal, desde el mismo AT. Recordemos las incomparables estrofas del
profeta Isaías: «Pues tú eres nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, e
Israel no nos reconoce; tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro Redentor
perpetuo es tu nombre...» (Is. 63:16; 64:7). Sin embargo, hay más que la idea
del Dios que da la existencia a la nación, que la nutre, la protege, y la salva
en su territorio (Os. 11:1). Al releer los pasajes en los que los escritores
sagrados hablan de las relaciones entre Dios y el hombre, de la indignidad de
los pecadores al título de hijos de Dios (Is. 1:2; 30:1-9; Sal. 73:15); y los
que atribuyen a Dios el título de «Salvador» (Sal. 106:21; Is. 43:3, 11; 49:26;
60:16; 63:8; Jer. 14:8; Sof. 3:17, etc.). La paternidad divina se revela
también en esta noción del Dios-Salvador, que da por segunda vez la vida a Sus
hijos.
Así,
a través de los nombres de Dios, constatamos que la revelación bíblica se
mantiene de una manera coherente consigo misma desde sus orígenes, y que a
través de las diversas formas de Su Nombre se expresan a la vez el carácter, la
identidad, la voluntad, y los actos de Dios.” (Ibídem 208-210, Diccionario
Bíblico Diócesis Teruel).
[iii] “Conocer el nombre
es conocer la cosa o la persona (Gen 32,30; Jue 13,17). Saber el nombre de Dios
es conocer a Dios (Ex 3,13; Is 42,8; Sal 9,11; 91,14), pues entre el nombre de
Dios y el mismo Dios hay una identidad absoluta (Ex 23,21; 33,19; 34,5; Dt
5,11; 12,5.11.21; 16,2.6; ISam 20,42; IRe 8,29; 9,3; 2Re 21,4.7; Is 30,27;
59,19; 60,9; Jer 24,27; Sal 20,2; 22,23; 105,47; 122,4). Esta identidad está muy
clara en Is 42,8: «Yo, Yavé, tal es mi nombre». Moisés quiere saber cómo es
Dios y le pregunta por su nombre. Y Dios le dice: «Yo soy Yavé, el que es, el
que soy» (Ex 3,14), el fiel, siempre el mismo.” (Evaristo Martín Nieto. El
Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo 1996, Madrid. Pág. 56).
[iv] “Dios se reveló
luego a Abraham, ya de 99 años de edad, como «el Dios Todopoderoso», nombre que
indica que los recursos se hallan en el mismo Dios.” (Página 10 del Diccionario
Bíblico Teruel
http://www.diocesisdeteruel.org/pdf%20y%20otros/materiales/BIBLIA/DICCIONARIO%20B%C3%8DBLICO.pdf).
[v] (Dios el
Padre: v. Gén. 1:26–27; Sal. 82:6; Mal. 2:10; Mateo 3:16–17; 5:48; 6:8, 26, 32;
17:5; Lucas 11:11–13; Juan 3:16–17; 17:3–5, 11; Hech. 7:55–56; 17:28–29; Rom.
8:16–17; 1 Cor. 8:5–6; Efe. 1:2–3, 17; Heb. 12:7–9; 1 Juan 3:1–2).
“Nadie puede decir PADRE sin la gracia del Espíritu
(cfr. 1Co 13,3). PADRE es la palabra que Jesús usaba en los momentos más
fuertes: cuando estaba lleno de alegría, de emoción: Padre, te doy gracias
porque has revelado estas cosas a las gente sencilla (Mt 11,25); o llorando
ante la tumba de su amigo Lázaro: Padre, te doy gracias porque me has escuchado
(Jn 11,41); o luego, en los momentos finales de su vida, al final (cfr. Lc
23,46). En los momentos más fuertes Jesús dice PADRE; es la palabra que más
usa. Habla con el Padre. Es el camino de la oración y, por eso me permito decir
que es el espacio de oración. Sin sentir que somos hijos, sin sentirse hijo,
sin decir PADRE, nuestra oración es pagana, es una oración de palabrería.
“Claro que se puede rezar a la Virgen, a los Ángeles y
a los Santos. Pero la piedra de toque de la oración es PADRE. Si no somos
capaces de iniciar la oración con esa palabra, la oración no irá bien. Padre.
Es sentir la mirada del Padre sobre mí, sentir que esa palabra Padre no es
perder el tiempo, como las palabras de las oraciones de los paganos: es una
llamada al que me dio la identidad de hijo. Ese es el espacio de la oración
cristiana –Padre–, y luego ya podemos rezar a todos los Santos, a los Ángeles,
y también hacer procesiones, peregrinaciones… Todo eso es hermoso, pero siempre
comenzando con Padre y conscientes de que somos hijos y que tenemos un Padre
que nos ama y que conoce todas nuestras necesidades. Ese es el espacio.”
