miércoles, 21 de febrero de 2018

DEVOCIONARIO PERSONAL DIARIO


MIGUEL ARCILA MONTOYA

DEVOCIONARIO PERSONAL DIARIO


PAUTAS DE ORACIÓN 
ABUNDANCIA DE TEXTO BÍBLICO Y TEOLÓGICO PARA HONRAR A DIOS


EDICION VIRTUAL 2017

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GRATUIDAD
Gratuitamente han recibido,
gratuitamente deben dar.
(Mateo 10,8. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel)
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HIMNO AL AMOR CRISTIANO
El amor es paciente, es servicial, [el
amor] no es envidioso ni busca aparentar,
no es orgulloso ni actúa con bajeza, no
busca su interés, no se irrita, sino que deja
atrás las ofensas y las perdona, nunca se
alegra de la injusticia, y siempre se alegra
de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca terminará.
(1Co 13,4-8. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel)
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SABIDURÍA
También yo soy un hombre mortal, igual que todos,
hijo del primer hombre modelado en arcilla,
en el vientre materno fue esculpida mi carne;
tardé diez meses en tomar consistencia en su sangre,
gracias al semen de mi padre y del placer que acompaña al sueño.
Al nacer, también yo respiré el aire común,
y al caer en la tierra que todos pisan,
estrené mi voz llorando, igual que todos;
me criaron con mimo, entre pañales.
Ningún rey empezó de otra manera;
idéntica es la entrada de todos en la vida e igual es la salida.
Por eso supliqué y se me concedió la prudencia,
invoqué y vino a mí el espíritu de Sabiduría.
La preferí a cetros y tronos,
y en comparación con ella tuve en nada la riqueza;
no la equiparé a la piedra más preciosa,
porque todo el oro a su lado es un poco de arena,
y, junto a ella, la plata vale lo que el barro;
la quise más que a la salud y la belleza
y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos,
en sus manos había riquezas incontables;
de todas gocé, porque la Sabiduría las trae,
aunque yo no sabía que es la madre de todas.
La aprendí sin malicia, la comparto sin envidia y no me guardo sus riquezas;
porque es un tesoro inagotable para los hombres:
los que la adquieren se atraen la amistad de Dios,
porque el don de su enseñanza los recomienda.
La Sabiduría me lo enseñó
Que me conceda Dios saber expresarme
y pensar como corresponde a ese don,
pues él es el guía a la Sabiduría y quien marca el camino a los sabios.
Porque en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras,
y toda la prudencia y el talento.
Él me otorgó un conocimiento infalible de los seres
para conocer la trama del mundo y las propiedades de los elementos;
el comienzo y el fin y el medio de los tiempos,
las diversas posiciones del sol y el cambio de las estaciones;
los ciclos anuales y la posición de las estrellas;
la naturaleza de los animales y la furia de las fieras,
el poder de los espíritus y las reflexiones de los hombres,
las variedades de plantas y las virtudes de las raíces;
todo lo sé; oculto o manifiesto,
porque la Sabiduría, artífice del universo, me lo enseñó.
Reflejo de la luz eterna
En ella hay un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil,
penetrante, inmaculado, transparente, invulnerable, bondadoso, agudo,
independiente, benéfico, amigo del hombre, firme, seguro, sereno,
que todo lo puede, que todo lo vigila, que en todos los espíritus penetra,
en los inteligentes, en los puros, en los sutilísimos.
La Sabiduría es más móvil que cualquier movimiento,
y, en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo;
porque es exhalación del poder divino,
emanación purísima de la gloria del Omnipotente,
por eso nada inmundo se le pega.
Es reflejo de la luz eterna,
espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad.
Siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo,
y, entrando en las almas buenas de cada generación,
va haciendo amigos de Dios y profetas;
pues Dios ama sólo a quien convive con la Sabiduría.
Es más bella que el sol y que todas las constelaciones,
comparada a la luz del día, sale ganando,
pues a éste lo releva la noche,
mientras que a la Sabiduría no la puede el mal.
(Sabiduría 7,1-30. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel)
NOTA[i]

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1. DEL NOMBRE DE DIOS

Especial, con el respaldo Bíblico: A) Dios; B) El Señor; C) Señor Dios; D) Dios Todopoderoso; E) Padre; F) Padre Nuestro; G) Jesús es El Señor.

A) DIOS, (v. Lev 20,3; 1Cron 29,16; Sal 103,1; Ez 20,39);
B) EL SEÑOR,  “Dios  dijo  a  Moisés:  YO  SOY  EL  SEÑOR. Yo me aparecí a Abrahán, Isaac y Jacob como DIOS TODOPODEROSO, pero no les di a conocer MI NOMBRE: EL SEÑOR” (v. Ex 6,2-3; Joel 2,19,27; Is 45,1,5,6; Ez 39,22; Lev 26,1,2,12);
C) SEÑOR DIOS, (v. Gn 2,4b; 15,7; 17,1; 28,13; 35,11; Ex 3,13-17; 6,2-3; 20,1-2,5; Dt 1,21; 28,1);
D) DIOS TODOPODEROSO, (v. Gn 17,1; 35,11);
E) PADRE, (v. Mateo 23,9; Lucas 10,21); 
F) PADRE NUESTRO, (v. Mateo 6,9-15; Lucas 11,1-4; Filipenses 4,20; 1Tesalonicenses 3,11);
G) JESÚS ES SEÑOR, (v. 1Corintios 12,3B-14; San Juan 20,19-23).

1.1 El NOMBRE DE DIOS (Yo Soy El Que Soy, Yahvé O Yavé, YHVH O YHWH, JeHová)
Nombre de Dios quien, en proposición tan clara y evidente que no necesita ni puede demostrarse, proclama:
“Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así: … Seré tu DIOS y el de tus descendientes futuros … Y seré su DIOS.” (Gn 17,3,7,8);  
“Yo soy … su DIOS, Y NO HAY OTRO, y mi pueblo no quedará defraudado” (v. Joel 2,19 y 27);
“FUERA DE MÍ NO HAY DIOS. … Y NO HAY OTRO” (v. Isaías 45,1,5,6; Dt 32,39);
“A partir de aquel día sabrá la casa de Israel que YO SOY … SU DIOS.” (v. Ezequiel 39,22);
“Porque YO SOY … SU DIOS. … Caminaré entre ustedes y SERÉ SU DIOS y ustedes serán mi pueblo.” (v. Levítico 26,1,2,12);
“Moisés replicó a Dios: –Mira, yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de sus padres me ha enviado a ustedes. Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo? DIOS dijo a Moisés: –SOY EL QUE SOY. ESTO DIRÁS a los israelitas: YO SOY me envía a ustedes. DIOS añadió a Moisés: –ESTO DIRÁS a los israelitas: El SEÑOR DIOS de sus padres, DIOS de Abrahán, DIOS de Isaac, DIOS de Jacob, me envía a ustedes. Éste es mi Nombre para siempre: así me llamarán de generación en generación. Vete, reúne a las autoridades de Israel y diles: El SEÑOR DIOS de sus padres, de Abrahán, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me ha dicho: Los tengo presentes y veo cómo los tratan los egipcios” (v. Ex 3,13-16).
NOTA[ii]

1.1.1 DIOS.
Dios, “El nombre de Dios es el Nombre supremo, Nombre santo (Lev 20,3; 1Crón 29,16; Sal 103,1; Ez 20,39), formidable y terrible (Dt 28,59; Sal 99,33; 111,9; Mal 1,11-14). Dios habita en un espacio trascendente, del que no se le puede hacer salir, presencializarle en leño labrado, piedra esculpida o metal fundido (Éx 34,17; Lev 26,1; Dt 4,15-28), pero, sin perder su lejanía inaccesible, se presencializa y se concreta en el Nombre (Job 1,21; Dt 28,58; Ez 48,9; Am 2,7). La centralización del culto, llevada a cabo por el deuteronomista, se fundamenta en esta teología del Nombre de Dios, que mora en el santuario (Dt 12,2-3). Dios habita en el cielo, mientras que el templo es la morada fija y permanente de su Nombre (1Re 27,30; Dt 12,5; 14,24; 2Re 8,29; 21,7; 23,27). Toda ofensa cultual, hecha en el santuario, implica una profanación del Nombre de Yavé (Lev 18,21; 20,30; 22,2); también se le profana, jurando en falso por el Nombre (Lev 19,12), empleándolo en vano y a la ligera (Éx 20,1-17; Dt 5,11; Si 23,9), blasfemándolo (Lev 19,12; 24,11).
“La prohibición de usar el nombre de Yavé en vano, los rabinos la interpretaron de todo uso superfluo del Nombre, en la vida privada, en las relaciones sociales, hasta en la misma lectura y oraciones privadas o colectivas. A partir del s. III a.C , ya no se pronuncia el Nombre sagrado de Yavé, el hacerlo se consideraba una profanación, equivalía a «maldecir a Yavé», y hasta constituía un grave peligro para la vida misma, como si una corriente eléctrica de alta tensión rodeara el espacio donde mora el Nombre de Yavé. El tetragrama de Yavé se reemplaza por el de Adonai. Yavé es un Nombre impronunciable. Esto dio origen a una serie de circunlocuciones sustitutivas del Nombre de Yavé, tales como el Cielo, el Santo, la Presencia, la Morada, el Lugar, el Nombre, la Palabra. Entre todas, la más frecuente es la Palabra, pero la más profunda es el Nombre que es una manifestación de la identidad del Nombre y la Persona de Yavé (Evaristo Martín Nieto. El Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo 1996, Madrid. Pág. 57).

1.1.2 EL SEÑOR.   
El Señor, es que, el propio “Dios  dijo  a  Moisés:  YO  SOY  EL  SEÑOR. Yo me aparecí a Abrahán, Isaac y Jacob como DIOS TODOPODEROSO, pero no les di a conocer MI NOMBRE: EL SEÑOR” (Ex 6,2-3).
Y, de este modo, Dios personalmente lo consagra (v. Ex 6,2-3; Ex 20,1-17; Joel 2,19,27; Is 45,1,5,6; Ez 39,22; Lev 26,1,2,12; Salmos 68,4-5). 

1.1.3 SEÑOR DIOS.
Señor Dios, se expresa: “Cuando el SEÑOR DIOS hizo la tierra y el cielo” (Gn 2,4b).
Y, así, se invoca (v. Gn 2,4b; 15,7; 17,1; 28,13; 35,11; Ex 3,13-17; 6,2-3; 20,1-2,5; Dt 1,21; 28,1).
NOTA[iii]

1.1.4 DIOS TODOPODEROSO.
Dios Todopoderoso, ya que: “Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: -Yo soy DIOS TODOPODEROSO.” (Gn 17,1).
Y, en tal forma, Dios mismo lo exalta (v. Gn 17,1; 35,11; Ex 6,2-3).
NOTA[iv]

1.1.5 PADRE.  
Padre, pues, Cristo, de propia voz, afirma: "Entonces Jesús, dirigiéndose a la multitud y a sus discípulos, dijo: … En la tierra a nadie llamen padre, pues uno solo es su PADRE, EL DEL CIELO" (Mateo 23,9); además, expresa: “Lleno de gozo bajo la acción del Espíritu Santo, yo te alabo, PADRE, te bendigo, SEÑOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA” (Lucas 10,21); y, de Niño Jesús, ya interrogaba: “¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi PADRE?” (Lucas 2,49).
Y, de esta manera, se estipula (v. Mateo 23,1-2,9; Mateo 11, 25-30; Mateo 16,17 y 27; Mateo 26,39; Lucas 22,41-42; Juan 17,1).
NOTA[v]

1.1.6 PADRE NUESTRO.  
Padre Nuestro, porque, Jesucristo mismo, enseña: “Ustedes oren así: ¡PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO! (Mateo 6,9).
Y, se manda (v. Mateo 6,9-15; Lucas 11,1-4; Filipenses 4,20; 1Tesalonicenses 3,11).
NOTA[vi]

1.1.7 JESÚS ES EL SEÑOR.
Jesús es El Señor, en cuanto “nadie puede decir: “JESÚS ES EL SEÑOR”, sino en el Espíritu”  (1Co 12,3B, La Santa Biblia. Ediciones Paulinas, 3ª ed. 1966, Madrid).
Y, se glorifica (v. 1Corintios 12,3B-14; San Juan 20,19-23).
NOTA[vii]

1.2 ORACIÓN INTENCIÓN DE LAS INDULGENCIAS - FÓRMULA PROPIA PARA DIRIGIRLA DIARIAMENTE
«¡PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN EL CIELO, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén!» (v. Mateo 6,9-15; Lucas 11,1-4). ¡Aleluya!
Señor, al glorificarte aquí en la tierra, tengo intención de ganar el día de hoy todas las indulgencias que  pudiere con mis buenas obras de oraciones y acciones enriquecidas con este don y concedido a cada una de ellas.
Igualmente, Señor, tales indulgencias, las dejo en manos de la Santísima Virgen María para que disponga de ellas como fuere de su agrado, en alivio de las santas almas del Purgatorio y la mía propia, y especialmente a las de mi árbol genealógico y demás parientes, a las de mis amigos y conocidos, y a las de mis bienhechores y favorecedores; almas en cuya ayuda abandono todos mis tesoros espirituales.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!

1.3 INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro:
Que Tu Espíritu Santo se derrame sobre mí, dándome inteligencia y sabiduría para entender y amar y practicar las Sagradas Escrituras y resolver correctamente todos los asuntos, y que ello sea para Alabanza y Gloria Tuya, para mi bien y el de Tu Santa Iglesia. Y, Espíritu Santo, que yo comprenda y que yo recuerde la Palabra de Dios. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!

1.4 BENDICIÓN
“Levántense, bendigan al Señor, su Dios, desde siempre y por siempre; bendigan su Nombre glorioso, que supera toda bendición y alabanza.” (Nehemías 9,5b).
NOTA[viii]

CAPÍTULO 2


2.1 ORACIÓN PRESENTACIÓN DE PETICIONES
No me inquieto por cosa alguna;  antes bien, en toda ocasión, presento al Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, mis peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodia mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús (v. Filipenses 4,7 Biblia de Jerusalén). Amén. ¡Aleluya!
Y, Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, con humildad y reverencia:
A) Te agradezco el acceder a mi presentada PETICIÓN:
Que me concedas, si quieres, la gracia de (…);
B) Mediante la ORACIÓN:
Que nos enseñó y nos dio el Señor Jesús: «¡PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN EL CIELO, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén!» (v. Mateo 6,9-13).
C) Y, con mi SÚPLICA:
En plena entrega a tu Voluntad, que me otorgues lo pedido; mas no sea como yo quiero, sino como quieres Tú (v. Mateo 26,39) y para Alabanza y Gloria de Tu Nombre (Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro), para mi bien y el de toda Tu Santa Iglesia;
D) Acompañada de mi ACCN DE GRACIAS:
Por tu bondad, por todos los beneficios que me has otorgado, por los bienes que me has concedido, por la buena acogida que me brindas y para bendecir y cantar Tu Nombre (v. Tobías 12,6).
¡Aleluya! ¡Gracias, Muchas Gracias, Mi Señor!
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, te pido que tu Gracia continuamente me preceda y acompañe, de manera que esté dispuesto a obrar siempre bien, viva en perenne acción de gracias y sea salud y paz para los que me rodean. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
En todo lugar y momento, invoco el Nombre de Jesucristo, Señor Nuestro, y la Gracia y Paz de parte de Dios Nuestro Padre y del Señor Jesucristo, está conmigo. Amén. ¡Aleluya! (v. 1Corintios 1,2-3).
E) Mientras Jeremías estaba todavía detenido en el atrio de la guardia, el
Señor le dirigió la palabra:  –Así dice el Señor, que hizo la tierra, la formó y la estableció; su Nombre es Señor. Llámame, y te contestaré, te comunicaré cosas grandes e inaccesibles que no conoces. (v. Jeremías 33,1-3).


3.1 ORACIÓN PROBLEMAS ECONÓMICOS
Dios Mío, en estos tiempos de dificultades me ayudas a resolver los problemas económicos. No cuidaba bien el dinero y me diste una nueva actitud y un nuevo compromiso para administrar mis finanzas sabia y cuidadosamente.
Mis problemas económicos estaban fuera de mi alcance y me has ayudado a encontrar una manera, TÚ MANERA, SEÑOR, DIOS, SEÑOR DIOS, DIOS TODOPODEROSO, PADRE NUESTRO, de cumplir con mis obligaciones. Puse esta necesidad ANTE TÍ, sabiendo que TÚ me guías hacia una buena solución, y lo hiciste. ¡Gracias, muchas gracias, mi Señor! Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
“Mi Dios les dará a ustedes todo lo que les falte, conforme a las gloriosas riquezas que tiene … ¡Gloria para siempre a Nuestro Dios y Padre! Amén.” ¡Aleluya! (v. Filipenses 4,19-20).
Señor Jesús, a mis necesidades, con obediencia y temor de Dios, digo: ¡Dios proveerá! (v. Génesis 22,8).
Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, te agradezco por haber oído mi oración y estar respondiendo a ella según tu infinita sabiduría y amor, te alabo y bendigo por tus bondades y bendiciones para conmigo y por ser tan bueno con tus criaturas, y dejo los resultados en Tus Manos, ¡Oh Dios!
Deposito en el Señor Jesús todas mis preocupaciones y Él cuida de mí, ¡con Dios nada es imposible! (v. Lucas 1,37). Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
Alabo al Señor en cada instante y en cada situación, en cada problema y en cada alegría, y la gracia del SEÑOR, DIOS, SEÑOR DIOS, DIOS TODOPODEROSO, PADRE NUESTRO, llega cada vez más abundante sobre mí y sobre mi familia y sobre todos nuestros asuntos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!


4.1 ORACIÓN DIARIA DE LA MAÑANA
Hoy, Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo:
¡Que te agraden, Señor, las palabras de mi boca, y los pensamientos y deseos de mi corazón! Amén. ¡Aleluya!
Hoy, me pongo en oración para darle órdenes a mi mañana de este nuevo día y declarar lo que es mi nuevo excelente día.
Hoy, tomo autoridad sobre mi día en el Nombre de Jesús y cada elemento de mi día coopera con un mismo buen propósito y buen destino.
Hoy, es el nacimiento de un nuevo día, todo mal ha terminado y camino en un periodo de éxito, prosperidad y felicidad, las cosas viejas han pasado y todas las cosas han sido hechas nuevas.
Hoy, prosigo hacia la meta del supremo llamamiento del Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, en Cristo Jesús.
Hoy, cualquier cosa o persona asignada para minarme, frustrarme, obstaculizarme o hacerme daño ordeno, en el Nombre de Jesús, que sea apartada de mi esfera de influencia.
Hoy, ordeno a mi día que coopere plenamente con tu plan y tu propósito para el, Señor Jesús.
Hoy, me pongo de acuerdo con gran anticipación de las cosas buenas que Tú, Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, has preparado para mí.
Hoy, decreto y declaro que está amaneciendo un nuevo día para toda mi vida: para mis labores y para mis asuntos; para mis quehaceres y para mis finanzas; para mis relaciones y para mi bienestar.
Hoy, atraigo a mi día:
A) Felicidad, riqueza, prosperidad, dicha, bienestar, honor, vida, éxito, visión, dirección, ingeniosidad, creatividad, espiritualidad, santidad, justicia y paz; y,
B) Recursos de tu Espíritu Santo de totalidad, seguridad, salud, tranquilidad, gozo, contento y amistad, y de su Fruto de amor, alegría, paz con Dios y con los hombres, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, modestia y dominio propio.
Hoy, tengo una emoción nueva; tengo una mente nueva; tengo un impulso nuevo; tengo una unción nueva que no está contaminada ni hace concesiones.
Hoy, mediante esta unción nueva, es quebrado todo yugo de mi vida y es destruido, se levanta toda carga.
Hoy, el yugo es fácil y la carga es ligera.
¡Hoy es un día maravilloso!
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!


5.1 ORACIÓN NO TEMER MALAS NOTICIAS
5.1.1 HONRO AL SEÑOR
¡Aleluya! Dichoso porque temo al Señor y en sus preceptos hallo el sumo deleite, no temo malas nuevas; mi corazón está firme, confiado en el Señor. Amén. ¡Aleluya! (v. Salmos 112,1,7).
¡Aleluya! No temeré malas nuevas; mi corazón está firme, confiado en Yahvé. Amén. ¡Aleluya! (v. Salmos 111,7-(112,7)-).
NOTA[ix]

¡Gracias a Dios, que me da la victoria por medio de Nuestro Señor Jesucristo! Amén. ¡Aleluya!  (v. 1Corintios 15,57).
Estoy  siempre  contento.  Oro  en  todo  momento. Doy gracias a Dios, por todo, porque esto es lo que Él quiere de mí como creyente en Cristo Jesús. Amén. ¡Aleluya! (v. 1Tesalonicenses 5,16-18).
Señor, Tú eres Santo; tú reinas, alabado por Israel (v. Salmos 22,4).
Bendigo al Señor a todas horas; mis labios siempre lo alaban. Yo me siento orgulloso del Señor; ¡óiganlo y alégrense, hombres humildes! alabemos juntos y a una voz la grandeza del Nombre del Señor (Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), -v. Salmos 34,1-4-.