(Homilía del Papa Francisco en Santa Marta Jueves, 16 de junio de 2016).
“La palabra Abba es de tal importancia y sacralidad
que solo puede ser usada para dirigirse a Dios. Sólo Dios es nuestro Abba: «No
llaméis a nadie "padre" vuestro en la tierra, porque uno sólo es
vuestro Padre, el del cielo» (Mt 23,9). Dios es «el Padre», con articulo y con
mayúscula, el Padre por excelencia, el único. Podemos decir que su nombre
propio es ese: «El Padre». A nadie más se puede llamar padre, y nadie se puede
dejar llamar padre, pues eso supone apropiarse del mismo nombre de Dios.”
(Evaristo Martín Nieto. El Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo
1996, Madrid. Pág. 40).
“En un sentido más amplio, Dios es Padre, porque a él
le debemos el ser y el subsistir, porque de él procede todo bien (2Cor 5,18),
el don de la nueva vida en Cristo (Rom 5,15), la gracia y el don de la justicia
(Rom 5,17), «el don indecible», portador de gracias sin fin (2Cor 9,14-15), el
don de la fe, garantía de nuestra salvación (Ef 2,8), el don del Espíritu
Santo: «Todo don excelente y todo don perfecto viene de lo alto, del Padre de
las luces. Él nos ha engendrado» (Sant 1,17-18).
“Y como él nos ha engendrado, quiere y reclama para sí
mismo el título de Padre: «A nadie llaméis Padre». «Buen Padre os tenéis, que
os da el buen Jesús; no se conozca aquí otro Padre». (Santa Teresa de Jesús
C45,2)” (Evaristo Martín Nieto. El Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed.
San Pablo 1996, Madrid. Pág. 41).
“Aparte de la oración sacerdotal (Jn 17) y del Padre
Nuestro (Mt 6,9-13; Lc 11,2-4), los evangelistas recogen sólo tres oraciones de
Jesucristo: Lc 10,21 y Mt 11,25-26; Mt 26,39.42.44; Mt 27,46 y Lc 23,34.46.
Jesucristo comienza todas sus oraciones con la palabra «Padre», todas menos
una, la oración de queja: Mt 27,46.
“La oración hay que comenzarla siempre, como Jesucristo, con la palabra
«Padre», y con humildad, pues se trata de escuchar a Dios: «Padre, habla, que
tu hijo escucha» (1Sam 3,9-10; Sal 99,7-8). Orar no es charlatanería, es
escuchar (Mt 6,7). Los paganos, en sus oraciones, fatigaban a los dioses con su
palabrería. Esta actitud de humildad está claramente expuesta en la parábola
del fariseo y del publicano (Lc 18,10-14). La oración del fariseo representa lo
que no debe ser la oración (la soberbia, la autocomplacencia), la del publicano
es la acertada (humildad, sentimiento de pecado, súplica del perdón). Oración
confiada: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado» (Jn 11,41). No hay que
insistir en pedir cosas para uno mismo, pues «nuestro Padre conoce lo que
necesitáis antes de que le pidáis» (Mt 6,8): «Sólo pido no pedirte nada». Lo
único que quiero es estar contigo. Oración solidaria: en ella estamos con Dios
desde la unión con los hermanos. El que no se entienda con los hombres, no
puede entenderse con Dios. Para tratar de amistad con aquel que es nuestro
amigo, hay que ser amigo de los hombres, pues el que no tiene capacidad de
amistad, tiene muy poca capacidad de orar: «Cuando os pongáis a orar si tenéis
algo contra alguien, perdonádselo, para que también vuestro Padre celestial os
perdone vuestros pecados» (Mc 11,25)”. (Evaristo Martín Nieto. El Padre Nuestro
La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo 1996, Madrid. Pág. 10-11).
[vi] “El Espíritu es el
don de Dios, de este DIOS PADRE NUESTRO, que siempre nos sorprende. El Dios de
las sorpresas. ¿Por qué? Porque es un Dios vivo, es un Dios que vive en
nosotros, un Dios que mueve nuestro corazón, un Dios que está en la Iglesia y
camina con nosotros, y en ese camino nos sorprende siempre. Y así como tuvo la
creatividad de crear el mundo, tiene la creatividad de crear cosas nuevas todos
los días. Es el Dios que nos sorprende.” (Homilía del Papa Francisco en Santa
Marta Lunes, 8 de mayo de 2017).