5.1.2 SIN TEMER
Siendo Dios mi salvador, confío y no temo porque mi fuerza y poder es el Señor, Él es mi salvación (v. Isaías 12,2).
El Señor me guarda de todo mal, Él guarda mi vida (v. Salmos 121,7).
Recurro al Señor, y Él me contesta, y me libra de todos mis temores (v. Salmos 34,5).
Creo en el Señor Jesús, y obtengo la salvación yo y mi familia (v. Hechos 16,31).
Alabo  siempre  a  Dios  por  medio  de  Jesucristo. Esta alabanza es el sacrificio que debo ofrecer. ¡Lo alabo, pues, con mis labios! (v. Hebreos 13,15).
¡Gloria al Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro!
¡Bendito Seas Señor Jesús!
¡Alabado Seas Espíritu Santo!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
No tengo por qué temer recibir malas noticias, pues mi corazón está seguro, confiado en el Señor. CONFIO Y NO TEMO,   alabándolo   a   Él:   Dios   habita   en   medio   de   las alabanzas  de  su  pueblo.  Por  Jesucristo,  Nuestro  Señor. Amén. ¡Aleluya!  (v. Salmos 112,7).
Y, MI DIOS PROVEE A TODAS MIS NECESIDADES CON MAGNIFICENCIA, CONFORME A SU RIQUEZA, EN CRISTO JESÚS. A Dios, Nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén. ¡Aleluya! (v. Filipenses 4,19-20).
Señor, Dios, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, que no falten en mi casa la harina ni el aceite del pan diario, cual prometiste por medio de Elías (v. 1Reyes 17,14-16). Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
“MI SEÑOR, DIOS, SEÑOR DIOS, DIOS TODOPODEROSO, PADRE NUESTRO, AHORA MISMO ESTÁ SUPLIENDO TODAS MIS NECESIDADES.  POR  JESUCRISTO,  NUESTRO  SEÑOR. AMÉN”. ¡Aleluya!
Por ello, “GRACIAS, DIOS, PADRE NUESTRO, POR TUS RIQUEZAS AHORA EN CRISTO JESÚS. AMÉN”. ¡Aleluya! (Filipenses 4,19-20).
Bendita, Alabada, Ensalzada, Adorada y Glorificada sea la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres Personas Distintas y Un Solo Dios Verdadero. Amén. ¡Aleluya!
Ven Espíritu de Amor y de Paz. A Tí Espíritu de Amor, junto con el Padre Omnipotente y el Hijo Unigénito, Alabanza, Honor y Gloria por los siglos de los siglos. Amén. (San Juan Pablo II Papa). ¡Aleluya!
Me postro y adoro a Dios, que está sentado en el trono, diciendo:
«¡Amén! ¡Aleluya!» (v. Apocalipsis 19,4 Biblia de Jerusalén).
«¡Bendito sea el Nombre del Señor!» (v. Job 1,21; Salmos 113,2). «¡Gracias, Muchas Gracias, Mi Señor!» (v. Lucas 17,15-17).
«¡Amén! ¡Aleluya!»
“Señor, no soy digno, ni merezco que entres en mi pobre morada, pero di una sola palabra y mi alma será sana, salva, libre y perdonada. Amén. El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, guarden mi alma para la vida eterna. Amén.” ¡Aleluya!
Señor, que te reciba con la misma pureza, humildad y devoción que te recibí el día de mi Primera Comunión y que esta Santa Misa sea como la de aquel día. Amén. ¡Aleluya! (domiarmo).

5.2 ALABANZA A LA BONDAD DEL SEÑOR
Aleluya. ALABAD al Señor, siervos suyos; alabad el Nombre del Señor. Sea bendito el Nombre del Señor desde ahora y en todos los siglos. El Nombre del Señor es digno de ser alabado desde donde el sol nace hasta donde se pone; porque el Señor es excelso sobre todas las naciones, y su gloria se eleva sobre los cielos. En efecto, ¿quién es como el SEÑOR DIOS NUESTRO, que habita en las alturas, y que sin embargo mira lo que hay mas humilde en el cielo y en la tierra; que saca del polvo al desvalido, y alza del estiércol al pobre, para colocarlo entre los príncipes, entre los príncipes de su pueblo; y finalmente que da a la que era estéril la alegría de verse en su casa madre de muchos hijos. (v. Salmo CXII Biblia Vulgata Latina. 1ª Edición Mejicana. Tomo Décimo. Libro de Los Salmos 1832. Enteramente conforme a la cuarta y ultima francesa del año de 1820).
¡Aleluya! Alabad, siervos de Yahvé, alabad el Nombre de Yahvé. Sea bendito el Nombre de Yahvé desde ahora y por siempre. Desde el levante del sol hasta su ocaso sea ensalzado el Nombre de Yahvé. Excelso sobre todas las gentes es Yahvé; su gloria es más alta que los cielos. ¡Aleluya! Amén. (v. Salmos 113, 1-4, Biblia Nácar-Colunga).
¡Alabad, siervos de YHVH, alabad el Nombre de YHVH! ¡Bendito sea el Nombre de YHVH desde ahora y para siempre! Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, sea alabado el Nombre de YHVH.  YHVH se eleva sobre todas las naciones, y sobre los cielos su gloria. ¿Quién como YHVH nuestro Dios, entronizado en las alturas, que se rebaja para mirar en los cielos y en la tierra? (v. Salmos 113, 1-6, Biblia Hebraica Stuttgartensia LXX).
¡Aleluya! ¡Alabad, siervos de Yavé, alabad al Nombre de Yavé! ¡Bendito sea el Nombre de Yavé desde ahora y para siempre! ¡Desde que sale el sol hasta su ocaso, sea loado el Nombre de Yavé! ¡Excelso sobre todas las gentes, Yavé, su Gloria por encima de los cielos! ¿Quién como Yavé, nuestro Dios, que se sienta en lo alto y se rebaja para ver cielos y tierra? (v. Salmos 113, 1-6, Biblia Paulinas. La Santa Biblia. Dr. Evaristo Martín Nieto. 1966).
¡Aleluya! Siervos del Señor, ¡Alaben su Nombre! ¡Bendito sea ahora y siempre el Nombre del Señor! ¡Alabado sea el Nombre del Señor del oriente al occidente! El Señor está por encima de las naciones; ¡Su gloria está por encima del cielo! Nadie es comparable al SEÑOR NUESTRO DIOS, que reina allá en lo alto; y que, sin embargo, se inclina para mirar el cielo y la tierra. El Señor levanta del suelo al pobre, y saca del lugar más bajo al necesitado para sentarlo entre gente importante, entre la gente importante de su pueblo. A la mujer que no tuvo hijos le da la alegría de ser madre y de tener su propio hogar. ¡Aleluya! (v. Salmos 113 Biblia Dios Habla Hoy).
¡Hallelú Yah! Alabad, siervos de Yahvé, alabad el Nombre de Yahvé. Sea bendito el Nombre de Yahvé, desde ahora y para siempre. Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso sea ensalzado el Nombre de Yahvé. Excelso es Yahvé sobre todas las naciones, sobre los cielos, su gloria. ¿Quién hay en los cielos y en la tierra, comparable al SEÑOR DIOS NUESTRO, que tiene su trono en las Alturas y se inclina para mirar? Alza del polvo al desvalido y desde el estiércol exalta al pobre para sentarlo con los nobles, entre los príncipes de su pueblo. Él hace que la estéril viva en hogar, madre gozosa de hijos. (v. La Sagrada Biblia. Traducción directa de los originales por Monseñor Doctor Juan Straubinger. Con todas sus notas completas según la fiel versión original).
¡Aleluya! Alaben, siervos del Señor, alaben el Nombre del Señor. Bendito sea el Nombre del Señor ahora y por siempre. Desde la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el Nombre del Señor. ¡Aleluya! Amén. (v. Salmos 113, 1-3; 1 Sm 2, 1-10; Lc 1,46-53, Biblia del Peregrino Schokel).
Bendice, alma mía, al Señor, y mi ser a su Santo Nombre; bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios. Bendigan al Señor, Ángeles suyos, milicia valerosa que cumple sus órdenes, obediente al sonido de su palabra. Bendigan al Señor, todos sus ejércitos, siervos suyos que cumplen su voluntad. Bendigan al Señor, todas sus obras, en todos los lugares de su imperio. ¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Aleluya! Amén. (v. Salmos 103, 1-2, 20-22; Eclesiástico 18,8-14).

5.3 NO TEMO
No temo, porque Dios está conmigo; no me angustio, porque Él es mi Dios: me fortalece y me auxilia y me sostiene con su diestra victoriosa. Amén. ¡Aleluya! (v. Isaías 41,10).
Siendo Dios mi salvador, confío y no temo porque mi fuerza y poder es el Señor, Él es mi salvación. Amén. ¡Aleluya! (v. Isaías 12,2).
El Señor, mi Dios, me agarra de la diestra, y me dice: No temas, yo mismo te auxilio (v. Isaías 41,13). Amén. ¡Aleluya!
El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas me hace reposar, me conduce a fuentes tranquilas y recrea mis fuerzas. Me guía el sendero adecuado haciendo gala su oficio. Aunque camine por lúgubres cañadas, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu bastón me defienden. ¡La bondad y el amor me escoltan todos los días de mi vida! (v. Salmos 23). Amén. ¡Aleluya!
Siete veces al día te alabo por tus justos mandamientos (v. Salmos 119,164). Amén. ¡Aleluya!
“Entonces el Señor respondió a su pueblo: … Yo soy el SEÑOR, su DIOS, y no hay otro, y mi pueblo no quedará defraudado” (v. Joel 2,19 y 27, EX 20,1-17).
“Así dice el Señor a su ungido, Ciro, a quien lleva de la mano: … Yo soy el Señor, y no hay otro; fuera de mí no hay dios. … Yo soy el Señor, y no hay otro” (v. Isaías 45,1,5,6).
“A partir de aquel día sabrá la casa de Israel que yo soy el Señor, su Dios.” (v. Ezequiel 39,22).
“Porque yo soy el Señor, su Dios. … Yo soy el Señor. … Caminaré entre ustedes y seré su Dios y ustedes serán mi pueblo.” (v. Levítico 26,1,2,12).
Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo (v. Mateo 28,20).
NOTA[x]

Cuando me supliques, te escucharé, y tú cumplirás tus promesas (v. Job 22,27).
El Señor avanza ante mí. Él está conmigo, no me dejará ni me abandonará. No temo ni me acobardo (v. Deuteronomio 31,8).
Respondió el Señor: Yo en persona iré caminando para llevarte al descanso (v. Éxodo 33,14).
Antes de que me llamen yo les responderé, aún estarán hablando y los habré escuchado (v. Isaías 65,24).
Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman, de los llamados según su designio (v. Romanos 8,28).
Entonces llamaré al Señor, y me responderá; pediré auxilio, y me dirá: Aquí estoy (v. Isaías 58,9).
Si clamo, el Señor me escucha y me libra de todas las angustias (v. Salmos 34,18).
El Señor está cerca de los que sufren y salva a los que desfallecen (v. Salmos 34,19).
Por muchos males que sufra el justo, de todos lo libra el Señor (v. Salmos 34,20).
¡Levántate, Señor, sálvame, Dios mío! Abofetea a todos mis enemigos, rompe los dientes de los malvados (v. Salmos 3,8).
Sépanlo: el Señor ha distinguido a su amigo, el Señor me oye cuando lo llamo (v. Salmos 4,4).
¡De ti, Señor, viene la salvación, y la bendición para tu pueblo! (v. Salmos 3,9).
El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida: ¿de quién me asustaré? (v. Salmos 27,1). Amén. ¡Aleluya!
Porque el Señor es sol y es escudo, Dios concede favor y gloria; el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable. Señor del universo, ¡dichoso quien confía en ti! (v. Salmos 84, 12-13).
Invócame el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria (v. Salmos 50,15).
Yo invoco a Dios y el Señor me salvará. Por la tarde, por la mañana, al mediodía gimo y suspiro, Él escuchará mi voz: Líbrame de la agresión, sálvame que son muchos contra mí. Que Dios me escuche y los humille, el que reina desde antiguo, pues no tienen enmienda ni respetan a Dios (v. Salmos 55,17-20).
Escucha, Señor, mi plegaria, atiende a la voz de mi súplica. Cuando te invoco angustiado dígnate responderme. Ningún dios hay como tú, Dueño Mío, ninguna obra como las tuyas (v. Salmos 86,6-8).
Porque me ama, lo libraré, lo protegeré porque me reconoce. Me llamará y le responderé, estaré con él en la angustia, lo defenderé y honraré. Lo saciaré de larga vida y le haré ver mi salvación (v. Salmos 91,14-16).
Encomiendo al Señor mi camino, confío en Él, y Él actuará (v. Salmos 37,5).
Me has concedido lo que desea mi corazón, no me has negado lo que pedían mis labios. Te adelantaste a bendecirme con bienes, me has puesto en la cabeza una corona de oro (v. Salmos 21,3-4). Amén. ¡Aleluya! ¡Gracias, Muchas Gracias, Mi Señor!
No me preocupo, ni me perturbo, todo pasa, Dios no cambia. Con paciencia, todo se alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta (Santa Teresa de Ávila).
“Señor, el rey festeja tu triunfo, ¡cuánto se alegra por tu victoria! Le has concedido lo que desea su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios. Te adelantaste a bendecirlo con bienes, le has puesto en la cabeza una corona de oro. Te pidió vida y se la concediste, años que se prolongan sin término.  Grande es su prestigio por tu victoria, le has conferido honor y majestad. Le has concedido bendiciones incesantes, lo colmas de gozo en tu presencia.  Porque el rey confía en el Señor, con la gracia del Altísimo, no fracasará” (v. Salmos 21,1-8).
“Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Aunque vivamos setenta años y el más robusto hasta ochenta, afanarse por ellos es fatiga inútil, porque pasan aprisa y volamos. Enséñanos la medida exacta de nuestros días para que adquiramos un corazón sensato” (v. Salmos 90,1,10,12).

CAPÍTULO 6


6.1 ORACIÓN CANTO DE ALABANZA A DIOS CON EL ANTECEDENTE CRONOLÓGICO DEL MAGNIFICAT

6.1.1 ORDEN DE PRECEDENCIA

6.1.1.1 SALMOS 34
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Yo me siento orgulloso del Señor: que lo escuchen los humildes y se alegren. Glorifiquen conmigo al Señor, todos juntos alabemos su Nombre. Consulté al Señor y me respondió librándome de todos mis temores. Mírenlo y quedarán radiantes, sus rostros no se sonrojarán. Este pobre clamó y el Señor lo escuchó, liberándolo de todas sus angustias. El Ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gusten y vean qué bueno es el Señor: ¡Feliz quien se refugia en Él! Respeten al Señor sus consagrados, que nada les falta a quienes lo respetan. Los ricos se empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de bienes. Amén. ¡Aleluya!
6.1.1.2 SALMOS 113
¡Aleluya! Alaben, siervos del Señor, alaben el Nombre del Señor. Bendito sea el Nombre del Señor ahora y por siempre. Desde la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el Nombre del Señor. El Señor es excelso sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¿Quién como el Señor, Dios Nuestro, que está entronizado en lo alto y se inclina para mirar desde cielo a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los nobles, con los más nobles de su pueblo. Pone al frente de su casa a la estéril, madre feliz de hijos. ¡Aleluya! Amén.
6.1.1.3 CANTO DE ANA
Mi corazón se regocija por el Señor, en Dios me siento llena de fuerza, mi boca se ríe de mis enemigos, porque tu salvación me ha llenado de alegría. No hay santo como el Señor, no hay roca como nuestro Dios. No multipliquen discursos arrogantes, que la insolencia no les brote de la boca, porque el Señor es un Dios que sabe, Él es quien pesa las acciones. Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se visten de valor; los satisfechos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos se marchita. El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; el Señor da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono glorioso, porque del Señor son los pilares de la tierra y sobre ellos afianzó el mundo. Él protege los pasos de sus amigos mientras los malvados perecen en las tinieblas –porque el hombre no triunfa por su fuerza–. El Señor desbarata a sus contrarios, el Altísimo truena desde el cielo, el Señor juzga hasta el confín de la tierra. Él da autoridad a su rey, exalta el poder de su Ungido. Amén. ¡Aleluya!  (v. 1 Samuel 2,1-10; v. Sal 113, 1-3; Lc 1,46-55).
6.1.1.4 CÁNTICO DE LA SANTÍSIMA VÍRGEN MARÍA - MAGNIFICAT
El ángel le respondió:
—El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios.  Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios.
Respondió María:
—YO SOY LA ESCLAVA DEL SEÑOR –(es el único título que la misma Virgen María se dió a si misma): que se cumpla en mí tu palabra.
El ángel la dejó y se fue.
Mi alma canta la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi salvador, porque se ha fijado en la humillación de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones. Porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, su Nombre es Santo. Su misericordia con sus fieles se extiende de generación en generación. Despliega la fuerza de su brazo, dispersa a los soberbios en sus planes, derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. Socorre a Israel, su siervo, recordando la lealtad, prometida a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. ¡Aleluya! Amén.
Entonces María se levantó y se dirigió apresuradamente a la serranía, a un pueblo de Judea. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte:
—Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre.
¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció. (v. Lucas 1,35-55).

6.2 OTROS
6.2.1 DAR CON AMOR (CARIDAD)
Hijo mío, cuando hagas un favor, no reprendas, y cuando des limosna no ofendas con tus palabras: el rocío alivia el calor, así una buena palabra vale más que un regalo; ¿no vale la palabra más que un regalo cuando procede de un hombre caritativo? El necio insulta sin caridad, un regalo de mala gana hace llorar (v. Eclesiástico 18,15-18).
NOTA[xi]

6.2.2 ALABANZA AL PADRE CON JESÚS
Lleno de gozo bajo la acción del Espíritu Santo, yo te alabo, PADRE, te bendigo, Señor del cielo y de la tierra, (…petición…) Amén. ¡Aleluya! (v. Lucas 10,21).

6.2.3 ORACIÓN EN LOS INICIOS
¡Qué amable es tu morada, Señor del universo! Languidece mi ser y anhela a gritos el atrio del Señor; mi corazón y mi carne saltan de gozo por el Dios vivo (v. Salmos 84,2-3). Te doy gracias, Señor, de todo corazón contando todas tus maravillas; quiero festejarte y celebrarte cantando en tu honor, Altísimo. Amén. ¡Aleluya! (v. Salmos 9,2-3).
¡Aleluya! Alaben, siervos del Señor, alaben el Nombre del Señor. Bendito sea el Nombre del Señor ahora y por siempre. Desde la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el Nombre del Señor (Dios, Padre Nuestro). El Señor es excelso sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¡Aleluya! (v. Salmos 113,1-4). Amén.
Tú eres mi Dios, te doy gracias, Dios mío, yo te ensalzo. Doy gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor. Amén. ¡Aleluya! (v. Salmos 118,28-29).
Me levanto, bendigo al Señor, mi Dios, desde siempre y por siempre; bendigo su Nombre glorioso (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), que supera toda bendición y alabanza (v. Nehemías 9,5). Amén. ¡Aleluya!
Bendigo al Señor que me aconseja, aun de noche instruye mi conciencia. He elegido al Señor como mi guía perpetuo, de su diestra jamás me apartaré (v. Salmos 16,7-8). Amén. ¡Aleluya!
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, a ti gloria y alabanza eternamente. Bendito sea tu Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), santo y glorioso, a Él gloria y alabanza eternamente (v. Daniel 3,52). Amén. ¡Aleluya!
Rezo pidiendo a Nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros y nos proteja: «Bendito eres, Dios de  nuestros padres, y  bendito  tu  Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-) por los siglos de los siglos. Que te bendigan el cielo y todas tus criaturas por los siglos», de los siglos. Amén. ¡Aleluya! (v. Tobías 8,4-5).
Que el Señor me defienda mientras viva. ¡Señor, tu Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-) es eterno, no abandones la obra de tus manos! Amén. ¡Aleluya! (v. Salmos 138,8).


7.1 ORACIONES A SAN JOSÉ

7.1.1 ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA NECESIDADES ECONÓMICAS Y DE TRABAJO
San José, bendito guardián de Jesús y casto esposo de María: tú que empleaste todo tu amor y tu vida en el perfecto cumplimiento de tu deber, tú que mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el incansable trabajo de tus manos, protégeme bondadosamente que vengo confiadamente a ti.
San José, tú conoces mis aspiraciones y esperanza,  por eso, hoy me dirijo a ti, porque sé que tú me comprendes, me ayudas, me amparas y me defiendes.
San José, tú también supiste de pruebas y angustias, cansancio y duro trabajo; pero, aún dentro de las preocupaciones materiales y espirituales de la vida, tu alma estaba llena de profunda paz y estalló plena de verdadera alegría, por causa del íntimo trato que tuviste y gozaste, con el Hijo de Dios, quien fue confiado a Ti, a la vez que a su tierna Madre, María.
San José, bendito, te pido, por amor a Jesús y a María, me auxilies prontamente en esta gran necesidad que hoy me oprime e inquieta: (…petición…)
San José, seguro y confiado en tu mediación ante Jesús y María, te doy las gracias por anticipado y te ruego que, además, me concedas tu santa Protección y Bendición, para así conseguir perseverar en la fe, la esperanza, la caridad y el amor, y llegar al gozo del cielo con Jesús, con la Virgen María, en especial como Rosa Mística, los Ángeles, los Santos y tu sagrada y dulce compañía. Amén. ¡Aleluya!
Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

7.1.2 ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA PROSPERIDAD, BIENESTAR, ARMONÍA Y DICHA
¡Oh, Bendito San José! Honra de los patriarcas, padre espiritual de Jesús, ejecutor de los designios de la sabiduría y misericordia divina e infinita y esposo dichoso de María, Hijo elegido del Poderoso, Príncipe del cielo, Abogado de tus devotos: Ayúdame con el suave imán de tu corazón, para que pueda alcanzar la paz, la armonía y la dicha; que pueda conseguir bienestar en el hogar y prosperidad en mis asuntos; que no haya de afligirme cosa alguna, pues tu fortaleza me envuelve y estando bajo tu Amparo y Protección nada me ha de faltar.
¡Oh, Bendito San José! No deseches mis súplicas bienaventurado San José y concédeme lo que solicito: (…petición…).
¡Oh, Bendito San José! Aquí inclinado ante tu presencia compasiva espero, seguro de tu misericordia y la de María, en especial como Rosa Mística, satisfactorias respuestas. Amén. ¡Aleluya!
Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

7.1.3 ORACIÓN A SAN JOSÉ DEL PAPA LEÓN XII
A vos, Oh Bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y, después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y, con vuestro poder y auxilio, socorráis nuestras necesidades.
Proteged, ¡Oh Providentísimo Custodio de la Divina Familia!, a la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asistidnos propicio desde el cielo, Santísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defended la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar, en los cielos, la eterna bienaventuranza. Así sea.
NOTA[xii]

7.1.4 ORACIÓN A SAN JOSÉ DE SANTA TERESA DE JESÚS
Glorioso Patriarca San José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, venid en mi auxilio en estos momentos de angustia y dificultad. Tomad bajo vuestra protección las situaciones tan serias y difíciles que os encomiendo, a fin de que tengan una feliz solución. Mi Bienamado Padre, toda mi confianza está puesta en Vos. Que no se diga que Os he invocado en vano y puesto que Vos podéis todo ante Jesús y María, mostradme que vuestra bondad es tan grande como vuestro poder. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

7.1.5 ORACIÓN SAGRADA FAMILIA
¡Oh Sagrada Familia de Nazaret!
Ayuda a nuestra familia según la necesidad de cada día.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya! (domiarmo)

7.1.6 ID A SAN JOSÉ. NOVENA PODEROSA A SAN JOSÉ
7.1.6.1 EL PODER DE ESTA NOVENA
El  P.  Lallemant,   S.J.  (1587-1633) contó que San José nunca le rehusó  nada  de todo  lo que le pidió.
En una ocasión urgió a dos sacerdotes jóvenes a hacer  esta  novena,  haciéndoles  prometer   que  si obtenían  la gracia a través del Santo, se comprometerían a tenerle devoción y expandir esta devoción entre otros.
Uno  de  ellos le pidió  la gracia de  hablar  y escribir dignamente de Nuestro Señor, pero al día siguiente de haber empezado la novena, fue donde el P. Lallemant y le dijo que lo había pensado mejor y que quería cambiar la petición.
El P. Lallemant  le contestó: “Es demasiado tarde para pedir otra gracia, pues la primera que pidió ya ha sido concedida”.
El joven sacerdote comprobó  que San José le había concedido  la primera  gracia pues llegó a ser el más notable predicador y escritor de su tiempo...
7.1.6.2 MODO DE HACER ESTA NOVENA
NO SE NECESITA NINGUNA ORACIÓN ESPECIAL PARA HACERLA.
Simplemente, durante 9 días, elevar la mente a San José cada día, durante cuatro momentos diarios que pueden ser: a la mañana, al mediodía, en la tarde y en la noche, o cuando uno pueda mejor.
También puede ser en cualquier lugar y haciendo el trabajo que cada uno tenga.
Y, de este modo:
PRIMER MOMENTO. Elevar la mente a San José pensando, en un breve instante, LA FIDELIDAD DEL SANTO A LA GRACIA. Después dar gracias a Dios por ello y pedirle la gracia que queremos conseguir.
SEGUNDO MOMENTO. Elevar la mente a San José pensando, en un breve instante,  LA FIDELIDAD DEL SANTO A LA VIDA INTERIOR. Después dar gracias a Dios por ello y pedirle la gracia que queremos conseguir.
TERCER MOMENTO. Elevar la mente a San José pensando, en un breve instante, el AMOR QUE TUVO EL SANTO A LA VIRGEN. Después dar gracias a Dios por ello y pedirle la gracia que queremos conseguir.
CUARTO MOMENTO. Elevar la mente a San José pensando, en un breve instante, el AMOR QUE  TUVO  EL SANTO  AL DIVINO  NIÑO  JESÚS. Después dar gracias a Dios por ello y pedirle la gracia que queremos conseguir.
NOTA[xiii]

7.1.7 ANTIGUA ORACIÓN A SAN JOSÉ
Oh San José, cuya protección es tan grande, tan poderosa y eficaz ante el trono de Dios, en vuestras manos entrego todos mis intereses y mis deseos.
Oh San José, asistidme con vuestra poderosa intercesión. Obtened para mí, de vuestro Divino Hijo, Nuestro Señor, todas las bendiciones espirituales que necesito. A fin de que, habiendo conseguido, aquí en la tierra, la ayuda de vuestro poder celestial, pueda ofrecer mi gratitud y homenaje, al Padre más Amoroso.
Oh San José, nunca me cansaré de contemplaros con el Niño Jesús dormido en vuestros brazos. No me atrevo a acercarme mientras que el Niño reposa sobre vuestro corazón. Abrazadle fuertemente en mi nombre; y de parte mía, besad su fina y delicada Cabecita. Luego, suplicadle que me devuelva ese beso a la hora de mi ultimo suspiro. San José, patrón de los moribundos, rogad por nosotros. Amén.
NOTA[xiv]

CAPÍTULO 8


8.1 ORACIONES EN SAN MIGUEL ARCÁNGEL Y NOVENA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
¡ARCÁNGEL SAN MIGUEL:
AYUDADME, AYUDADME, AYUDADME!

8.1.1 PREÁMBULO ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS
En el Nombre de Dios, YO SOY EL QUE YO SOY, Dios en mí, atraigo al amado Arcángel San Miguel y a sus legiones de Ángeles y les digo que decido, elijo, acepto y me comprometo, si Dios, Padre Nuestro, quiere y es su voluntad, a (…petición…) y que mi llamado sea multiplicado y utilizado para ayudar a otras almas necesitadas y lo agradezco y lo acepto hecho en este momento con pleno poder, si Dios, Padre Nuestro, lo quiere  y  de  acuerdo  con  su  voluntad.  Por  Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
8.1.1.1 YO PECADOR
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa  María  siempre  Virgen,  a  los  Ángeles,  a  los  Santos  y  a ustedes  hermanos  que  intercedan  por  mí  ante  Dios,  Nuestro Señor. Amén.
8.1.1.2 ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Espíritu Santo enséñame a comprender como Jesús comprende; enséñame  a  amar  como  Jesús  me  ama; enséñame  a  perdonar como Jesús me perdona; y enséñame a dar sin mezquindad como Jesús me da; porque dando se recibe y así vendrá Prosperidad. Amén. ¡Aleluya!
8.1.1.3 ORACIONES QUE EL ÁNGEL DE LA PAZ ENSEÑÓ A LOS TRES PASTORCITOS DE FÁTIMA
8.1.1.3.1 ORACIÓN DEL PERDÓN. ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Amén. (Aparición Primavera 1916).
En todas las formas que podáis ofreced sacrificios a Dios en reparación por los pecados por los que Él es ofendido, y en suplicación por los pecadores. (Aparición Verano 1916).
8.1.1.3.2 ORACIÓN DEL ÁNGEL. Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, Os adoro profundamente. Os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos  los  Sagrarios de  la  tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén. (Aparición Septiembre-Octubre 1916).
Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. Amén. (Aparición Septiembre-Octubre 1916).
8.1.1.4 ORACIONES DE LA VIRGEN MARÍA EN FÁTIMA
8.1.1.4.1 ORACIÓN OFRECIMIENTO. ¿Os ofreceréis a Dios y aceptaréis todos los sufrimientos que Él os envíe. En reparación por todos los pecados que le ofenden y por la conversión de los pecadores? "Oh sí, lo haremos".
"Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios os fortalecerá". (1ª Aparición, Mayo 13 1917).
8.1.1.4.2 ORACIÓN EUCARÍSTICA. Santísima Trinidad, te adoro.  Dios mío, te amo en el Santísimo Sacramento. Amén. (1ª Aparición, Mayo 13 1917).
8.1.1.4.3 ORACIÓN DE LA DECENA (Oración al final de los Misterios del Rosario). Oh Jesús Mío, perdona nuestros pecados. Líbranos del fuego del infierno. Lleva al Cielo todas las almas, especialmente socorre a las más necesitadas de tu misericordia. Amén. (2ª Aparición, Junio 13 1917 y 3ª Aparición, Julio 13 1917).
8.1.1.4.4 ORACIÓN DEL SACRIFICIO. Oh Jesús mío, es por tu amor, en reparación de las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María y por la conversión de los pobres pecadores. Amén. (3ª Aparición, Julio 13 1917).
8.1.1.4.5 REZAR. Rezad, rezad, rezad mucho. Haced sacrificios por los pecadores. Muchas almas se van al infierno, porque nadie está dispuesto a ayudarlas con sacrificios. (4ª Aparición, Agosto 19 1917).
8.1.1.4.6 PEDIR PERDÓN. Las personas deben rehacer sus vidas y pedir perdón por sus pecados. No deben de ofender más a Nuestro Señor, ¡ya es ofendido demasiado!  (5ª Aparición, Septiembre 13 1917).
8.1.1.4.7 ENMIENDA. Es preciso que se enmienden; que pidan perdón por sus pecados.
Y tomando un aspecto más triste dijo: No ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está demasiado ofendido. (6ª Aparición, Octubre 13 1917).
8.1.1.5 ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
San Miguel Arcángel, primado entre los príncipes del Cielo, te ofrezco mis alabanzas y devoción, porque Dios te ha creado tan excelente y tan perfecto y te ha dotado de un celo tan grande por la gloria y de una sumisión tan admirable a sus Divinos Designios. Amén. ¡Aleluya!
8.1.1.6 ORACIÓN DE LEÓN XIII
San Miguel Arcángel, defiéndeme en la pelea. Sé mi amparo contra el poder y las acechanzas del demonio. Hágale oír Dios su voz imperiosa como se lo suplico. Y Tú, Príncipe de la Milicia Celestial, precipita al infierno a Satanás y a todos espíritus malignos que para la perdición de las almas andan por el mundo. Amén.
8.1.1.7 ORACIÓN DE PAPA FRANCISCO BENDICIÓN DE LA NUEVA ESTATUA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL Jardines Vaticanos
Viernes 5 de julio de 2013
¡Oh glorioso Arcángel San Miguel vela sobre esta Ciudad y sobre la Sede Apostólica, corazón y centro de la catolicidad, para que viva en fidelidad al Evangelio y en el ejercicio de la caridad heroica!
¡Haznos victoriosos contra las tentaciones del poder, de la riqueza y de la sensualidad! ¡Sé tú el baluarte contra toda maquinación, que amenaza la serenidad de la Iglesia! ¡Sé tú la centinela de nuestros pensamientos, que libera del asedio de la mentalidad mundana! ¡Sé tú la guía espiritual que nos sostiene en la buena batalla de la fe!». Amén.

8.1.2 ÁNGELES Y ARCÁNGELES
8.1.2.1 DE ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 102, 20. Bendigan al Señor, todos sus Ángeles, fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen la voz de su palabra.
8.1.2.2 DE ORACIÓN COLECTA. SEÑOR, DIOS, PADRE NUESTRO, que ordenas admirablemente los oficios de los Ángeles y de los hombres, te pido que me protejan siempre en la tierra aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
8.1.2.3 DE SALMOS  Sal 137, 1-5. Respuesta. Te cantaré en presencia de los Ángeles, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque has oído las palabras de mi boca. Te cantaré en presencia de los Ángeles y me postraré ante tu santo templo. R. Te cantaré en presencia de los Ángeles, Señor.
Doy gracias a tu Nombre, Dios, Padre Nuestro por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondes cada vez que te invoco   y   aumentas   la   fuerza   de   mi  alma.  R.  Te  cantaré  en  presencia de los Ángeles, Señor.
Que los reyes de la tierra te bendigan al oír la palabra de tu boca, y que celebren los designios del Señor, porque la gloria del Señor es grande.  R. Te cantaré en presencia de los Ángeles, Señor.
8.1.2.4 DE ALELUYA Sal 102,21. ¡Aleluya! ¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos, sus servidores, los que cumplen su voluntad! ¡Aleluya!
Jesucristo se manifestará con toda su gloria y poder. Todo quedará sometido a Él, porque sólo a Él se dará el dominio y el señorío. También los Ángeles le rendirán gloria y honor.
Cuando alabo y canto a Jesucristo victorioso, también los coros Angélicos cantan conmigo. Y yo en cada Eucaristía que participo uno mi voz a las de los Ángeles y Arcángeles para cantar la Gloria de Dios tres veces Santo, uniéndome así a aquellos primeros adoradores de Dios, en el culto y en el amoroso conocimiento del misterio inefable de su santidad.
8.1.2.5 DE ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS. Te ofrezco, Señor, este sacrificio de alabanza, llevado a tu presencia por manos de los Ángeles, y te pido que lo recibas con bondad y sirva para mi salvación. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
En verdad es justo y necesario, es mi deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno.
Y proclamar siempre tu alabanza por los Ángeles y Arcángeles, pues el honor que ellos te tributan manifiesta tu grandeza y tu gloria y, por grande que sea su esplendor, Tú demuestras cuan inmenso eres y que has de ser honrado por encima de cualquier criatura, por Jesucristo, Señor Nuestro. Amén. ¡Aleluya!
Por Él, te alaba la multitud de los Ángeles, y yo me uno a ellos para adorarte alegremente y cantar a una sola voz:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en Nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
8.1.2.6 DE PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO
Te pido humildemente, Dios Todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición (Plegaria Eucarística I o Canon Romano 96; Misal Romano. Catecismo de la Iglesia Católica, #1383. Instrucción General del Misal Romano, #222).
8.1.2.7 DE ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal 137, 1. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los Ángeles.
8.1.2.8 DE ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN. Renovado con el pan celestial, te ruego, Padre, que fortalecido por su eficacia, avance seguro por el camino de la Salvación, bajo la fiel custodia de tus Ángeles. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
8.1.2.9 DE GRACIAS. Señor, Dios, Padre Nuestro, con un ánimo repleto de esperanza y de confianza, de gratitud y de alegría, corro a Tí Oh Padre, para darte gracias por (…petición...) El camino del hombre a lo largo de los senderos del tiempo es un viaje arriesgado, pero Tú has puesto a mi lado compañeros atentos que me sirven con intelecto de amor:
Te doy gracias por el Arcángel Miguel, que me ayuda a combatir el buen combate de la fe y recordar que su nombre significa “quién como Dios”, y que su conducta y su fidelidad me invitan siempre a reconocer el señorío de Jesús y a buscar siempre la Gloria de Dios, Señor, Padre Nuestro.
Visita, Señor Jesús, mi habitación y el lugar donde me encuentre y aleja de ellos las insidias del enemigo, que San Miguel Arcángel y tus Santos Ángeles habiten en ellos y me guarden en paz y que San Miguel Arcángel marche constantemente conmigo delante de mí, detrás de mí, arriba de mí, abajo de mí, a mi derecha, a mi izquierda y dentro de mí, y que Tu Bendición permanezca siempre conmigo. Amén. ¡Aleluya!
Te doy gracias por el Arcángel Gabriel, que viene a mí envuelto de misterio y deposita en mi corazón Tu Palabra, para que ésta se vuelva en mí, como en María, obediencia y vida, y quien me hace entender y comprender Tu Palabra y vivir en la eterna Alabanza del Señor. Amén. ¡Aleluya!
Te doy gracias por el Arcángel Rafael que en la hora de mis miedos y enfermedades, me coge de la mano y me conduce por el recto camino para que no me desvíe de la senda de la salvación y hace que cuando caiga enfermo no me descuide, que rece a Dios y Él hará que me sane, pero dejo actuar también al médico y no lo rechazo y Dios le da acierto al diagnosticar y al aplicar la medicina saludable. Amén. ¡Aleluya! (v. Eclesiástico 38:1,4,7,9,12,14).
NOTA[xv]

Te doy gracias, Oh Padre, que de mil modos te haces presente a mí. Me guardas como a la niña de tus ojos, a la sombra de tus alas me escondes de los malvados que me asaltan, del enemigo mortal que me acorrala. Y, me haces gustar ya desde ahora la dulzura de la íntima comunión contigo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
«Bendigan al Señor, Ángeles suyos, milicia valerosa que cumple sus órdenes, obediente al sonido de su palabra» (v. Salmos 103,20).  Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los Ángeles y de los hombres, te pido que mi vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno, escucha mi oración, y dígnate enviar del cielo a tu Santo Ángel, para que custodie, anime, proteja, visite y defienda a todos los que moran en esta casa. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. (Indulgencia). ¡Aleluya!

8.1.3 DE ÁNGEL CUSTODIO
“…Feliz el hombre que se confía a la protección de su Ángel custodio y escucha sus inspiraciones…” (Maria Rosa Mística. Aparición del 29-VI-1974).
Ángel de Dios, tú que eres mi custodio, a mí, que he sido encomendado a Ti por la piedad celestial, ilumíname, guárdame, dirígeme y guíame. Amén. (Indulgencia). ¡Aleluya!
Ángel de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor con amorosa piedad, guárdame y guía mis pasos por los caminos del bien. Amén. ¡Aleluya!
Ángel de mi Guarda, con humildad  te pido me ampares y me libres de todo peligro. Amén. ¡Aleluya!
Ángel de mi Guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, hasta que me pongas en paz y alegría, con todos los Santos, con Jesús, José y María. Amén. ¡Aleluya!
Ángel de mi Guarda, protégeme ya que desde su comienzo (v. Mt 18, 10) hasta la muerte (v. Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de Tu custodia (v. Sal 34, 8; 91, 10-13) y de Tu intercesión (v. Jb 33, 23-24; Za 1,12; Tb 12, 12). Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya! (domiarmo)
San Miguel Arcángel, Celestial y Purísimo Mensajero de Dios, dígnate alcanzarme de los sagrados corazones de Jesús y María un verdadero amor por Ellos, la sumisión a la Divina Voluntad y la gracia de (…petición...). Amén. ¡Aleluya!
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

8.1.4 DE JACULATORIAS
¡Aleluya! Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros Tú reino. Amén.
Bendito, Alabado y Adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Sea para siempre Bendito, Alabado y Adorado. Amén.
Sagrada Inmaculada Concepción de María, Madre de Dios y Madre Nuestra, ruega por nosotros. Amén.
Bendito sea el Nombre del Señor, Dios, Padre Nuestro, ahora y por siempre. Desde la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el Nombre del Señor. Amén. ¡Aleluya!

8.2 ORACIÓN CORRESPONDIENTE DEL DÍA

8.2.1 DÍA PRIMERO
Oh,  María  Inmaculada,  Madre  de  Dios  y  Madre  Mía,  Dulce Medianera Nuestra, Reina del Cielo y de la tierra, te suplico humildemente  te  dignes  interceder  siempre  por  mí.  Pide  a  tu Divino Hijo que envíe a San Miguel Arcángel y a los Ángeles bajo su mando para que quiten los obstáculos que se oponen al reino del Sagrado Corazón en mi alma, en mi familia y en toda mi nación.
Y tu, Oh, San Miguel Arcángel, Príncipe de la milicia celestial, ven pronto en mí ayuda para lograr (…petición...); te lo pido de todo corazón.
Protégeme contra el infierno desencadenado; y por la Virtud Divina de la que has sido revestido, después de conceder la victoria a la Iglesia aquí en la tierra, lleva mi alma a la Eterna Patria. Amen.
Papa Francisco destacó:
“Miguel —que significa: «¿Quién es como Dios?»— es el modelo del primado de Dios, de su trascendencia y poder”,  "Miguel lucha por restablecer la justicia divina".
Y,  por  eso,  recuerdo  que  su  conducta  y  su  fidelidad  deben invitarme siempre a reconocer el Señorío de Jesús y a buscar siempre la gloria de Dios, Nuestro Señor.