[vii] “Solo el
Espíritu Santo nos enseña a decir: JESÚS ES EL SEÑOR. Sin el Espíritu, ninguno
de nosotros es capaz de decirlo, de sentirlo, de vivirlo. Jesús, en otros
pasajes de este discurso largo, dijo: Él os conducirá a la Verdad plena, os
acompañará a la Verdad plena. Él os recordará todas las cosas que yo he dicho;
os lo enseñará todo. Es decir, el Espíritu Santo es el compañero de camino de
todo cristiano, y también el compañero de camino de la Iglesia. Y ese es el don
que Jesús nos da.
“El Espíritu Santo es un don: el gran don de Jesús, el
que no nos hace equivocarnos. Pero, ¿dónde vive el Espíritu? En la primera
lectura, de los Hechos de los Apóstoles (16,11-15), encontramos la figura de
Lidia, comerciante de púrpura, una que sabía hacer las cosas, a la que el Señor
le abrió el corazón para unirse a la Palabra de Dios. El Señor le abrió el
corazón para que entrase el Espíritu Santo y ella fuese una discípula. Es
precisamente en el corazón, donde llevamos al Espíritu Santo. La Iglesia lo
llama el dulce huésped del corazón: ¡está aquí! Pero en un corazón cerrado no
puede entrar. ¿Y dónde se compran las llaves para abrir el corazón? No: eso
también es un don. Es un don de Dios. Señor, ábreme el corazón para que entre
el Espíritu y me haga entender que JESÚS ES EL SEÑOR. Esta es una oración que
debemos hacer en estos días: Señor, ábreme el corazón para que yo pueda
comprender lo que Tú nos has enseñado. Para que yo pueda recordar tus palabras.
Para que yo pueda seguir tus palabras. Para que yo llegue a la verdad plena.”
(Homilía del Papa Francisco en Santa Marta Lunes, 22 de mayo de 2017).
[viii] “La «bendición»
dirigida a Dios es una expresión de alabanza y gratitud, como en el caso
siguiente: «Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta
la eternidad; y bendígase el Nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición
y alabanza» (Neh 9.5)” (Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo
Testamento, Editado por Merrill F. Unger - William White, pág. 54).
Nehemías 9:5 - Dios habla hoy
Luego dijeron los levitas Josué, Cadmiel, Binuy, Hasabnías, Serebías,
Hodías, Sebanías y Petahías: "Levántense, alaben al Señor su[3] Dios por
siempre y siempre. ¡Alabado sea, con bendiciones y alabanzas, su alto y
glorioso nombre!"
Nehemías 9:5 - Reina Valera 1960
Y dijeron los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías,
Sebanías y Petaías: Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la
eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre
toda bendición y alabanza.
Nehemías 9:5 - Nueva Version Internacional
Y los levitas Jesúa, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Hodías,
Sebanías y Petaías clamaron: "¡Vamos, bendigan al Señor su Dios desde
ahora y para siempre! ¡Bendito seas, Señor! ¡Sea exaltado tu glorioso *nombre,
que está por encima de toda bendición y alabanza!
Nehemías 9:5 - Nueva Versión Internacional 1999
Y los levitas Jesúa, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Hodías,
Sebanías y Petaías clamaron: «¡Vamos, bendigan al Señor su Dios desde ahora y
para siempre! ¡Bendito seas, Señor! ¡Sea exaltado tu glorioso nombre, que está
por encima de toda bendición y alabanza!
Nehemías 9:5 - Biblia de las Americas
Entonces los levitas, Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías,
Sebanías y Petaías, dijeron: Levantaos, bendecid al SEÑOR vuestro Dios por
siempre y para siempre. Sea bendito tu glorioso nombre y exaltado sobre toda
bendición y alabanza.
Nehemías 9:5 - Kadosh Israelita Mesiánica
Entonces los Leviim Yeshúa, Kadmiel, Bani, Hashavneyah, Sherevyah,
Hodiyah, Shevanyah y Petajyah dijeron: "Levántense, y bendigan a YAHWEH su
Elohim desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura; digan:
"¡Bendito sea Tu Glorioso Nombre, exaltado sobre toda bendición y
alabanza! Y Ezra dijo:
Nehemías 9:5 - Nueva Traducción Viviente
Luego los jefes de los levitas —Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías,
Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías— llamaron al pueblo: «¡Levántense y alaben
al SEÑOR su Dios, porque él vive desde la eternidad hasta la eternidad!».