8.2.2 DÍA SEGUNDO
Príncipe  de  los  Ángeles,  San  Miguel  Arcángel,  ayúdame, socórreme en la vida y en la muerte y así ampárame. Jesús, María y José, enviad en mi socorro al excelso Arcángel San Miguel con su Poder. Con Dios, ayúdame en la última agonía; fiel a tu balanza, no sean en vano mis oraciones y esperanzas. General de la Gloria que conduces a las almas, presenta mi alma al Trono de la Luz. De antemano te agradezco humildemente la Gracia recibida de (…petición...). Amén.
Papa Francisco expresó:
"defiende al pueblo de Dios de sus enemigos y sobre todo del enemigo por excelencia, el diablo".

8.2.3 DÍA TERCERO
Arcángel San Miguel, tu nombre indica igualmente la grandeza majestuosa y el papel de Primer Mensajero, Representante del Altísimo, eres el Ángel por excelencia, la síntesis de los Nueve Coros, el más hermoso y más poderoso de los espíritus celestes. Te imploro me concedas (…petición...). Amén.
Papa Francisco precisó:
“San  Miguel  vence  porque  es  Dios  quien  actúa  en  él.  Esta escultura nos recuerda entonces que el mal ha sido vencido, el acusador ha sido desenmascarado, su cabeza, aplastada, porque la salvación se realizó de una vez para siempre en la sangre de Cristo. Incluso si el diablo busca siempre rasguñar el rostro del Arcángel y el rostro del hombre, Dios es más fuerte; su victoria y su salvación se ofrece a todo hombre. En el camino y en las pruebas de la vida no estamos solos, estamos acompañados y sostenidos por los Ángeles de Dios, que ofrecen, por decirlo así, sus alas para ayudarnos a superar tantos peligros, para poder volar alto respecto a las realidades que pueden hacer pesada nuestra vida o arrastrarnos hacia abajo”.

8.2.4 DÍA CUARTO
Arcángel  San  Miguel,  el  Poderoso  Príncipe,  en  la  hora  en  que Cristo resucita, clamas: ¿Quién como tú, mi Dios, Jesús humilde? Al pecado de los hombres descendiste y hoy el Padre te signa y te bendice. Atiende mi clamor para que me guardes en mis caminos, condúceme  hoy  por  tus  sendas,  no  permitas  que  caiga  en  el pecado y concédeme la gracia de (…petición...). Amén.
Y, Santísima Virgen ruega a Dios que envíe a San Miguel Arcángel, el primer gran Servidor tuyo, el primero en reconocerte por Reina, y a sus Ángeles, para apartar los obstáculos que se oponen al reinado del Sagrado Corazón de Jesús en nuestras almas, en nuestras familias, en toda nuestra nación y en el mundo entero. Amén.
Papa Francisco especificó:
“Al consagrar el Estado de la Ciudad del Vaticano a San Miguel Arcángel, le pedimos que nos defienda del Maligno y que lo arroje fuera”.

8.2.5 DÍA QUINTO
Oh, Príncipe Nobilísimo de las Jerarquías Angélicas, valeroso guerrero del Altísimo, celoso defensor de la Gloria del Señor, terror de  los  ángeles  rebeldes,  amor  y  delicia  de  todos  los  Ángeles justos, mi dilectísimo Arcángel San Miguel, deseando formar parte del número de tus devotos y siervos, hoy me consagro a ti, me doy, me ofrezco y me pongo a mí mismo, a mi familia y todos mis bienes bajo tu poderosa protección y en especial (…petición...). Amén.
Papa Francisco oró:
“¡Oh glorioso Arcángel San Miguel… vela sobre esta Ciudad y sobre la Sede Apostólica, corazón y centro de la catolicidad, para que viva en fidelidad al Evangelio y en el ejercicio de la caridad heroica!”.

8.2.6 DÍA SEXTO
Arcángel San Miguel, con humilde confianza en tu bondad y en el poder de tu auxilio, me presento ante Ti en compañía de mi Ángel de la Guarda, para entregarme a Ti. Sé Tú mi patrono, protector especial e intercesor ante Dios para obtener, si lo quiere y es su voluntad, la Gracia de (…petición...). Amén.
Papa Francisco indicó:
“¡Haznos  victoriosos  contra  las  tentaciones  del  poder,  de  la riqueza y de la sensualidad!”.

8.2.7 DÍA SÉPTIMO
Dios, Padre y Señor de los Ángeles, a quienes encomiendas la guarda de los hombres: te ofrezco los méritos de estos soberanos espíritus y los del Príncipe de los Ángeles, San Miguel Arcángel, quien por sí mismo y por medio de sus ministros guarda la naturaleza humana, para que me preserves de todo pecado con una pureza angelical, y me concedas (…petición...) lo que te pido en esta novena para mayor honra y gloria tuya. Amén.
Papa Francisco afirmó:
“¡Sé tú el baluarte contra toda maquinación, que amenaza la serenidad de la Iglesia!”.

8.2.8 DÍA OCTAVO
Dios, Padre y Señor de los Ángeles, a quienes encomiendas los negocios más importantes de tu gloria: te ofrezco los méritos de estos  nobles  espíritus  y  los  de  San  Miguel  Arcángel,  quien defendió tu honra y gloria contra Lucifer y sus secuaces, para que yo busque en todas las cosas tu mayor gloria y me concedas, si quieres, (…petición...) lo que te pido en esta novena. Amén.
Papa Francisco aseveró:
“¡Sé  tú  la  centinela  de  nuestros  pensamientos,  que  libera  del asedio de la mentalidad mundana!”.

8.2.9 DÍA NOVENO
Dios, Padre y Señor de los Serafines que se abrasan en tu amor: te ofrezco los méritos de estos ardentísimos espíritus y los de tu amado  siervo  San  Miguel  Arcángel,  para  que  yo  te  ame  sobre todas las cosas, único Dios y Señor mío, con toda el alma, con todo el corazón y con todas las fuerzas, y para que me concedas (…petición...) lo que te pido en esta novena, para mayor honra y gloria tuya. Amén.
Papa Francisco impetró:
“¡Sé tú la guía espiritual que nos sostiene en la buena batalla de la fe!”.
Dígnate, te suplico, obtener de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y por la intercesión de San José, “el custodio de Jesús, el custodio de la Sagrada Familia. Que su presencia nos haga aún más fuertes y valientes en dejar espacio a Dios en nuestra vida para vencer siempre el mal con el bien. Pidámosle que nos proteja, nos cuide, para que la vida de la gracia crezca cada día más en cada uno de nosotros”; y de San Joaquín y de Santa Ana, los padres de María, que aumenten los devotos para obtener la salvación de las almas y, si Dios quiere y es su voluntad, se me otorgue la gracia especial de (…petición...). Amén.

8.2.10 ORACIÓN PARA EL FINAL DE LA NOVENA
¡Oh soberano Arcángel San Miguel, excelentísimo Príncipe de la corte  del  cielo!  ¿Quién  no  te  será  devoto  desde  hoy  si  así favoreces a quienes creen en Ti? ¿Quién no te servirá con mucho agrado si de este modo pagas los servicios que se te hacen? Mas para que yo te ame, basta saber el amor que me tienes, al que no puedo corresponder de igual manera.
Para que te ame no necesitas prometerme tus favores: basta con los beneficios hasta ahora recibidos, que no podré pagar ni agradecer lo suficiente. Pero ya que no puedo con obras corresponder a tantas gracias, recibe mis palabras y mi afecto.
Gracias te doy ¡Oh Excelso y Sublime Espíritu! porque defendiste la honra  y  gloria  de  Nuestro  Señor  Jesucristo  y  por  todos  los servicios que le has prestado tanto a Él como a Su Santísima Madre.
A Dios Padre le doy gracias por el Ángel que ha destinado para mi Guarda y por los beneficios que de Él he recibido a lo largo de mi vida, a través de Tí o de sus Ángeles; también por los beneficios de los que no he estado consciente y, por lo tanto, no puedo agradecer debidamente. Por eso pido al Ángel de mi Guarda que, en mi nombre, los agradezca.
A Ti ¡Oh Príncipe! Quiero agradecerte lo que has hecho por los hombres,  y  principalmente  por  la  Santa  Iglesia  de  la  que  soy miembro. Me gozo de los privilegios, gracias, prerrogativas, dignidades y dones naturales y sobrenaturales con los que Dios te honró y enriqueció; doy al Señor eternas gracias por ellos, porque así quiso exaltarte y hacerte su elegido y favorito entre los Ángeles.
¡Defiéndeme, Oh valeroso capitán de los ejércitos de Dios! Envía en mi auxilio a tus soldados para que me defiendan de los demonios y no me rinda ante sus embates y tentaciones. Manda a tus Ángeles para que me guíen y no camine ciegamente, y me lleven de la mano para que no tropiecen mis pies en el camino peligroso de esta vida.
Asiste con Tus Ángeles a mi muerte y alcánzame del Señor la contrición verdadera de mis culpas, para que, presentada mi alma ante Su Tribunal, merezca ser llevada por Tus manos ante el Trono de la Santísima Trinidad y entre en la posesión de la gloria, donde alabe al Señor para siempre y te dé perpetuas gracias por haber conseguido con Tu intercesión, la bienaventuranza y (…petición...). Amén.

CAPÍTULO 9


9.1 ORACIÓN PERSONAL A MARÍA ROSA MÍSTICA EN TODOS LOS DÍAS
1.  EN EL QUERER
 “¡Yo soy la Inmaculada Concepción!” – “Yo soy María de las Gracias, esto es, la Llena de Gracia, Madre de mi Divino Hijo Jesucristo” – “Por mi venida a Montichiari deseo ser invocada y venerada como Rosa Mística”, dijo la Santísima Virgen María, específica y claramente, cuando deseó ser invocada y venerada bajo la advocación en especial como Rosa Mística, en aparición del 8 de diciembre de 1947.
 "Yo deseo, hijitos, CONDUCIRLOS A JESÚS, porque Él es la salvación. Por eso, hijitos, cuanto más recen, más serán míos y de mi Hijo Jesús. Los bendigo a todos con mi bendición maternal." (Mensaje de María, Medjugorje, Croacia, 25 junio 1994).
Y, la respuesta de la Virgen Santísima a pregunta de un sacerdote sobre si la oración debería ser dirigida a ella o a Jesús, fue: "Por favor, PIDAN A JESÚS. Yo soy la Madre de ustedes y, por lo tanto, INTERCEDO A SU FAVOR. TODAS LAS ORACIONES DIRIGIDAS A MÍ, SE LAS PRESENTO A JESÚS. YO AYUDARÉ E INTERCEDERÉ, pero no todo depende sólo de mí. Es necesario, también, que ustedes se esfuercen, que ustedes recen con fervor" (Maisa Castro. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Raboni Editora. 2ª ed. 1999, pág. 18).
María, en especial como Rosa Mística, con amor cumplo tu deseo siguiendo las enseñanzas de tu Divino Hijo Jesucristo:
A) De oración y de fe; ya que Jesús dijo: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad a la puerta y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama a la puerta, se le abre”  (v. Mateo 7,7-8, Biblia LXX).  “Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que aun si a este monte dijerais: Sé quitado y echado al mar, será hecho; Y TODO CUANTO PIDÁIS EN ORACIÓN, CREYENDO, LO RECIBIRÉIS” (v. Mateo 21, 21-22, Biblia LXX); y
B) Con el poder de la oración y la fe; porque “Y ésta es la confianza que tenemos ante Él: que CUANDO PIDAMOS ALGO CONFORME A SU VOLUNTAD, ÉL NOS ESCUCHA. Y si sabemos que nos escucha en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho” (v. 1Juan 5,14-15, Biblia LXX).
2.  EN INICIO
Que te agraden, Señor, las palabras de mi boca, y los pensamientos y deseos de mi corazón. Oh Señor, refugio y redentor mío (v. Salmos Los 150 Himnos más bellos del mundo. P. Eliécer Sálesman, Ed. San Pablo Ecuador, 2002, pág. 51). Amén. ¡Aleluya!
Que “Sean aceptos delante de ti los dichos de mi boca, y la meditación de mi corazón, Oh YHVH, Roca mía y Redentor mío” (v. Salmos 19,14 Biblia Griega de los LXX, dícese la usada por Jesús y los Apóstoles, como que en el N.T. hay unas 350 citas del A.T. y unas 300 están claramente tomadas de ella -La Santa Biblia, ediciones Paulinas, 3a ed. 1966, pág. XIX-).
Pretendo orar en el Nombre de Jesús, según el Espíritu Santo dirija; con el corazón, alma y cuerpo, con toda su atención espiritual centrada en Dios; bendiciendo su Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), en todo lo que hago; dándole gracias por sus grandes maravillas; y con intercesión de la Madre de Jesús y Madre Nuestra, María, en especial como Rosa Mística.
De este modo, pues:
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.