Entonces oraron: «¡Que tu glorioso nombre sea alabado! ¡Que sea exaltado por
sobre toda bendición y alabanza!
Nehemías 9:5 - La Biblia del Oso
RV1569
Y dixeron los Leuitas Ieſua, y Cadmiel, Bani, Haſebnias, Serebias,
Odaias, Sebnias, Phathahias, Leuantaos, Bendezid à Iehoua nueſtro Dios deſde el ſiglo
haſte el ſiglo: y bendiga el
nombre de tu gloria y alto ſobre toda bendiciõ
y alabança.
Nehemías 9:5 - Reina Valera Antigua 1602
Y dijeron los Levitas, Jesuá y Cadmiel, Bani, Hosabnías, Serebías,
Odaías, Sebanías y Pethaía: Levantaos, bendecid á Jehová vuestro Dios desde el
siglo hasta el siglo: y bendigan el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda
bendición y alabanza.
[ix] Al
Salmo 111,7 s. Meditemos en la felicidad que aquí se nos propone: no temer
nunca una mala noticia sabiendo que el Padre nos cuida (v. Salmo 22); y, aun
cuando los enemigos parezcan triunfar, esperar tranquilos hasta que caigan,
seguros de que caerán (v. Salmos 29; 34; 36; 108); lo cual no nos impedirá
rogar por ellos como quiere nuestro Señor (v. versículo 4; Mateo 5, 43-48).
Dios nos ofrece esto muchas veces (v. Salmos 3, 7; 26, 1 ss.; 36, 7 ss.; 90, 7;
118, 165; Romanos 8, 31, etc.) y sólo pide que le creamos de veras. Lo que nos
traiciona, lo que nos falla es siempre el corazón. ¡Y aquí se nos asegura que
no fallará, que estará siempre bien dispuesto! Pero ¿cuántos pueden gloriarse
de tener esta confianza? Por tanto, nuestro examen de conciencia ha de empezar
siempre por ver si tenemos fe viva, sin la cual “es imposible agradar a Dios”
(v. Hebreos 11, 6). De ella nos vendrá el amor, que es lo que nos hará piadosos
y justos (v. Salmo 110, 10 y nota. Juan 14, 23 s. y nota.) (Biblia Straubinger).
[x] Se actualiza día a día y en cada instante en la Sagrada Eucaristía,
Sagrada Comunión, Sagrada Custodia, Sagrada Hostia y Sagrado Sagrario.
[xi] (Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel: Dar con amor –(caridad)–.
Cuando las obras de caridad, llamadas en la teología tradicional, obras de
misericordia, se cumplen por cumplir o por obligación o por aparentar, resultan
deshonrosas y humillantes; ante todo debe primar el recto sentido de la
misericordia y el criterio de la justicia.) (Biblia del Peregrino, Luis Alonso
Schokel, 1Corintios 13, 4-7: “El amor (la caridad) es paciente, es servicial,
[el amor –la caridad–] no es envidioso ni busca aparentar, no es orgulloso ni
actúa con bajeza, no busca su interés, no se irrita, sino que deja atrás las
ofensas y las perdona, nunca se alegra de la injusticia, y siempre se alegra de
la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”)
(Santa
Biblia Paulinas Dr. Evaristo Martin Nieto, 1966. 1Corintios 13. Todos los
dones, todos lo prodigios, todas las grandes obras de los hombres, nada son,
nada valen, de nada sirven sin la caridad que es la reina de todas las
virtudes. La caridad e superior a todos los demás dones y virtudes porque todos
desaparecerán con la muerte, mientras la caridad es eterna. La caridad de que
habla el apóstol en este precioso capítulo es el amor al prójimo; caridad que
parangona con la fe y esperanza. El amor al prójimo, pues, es también caridad
teológica y aquí tiene su más brillante y perfecto himno.)
(Biblia Hebraica Stuttgartensia LXX, NT,
1Corintios 13,1-13: “La excelencia del amor. Si yo hablara en lenguas humanas y
angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como el bronce que resuena, o un
címbalo que retiñe. Y si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y toda
la ciencia, y si tuviera toda la fe, de tal manera que removiera montañas, y no
tuviera amor, nada soy. Y aun si repartiera todas mis posesiones, y entregara
mi cuerpo para gloriarme, y no tuviera amor, de nada me sirve. El amor es
sufrido, el amor es bondadoso, el amor no tiene envidia, el amor no es
jactancioso, no se envanece, no actúa indebidamente, no busca lo suyo, no se
irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra en la injusticia, sino que se
regocija con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo
soporta. El amor nunca deja de ser. Porque las profecías serán abolidas, las
lenguas cesarán, el conocimiento se acabará … Y ahora permanecen la fe, la
esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”)
[xii] Indulgencia de tres años cada vez. Indulgencia de siete años, sí,
durante el mes de octubre, se reza después del Santo Rosario, Indulgencia
Plenaria al mes. (E. I. 476) (página 908 Misal Romano Diario Eudaldo Serra,
Pbro. Ed. Balmes, Barcelona 1962. –Hoy Indulgencia Parcial–).