DÍA PRIMERO
3.  EN ALABANZA A DIOS
"Estoy SIEMPRE contento. Oro en TODO momento. Doy gracias a Dios POR TODO, porque  esto  es  lo  que  Él  quiere  de  mí  como  creyente  en  Cristo  Jesús"  (v. 1Tesalonicenses 5,16-18).
"Doy SIEMPRE gracias a Dios el Padre por TODAS las cosas, en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo" (v. Efesios 5,20).
"Se que Dios dispone TODAS las cosas para el bien de quienes lo aman" (v. Romanos 8,28).
"Porque es cierto que cualquiera aparente calamidad que me ocurra, si doy las gracias y alabo  a Dios por ello, se transformará  en una  bendición"  (William  Law, siglo XVIII).
Dios, Padre, con el Rey David, te he de dar gracias:
“Y bendijo David a YHVH delante de toda la congregación, y dijo David: ¡Bendito Tú, Oh YHVH, Dios de nuestro padre Israel, por los siglos de los siglos! ¡Tuya, Oh YHVH, es la grandeza y el poder, y la gloria, y la victoria y el honor; porque todo cuanto existe en los cielos y en la tierra tuyo es! ¡Tuyo, Oh YHVH, es el reino, que se eleva por cabeza de todo! De ti procede la riqueza y la honra, y Tú lo gobiernas todo, y en tu mano está el poder y la fortaleza, y en tu mano está el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Oh Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso Nombre. Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos ofrecer voluntariamente semejantes cosas? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (v. 1Crónicas 29, 11-15; Biblia LXX).
 “Padre Celestial, te damos gracias y te alabamos por el hermoso regalo que nos das en Jesús y por el poder maravilloso que hay según te abrimos nuestros corazones en oración. Señor, te pido que cada uno pueda tener un corazón para alabarte y darte gracias en todo tiempo y en todo lugar. Yo pido que todas mis alabanzas y acciones de gracias sean indiferentes a lo que está pasando y que tu amor pueda correr más abundantemente a través de nosotros ahora. Aunque podamos tener dolor o estemos apretando nuestros dientes, podemos alabarte sabiendo que todas las cosas trabajan juntas para el bien de aquellos que te aman. Yo pido que dejes tu poder sanador correr sobre nosotros y que las áreas profundas de nuestras vidas sean curadas, especialmente el área de amarse uno mismo, que podamos aprender a amarnos nosotros mismos para que podamos amarte a Ti y amarnos más unos a otros. Gracias te damos y te alabamos, Jesús, por el trabajo que estás haciendo dentro de todos en este momento. Amén” (P. Robert De Grandis S.S.J. Manual para El Ministerio De Curación. Centro Carismático Minuto de Dios. Colección Logos Nº 48. Bogotá D.E. pág. 48).
Señor Dios, Padre Nuestro, estoy agradecido por cada detalle en mi vida; se que todo lo que me das es un don gratuito, a causa de tu bondad y de tu amor, y lo comprendo así y lo acepto; pongo mi situación por completo en tus manos, conforme a tu Voluntad; se que Tú tienes un propósito perfecto para mí. Te alabo y te doy gracias y se que me ayudarás en todo. Te alabo y te doy gracias, Oh Dios, por (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios, porque es tu camino para realizar tu plan perfecto para mí; es tu medio de apartar el mal, impartiendo lo recto y dándome un corazón dispuesto. Y, Oh María, en especial como Rosa Mística, Madre Santísima, yo te amo y me abandono a Tus cuidados maternales. Me siento avergonzado ante tu Hijo Jesús si acaso me ha faltado fe para darle las gracias porque ya me ha concedido lo pedido; Tú ruega por mí para que pueda crecer en la fe que Jesús me ha dado lo querido; abandono completamente mi problema en Tus Manos para que te encargues de él ante Tu Hijo, “Porque uno es Dios, único también el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús” (v. 1Timoteo 2,5), “pues ningún otro Nombre debajo del cielo es dado a los hombres para salvarnos” (v. Hechos 4,12); y sólo Jesús sana, libera y salva, y “todo lo que pidáis al Padre os lo concederá en mi Nombre” (v. Juan 16,23). Por Jesucristo Nuestro Señor y para Tú Gloria y con intercesión de la Madre de Jesús y Madre Nuestra, María, en especial como Rosa Mística. Amén. ¡Bendito seas Señor Jesús! ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! ¡Aleluya!.
4.  EN ACTO DE CONTRICIÓN
Por Jesucristo Nuestro Señor, con Él y en Él, a Ti Dios, Padre Celestial Omnipotente, en la Unidad del Espíritu Santo,  y con intercesión de la Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, María, en especial como Rosa Mística,
        ACÚSOME:
De todos los pecados, negligencias y omisiones, porque he faltado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
De los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que he ofendido a Dios.
De no amar al Señor mi Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda mi mente, con todo mi ser y a mi prójimo como a mi mismo.
De no alabar a Dios en toda ocasión.
De no tratar de vivir siempre según la voluntad de Dios.
De no vivir en fidelidad al Evangelio y en el ejercicio de la caridad cristiana.
De no inclinarme siempre a pensar con rectitud y a practicar el bien con diligencia.
De no haber sabido dominar la lengua ni cuidado las palabras.
De no tratar de ser victorioso contra las tentaciones del poder, de la riqueza y de la sensualidad.
De no buscar ser liberado del asedio de la mentalidad mundana.
De no tener a los sagrados corazones de Jesús y María, un verdadero y total amor por ellos, y la sumisión a la Divina Voluntad.
De no creer, no adorar, no esperar y no amar a Dios suficientemente.
De no honrar siempre al Señor Jesús.
De no hacer caso de las enseñanzas más importantes de la ley, cuales son la justicia, la misericordia y la fidelidad; es decir, de no practicar la justicia, de no amar la misericordia y de no andar humildemente con Dios, en todo momento.
De no perdonar para orar si tengo algo en contra de alguno.
POR TANTO,
PIDO AL SEÑOR JESÚS, DIOS, PADRE CELESTIAL:
Que perdone misericordiosamente mis ofensas, reconozco sinceramente mis faltas.
Que perdone mis pecados y que por su infinita misericordia y por el poder de su Preciosísima Sangre me limpie de toda falta y de toda iniquidad.
Que la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, me alcance un verdadero dolor de todas mis culpas. Amén. ¡Aleluya!
Convencido, Señor, de lograr tu perdón, prosigo en mi orar.
¡ERES BENDITA, OH MARÍA, COMO ROSA MÍSTICA!
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, entre todas las mujeres. Eres una de nosotros y fuiste escogida por Dios, desde siempre, para concebir en tu seno a Nuestro Salvador.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, pues fuiste preservada del pecado original y supiste conservar en tu corazón, en tu alma y en tu cuerpo, la pureza virginal con que fuiste adornada por la gracia de Dios para transformarte en sagrario vivo del Redentor.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, por el "sí" incondicional que generosamente diste al Creador y, a lo largo de tu vida terrena, confirmaste en la fe, en la confianza y en el abandono total a Aquél que te escogió entre todas la mujeres.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque fuiste fiel a tu Dios en las alegrías y en los dolores.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque concebiste del Espíritu Santo y engendraste en tu seno al Rey de Reyes, el Señor de Señores.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque de tu carne y de tu sangre fue formada la naturaleza humana de Jesús.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque te abriste tan plenamente al Espíritu Santo que fuiste adornada con todos Sus dones y sustentada por ellos: tú te mantuviste de pié junto a la Cruz de tu Hijo Amado.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque asumiste en el Calvario la misión de engendrar y formar hijos e hijas para Dios en la Iglesia de Cristo.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, hija amada del Padre Eterno, esposa purísima del Espíritu Santo, Madre del Hijo de Dios Encarnado.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque supiste preparar con amor, en tu seno virgen, la primera venida del Salvador.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque fuiste escogida por Dios como embajadora del cielo para preparar la segunda venida triunfal del Señor Jesús.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque te dignaste a recibirnos como tus hijos e hijas.
Eres Bendita, Oh María, como Rosa Mística, porque, siendo la Madre de Dios, puedes acercarte a tu Amado Jesús e interceder por tus pobres hijos que claman por Tí aquí en la tierra. Cuántas y cuántas veces has intercedido por nosotros, de generación en generación, como lo hiciste en las bodas en Caná de Galilea.
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, porque te tenemos por nuestra Madre, entregada a nosotros, seguidores de Jesús, a través de la persona del amado Apóstol Juan. "Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: 'Mujer, ahí tienes a tu hijo.' Luego dice al discípulo: 'Ahí tienes a tu madre.' Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa" (v. Jn 19,26-27).
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, que también te llevamos, en nuestro corazón, a nuestro hogar, a nuestra familia, a nuestra vida diaria.
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, que hacemos parte de la familia de Dios: Dios es nuestro Padre. Jesús es nuestro hermano mayor. El Espíritu Santo habita en nosotros. María Santísima es nuestra Madre.
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, que proclamamos: Ave, María, llena de gracia, el Señor es contigo; Bendita eres entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Felices somos nosotros, Oh Madre de Dios, que con el corazón lleno de amor, de fe y de confianza, invocamos tu poderosa intercesión ¡Oh Virgen María!, en especial como Rosa Mística, rezando: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
La intercesión de Nuestra Señora es un deseo de Dios, por lo tanto, un recurso santo y muy útil. San Bernardo, en un célebre pasaje, revela: “Esta es la voluntad de Dios: que recibamos todo por medio de María.” No hay duda de que Jesús es el único mediador entre los hombres y el Padre, pero quién nos lleva hasta Jesús, en las primeras prácticas (tantos así lo creen), es Su Madre, Nuestra Madre, María Santísima.
Así, pues, somos felices nosotros los que contamos con esta Madre solícita y bondadosa, María, en especial como Rosa Mística, que no roba para sí la Gloria de su Hijo, pero que pide por Nosotros en el Nombre de Jesús, y todo nos alcanza por los méritos de Él (Maisa Castro, obra citada, págs. 13-16).
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO
5.  EN INVOCACIÓN
Que venga el Señor Jesús, que venga el Señor, que llene mi corazón de su amor, de su poder y de su Espíritu Santo.
Que el Espíritu Santo, me ilumine siempre, en adelante, lo que debo pensar, decir, hacer y evitar.
Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo:
Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para la gloria de Dios,
bien de las almas,
y mi propia santificación.
Oh Espíritu Santo,
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar,
dame acierto al empezar,
dirección al progresar,
y perfección al acabar. Amén.
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, Don, en tus dones espléndido; luz que penetras las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos, por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén. Aleluya.
Te pido esto, Dios, Padre, en el Nombre Bendito de Jesucristo, a Tí Padre Celestial, con el Poder del Espíritu Santo, y por la intercesión de la Virgen María, en especial como Rosa Mística,  y el Auxilio de los Santos, de los Ángeles y de los Arcángeles. Amén. ¡Aleluya!
6.  EN SALUTACIÓN
¡Oh Madre (María, en especial como Rosa Mística), nunca te podré agradecer lo suficiente! ¡Que todo mi cuerpo te alabe y agradezca eternamente! Y, ¡que cada pensamiento mío te alabe y agradezca eternamente! ¡No sé, Madre Mía, qué más te puedo decir, sino que mi alma siente inmensa gratitud! (Maisa Castro. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, pág. 39, Raboni Editora).
Corazón Inmaculado de María, ¡compadécete de mí! Refugio de los pecadores ¡ruega por mí! Dulce Corazón de María ¡sé mi salvación! (Maisa Castro, ibídem, pág 31).
Jesús, María, yo los amo, ¡Salven a las almas! (Maisa Castro ib).
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza; a Tí, Celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión; no me dejes, Madre Mía.
Oh Rosa Mística, Virgen Inmaculada, Madre de la Gracia, en honor de tu Divino Hijo, me postro ante Ti, para implorar la misericordia de Dios.
7.  EN FIDELIDAD
A Ti, Dios, Padre Celestial Omnipotente, en la Unidad del Espíritu Santo, por Cristo, con Él y en Él,  y con intercesión de la Madre de Jesús y Madre Nuestra, María, en especial como Rosa Mística:
TE PIDO
Por el Papa Francisco y los Obispos, Sacerdotes y Diáconos, y las personas consagradas a Dios;
Por un florecimiento de las vocaciones religiosas y por menos deserciones y por una gran santidad en sus miembros y por toda la Iglesia.
Además,
TE IMPLORO
Gracias abundantes espirituales y materiales, para el alma y para el cuerpo; y
Que Nuestro Señor Jesucristo, conceda copiosamente misericordia a todos los devotos de María, en especial como Rosa Mística.
ACTO DE HUMILDAD
Señor, yo no soy digno de que Vos entréis en mi interior; mas decid una sola palabra, y mi alma quedará sana y santa y salva (Misal Romano Diario, Ed. Balmes, Barcelona, 1962, págs. 858 y 872).
8.  EN ACCIÓN DE GRACIAS SEÑOR JESÚS, MÍO
Padre lleno de amor, que me concedes siempre más de lo que merezco y deseo, para orar perdono si tengo algo en contra de alguno y Tú, Señor Jesús, perdona misericordiosamente mis ofensas, reconozco sinceramente mis faltas, por “que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados” (Lucas 5,24).
Señor Jesús, gracias por tu bondad amorosa. Gracias por tu infinita misericordia. Gracias por mi vida, salud, gozo, alegría y paz. Gracias por mi familia. Gracias por todo cuanto me rodea. Gracias por todos los beneficios espirituales, corporales y materiales, porque para Tí no hay imposibles.
¡Dios mío! Yo creo, yo adoro, yo espero, yo te amo. Te pido perdón por todos los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de tu Hijo Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los que Él mismo es ofendido. Te pido por los méritos infinitos del Sacratísimo Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, la conversión de los pecadores. Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios (Oración del Ángel a Tres Pastorcitos en Fátima). Oh Jesús Mío, perdona nuestros pecados. Líbranos del fuego del infierno. Lleva al Cielo todas las almas, especialmente socorre a las más necesitadas de tu misericordia (Oración de la Virgen María en Fátima).
El Señor Jesús, Mi Dios, es solamente uno (v. Deuteronomio 4,35 y 39-40). Amaré al Señor Jesús, Mi Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas mis fuerzas (v. Marcos 12,33). Las palabras que hoy digo quedarán en mi memoria; se las repetiré a todos y hablaré de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado (v. Mateo 22,37; Lucas 10,27; Deuteronomio 6,4-7).
Señor Jesús, haz que me incline siempre a pensar con rectitud y a practicar el bien con diligencia y, puesto que no puedo existir sin ti, concédeme vivir siempre según tu voluntad (v. Isaías 41,10; Oración Liturgia Horas Laudes Jueves Segunda Semana Cuaresma).
Acuérdate, Señor Jesús, de tu misericordia y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes, socorre mi indigencia con la abundancia de tus riquezas (Liturgia de Las Horas, Vísperas, Oración).
Señor Jesús, afligido por (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios, te invoco; escúchame, y sálvame de mis angustias, conforme a tu Voluntad (v. Salmos 34,6; 18,6; 50,15; 114; 2Samuel 22,7).
En toda ocasión alabo a Dios, el Señor Jesús, y le pido que me vaya bien en mis acciones y en todo lo que emprenda (v. Tobías 4, 19). El dueño de mi vida es Jesucristo, quien con su Preciosa Sangre me cuida y me protege.
Bajo tu amparo me acojo, Santa Madre de Jesús y Madre Nuestra, María (en especial como Rosa Mística), no desprecies las oraciones que te dirijo en mis necesidades, antes bien líbrame de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita (Oración Mariana).
Si el Señor Jesús quiere, viviré y (…petición...), conforme a su Voluntad, necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios.
Visita, Señor Jesús, mi habitación y lugar donde me encuentre y aleja de ellos las insidias del enemigo, que San Miguel Arcángel y tus Santos Ángeles habiten en ellos y me guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre conmigo (Oración Conclusiva Liturgia Horas Completas).
Señor Jesús, lo que no quiera que me hagan, que no se lo haga a los demás; y, que trate a los demás como quiera que ellos me traten (v. Tobías 4, 15; Mateo 7, 12; Lucas 6,31) (domiarmo).
9.  EN ESCUCHA
Padre, Dios Mío, Omnipotente, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, te doy gracias porque siempre me escuchas. Yo sé que siempre me escuchas (v. Juan 11,42).
Quiero darte las gracias, mi Señor,
por el don que me das cada mañana,
- por los árboles, los pájaros y el sol,
por la lluvia que azota en mi ventana.
Quiero darte las gracias, mi Señor,
por los niños que encuentro en mi camino,
- por sus ojos que no saben de rencor,
por la gracia que tras ellos adivino.
Quiero darte las gracias, mi Señor,
cada noche al terminar un nuevo día,
- por mi madre, por el pan, por el amor,
por las penas que son fuente de alegría.
Gracias, muchas gracias, mi Señor (Canción).
A Tí, Dios, Padre, alabanza, honor y gloria. Otórgame aquellas gracias que no he sabido suplicarte y Tú sabes que necesito (v. Salmos 116,1). Hoy, en oración, debo pedirte por intercesión de María, en especial como Rosa Mística, la gracia, si Tú quieres, de vivir en paz y sin temor de ningún peligro; de tener la sabiduría que comienza por honrar al Señor Jesús (v. Proverbios 9,10-12) y tener discernimiento e inteligencia espiritual; pido con todas mis fuerzas inteligencia y buen juicio, vivir rectamente y sin tacha, saber también lo que es recto y justo, y estar atento a todo lo bueno, que la discreción y la inteligencia sean mis constantes protectoras; ruego adquirir instrucción, prudencia, justicia, rectitud y equilibrio;  y (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios, pues para Tí, Señor Jesús, Dios Mío, nada es imposible (v. Lucas 1,37 y 18,27; Mateo 19,26; Marcos 10,27; Filipenses 3,21; Génesis 18,14; Números 11,23; Job 13,12; Jeremías 32,17,27) y, por eso, creo que ya lo tengo, que ya lo he recibido y lo obtengo, conforme a tu Voluntad (v. Proverbios 16,3; Jeremías 17,7-8 y 29,11; Salmos 20,4 y 34,8; Filipenses 4,19; Éxodo 23,25).
Acuérdate, Oh piadosísima Virgen María (en especial como Rosa Mística), que jamás se oyó decir que hayas abandonado a ninguno de cuantos han acudido a tu amparo, implorando tu protección y reclamando tu auxilio. Animado con esta confianza, también yo acudo a Tí, Virgen de Vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu soberana presencia. No deseches mis súplicas, Madre del Verbo Divino, antes bien óyelas y acógelas benignamente. Amén. (San Bernardo).
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA TERCERO
10.  EN BENDICIÓN
Ven Señor Jesús, ven Señor, llena mi corazón de tu amor, de tu poder y de tu Espíritu Santo.  Que el Señor me bendiga y me proteja; que el Señor me mire con agrado y me muestre su bondad; que el Señor me mire con amor y me conceda la paz (v. Números 6,24-26). Amén. ¡Aleluya!
Que Dios, en el Nombre de Jesús, me bendiga. Que Dios, Padre, Dios Hijo Nuestro Señor Jesucristo y Dios Espíritu Santo, me concedan su amor y su paz. Y que por los méritos de su infancia, Jesús me conceda la gracia de (…petición...), conforme a su Voluntad, necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios. Amén. ¡Aleluya!
Por Cristo, con Él y en Él, a Ti Dios, Padre Omnipotente, en la Unidad del Espíritu Santo, todo Honor y toda Gloria, por los siglos de los siglos. Amén (Santa Misa).
11.  EN ORACIONES ANTIGUAS
CORAZÓN DE JESÚS, EN VOS CONFÍO
Postrado a  vuestros pies humildemente vengo a pediros dulce Jesús mío, poderos repetir constantemente ¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
Si la confianza es prueba de ternura esta prueba de amor daros ansío aún cuando esté sumido en la amargura ¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
 En las horas más tristes de  la vida cuando todos me dejen ¡Oh Dios mío¡ y el alma está por penas combatida ¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
 Aunque sienta venir la desconfianza y os obligue a mirarme  con desvío no será confundida  mi esperanza ¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
 Si en el bautismo que hermoseara mi alma yo os permití ser vuestro, y vos ser mío, clamaré siempre en tempestad o en calma ¡Sagrado Corazón en vos confío¡.
Yo siento una confianza de tal suerte que sin ningún temor ¡Oh Dueño Mío¡ espero repetir hasta la muerte ¡Sagrado Corazón en vos confío¡
ORACIÓN MÁS ANTIGUA A MARÍA SANTÍSIMA
BAJO TU AMPARO
“Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita”.
(Escrita en papiro griego que pertenece al siglo III ó IV. Se conserva en la Biblioteca de John Ryland, en Manchester-Inglaterra. Encontrada sepultada en el desierto de Egipto, confirmando de esta manera su antigüedad. Se la encuentra incluida en el rito bizantino, copto, ambrosiano y latino. http://www.idyanunciad.net/reina/tema16.htm#_ftn1).
12.  EN PETICIÓN CON ARMONÍA DE ÁNGELES
En el Nombre de Dios, Yo Soy El Que Soy, Yo Soy (v. Éxodo 3,14), Dios en Mí, el Único Dios Verdadero y su Enviado Jesucristo, y la mediación de María, en especial como Rosa Mística, atraigo al amado Arcángel San Miguel y a sus legiones de Ángeles y les digo que decido, elijo, acepto y me comprometo, si Dios, Padre quiere y es su voluntad, a (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios, y que mi llamado sea multiplicado y utilizado para ayudar a otras almas necesitadas y lo agradezco y lo acepto hecho en este momento con pleno poder, si Dios lo quiere y de acuerdo con su voluntad. Por Jesucristo Nuestro Señor y la intercesión de Excelsa María, en especial como Rosa Mística. Amén. ¡Aleluya!
Oh Santos Ángeles de Dios, bellos seres espirituales que están en el cielo y desde allí siempre me cuidan y me protegen, Oh bienaventurados seres de luz, Mensajeros de Dios y ejecutores de sus órdenes, que por bondad y clemencia del Altísimo me prestan su misteriosa y poderosa ayuda y me dan asistencia y auxilio en toda mala situación, acudo a vuestro poder de intermediación y con la Madre de Jesús y Madre Nuestra, María, en especial como Rosa Mística, para que me consigan de la clemencia de Dios el ser atendido en mis carencias y dificultades y para que Él, que es dueño de toda la creación, derrame sobre mí sus bendiciones y provea en  esta  necesidad  apremiante y  angustiosa de (…petición...), conforme a su Voluntad, necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios, para mayor gloria suya y bien de mi alma.
Oh Seres Celestiales, guías y custodios de los hombres, os pido me ayuden en mis tristezas: hace tiempo busco la manera y solución para poder llevar a mi hogar ciertos bienes espirituales, corporales  y materiales, pero no he podido; ya la desesperación y el abatimiento quieren minarme y todo hasta  me parece imposible; por eso os pido, Ángeles amados, ayuda urgente para superar este apuro por el que paso desde hace ya algún tiempo.
Siento que me faltan fuerzas y la intranquilidad que experimento es muy grande. Mis carencias son muy graves y sin su ayuda, María, en especial como Rosa Mística, y Ángeles míos, jamás podré salir de esta angustiosa situación y por la cual alabo y doy gracias a Dios; por ello, os suplico me presten vuestro amparo, vuestra poderosa mediación y pidan a Dios, Padre, extienda hacia mí su mano poderosa y me conceda lo necesario para salir de esta desesperada situación.
Que Dios, Padre, me envíe su señal y una rápida solución a todos mis problemas. Tengo fe que todo se ha de solucionar pronto, en el tiempo y el plazo que el Padre fije con su propia autoridad y según su voluntad. Amén. ¡Aleluya!
13.  EN HUMILDAD Y REVERENCIA
 Rogad María, en especial como Rosa Mística, San Miguel Arcángel y Santos Ángeles benditos por mí, para que arriben a mi casa toda clase de bendiciones y muy especialmente:
Bendiciones Espirituales: de paz, regocijo y alegría, a mis afectos, mis pensamientos y mis deseos, y protección al Papa Francisco y la Iglesia.
Bendiciones Corporales: que Dios me siga brindando salud, riquezas y honra, honores y felicidad, armonía y dicha.
Bendiciones Materiales: de abundancia y de prosperidad y tanto a mi economía, como a mis ingresos, a mis asuntos, a mis bienes, a mi empleo, a mi hogar, a mi familia, a mi estudio, a mis manos, y que llegue la fortuna y la buena suerte a mi vida.
Señor Jesús, Tú conoces todo, Tú sabes que te quiero (v. Juan 21,17; Jeremías 17,10 y 29,12-13), con humildad y reverencia, Señor, me atrevo a pedirte sabiduría para entender qué quieres de mí y para todo mi actuar; riquezas para el alma y para el cuerpo y honores en servirte y vida plena; ser más dedicado, más comprometido a orar y encontrar, en la oración, una idea que me impacte, un sentimiento, una emoción, una intuición, que me haga volver a ella, "Pon tu alegría en el Señor, Él hará lo que desea tu corazón" (v. Salmos 37,4).
14.  EN SAN MIGUEL ARCÁNGEL
San Miguel Arcángel y Santos Ángeles, presentad cuanto antes mis deseos al Señor Jesús, mostradle mis carencias y necesidades y obtened para mí, de su infinita bondad y con la intercesión maternal de María, en especial como Rosa Mística,  remedio a mis angustiosos problemas e invoco especialmente la protección del Arcángel San Miguel, para que proteja a la Iglesia contra todos los engaños amenazantes y la defienda.
Confío plenamente en vosotros, María, en especial como Rosa Mística, San Miguel Arcángel y Santos Ángeles y os agradezco de antemano por escuchar y atender mis súplicas y darles un final feliz. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. ¡Aleluya!
Aquí y ahora decido, elijo, acepto y me comprometo y he tomado la firme decisión de (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios, si Dios quiere y es su Voluntad y ya que Tú, Dios, Padre, por Jesucristo Nuestro Señor, y la intercesión de María, en especial como Rosa Mística, San Miguel Arcángel y los Santos Ángeles abriste,  bajo  la   gracia   y  por  los  caminos milagrosos, las  sendas  para que mis carencias sean subsanadas lo más pronto posible. Y que, por eso, soy guiado divinamente hacia personas, ideas, recursos, oportunidades, acciones y hacia cualquier cosa que me lleve a cumplir con este objetivo. Todo esto divirtiéndome, siendo alegre y feliz y con un mínimo nivel de estrés en el proceso, y por Gracia de Dios.
Por Jesucristo Nuestro Señor y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María y por la intercesión de María, en especial como Rosa Mística, de San Miguel Arcángel y de los Santos Ángeles, merezco vivir libre de privaciones, merezco una vida próspera y feliz, merezco administrar bien mis bienes y hacerlos crecer y merezco goces espirituales. Está hecho; hecho está; lo veo; gracias Dios Mío, Muchas Gracias Mi Señor.
Todos los Ángeles del Señor, bendecid al Señor: entonadle himnos y glorificadle por todos los siglos. Bendice, alma mía, al Señor: y todo cuanto hay en mí bendiga su Santo Nombre. Gloria al Padre.
En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor Jesús, me haces vivir tranquilo (v. Salmos 4,8; 3,5; 16,8; Job 11,18-19).
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA CUARTO
15.  EN PRESENCIA DE JESUS SACRAMENTADO
Señor, Jesucristo, no soy digno que entres en mi pobre morada, mas por vuestra Santa Palabra mis pecados serán perdonados, mi alma será sana, salva, libre y perdonada, por eso te digo como el capitán romano: “—Señor, yo no merezco que entres en mi casa; solamente da la orden—”, y mi alma será sana (Lucas 7,6-7; Mateo 8,8).
Señor, Jesucristo, que estás en el Sagrario orando día y noche por mí, te digo como los apóstoles: ''Enséñame a orar'', devotamente a María, en especial como Rosa Mística (v. Lucas 11,1).
 Señor, Jesucristo, que regalas el agua que salta hasta la Vida Eterna, te digo como la Samaritana del pozo de Jacob: "Dame siempre de esa agua", para que te alabe y agradezca (v. Juan 4,15).
Señor, Jesucristo, que eres luz que ilumina a todo el que viene a este mundo, te digo como el ciego Bartimeo: "Señor, que pueda ver", el camino recto que señala los consejos de la sabiduría (v. Marcos 10,51).
Señor, Jesucristo, a quien el Padre, Dios, ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, te digo como el hombre enfermo de lepra del Evangelio de Marcos: "Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad”, del pecado (v. Marcos 1,40; Lucas 5,12).
Señor, Jesucristo, a quien obedecen la mar y el viento, como en la noche en que “Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: —¡Sálvame, Señor!—”,  te digo: "Sálvame, Señor, que perezco", en mis afugias (v. Mateo 14,30).
Señor, Jesucristo, te pido aceptar y cumplir siempre con alegría y paz lo que la Voluntad de Dios permita, expresando lo que en la noche de la amargura dijiste cuando: “En seguida Jesús se fue un poco más adelante, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: «Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»” (v. Mateo 26,39).
Señor, Jesucristo, que orabas postrado en tierra, quiero ahora postrarme contigo espiritualmente y acompañarte en la adoración al Padre Dios, y petición en esta necesidad.
Señor, Jesucristo, que te aplastaban todas las maldades del mundo y bañaste el suelo con la sangre que brotaba de tu rostro cuando “En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo”, quiero repetir hoy contigo tu oración: Padre si es posible, que se aparte el cáliz de amargura que me hace sufrir (v. Lucas 22,44).
Señor, Jesucristo, y quiero añadir también como Tú: Padre, si no es posible que se aleje el cáliz de la amargura y el dolor, que no se haga como yo quiero sino como Tú quieras.
Señor, Jesucristo, por tu agonía en el Huerto ten misericordia de todos los agonizantes y no los dejes morir sin antes haberse reconciliado con Dios; y, Padre Celestial, que al llegar ellos al Divino Tribunal para ser juzgados, los encuentres purificados con la Sangre de Jesús.
Señor, Jesucristo, que aceptaste el cáliz de amargura, ya que “Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya" y “Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba”, haz que también yo acepte las penas y sufrimientos que Dios permite que me sucedan, pero no dejes de enviarme un Ángel Tuyo a reconfortarme, a consolarme y ayudarme (v. Lucas 22,43).
Señor, Jesucristo, por tus amarguras y tristezas, te pido que cures mis depresiones y desánimos y me conserves siempre en paz y tranquilidad, seguro que Dios nunca me abandonará pues yo no lo abandono a Él y que me dará consuelo al alma, luminosidad a los ojos, y salud, vida y bendición, y si acaso tengo alguna angustia del alma, falta de fe, un desánimo, una tristeza profunda, una desesperación, miedo, ansiedad, odio, frustración, culpa, cólera, o algo que pueda producir resentimiento, venganza, rabia, violencia, ira o desánimo, o enfermedad del cuerpo que disminuya la habilidad para funcionar bien, me lo quita.
Señor, Jesucristo, que te entregaste en manos de los enemigos dejándoles hacerte sufrir lo que quisieran, te pido, Señor, que también yo esté dispuesto a sufrir con paciencia todo lo que Tú permitas que me suceda, siempre sin renegar y sin quejarme, todo por Dios y por la salvación de mi alma (v. Juan 18).
Señor, Jesucristo, que a los que llegaron a tomarte “Jesús les dijo: «Yo soy», se echaron hacia atrás y cayeron al suelo”, te pido, Señor, que yo muchas veces caiga de rodillas y te adore, pero que nunca me vaya a suceder como a aquellos malvados, que luego se levantaron para ofenderte y hacerte sufrir (v. Juan 18,6).
 Señor, Jesucristo, que en esas “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó y le cortó la oreja derecha a uno llamado Malco, que era criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo a Pedro: —Vuelve a poner la espada en su lugar. Si el Padre me da a beber este trago amargo, ¿acaso no habré de beberlo?—”, te pido me corrijas también a mí como a Pedro, cuando me falte prudencia y paciencia en mi proceder, y cuando quiera emplear la violencia o los malos modos, en vez de ser manso y humilde de corazón como lo eres Tú (v. Juan 18,10; Mateo 11,29).
Señor, Jesucristo, que te insultaron y te daban bofetadas, “y acercándose, le decían: "¡Salud, rey de los judíos!", y lo abofeteaban” y “También lo escupían, y con la misma vara le golpeaban la cabeza. Después de burlarse así de él”, te pido Señor, por los honores y estima que te quitaron y te negaron al escupirte, al insultarte y al darte bofetadas, que yo sea capaz de aceptar con paciencia y calma las humillaciones, los insultos y los desprecios, todo por Tu amor y por mi salvación.
Señor, Jesucristo, a quien Caifás y el Sanedrín condenaron injustamente, por esa condenación injusta que sufriste, te pido perdón por haberme dedicado tantas veces a juzgar y condenar a los demás y haz que de ahora en adelante jamás juzgue ni condene injustamente a nadie. Señor, ayúdame a ser como Tú: no enjuiciador. Ayúdame a vivir la vida, sin condenar a nadie, sin criticar.
Señor, Jesucristo, que te amarraron ásperamente las manos y los pies para azotarte, te pido, Señor, por esas tus manos atadas, perdóname las faltas que he cometido. Recuerda, Señor, que yo también soy un pobre prisionero atado con las cadenas de las pasiones. Libérame, Señor, con tu poder y tu misericordia, si estoy encadenado por alguna mala costumbre, por algún vicio, por una mala amistad o por una inclinación muy fuerte hacia el pecado, o por el orgullo, o por la tristeza, o por la avaricia o por alguna otra pasión.
Señor, Jesucristo, de quien muchas veces me he alejado con pensamientos de orgullo, de ambición, de vanidad o de impureza o con el deseo de conseguir la falsa admiración de las gentes, te pido que cada vez que me llegue el pensamiento que me aparta de Ti, sea capaz de rechazarlo y que te diga una y mil veces: “—¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!—”; no permitas que me aparte de Ti (v. Lucas 23,46).
Señor, Jesucristo, Dios Mío, en este momento te pido la presencia del Espíritu Santo para que limpie mi conciencia y deposite en mi inteligencia el poder y la forma para lograr el beneficio que me produce mis labores y mis asuntos, mi estudio y mi vida (…petición...), necesidad por la cual alabo y doy gracias a Dios, y que los resultados sean para gloria tuya, para beneficio de mi prójimo y para el mío propio. Y, que tu bendición llegue al Santo Padre, Papa Francisco, a los Obispos, a los Sacerdotes y Diáconos, a los Religiosos y a los Laicos comprometidos con tu obra, a mi familia, a mi hogar, a mi empleo, a mi estudio, a mi vida y a mis necesidades.
Señor, Jesucristo, Oh, Dios, que tuyo  soy  y tuyo  quiero  ser para siempre, te consagro mi persona y mi familia, con   todo  lo que   soy y  tengo;  reina en  mi  hogar, que   ya  te  pertenece,  y no  permitas que  nos  apartemos de Ti.
Señor, Jesucristo, que te llegue mi clamor y acógelo como lo hiciste con el de Tobías, por eso te digo como él: “En aquellos días, Tobías se echó a llorar; rezaba entre sollozos y decía: Señor, tú eres justo y justas son tus sentencias; actúas siempre con misericordia, con lealtad y con justicia. Señor, acuérdate de mí; no me castigues por mis pecados, no tengas en cuenta mis culpas ni las de mis padres. Por desobedecer tus mandamientos nos entregaste al saqueo, al destierro y a la muerte; nos hiciste refrán y burla de las naciones donde nos dispersaste. Señor, tus sentencias son graves, pues no cumplimos tus mandamientos ni nos portamos lealmente contigo. Señor, haz de mí lo que quieras, hazme expirar en paz, que prefiero la muerte a la vida”, …  y haz lo mismo cuanto que “llegaron las oraciones … a la presencia gloriosa del Dios Altísimo y fue enviado el santo ángel Rafael a curarlo” (v. Tobías 3,1-6 y 16).
16.  EN PRECES
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea el Nombre del Señor (Dios, Padre Nuestro) ahora y por siempre. Desde donde sale el sol hasta su ocaso alabado sea el Nombre del Señor (Dios, Padre Nuestro).
Bendito sea Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la Excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su Gloriosa Asunción a los Cielos.
Bendito sea el Nombre de María, Virgen y Madre.
Bendita sea Santa María, De Los Ángeles.
Bendita sea Santa María, Rosa Mística.
Bendita sea Santa María, La Esclava Del Señor.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
Señor danos sacerdotes.
Señor danos muchos sacerdotes.
Señor danos muchos sacerdotes santos.
Señor danos religiosos.
Señor danos muchos religiosos.
Señor danos muchos religiosos santos.
Señor danos familias.
Señor danos muchas familias.
Señor danos muchas familias santas.
Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío.
Dulce Corazón de María, sed la Salvación Mía.
Nos diste, Señor, el Pan del Cielo. Que contiene en Sí todo Deleite.
Oh Dios que en este Sacramento Admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pido me concedas venerar de tal modo los Sagrados Misterios de Tu Cuerpo y de Tu Sangre, que experimente constantemente en mí el fruto de tu Redención. Tú que Vives y Reinas por los siglos de los siglos. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA QUINTO
17.  EN VENERACIÓN AL CORAZÓN PURÍSIMO DE MARÍA
¡Salve, Corazón clemente, Corazón Inmaculado, Corazón dulce, inocente, mística, sellada fuente, hermoso vergel cerrado, refugio del alma mía en las pruebas y temores!
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Gallardo lirio, que afrenta de la nieve la blancura, rosa ardiente que fulgura, con cuanto en el prado ostenta esbeltez y donosura; encanto del alma mía, Corazón, flor de las flores.
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Amante siempre aunque herido, que nada sabes de enojos: así perfume escogido esparce el rosal florido aprisionado entre abrojos: la ingratitud siempre mía, de ti siempre los favores.
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Por más que fiero contigo el pecador te taladre, eres su mejor abrigo, siempre Corazón amigo, siempre Corazón de Madre, consuelo del alma mía en el valle de dolores.
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Corazón centro, reposo, templo del divino Amor, tálamo nupcial, hermoso, donde descansa el Esposo como en su trono mejor: ¡Oh si en la yerta alma mía se encendieran tus ardores!
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
Corazón todo ternura, Corazón todo bondad, Corazón todo dulzura, todo Gracia y hermosura e inefable caridad; casto imán del alma mía, Corazón de mis amores.
¡Oh Corazón de María, socorre a los pecadores!
18.  EN ALIVIO CON EL PADRE RAFAEL GARCÍA HERREROS
Cristo Divino, cúrame, estoy enfermo, necesito que Tú pases tu mano de Médico Divino sobre mí. Pon tu mano sobre mi cabeza y purifica mis pensamientos, sana mis intenciones. Posa tu mano sobre mi corazón, sáname de cualquier enfermedad de mi cuerpo, Tú milagroso, Tú poderoso. Oh Cristo, te pido alivio. Yo creo en tu infinito poder sanador, yo débil, yo enfermo, yo convaleciente, yo desalentado. Ahora acudo a Tí, en este momento, te suplico, que haya muchos que reciban salud por tu poder infinito, por el adorable poder que Tú tienes de sanar al hombre. ¡Cristo infinito! ¡Cristo eterno! ¡Cristo cercano! ¡Cristo compasivo! ¡Cristo amigo! ¡Sáname! Amén.
Bendito, Alabado y Adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Sea para siempre Bendito, Alabado y Adorado.
Bendito, Alabado y Adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Sea para siempre Bendito, Alabado y Adorado.
Bendito, Alabado y Adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Sea para siempre Bendito, Alabado y Adorado.
Te adoro, Oh Cristo, y te bendigo que por tu Santa Cruz Redimiste al mundo.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEXTO
19.  EN ADORACIÓN EUCARÍSTICA CON SAN JUAN PABLO II
Señor Jesús:
Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.
"Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios" (v. Jn. 6,69).
Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra FE.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.
Siguiéndote a ti, "camino, verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo" (v. Mt. 17,5).
Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.
Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros" (v. Heb. 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.
Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.
Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo" (v. Flp. 1,21).
Nuestra vida no tiene sentido sin ti.
Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente todo se puede sufrir". En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración "el amor es el que habla" (Sta. Teresa).
Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.
CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos aquí y velad conmigo" (v. Mt. 26,38).
Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.
El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables" (v. Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.
En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.
Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o "misterio".
Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el "misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.
Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.
Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.
Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos. Amén.
20.  EN INVOCACIÓN DE FIN
Espíritu Santo: enséñame a comprender como Jesús me comprende; enséñame a amar como Jesús me ama; enséñame a perdonar como Jesús me perdona; y, enséñame a dar sin mezquindad como Jesús me da. Dando es como se recibe y  vendrá prosperidad.
Gloria a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Gloria a la Madre de Jesús y Madre Nuestra y Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, María, en especial como Rosa Mística. Amén.
21.  EN MARÍA, COMO ROSA MÍSTICA, MADRE DE JESÚS Y MADRE NUESTRA
Sagrada Inmaculada Concepción de María, Madre de Dios y Madre Nuestra y Reina del Santo Rosario, ruega por nosotros. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SÉPTIMO
22.  EN LAS ORACIONES LITÚRGICAS PARTE PRIMERA
Concede, Señor, a tu pueblo perseverancia y firmeza en la fe, y a cuantos confiesan que tu Hijo, Dios de gloria eterna como tú, nació de Madre Virgen con un cuerpo como el nuestro, líbralos de los males de esta vida y ayúdales a alcanzar las alegrías eternas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz al celebrar tan gran misterio. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Concédenos, Señor, por intercesión de la Virgen María, hacernos dignos de participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Confirma, Señor, en nosotros, la verdadera fe, para que cuantos confesamos al Hijo de la Virgen, como Dios y como hombre verdadero, podamos llegar a las alegrías del reino por el poder de su santa resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios, creador y restaurador del hombre, que has querido que tu Hijo, Palabra eterna, se encarnase en el seno de María, siempre Virgen, escucha nuestras súplicas, y que Cristo, tu Unigénito, hecho hombre por nosotros, se digne hacernos partícipes de su condición divina. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios de misericordia, fortalece nuestra débil condición y, al recordar a la Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, vernos libres de todas nuestras culpas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios de misericordia, remedia con el amparo del cielo nuestro desvalimiento, para que, cuantos celebramos la memoria de la inmaculada Virgen María, Madre de Dios, podamos, por su intercesión, vernos libres de nuestros pecados. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, concede a los fieles, que se alegran bajo la protección de la Virgen María, verse libres, por su intercesión, de todos los males de este mundo y alcanzar las alegrías del cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, confírmanos en la fe de los misterios que celebramos, y, pues confesamos a tu Hijo Jesucristo, nacido de la Virgen, Dios y hombre verdadero, te rogamos que por la fuerza salvadora de su resurrección merezcamos llegar a las alegrías eternas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, que derramaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en oración con María, la Madre de Jesús, concédenos, por intercesión de la Virgen, entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con testimonio de palabra y de vida. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión materna de la que nos ha dado a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Dios Todopoderoso, que, según lo anunciaste por el ángel, has querido que tu Hijo se encarnara en el seno de María, la Virgen, escucha nuestras súplicas y haz que sintamos la protección de María los que la proclamamos verdadera Madre de Dios. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso y eterno, te pedimos que tu Hijo, que se encarnó en las entrañas de la Virgen María y quiso vivir entre nosotros, nos haga partícipes de la abundancia de su misericordia. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios Todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios y Padre de nuestro salvador Jesucristo, que en María, virgen santa y madre diligente, nos has dado la imagen de la Iglesia; envía tu Espíritu en ayuda de nuestra debilidad, para que perseverando en la fe crezcamos en el amor y avancemos juntos hasta la meta de la bienaventurada esperanza. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA OCTAVO
22. EN LAS ORACIONES LITÚRGICAS PARTE SEGUNDA
Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Oh Dios, cuyo Hijo al expirar en la cruz quiso que su madre, la Virgen María, fuese en adelante nuestra Madre, concédenos a quienes recurrimos a su protección ser confortados por la invocación de su Santo Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-). Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Oh Dios, Padre de misericordia, cuyo Hijo, clavado en la cruz, proclamó como Madre nuestra a santa María Virgen, Madre suya, concédenos, por su mediación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos, y atraiga a su seno a todas las familias de los pueblos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Oh Dios, que en tu providencia admirable has querido asociar a la Virgen María al misterio de nuestra salvación, haz que, fieles a su consejo, pongamos en práctica todo lo que Cristo nos ha enseñado en el Evangelio. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Oh Dios, que por la concepción inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Oh Dios, tú que has preparado en el Corazón de la Virgen María una digna morada al Espíritu Santo, haz que nosotros, por intercesión de la Virgen, lleguemos a ser templos dignos de tu gloria. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Perdona, Señor, los pecados de tus hijos y, ya que nuestras obras no pueden complacerte, concédenos la salvación por medio de la Madre de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Porque te has complacido, Señor, en la humildad de tu sierva, la Virgen María, has querido elevarla a la dignidad de Madre de tu Hijo y la has coronado de gloria y esplendor; por su intercesión, te pedimos que, a cuantos has salvado por el misterio de la redención, nos concedas también el premio de tu gloria. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Que se alegre tu Iglesia, Señor, y se goce en el Nacimiento de la Virgen María, que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la has transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad, concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Te pedimos, Señor, que, al recordar los dolores de la Virgen María, completemos en nosotros, en favor de la Iglesia, lo que falta a la pasión de Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Te pedimos, Señor, que tu Iglesia, por la mediación maternal de la Virgen, anuncie a todas las gentes el Evangelio y llene el mundo entero de la efusión de tu Espíritu. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Te rogamos, Señor, que venga en nuestra ayuda la intercesión poderosa de la Virgen María, para que nos veamos libres de todo peligro y podamos vivir en tu paz. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Oh Madre, derrama sobre mí tus dones celestiales. Oh María, en especial como Rosa Mística, Madre de la Iglesia, ruega por mí. –Salve–
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA NOVENO
23.  EN MEDITACIÓN
Hijo mío queridísimo: ¡yo quiero que esta imagen mía la conserves, no como un recuerdo sino como una señal de mi presencia contigo!
¡Cuando te sientas triste, tómala en tus manos, yo quiero ser tu consuelo!
¡Cuando llores, yo seré tu pañuelo…!
¡Cuando te sientas tentado, yo quiero darte fortaleza…!, y si por desgracia has caído, ¡yo quiero levantarte de inmediato…!
Guárdala como testimonio de mi amor y ayuda para ti y para los tuyos.
¡Yo quiero ser tu defensa, tu guardiana y guardiana de tu familia…!
No temas; ¡yo iré siempre contigo…!
¡Oh, si mis hijos todos comprendieran cuanto los amo, llorarían de alegría…!
(Aparición diciembre 5, 1975: "Yo hago descender la bendición sobre estas estatuas que son mi imagen. A donde quiera que vaya llevaré conmigo alegría, paz y gracia para las almas. Yo estoy siempre cerca de vosotros con mi protección maternal y la especial bendición del Señor").
24.  EN JACULATORIAS
A los misterios de la Santísima Trinidad y Santísima Encarnación del Hijo de Dios y a la Virgen María.
A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Bendita, alabada, ensalzada, adorada y glorificada sea la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios Verdadero. Amén.
A LA SANTÍSIMA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
Bendita, alabada, ensalzada, adorada y glorificada sea la Encarnación del Hijo de Dios en las purísimas entrañas de María Santísima por obra y gracia del Espíritu Santo: su nacimiento, vida, pasión y muerte, y gloriosísima Resurrección, y triunfante Ascensión a los cielos. Amén.
A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Sagrada Inmaculada Concepción de María, Madre de Dios y Madre Nuestra, ruega por nosotros. Amén.
Dulce Corazón de María, sed mi salvación.
Madre dolorosa, ruega por nosotros.
Madre mía, líbrame del pecado mortal.
María, esperanza nuestra, ruega por nosotros.
Virgen María, Madre de Jesús, haznos santos.
María, haz que viva en Dios, con Dios y por Dios.
Santa María, purifica mi corazón y mi cuerpo.
Madre santa, llévame contigo.
María, que entraste al mundo sin pecado alguno, alcánzame de Dios que yo pueda salir de esta vida sin pecado.
María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma.
Bendita sea la Santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios.
Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Ave María Purísima. Sin pecado concebida. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
25.  EN COMUNIÓN ESPIRITUAL
Creo, Señor Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas y me pesa de todo corazón haberte ofendido. Deseo, en este momento, recibirte en mi alma, más ya que no puedo hacerlo sacramentalmente, ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón.
“Señor, no soy digno, ni merezco que entres en mi pobre morada, pero di una sola palabra y mi alma será sana, salva, libre y perdonada. El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, guarden mi alma para la vida eterna. Amén”
Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno enteramente a Ti. Señor, no permitas que por el pecado me separe de Ti. Amén.
"Yo quisiera, Señor, y Dios mío, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”, Comunión Espiritual que de labios del Padre Manuel Laborda aprendió San Josemaría Escrivá de Balaguer.
NOTA[xvi]

Te suplico, Oh Señor Mío Jesucristo, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor, embargue toda mi alma, a fin de que muera de amor por Tí, así como Tú te dignaste morir de amor por mí. Amén.
Señor Jesús, no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas por vuestra santísima palabra, mi alma será sana, salva, libre y perdonada. Amén.
Invocaciones:
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh mi buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas escóndeme.
No permitas que me aparte de Tí.
Del maligno enemigo defiéndeme.
En la hora de mi muerte llámame.
Y mándame ir a Tí, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Así sea. (San Ignacio de Loyola).
Indulgencia de 300 días. Indulgencia de siete años si se rezaren piadosamente estas invocaciones después de la sagrada Comunión. Indulgencia plenaria con las condiciones acostumbradas si se han rezado devotamente estas invocaciones durante un mes entero.(E.I.131) (Misal Romano Diario, Ed. Balmes, Barcelona, 1962, pág. 877).
26.  EN DESPEDIDA
PLEGARIA A LA VIRGEN «ROSA MÍSTICA»
Virgen Inmaculada, Rosa Mística, en honor de tu Divino Hijo nos postramos delante de Ti, implorando  la misericordia de Dios.
No por nuestros méritos, sino por la bondad de tu Corazón Maternal, concédenos ayuda y gracia con la seguridad de ser escuchados.
Dios te salve...
Rosa Mística, Madre  de Jesús,  Reina del Santo Rosario y Madre  de la Iglesia —del Cuerpo Místico de Cristo—, te pedimos, concedas al  mundo rasgado por la discordia, la unidad y la paz y todas aquellas gracias que puedan cambiar los corazones de todos sus hijos.
Dios te salve...
Rosa Mística, Reina  de los Apóstoles, haz  que alrededor de los altares eucarísticos, surjan muchas vocaciones sacerdotales y religiosas  para  difundir con  la santidad de su vida y con  celo apostólico el Reino de tu Hijo Jesús por todo el mundo.
Dios te salve…
Rosa Mística, derrama sobre nosotros tus gracias celestiales.
Dios te salve...
¡Dios te salve, Reina...Rosa  Mística, Madre de la Iglesia, Ruega por nosotros!
27. EN ORACIÓN DE 1942 (31/10/1942)
DEPRECACIÓN FILIAL AL PURÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA
Quisiera, Virgen María, Madre mía muy amada, tener el alma abrasada en vuestro amor noche y día.
¡Oh dulce Señora mía! Quién tuviera tal ardor que aventajara en fervor a los serafines todos, amándoos por cuantos modos inventó el más fino amor!
Antífona. Regocíjese, ¡Oh María!, tu Corazón en Dios, tu salud, porque el que es Todopoderoso hizo contigo cosas grandes.
V. El que me hallare, hallará la vida. R\ Y beberá del Señor la salud.
Oración. ¡Oh clementísimo Dios, que para salvación de los pecadores y consuelo de los desgraciados, quisisteis enriquecer el Purísimo Corazón de la bienaventurada Virgen María con los afectos de caridad y misericordia, tan conformes a los del Divino Corazón de Jesús, vuestro Hijo!, conceded a todos los que honramos a este dulcísimo y amantísimo Corazón, que por los méritos e intercesión de la misma Virgen sacratísima, nos halléis conformes al Corazón de Jesús. Os lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
28.  EN CONCLUSIÓN
Gracias, Oh Dios,  porque, en Nombre de Jesús e intercesión de María, en especial como Rosa Mística, con la oración ya me has dado lo que he necesitado.
Sálvame, Señor Jesús, despierto, y protégeme, mientras duermo, para que vele con Cristo y descanse en paz.
Señor Jesús, a mis necesidades, con obediencia y temor de Dios, digo como Abrahán anunció a su hijo Isaac: “Dios proveerá” (“ElOhim se proveerá”, v. Génesis 22,8 LXX).
 Oh Dios, fuerza de los que en Tí esperan, escucha mis súplicas y, puesto que el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédeme la ayuda de tu gracia, para observar tus mandamientos y agradarte con mis deseos y acciones. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey Celestial, Dios, Padre Todopoderoso. Señor, Hijo Único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios, Padre. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, gracias por interceder. Agradezco al Señor Jesús por haber oído mi oración y estar respondiendo a ella según su infinita sabiduría y amor; alabo y bendigo al Señor Jesús por sus bondades y bendiciones para conmigo y por ser Él tan bueno con sus criaturas. Dejo los resultados en manos de Dios. Deposito en el Señor Jesús todas mis preocupaciones y Él cuidará de mí (v. 1Pedro 5,7), con Dios nada será imposible (v. Lucas 1,37).  Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto  de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡Gloria para siempre a nuestro Dios y Padre y a María, en especial como Rosa Mística, Virgen Madre de Dios y Madre y Señora Nuestra! Así sea.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
María, en especial como Rosa Mística, Madre de Jesús y Madre Nuestra, Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario, Tú eres mi esperanza, mi fortaleza y mi consuelo. Dame desde el cielo tu maternal bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