[xiii] Novena pedida a la Reverenda
Hermana Dolores del Inmaculado Corazón, fiel devota de San José, y a quien se
le agradece su deferencia; nsemedellín@nseradio.com
[xiv] Rezarla por nueve
mañanas consecutivas por lo que usted desea (no olvidar rezar también por los
que no rezan). Jamás o raramente ha fallado.
Esta oración fue descubierta el año quincuagésimo de Nuestro Señor
Jesucristo. En el siglo XVI, envió el Papa esta Oración al Emperador Carlos. El
emperador recibió esta oración al prepararse para emprender la batalla.
Los que leyesen esta oración serán premiados. Igualmente se premiará a
los que la escuchasen al ser leída o si la llevasen en su persona. A todas
estas almas se les promete que no morirán repentinamente; ni se ahogarán; ni
serán afectados por el veneno. No caerán en manos de sus enemigos; ni serán
consumidos en ningún incendio; ni aun derrotados en la batalla. Haced esfuerzos
para que se conozca esta oración, y propagadla en todas partes. Imprimatur
Rvdsmo. Jorge W Ahr Obispo de Trenton.
(Oración tomada del sitio web:
http://oracionesydevocionescatolicas.com/oracion_san_jose3.htm)
[xv] SANTOS ARCÁNGELES
MIGUEL, GABRIEL y RAFAEL. En la Biblia, desde el AT, aparecen los ángeles y sus
jefes, los arcángeles, criaturas espirituales, como ministros o servidores de
Dios, bien sea para llevar a los hombres los mensajes y la protección divina,
bien sea para alabar al Señor y presentarle las preces de los hombres. La
Iglesia celebra a tres arcángeles. Miguel, que significa «¿Quién como Dios?»,
es el defensor de los derechos divinos y el protector del pueblo de Dios y de
la Iglesia contra las asechanzas del mal; a él se refieren Dan 10-12, Ap 12 y
la carta de Judas. Gabriel, «Fuerza de Dios», es sobre todo el ángel que
interviene, enviado por Dios, en los acontecimientos de la Anunciación y del
nacimiento de Juan Bautista y de Jesús (Lc 1). Rafael, «Medicina de Dios»,
aparece en el libro de Tobías, como compañero y protector del hijo en su largo
y peligroso viaje y como médico de la ceguera del padre. Con el Salmos 103
(102) podemos rezar: «Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de
sus órdenes, prontos a la voz de su palabra».- Oración: Oh Dios, que con
admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres,
te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos
que te asisten continuamente en el cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
[xvi] La version inicial conocida de esta Oración
aparece en la obra Explicación de la Doctrina Cristiana. Según el método con
que la enseñan los Padres de las Escuelas Pías. Dispuesta en forma de Diálogo
entre Maestro y Discípulo. Por el P. Cayetano de S. Juan Bautista, Sacerdote de
dichas Escuelas Pías. Está editado en Pamplona en 1800 y tiene 357 páginas, y
en la 239 (308) donde el autor invita a avivar el deseo de recibir a Cristo,
explicando también cómo hacerlo, y allí se encuentra, así:
“Yo
quisiera Señor, y Dios mío, recibiros con aquella pureza, humildad, y amor con
que os recibió vuestra Santísima Madre, y con el fervor, y espíritu de los
Santos.”
En el
Catecismo del Padre Ramo —así se decía—, leemos: "Yo quisiera, Señor y
Dios mío, recibiros con aquella pureza, humildad y amor, con que os recibió
vuestra Santísima Madre, y con el fervor y espíritu de los Santos'''. San
Josemaría la rezaba: "Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza,
humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu
y fervor de los Santos". Cambia amor por fervor, y un pequeño arreglo la
hace más sencilla. No sabemos si el P. Laborda ya se la enseñó así, o si san
Josemaría la hizo suya desgastándola de tanto vivirla y rezarla, como
recomendaba: "¡Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual!
—Practícala frecuentemente y tendrás más presencia de Dios y más unión con Él
en las obras”. Y es herencia entrañable que legó a sus hijos del Opus Dei, que
había fundado en 1928, joya de acendrada devoción eucarística con visos de
universalidad perenne.”