EPÍLOGO
BENDITA MARÍA, COMO ROSA MÍSTICA, EN SUS APARICIONES:
Bendita María, Rosa Mística. (08-XII-1947 y 08-IX-1974)
Bendita María, La Inmaculada Concepción. (08-XII-1947)
Bendita María, de las Gracias. (08-XII-1947)
Bendita María, la Llena de Gracia. (08-XII-1947)
Bendita María, Madre de su Divino Hijo Jesucristo. (08-XII-1947)
Bendita María, Madre de Jesús. (13-VII-1947)
Bendita María, Madre Nuestra. (13-VII-1947)
Bendita María, Madre de la Iglesia Universal. (08-XII-1947)
Bendita María, Reina del Santo Rosario. (17-I-1971, 25-VII-1971 y 22-VII-1973)
Bendita María, el Inmaculado Corazón. (07-XII-1947)
Bendita María, “Yo les prometo que si me veneran de esta manera especial, gozarán particularmente de mi protección maternal y florecerán las vocaciones religiosas y sacerdotales en todo el mundo”. (13-VII-1947)
Bendita María, “He aquí por qué me presento rodeada de un rosal”. (13-VII-1947)
Bendita María, “espíritu de oración”. (13-VII-1947)
Bendita María, “espíritu de reparación y de sacrificio”. (13-VII-1947)
Bendita María, “espíritu de inmolación total”. (13-VII-1947)
Bendita María, “El fiat de la redención y el fiat de mi cooperación, encuentran su símbolo en la más Hermosa Flor “La Rosa Mística”.”. (22-X-1947)
Bendita María, “Madre del Señor Jesús”. (22-X-1947)
Bendita María, “Madre de la Gracia”. (22-X-1947)
Bendita María, “Madre del Cuerpo Místico de la Iglesia”. (22-X-1947)
Bendita María, Asunta al Cielo “Después que fui Asunta al Cielo, me he puesto siempre en medio como mediadora entre mi Divino Hijo Jesucristo y toda la humanidad!...¡Cuántos favores!...¡Cuántos castigos he tenido!...¡Cuántos coloquios he tenido con las almas!...¡Cuántas visitas más hice a la tierra para traer mensajes!.”. (08-VIII-1966)
Bendita María, “mediadora entre Él y los hombres, intercediendo especialmente por las almas consagradas”. (22-X-1947)
Bendita María, la hora de Gracia para todo el mundo. (22-XI-1947 y 08-XII-1947)
Bendita María, “mediante esta devoción se alcanzará numerosas gracias para el alma y para el cuerpo. Nuestro Señor, mi divino Hijo Jesús, concederá copiosamente su misericordia, mientras los buenos recen por sus hermanos que permanecen en el pecado”. (08-XII-1947)
Bendita María, Corazón Maternal. (07-XII-1947 y 08-XII-1947)
Bendita María, Imagen Rosa Mística. “Donde quiera que yo llegue, llevo conmigo copiosísimas gracias del Señor Jesús, mi Divino Hijo”. (05-XI-1974)
Bendita María, “El 12 de mayo de 1975 otras 6 estatuas de la Virgen Peregrina, dos de 1 m de altura y las restantes más pequeñas de 76 cm se trajeron al Oratorio de Pierina. Ese mismo día a las 9 de la noche, se le apareció la Virgen y dijo: “Yo hago descender la bendición sobre estas estatuas que son Mi Imagen. Dondequiera que Yo vaya, llevo Conmigo: alegría, paz y gracias para las almas...Siempre estoy cerca de vosotros con Mi Maternal protección y la especial bendición del Señor”. (12-V-1975)
Bendita María, "Si todos, buenos y malos, se unen en la oración, obtendrán de este Corazón misericordia y paz”. (08-XII-1947)
Bendita María, “Tengo preparada una sobreabundancia de gracia para todos aquellos hijos que escuchan mi voz y toman a pecho mis deseos”. (08-XII-1947)
Bendita María, “Esto debe demostrar cómo el pecado es lodo y suciedad en el corazón de mis hijos. Pero si se bañan con el agua de la Gracia que son los Sacramentos, las almas quedan purificadas”. (17-IV-1966)
Bendita María, dadora de “Gracias materiales y espirituales”. (08-XII-1947)
Bendita María, “Deseo que este trigo sea amasado y convertido en pan eucarístico para muchas COMUNIONES REPARADORAS” (09-VI-1966)
Bendita María, “Mi amor universal unido a la Sangre Preciosísima de Jesús, salve a toda la humanidad, y una a todos los hombres bajo un solo rebaño y un solo Pastor”. (17-IV-1966)
Bendita María, "Hija, mira aquí el Santo Rosario! Todos los que lo recen recibirán infinidad de gracias. El rosario establece una fuerte unión con mi Corazón y glorifica al Señor de los cielos y del Universo. Insta a todos los que me aman, que reparen los agravios que se infieren a mi Divino Hijo Jesucristo. Hijos míos, amaos mutuamente… haced sacrificios por amor. La oración es el amor que sube al cielo. Ojalá todos mis hijos comprendan mi deseo para cumplirlo. La bendición del Señor descienda sobre todos!". (1966)
Bendita María, "Un rosario bien rezado es la mejor oración imperatoria. Contiene la meditación de los misterios de la fe; el Padre Nuestro, la oración del Señor que une a todos los hijos; y la glorificación de la Santísima Trinidad con el Gloria. Repite a todos que recen el rosario porque es un anillo de fe y de luz y una prenda del poder de la intercesión". (17-I-1971)
Bendita María, "Yo hago descender la bendición sobre estas estatuas que son mi imagen. A donde quiera que vaya llevaré conmigo alegría, paz y gracia para las almas. Yo estoy siempre cerca de vosotros con mi protección maternal y la especial bendición del Señor". (05-XII-1975)
Bendita María, que acompaña con la Gracia y la Bendición de su Hijo Jesús. (05-IV-1960)
Bendita María, mi Divino Hijo Jesucristo me envía una vez más a la tierra, a Montichiari, para llevar a la humanidad copiosas Gracias. (17-IV-1966)
Bendita María, “Mi divino Hijo es todo amor, pero el mundo va hacia la ruina. Yo he alcanzado una vez más misericordia y vengo a Montichiari para traer las gracias de su amor, pero para salvar a la humanidad se necesita oración, sacrificio y penitencia”. (13-V-1966)
Bendita María, “Que se llame la fuente de la Gracia”. (17-IV-1966)
Bendita María, “Mi Hijo me ha enviado nuevamente a pedir la unión de Comunión Reparadora y que esto sea para el 13 de octubre”. (06-VIII-1966)
Bendita María, "La obediencia es paz que viene del Señor... Lo contrario es discordia y ruina de las almas!" "Imitar el ejemplo que nos ha dado primero el Divino Hijo Jesucristo: se humilló y se hizo obediente hasta la muerte de Cruz. Hija, la obediencia es humildad, muchas veces es sacrificio, pero Dios Nuestro Señor sabe dar después al alma paz y docilidad, que es el verdadero amor de Él" (15-V-1969)
Bendita María, “Haz de acuñar una medalla según este modelo: por un lado "Rosa Mística" y por el otro, "María, Madre de la Iglesia". “He sido enviada por el Señor, que escogió a Montichiari para traer el don de su amor, el don de la fuente de gracia y el don de la medalla de mi amor maternal. Yo intervendré en la difusión de la medalla, prenda de caridad universal. Mis hijos me llevarán sobre sus corazones a todas partes y yo les prometo mi protección maternal llena de gracias, en este tiempo en que se quiere destruir la veneración que se me tributa”. “Esta medalla es el signo de que mis hijos están siempre conmigo que soy la Madre del Señor y Madre de la humanidad. Este es el triunfo del amor universal. La bendición del Señor y mi protección estarán siempre con aquellos que recurren a Mi”. (19-V-1970)
Bendita “María, Madre de la Iglesia“. (08-IX-1974)
Bendita María, “Dile a mis hijos que recen el Santo Rosario…, anillo de Fe y de luz y vínculo de unión, de gloria, de intercesión.” (17-I-1971)
Bendita María, Fíat de la Creación, Fíat de la Redención, María de la Corredención. (29-VI-1974 y 13-I-1951)
Bendita María, “Feliz el hombre que se confía a la protección de su Ángel custodio y escucha sus inspiraciones…”. (29-VI-1974)
Bendita María,, “Rosa mística no tiene en sí nada de nuevo… En Rosa Mística está simbolizado el «Fíat» de la Redención, el «Fíat» de mi colaboración”. (22-VII-1973)
Bendita María, “Yo soy la Inmaculada Concepción, la Madre de Jesús el Señor, la Madre de la Gracia, la Madre del Cuerpo Místico: ¡La Iglesia!". (22-VII-1973)
Bendita María, "La Gracia del Señor y su Misericordia infinita por la Iglesia harán florecer de nuevo la Rosa Mística. Y si se escucha esta invitación materna, Montichiari será el lugar desde el cual la luz mística se irradiará a todo el mundo. Sí, todo esto se realizará!". (22-VII-1973)
Bendita “Yo soy María, la Madre de la Iglesia. Por esta Iglesia, por el Santo Padre, por los sacerdotes y por todos los hijos de la Iglesia pido oración, oración, oración, para que vuelva a los corazones el verdadero amor al Señor y a la verdadera caridad”. (08-IX-1974)
Bendita María, “Invocad especialmente la protección del Arcángel San Miguel, para que proteja a la Iglesia contra todos los engaños amenazantes y la defienda. En efecto, la Iglesia no se ha encontrado jamás en tanto peligro como hoy.” (08-IX-1974)
Bendita María, “Ante estas imágenes se ha orado y yo estoy ahora especialmente presente en la ciudad de mi amado hijo Papa Pablo, el Padre de la Iglesia”. (23-XI-1975)
Bendita María, “En verdad dondequiera que yo me detenga mediante esas imágenes, llevo conmigo la Gracia del Señor y el Amor de este Corazón materno. Yo llevo la luz a los corazones, donde aun hay tinieblas, para que ellos comprendan el Amor que he revelado en Montichiari”. (23-XI-1975)
Bendita María, “Colaborad con mi Amor, dad con mi Amor, sacrificad con mi Amor. Así vosotros estaréis unidos a mi por siempre en amor.”. (23-XI-1975)
Bendita María, “ORACIÓN de Fe, ORACIÓN de amor, ORACIÓN de alabanza, ORACIÓN para obtener gracias”, “¡RECITAD EL SANTO ROSARIO!”. (22-VII-1973)
Bendita María, "Hija, mira aquí el Santo Rosario! Todos los que lo recen recibirán infinidad de gracias. El rosario establece una fuerte unión con mi Corazón y glorifica al Señor de los cielos y del Universo. Insta a todos los que me aman, que reparen los agravios que se infieren a mi Divino Hijo Jesucristo. Hijos míos, amaos mutuamente… HACED SACRIFICIOS POR AMOR. La oración es el amor que sube al cielo. Ojalá todos mis hijos comprendan mi deseo para cumplirlo. La bendición del Señor descienda sobre todos!". (1966)
Bendita María, "La obediencia es paz que viene del Señor... Lo contrario es discordia y ruina de las almas!" "Imitar el ejemplo que nos ha dado primero el Divino Hijo Jesucristo: se humilló y se hizo obediente hasta la muerte de Cruz. Hija, la obediencia es humildad, muchas veces es SACRIFICIO, pero Dios Nuestro Señor sabe dar después al alma paz y docilidad, que es el verdadero amor de Él" (15-V-1969)
Bendita María, “PENITENCIA quiere decir, aceptar las pequeñas cruces diarias y realizar el trabajo cotidiano en espíritu de expiación”. (22-XI-1947)
María, en especial como Rosa Mística, para terminar quiero, en este momento, expresar con el Padre DeGrandis:
“Deseo concluir con la siguiente “Oración Milagrosa”, la cual ayuda a que las personas entreguen su vida a Jesús y pidan la presencia del Espíritu Santo. Se ha comprobado que trae grandes bendiciones cuando se dice con voluntad.
Oración Milagrosa
Señor Jesús, vengo ante Tí tal como soy. Estoy avergonzado por mis pecados, me arrepiento de mis pecados, por favor perdóname. En Tu Nombre perdono a otros por todo lo que hayan hecho contra mí. Renuncio a Satanás, a los espíritus del mal y a todas sus obras. Entrego a Ti todo mi ser, Señor Jesús, ahora y siempre.
Jesús, te invito a entrar en mi vida. Te acepto como mi Señor, Dios y Salvador. Sáname, cámbiame, fortaléceme en cuerpo, alma y espíritu.
Ven, Señor Jesús, cúbreme con Tu Preciosa Sangre y lléname con tu Santo Espíritu. Te amo, Señor Jesús. Te alabo, Jesús. Te agradezco, Jesús. Te seguiré todos los días de mi vida. Amén.
María, Madre (de Dios y Madre Nuestra), Reina de la paz (y Reina del Santo Rosario, María en especial como Rosa Mística), todos los Ángeles y Santos, por favor ayúdenme. (Por Jesucristo Nuestro Señor y para su Gloria.) Amén. (-¡Aleluya!-)
Repite esta oración con fe, sin importar cómo te sientas. Cuando llegues al punto en que realmente quieras decir cada palabra, con todo tu corazón, algo espiritual y bueno te ocurrirá. Experimentaras a Jesús y Él cambiará tu vida de manera especial. Ya verás. P. Peter Mary Rookey, OSM” (Rev. Robert DeGrandis S,S,J. Recibiendo la Sagrada Eucaristía, Asociación María Santificadora, 3ª ed., mayo 2001, Bogotá D.C., Colombia, págs. 41-44.
ORACIÓN A MARÍA, COMO ROSA MÍSTICA, POR LA SALUD
 ¡Oh Jesús! que clavado en la Cruz me dejaste como Madre Nuestra a tu Madre Santa María Virgen: concédeme por su mediación amorosa, la purificación de mi alma y la curación milagrosa de mi cuerpo aquejado por esta enfermedad … (nombrarla en silencio). Te lo suplico, confiado en tus palabras: cumplimento de las promesas hechas por María, en especial como Rosa Mística, en Montichiari y Fontanelle. Amén.
(Tres Avemarías y Gloria, para honrar las tres rosas de Nuestra Señora).