[xvii] (Bendición en forma
imprecatoria, como comentario a Nm 6,24-26; ésta, en boca de los sacerdotes
aarónidas; en el salmo en plural: «nos». Es decir, se democratiza la bendición
de Números. Todo bien procede de la bondad divina. Si estamos alegres ante
Dios, todos los pueblos reconocerán su poderío y su victoria (2-4). El gobierno
universal de Dios, es motivo para que todos los pueblos se alegren y salten de
gozo (5s). La cosecha abundante es un signo de la bendición divina (Abundancia, don de Dios, v. Génesis 27:28; Deuteronomio
16:10; 28:11; Salmos 65; 68:9; 104:10; 144:13; Joel 2:26; Hechos 14:17 y ss). Brota de aquí la
alegría y el júbilo universal, como se repite rítmicamente en el estribillo
(4.6). La bendición sálmica nos lleva al comienzo de la carta a los Efesios (Ef
1,3). Podemos orar con este salmo para dar gracias a Dios por los bienes de la
tierra. Comentario a Salmos 67 Biblia del Peregrino. Luis Alonso Schokel.)
[xviii] (Romanos 5,12.15.17-19.20-21.
“12 Así como por un hombre penetró el pecado en el mundo y por el pecado la
muerte, así también la muerte se extendió a toda la humanidad, ya que todos
pecaron. 15 Pero el don no es como el delito. Porque si por el delito de uno
murieron todos, mucho más abundantes se ofrecerán a todos el favor y el don de
Dios, por el favor de un solo hombre, Jesucristo. 17 En efecto, si por el
delito de uno solo reinó la muerte, con mayor razón, por medio de uno,
Jesucristo, reinarán y vivirán los que reciben abundantemente la gracia y el
don de la justicia. 18 Así pues, como por el delito de uno se extiende la condena
a toda la humanidad, así por el acto de justicia de uno solo se extiende a
todos los hombres la sentencia que concede la vida. 19 Como por la
desobediencia de uno todos resultaron pecadores, así por la obediencia de uno
todos resultarán justos. 20 La ley entró para que se multiplicara el delito;
pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. 21 Así como el pecado reinó
produciendo la muerte, así la gracia reinará por medio de la justicia para la
vida eterna por medio de Jesucristo Señor nuestro.”)
[xix] (1,5–2,2
Luz y pecado. La imagen de la luz, que el cuarto evangelio refiere a Jesús
(cfr. Jn 8,12), se aplica ahora a Dios, fuente de la revelación y de la
santidad. Cada una de las formulaciones introducidas por esta expresión: «Si
decimos» (6,8.10) expresa el sentir de los adversarios gnósticos, cuya doctrina
san Juan combate. Hablar de la luz respecto a la divinidad, era un tópico o
lugar común en aquel tiempo. Para el gnosticismo el creyente llegaba hasta Dios
mediante una especie de iluminación interior, o profundo conocimiento, o
éxtasis mistérico; para San Juan se trata de marchar o caminar según el
comportamiento de Dios: «sean santos, porque yo soy santo» (Lv 19,2). «Proceder
con sinceridad», proceder con la verdad, posee un carácter concreto y
existencial. La verdad es la Palabra de Dios, proclamada por Jesús (8.10), que
penetra en el creyente hasta transformar su vida. «Proceder con sinceridad»
muestra el camino de conversión hacia el encuentro vital con Jesús.
El apóstol insiste con sano realismo: somos pecadores. El pecado existe
(8.10). Dios lo permite para manifestarnos su amor en el Hijo (cfr. 4,9; Rom
11,32; Gál 3,22). La sentida conciencia de nuestro pecado no debe llevarnos a
la desesperación, sino a renovar la fe en Cristo. Este aparece egregiamente
señalado con tres funciones salvadoras: A) Es nuestro «Abogado» –Parakletos–.
En el evangelio se aplica al Espíritu Santo (cfr. Jn 14,16.26), aquí se refiere
a Jesucristo, el que intercede por nosotros en el tribunal de Dios. B) Es
«Justo», no tanto en su esencia, sino en
cuanto a la manifestación de su obra de salvación, puesto que perdona y
justifica a los pecadores. C) Es «Víctima» de expiación (cfr. Éx 29,36s),
indica el sacrificio voluntario de Cristo sobre la cruz (cfr. Ap 5,9s), que posee
eficacia permanente y universal. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel.)
[xx] (Papa
Francisco. Audiencia General. Agosto 9 de 2017. “Hemos oído la reacción de los
comensales de Simón el fariseo: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?»
(Lucas 7, 49). Jesús acaba de cumplir un gesto escandaloso. Una mujer de la
ciudad, conocida por todos como una pecadora, ha entrado en casa de Simón, se
ha inclinado a los pies de Jesús y ha derramado sobre sus pies un aceite
perfumado. Todos los que estaban allí en la mesa murmuraban: si Jesús es un
profeta, no debería aceptar gestos semejantes de una mujer como esa. Aquellas
mujeres, pobrecitas, que servían solo para encontrarse con ellas a escondidas,
también por parte de los jefes, o para ser lapidadas. Según la mentalidad del
tiempo, entre el santo y el pecador, entre lo puro y lo impuro, la separación
debía ser neta.
Pero la actitud de Jesús es diversa. Desde los inicios
de su ministerio de Galilea, Él se acerca a leprosos, a endemoniados, a todos
los enfermos y a los marginados. Un comportamiento tal no era para nada
habitual, tanto es así que esta simpatía de Jesús por los excluidos, los
«intocables», será una de las cosas que más desconcertarán a sus
contemporáneos. Allí donde hay una persona que sufre, Jesús se hace cargo, y
ese sufrimiento se hace suyo. Jesús no predica que la condición de pena debe
ser soportada con heroísmo, según el estilo de los filósofos estoicos. Jesús
comparte el dolor humano, y cuando se le cruza, desde lo más íntimo prorrumpe esa
actitud que caracteriza al cristianismo: la misericordia. Jesús, ante el dolor
humano siente misericordia; el corazón de Jesús es misericordioso. Jesús siente
compasión. Literalmente: Jesús siente temblar sus entrañas. Cuántas veces en
los Evangelios encontramos reacciones parecidas. El corazón de Cristo encarna y
revela el corazón de Dios, que allí donde hay un hombre o una mujer que sufre,
quiere su sanación, su liberación, su vida plena.
Es por ello que Jesús abre los brazos de par en par a
los pecadores. Cuánta gente perdura también hoy en una vida equivocada porque
no encuentra a nadie dispuesto a mirarlo o mirarla
de manera diferente, con los ojos, mejor, con el
corazón de Dios, es decir mirarles con esperanza. Jesús en cambio ve una
posibilidad de resurrección incluso en quien ha acumulado muchas elecciones
equivocadas. Jesús siempre está allí, con el corazón abierto; abre de par en
par esa misericordia que tiene en el corazón; perdona, abraza, entiende, se
acerca: ¡así es Jesús!
A veces olvidamos que para Jesús no se ha tratado de
un amor fácil, a bajo precio. Los Evangelios conservan las primeras reacciones
negativas hacia Jesús precisamente cuando Él perdonó los pecados de un hombre
(cf. Marcos 2, 1-12). Era un hombre que sufría doblemente: porque no podía
caminar y porque se sentía «equivocado». Y Jesús entiende que el segundo dolor
es más grande que el primero, hasta tal punto que le acoge enseguida con un
anuncio de liberación: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (v. 5). Libera esa
sensación de opresión de sentirse equivocado. Es entonces cuando algunos
escribas —los que se creen perfectos: yo pienso en muchos católicos que se
creen perfectos y desprecian a los demás... es triste, esto...— algunos
escribas allí presentes se escandalizan por las palabras de Jesús, que suenan
como una blasfemia, porque solo Dios puede perdonar los pecados.
Nosotros que estamos acostumbrados a experimentar el
perdón de los pecados, quizás demasiado «a buen precio», deberíamos recordar de
vez en cuando cuánto hemos costado al amor de Dios. Cada uno de nosotros ha
costado bastante: ¡la vida de Jesús! Él la habría dado incluso solo por uno de
nosotros. Jesús no va a la cruz porque sana a los enfermos, sino por que
predica la caridad, porque proclama las bienaventuranzas. El Hijo de Dios va a
la cruz sobre todo porque perdona los pecados, porque quiere la liberación
total, definitiva del corazón del hombre. Porque no acepta que el ser humano
consume toda su existencia con este «tatuaje» imborrable, con el pensamiento de
no poder ser acogido por el corazón misericordioso de Dios. Y con estos
sentimientos Jesús sale al encuentro de los pecadores, que somos todos. Así los
pecadores son perdonados. No solo son tranquilizados a nivel psicológico,
porque son liberados del sentimiento de culpa. Jesús hace mucho más: ofrece a
las personas que se han equivocado la esperanza de una vida nueva. «Pero,
Señor, yo soy un trapo» — «Mira adelante y te hago un corazón nuevo». Esta es
la esperanza que nos da Jesús. Una vida marcada por el amor. Mateo el publicano
se convierte en apóstol de Cristo: Mateo, que es un traidor de la patria, un
explotador de la gente. Zaqueo, rico corrupto —este seguramente tenía una
licenciatura en sobornos— de Jericó, se convierte en un benefactor de los pobres.
La mujer de Samaria, que ha tenido cinco maridos y ahora vive con otro, escucha
cómo se le promete «un agua viva» que podrá manar para siempre dentro de ella
(cf. Juan 4, 14). Así Jesús cambia el corazón; hace así con todos nosotros. Nos
hace bien pensar que Dios no ha elegido como primera masa para formar su
Iglesia a las personas que no se equivocaban nunca. La Iglesia es un pueblo de
pecadores que experimentan la misericordia y el perdón de Dios. Pedro entendió
más verdades de sí mismo cuando el gallo cantó, que de sus impulsos de
generosidad, que le hinchaban el pecho, haciéndole sentir superior a los demás.
Hermanos y hermanas, somos todos pobres pecadores,
necesitados de la misericordia de Dios que tiene la fuerza de transformarnos y
devolvernos esperanza, y esto cada día. ¡Y lo hace! Y a la gente que ha
entendido esta verdad básica, Dios regala la misión más bonita del mundo, es
decir el amor por los hermanos y hermanas, y el anuncio de una misericordia que
Él no niega a nadie. Y esta es nuestra esperanza. Vayamos adelante con esta
confianza en el perdón, en el amor misericordioso de Jesús.”)
[xxi] Isaías
58,1-12 El ayuno. La justicia que juega un papel determinante en el pensamiento
deuteronomista, representada también por los profetas, no puede quedar oculta
ni siquiera por las más extraordinarias prácticas religiosas, ya que estas
últimas corren el riesgo de volverse mecánicas y externas. Este oráculo está,
pues, en línea con la exigencia de la interiorización de las prácticas
religiosas: si éstas no salen del corazón y sobre todo como fruto de una
verdadera justicia, se convierten en abominación para Dios. El meollo del
oráculo lo encontramos en los versículos 5-7. Los versículos 8-12 enumeran
detalladamente los frutos que produce la práctica de la justicia. El creyente
debe recurrir con frecuencia a este tipo de mensajes para examinar la calidad
de su vida humana y cristiana (Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel, págs.
812-813).
[xxii] Salmos118:25 - Bible Gateway
https://www.biblegateway.com/verse/es/Salmos118:25?interface=print
2/2
LBLA Te rogamos, oh SEÑOR: sálvanos ahora; te rogamos, oh SEÑOR:
prospéranos ahora.
DHH Por favor, Señor, ¡sálvanos! Por favor, Señor, ¡haz que nos vaya
bien!
JBS Oh SEÑOR, salva ahora, te ruego; oh SEÑOR, te ruego nos hagas
prosperar ahora.
NBD SEÑOR, ¡danos la *salvación! SEÑOR, ¡concédenos la *victoria!
NBLH Te rogamos, oh SEÑOR, sálvanos ahora; Te rogamos, oh SEÑOR,
prospéranos ahora.
NTV Te rogamos, SEÑOR, por favor, sálvanos. Te rogamos, por favor,
SEÑOR, haznos triunfar.
NVI Señor, ¡danos la salvación! Señor, ¡concédenos la victoria!
CST Señor, ¡danos la salvación! Señor, ¡concédenos la victoria!
PDT SEÑOR, te alabamos; nos salvó el SEÑOR.
BLP Te lo ruego, Señor, sálvanos, te lo ruego, Señor, haznos triunfar.
BLPH Te lo ruego, Señor, sálvanos, te lo ruego, Señor, haznos triunfar.
RVA-2015 ¡Oh SEÑOR, sálvanos, por favor! ¡Oh SEÑOR, haznos prosperar!
RVC Señor, ¡te ruego que vengas a salvarnos! ¡Te ruego que nos concedas
la victoria!
RVR1960 Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que
nos hagas prosperar ahora.
RVR1977 Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que
nos hagas prosperar ahora.
RVR1995 Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, Jehová, que ahora
nos hagas prosperar.
RVA Oh Jehová, salva ahora, te ruego: Oh Jehová, ruégote hagas prosperar
ahora.
SRVBRG Oh Jehová, salva ahora, te ruego: Oh Jehová, ruégote hagas
prosperar ahora.
TLA Dios, Dios mío, ¡danos tu salvación, concédenos tu victoria!
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