CAPÍTULO 10


10.1 ORACIÓN BENDITO SEAS, SEÑOR
Señor, Señor Dios, Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, con el Salmo 118 puedo cantar  lleno de gratitud: "el Señor es mi fuerza y mi energía, Él es mi salvación" (v. 14). "Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo" (v. 24). Amén. (San Juan Pablo II Papa, Audiencia General, Miércoles 5 de diciembre de 2001). ¡Aleluya!
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Daniel 3,26 - Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, alabado y glorificado tu Nombre por siempre. Amén. ¡Aleluya!
Daniel 3,51-90 - Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, a Ti gloria y alabanza eternamente.
Bendito sea tu Nombre, santo y glorioso, a Él gloria y alabanza eternamente.
Bendito seas en el templo de tu santa gloria, a Ti gloria y alabanza eternamente.
Bendito seas en tu trono real, a Ti gloria y alabanza eternamente.
Bendito cuando cabalgas sobre querubines penetrando los abismos, a Ti gloria y alabanza eternamente.
Bendito seas en el firmamento del cielo, a Ti gloria y alabanza eternamente.
Criaturas todas del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Ángeles del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Cielos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Aguas del espacio, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Ejércitos del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Sol y luna, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
astros del cielo, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Lluvia y rocío, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
vientos todos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
fuego y calor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
fríos y heladas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
rocíos y nevadas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
témpanos y hielos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
escarchas y nieves, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Noches y días, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
luz y tinieblas, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
rayos y nubes, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Que la tierra bendiga al Señor, cante en su honor eternamente;
montes y cumbres, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor, cante en su honor eternamente;
manantiales, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
mares y ríos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
cetáceos y cuanto se agita en el mar, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
aves del cielo, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
fieras y ganados, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente.
Hijos de los hombres, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
bendiga Israel al Señor, cante en su honor eternamente;
sacerdotes del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
servidores del Señor, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
almas y espíritus justos, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
santos y humildes de corazón, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
Ananías, Azarías y Misael, bendigan al Señor, canten en su honor eternamente;
porque los sacó de la fosa, los libró del poder de la muerte, los arrancó de la llama ardiente y los libró del fuego.
Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Alaben a Dios, todos los fieles de Dios, denle gracias con canciones, porque es eterna su misericordia y dura por los siglos de los siglos.
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Tobías 8,4-5
Vamos a rezar pidiendo a nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros y nos proteja. Se levantó, y empezaron a rezar pidiendo a Dios que los protegiera. Rezó así: Bendito eres, Dios de nuestros padres, y bendito tu Nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan el cielo y todas tus criaturas por siempre. Amén. ¡Aleluya!
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Salmos 138,8
Que el Señor me defienda mientras viva. ¡Señor, tu Nombre es eterno, no abandones la obra de tus manos! Amén. ¡Aleluya!
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1 Crónicas 29,10-20
Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para siempre. A ti, Señor, la grandeza, el poder, el honor, la majestad y la gloria, porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. Tuyo el reino y el que está por encima de todos. Riqueza y gloria vienen de ti. Todo lo gobiernas. En tus manos están la fuerza y el poder, en tus manos engrandecer y fortalecer a quien quieras. Nosotros, Dios Nuestro, te damos gracias y alabamos tu Nombre glorioso. Ni yo ni mi pueblo somos nadie para ofrecerte todo esto, porque todo es tuyo, y te ofrecemos lo que tu mano nos ha dado. Ante ti somos emigrantes y extranjeros, igual que nuestros padres. Nuestra vida terrena no es más que una sombra sin esperanza. Señor, Dios Nuestro, todo lo que hemos preparado para construir un templo a tu Santo Nombre viene de tus manos y a ti te pertenece. Sé, Dios mío, que sondeas el corazón y amas la sinceridad. Con sincero corazón te ofrezco todo esto, y veo con alegría a tu pueblo aquí reunido ofreciéndote sus dones. Señor, Dios de nuestros padres Abrahán, Isaac e Israel, conserva siempre en tu pueblo ESTA FORMA DE PENSAR Y DE SENTIR, mantén sus corazones fieles a ti. Concede a mi hijo Salomón un corazón íntegro para poner en práctica todos tus PRECEPTOS, NORMAS Y MANDATOS, y para edificarte este templo que he proyectado. David dijo a toda la comunidad: Bendigan al Señor, su Dios. Toda la comunidad bendijo al Señor, Dios de sus padres, y postrándose rindieron homenaje al Señor y al rey.
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10.2 ORACIONES VARIAS BENDITO SEAS
Bendito seas Dios, Padre Nuestro, porque caminas siempre a nuestro lado instruyéndonos con tu Palabra, aquella que formó la creación entera; que habló por medio de los profetas a tu pueblo; que se hizo hombre, Nuestro Señor Jesucristo; y que nos sostiene por la inspiración del Espíritu Santo. Que ella encienda siempre nuestros corazones y nos dé la sabiduría y la fuerza necesaria para hacer tu Voluntad. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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Bendito seas, Señor, porque nos conduces al Padre. Tú dijiste: Yo soy la luz del mundo, quien me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida; ILUMÍNANOS, PUES, CON LA LUZ DE TU PALABRA para que unidos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad trabajemos por un mundo cada vez más humano. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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Bendito seas, Señor, porque viniste al mundo para salvarlo. Que Tu Palabra nos mantenga en vela aguardando tu venida y salvación, para que con la fuerza de tu espíritu seamos testigos de tu llegada a todos los pueblos. Te lo pedimos a Tí que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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Bendito seas, Señor, porque naciendo de María asumiste nuestra condición humana, pusiste tu morada entre nosotros. Que Tu Palabra nos llene siempre de gozo y lo compartamos con todos los hombres y mujeres que luchan por el nacimiento de un mundo mejor. Te lo pedimos a Tí que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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Bendito seas, Señor, porque nos haces renacer a una vida nueva por el agua y el Espíritu. Que Tu Palabra convierta nuestros corazones de piedra en corazones de carne, y junto a los hombres y mujeres de buena voluntad nos dé la fuerza necesaria para trabajar por un mundo cada vez más humano. Te lo pedimos a Tí que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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Bendito seas, Señor, porque con Tu Resurrección has destruido el pecado y la muerte. Tú dijiste: Yo soy la Resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. Que Tu Palabra, Señor, nos mantenga firmes en esta esperanza, y nos fortalezca para alcanzar la vida eterna.
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GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios, Padre Todopoderoso, Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios, Padre. Amén.
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Vírgen de Medjugorje. Ultimo Mensaje, 25 de diciembre de 2016. Durante su aparición:
“Queridos hijos! Con gran alegría hoy les traigo a mi Hijo Jesús para que Él les dé Su paz. Abran sus corazones, hijitos, y estén alegres para que puedan recibirla. El Cielo está con ustedes y lucha por LA PAZ EN SUS CORAZONES, EN LAS FAMILIAS Y EN EL MUNDO, y ustedes, hijitos, ayuden con sus oraciones para que así sea. Los bendigo con mi Hijo Jesús y los invito a no perder la esperanza y a que vuestra mirada y vuestro corazón estén siempre dirigidos hacia el Cielo y la eternidad. De esa manera estarán abiertos a Dios y Sus planes. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”
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El Señor tenga piedad y nos bendiga. Amén. ¡Aleluya!
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10.3 BENDICIÓN DE SALMOS 67, 72, 84, 128
10.3.1 SALMOS 67
Que el Señor tenga piedad y nos bendiga, que nos muestre su rostro radiante, que se reconozca en la tierra tu poderío, y entre las naciones tu victoria. ¡Que te den gracias los pueblos, Oh Dios, que todos los pueblos te den gracias! Que se alegren y salten de gozo las naciones porque riges al mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. ¡Que te den gracias los pueblos, Oh Dios, que todos los pueblos te den gracias! LA TIERRA HA DADO SU COSECHA: NOS BENDICE DIOS, NUESTRO DIOS. Que Dios nos bendiga, y que lo respeten hasta en los confines del mundo. (Amén. ¡Aleluya!) (Abundancia, don de Dios, v. Génesis 27:28; Deuteronomio 16:10; 28:11; Salmos 65; 68:9; 104:10; 144:13; Joel 2:26; Hechos 14:17 y ss).
NOTA[xvii]

NÚMEROS 6, 24-26
El Señor te bendiga y te guarde, el Señor te muestre su rostro radiante y tenga piedad de ti, el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz.
EFESIOS 1,3
¡Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo!, quien por medio de Cristo nos bendijo con toda clase de bendiciones espirituales del cielo. Amén. ¡Aleluya!
10.3.2 SALMOS 72
Que en sus días cunda la prosperidad, y haya prosperidad hasta que falte la luna. Que se postren ante Él todos los reyes y que todos los pueblos le sirvan. ¡Bendito el Señor Dios de Israel, el único que hace maravillas! ¡Bendito por siempre su Nombre glorioso (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), que su gloria llene la tierra! ¡Amén, Amén! ¡Aleluya!
10.3.3 SALMOS 84
Señor Dios del universo, escucha mi súplica, atiéndeme, Dios de Jacob. Porque el Señor es sol y es escudo, Dios concede favor y gloria; el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable. Señor del universo, ¡dichoso quien confía en Tí!
10.3.4 SALMOS 128
¡Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos! Comerás del trabajo de tus manos, ¡dichoso, tú, que te irá bien! Tu mujer, como una vid fecunda, en la intimidad de tu casa, tus hijos como brotes de olivo en torno a tu mesa. Así bendecirá el Dios fiel al varón que respeta al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, disfruta del bienestar de Jerusalén, todos los días de tu vida. Goza de los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!
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EN TARJETA NAVIDAD
Por los méritos de María, Madre del Salvador, te pedimos, Dios de la alegría, que llenes el año que hemos comenzado con tu presencia amorosa y que cuanto deseamos de corazón a nuestros hermanos, sea fuente de bendición y de paz para todos.
Por los méritos de María, Madre del Salvador, te pedimos, Dios de la Alegría, que llenes el año que hemos comenzado, con tu presencia amorosa y que cuanto deseamos de corazón a estos seres queridos, sea fuente de bendición y de paz para todos.
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BENDICIÓN ALIMENTOS
¡Bendito sea el Nombre del Señor! (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-). Como abundantemente, y quedo saciado, y alabo el Nombre de Dios, Mi Señor (v. Joel 2, 26), con alegría y sencillez sincera (v. Hechos 2, 42-47), y de todo corazón (v. Efesios 5, 19-21). ¡Gracias, Muchas Gracias, Mi Señor! Amén. ¡Aleluya! (domiarmo)
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Comerán los pobres hasta saciarse y alabarán al Señor los que lo buscan: ¡No pierdan nunca el ánimo! (v. Salmos 22,27).
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EFESIOS 5, 19-21
Entre ustedes entonen salmos, himnos y cantos inspirados, cantando y celebrando al Señor de todo corazón, dando gracias siempre y por cualquier motivo a Dios Padre, en Nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Sométanse los unos a los otros en atención a Cristo.
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DEUTERONOMIO 4, 29
Buscarás al Señor, tu Dios, y lo encontrarás si lo buscas de todo corazón y con toda el alma.
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JOSUÉ 24, 14
Yo emprendo hoy el viaje que a todos les toca recorrer. Reconozcan de todo corazón y con toda el alma que no ha dejado de cumplirse una sola de todas las promesas que les hizo el Señor, su Dios. Todas se han cumplido, ni una sola ha dejado de cumplirse.
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2CRÓNICAS 32,21
Todo lo que emprendió en servicio del templo, de la ley y de los preceptos lo hizo sirviendo a su Dios de todo corazón. Por eso tuvo éxito.
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1 SAMUEL 1,27
        …es lo que yo pedía; el Señor me ha concedido mi petición. (Biblia del Peregrino).
        Yo le pedía este niño y Yavé me ha concedido lo que le pedía. (Biblia Paulinas).
LBLA Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice.
DHH  Le pedí al Señor que me diera este hijo, y él me lo concedió.
JBS   Por este niño oraba, y el SEÑOR me dio lo que le pedí.
NBD  Éste es el niño que yo le pedí al Señor, y él me lo concedió.
NBLH Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice.
NTV  Le pedí al Señor que me diera este niño, y él concedió mi petición.
NVI   Este es el niño que yo le pedí al Señor, y él me lo concedió.
CST   Éste es el niño que yo le pedí al Señor, y él me lo concedió.
PDT   Oré por este hijo, y el SEÑOR contestó mi oración, dándomelo.
BLP   Este es el niño que pedía y el Señor me ha concedido la petición que le hice.
BLPH Este es el niño que pedía y el Señor me ha concedido la petición que le hice.
RVA-2015  Por este niño oraba, y el SEÑOR me ha concedido lo que le pedí.
RVC  Oraba por este niño, y el Señor me lo concedió.
RVR1960    Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí.
RVA  Por este niño oraba, y Jehová me dió lo que le pedí.
SRV-BRG   Por este niño oraba, y Jehová me dió lo que le pedí.
TLA   Yo le pedí este niño, y él me lo concedió.
SALMOS 66, 16-20
Vengan a escuchar, fieles de Dios, les contaré lo que hizo por mí:
Lo invoqué con la boca, con la lengua lo alabé.
Si yo hubiera tenido mala intención, el Señor no me habría escuchado.
Pero Dios me escuchó, atendió a la voz de mi súplica.
¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni apartó de mí su misericordia!

CAPÍTULO 11


11.1 ORACIÓN BENDICIONES
DEUTERONOMIO 28,1-14
BENDICIONES
»Si obedeces y escuchas la voz del Señor, tu Dios, poniendo en práctica todos los preceptos que yo te mando hoy, el Señor, tu Dios, te pondrá por encima de todas las naciones del mundo. Sobre ti irán viniendo, hasta darte alcance, todas estas bendiciones, si escuchas la voz del Señor, tu Dios:
»Bendito seas en la ciudad, bendito seas en el campo.
»Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tu ganado, las crías de tus reses y el parto de tus ovejas.
»Bendita tu canasta y bendito el recipiente donde amasas tu pan.
»Bendito seas al entrar, bendito seas al salir.
»Que el Señor te entregue ya vencidos los enemigos que se alcen contra ti; vendrán a atacarte por un camino y por siete caminos huirán.
»Que el Señor mande contigo la bendición en tus graneros y en tus empresas y te bendiga en la tierra que va a darte el Señor, tu Dios.
»Que el Señor te nombre su pueblo santo, como te tiene prometido, si guardas los preceptos del Señor, tu Dios, y vas por sus caminos; así verán todos los pueblos de la tierra que se ha invocado sobre ti el Nombre del Señor (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), y te temerán.
»Que el Señor te enriquezca con el fruto de tu vientre, el fruto de tu ganado y el fruto de tu suelo, en la tierra que el Señor había prometido a tus padres que te daría a ti.
»Que el Señor te abra su rico tesoro del cielo, dando a su tiempo la lluvia a tu tierra y bendiciendo todas tus tareas; así, prestarás a muchas naciones y tú no pedirás prestado.
»Que el Señor te ponga en el primer lugar, no en el último; que siempre estés encima de los demás, nunca debajo; si escuchas los preceptos del Señor, tu Dios, que yo te mando hoy, poniéndolos por obra, y no te apartas a derecha ni a izquierda de lo que yo te mando hoy, yendo detrás de dioses extranjeros para darles culto.
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A HIJO 1SAMUEL 26,25
¡Bendito seas, (…) hijo mío! Tendrás éxito en todas tus cosas, por la Gracia de Dios y con su ayuda. Amén. ¡Aleluya! (domiarmo).
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1REYES 2,45
¡Bendito el rey Salomón, y el trono de David permanezca ante el Señor por siempre!
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1REYES 5,21
¡Bendito sea hoy el Señor, que ha dado a David un hijo sabio al frente de tan gran nación!
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1REYES 8,14-20
¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel! Que ha cumplido con su mano lo que su boca había anunciado a mi padre David cuando le dijo:
Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo, Israel, no elegí ninguna ciudad de las tribus de Israel para hacerme un templo donde residiera mi Nombre, sino que elegí a David para que estuviese al frente de mi pueblo, Israel.
Mi padre, David, pensó edificar un templo en honor del Señor, Dios de Israel, y el Señor le dijo:
Ese proyecto que tienes de construir un templo en mi honor haces bien en tenerlo; sólo que tú no construirás ese templo, sino que un hijo de tus entrañas será quien construya ese templo en mi honor.
El Señor ha cumplido la promesa que hizo: yo he sucedido en el trono de Israel a mi padre, David, como lo prometió el Señor, y he construido este templo en honor del Señor, Dios de Israel.
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1REYES 8,56-61
¡Bendito sea el Señor, que ha dado el descanso a su pueblo, Israel, conforme a sus promesas! No ha fallado ni una sola de las promesas que nos hizo por medio de su siervo Moisés.
Que el Señor, Nuestro Dios, esté con nosotros, como estuvo con nuestros padres; que no nos abandone ni nos rechace.
Que incline hacia Él nuestro corazón, para que sigamos todos sus caminos y guardemos los PRECEPTOS, MANDATOS Y DECRETOS que dio a nuestros padres.
Que las palabras de esta súplica hecha ante el Señor permanezcan junto al Señor, Nuestro Dios, día y noche, para que haga justicia a su siervo y a su pueblo, Israel, SEGÚN LA NECESIDAD DE CADA DÍA.
Así sabrán todas las naciones del mundo que EL SEÑOR ES EL DIOS VERDADERO, Y NO HAY OTRO; y el corazón de ustedes será totalmente del Señor, Nuestro Dios, SIGUIENDO SUS PRECEPTOS Y GUARDANDO SUS MANDAMIENTOS, como hacen hoy.
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1CRÓNICAS 16,36
Bendito el Señor Dios de Israel, desde siempre y por siempre. Todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Aleluya!
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1CRÓNICAS 17,27
Dígnate bendecir a la casa de tu servidor para que esté siempre en tu presencia; porque LO QUE TÚ, SEÑOR, BENDICES, QUEDA BENDITO PARA SIEMPRE. (Amén. ¡Aleluya!)
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TOBÍAS 8,15-17
Bendito eres, Dios, digno de toda bendición sincera. Seas bendito por siempre. Bendito eres por el gozo que me has dado: no pasó lo que me temía, sino que nos has tratado según tu gran misericordia. (Amén. ¡Aleluya!)
Bendito eres por haberte compadecido de dos hijos únicos. Sé misericordioso con ellos, Señor, y protégelos; haz que vivan hasta el fin disfrutando de tu misericordia.
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TOBÍAS 10,14-15
Bendito sea Dios, bendito su gran Nombre (Dios, Padre Nuestro -v. Mateo 6,9-), benditos sean todos sus Santos Ángeles por siempre. Que su Nombre se invoque sobre nosotros. Que su Nombre glorioso nos proteja, (Amén. ¡Aleluya!)
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VARIOS
PROVERBIOS 28 (en versículos 5 y 25)
El que consulta al Señor lo entiende todo.
El que confía en el Señor prosperará. Amén. ¡Aleluya!
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LUZ Y PECADO. 1 JUAN, 1,5-2,2.
“CAPÍTULO 1 - Éste es el mensaje que le oímos y les anunciamos: que Dios es luz sin mezcla de tinieblas. Si decimos que compartimos su vida mientras caminamos a oscuras, mentimos y no procedemos con sinceridad. Pero si caminamos en la luz, como él está en la luz, estamos en comunión unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y limpiarnos de todo delito. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no está en nosotros. CAPÍTULO 2 - Hijos míos, les escribo esto para que no pequen. Pero si alguien peca, tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo el Justo. Él se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados y no sólo los nuestros, sino los de todo el mundo.”
NOTA[xviii]
NOTA[xix]
NOTA[xx]

EL AYUNO
(Isaías 58,1-12; v.1,10-20, y Zacarías 7)
1 Grita con fuerte voz, no te contengas, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.
2 Consultan mi oráculo a diario, muestran deseo de conocer mi camino como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no abandonase el mandato de su Dios. Me piden sentencias justas, desean tener cerca a Dios.
3 ¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿Mortificarnos, si tú no te fijas? Miren: el día de ayuno buscan su propio interés, y maltratan a sus servidores;
4 miren: ayunan entre peleas y disputas, dando puñetazos sin piedad. No ayunen como ahora, haciendo oír en el cielo sus voces.
5 ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se mortifica? Doblar la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, ¿a eso lo llaman ayuno, día agradable al Señor?
6 El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos;
7 compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano.
8 Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas sanarán rápidamente; tu justicia te abrirá camino, detrás irá la gloria del Señor.
9 Entonces llamarás al Señor, y te responderá; pedirás auxilio, y te dirá: Aquí estoy. Si destierras de ti toda opresión, y el señalar con el dedo, y la palabra maligna;
10 si das tu pan al hambriento y sacias el estómago del necesitado, surgirá tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
11 El Señor te guiará siempre, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuyas aguas nunca se agotan,
12 reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos antiguos; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.
NOTA[xxi]

SALMOS 118,25
¡Sálvanos, Señor, por favor!
¡Por favor, danos éxito, Señor! (Biblia del Peregrino)
Danos la victoria, dánosla, Señor;
danos el triunfo, dánoslo, Señor. (Biblia Martin Nieto)
¡Da la salud, dala, oh Yavé,
Da la prosperidad, dala, oh Yavé! (Biblia La Santa Biblia, Paulinas, 3ª ed.)
Por favor, Señor, ¡sálvanos!
Por favor, Señor, ¡haz que nos vaya bien!  (Biblia Dios Habla Hoy)
Te rogamos, oh YHVH: ¡Sálvanos ahora!
Te rogamos, oh YHVH: ¡Haznos prosperar ahora!  (Biblia Textual Hebraica  Sttugartensia)
Mas no por esta alegría olvidaré, Señor, la continua necesidad que tengo de tu auxilio; yo te pido este auxilio, Dios mio; sálvame, Señor; haz prosperar el  reinado de tu ungido, (Sagrada Biblia en Latín y Español. 1832).
NOTA[xxii]







NOTAS

[i] 7,1-14 Ningún rey empezó de otra manera.
A continuación comienza el discurso del rey, en su deseo de compartir cuanto ha llegado a saber de la sabiduría. Desde el ejemplo de su vida va a mostrar cómo llegó a obtenerla. Esta primera parte se puede dividir en dos: 1. Autopresentación del rey (1-6): siguiendo el modelo de la diatriba griega, el autor se sitúa, aun siendo rey, en el nivel de los demás hombres (Gn 2,7; Job 10,8-12; Sal 139,13-16). 2. Explicación de cómo adquirió la sabiduría (7-14): con posibles alusiones al sueño de Salomón en Gabaón (1 Re 3), se presenta la sabiduría como fruto de la oración y estimada más que todos los bienes –la belleza, la salud y la luz eran algunos de los valores más estimados por los griegos–.
A pesar de los siglos, hay muchos textos de la Biblia de plena actualidad. El comienzo de este texto es uno de ellos. La sabiduría de Dios no puede ser reconocida sin antes reconciliarse con la propia naturaleza humana, y desde aquí, contemplarla como un regalo que supera todos los bienes que el hombre pueda adquirir por sus propios méritos. Un don que, como todos, cuanto más se reparte, más se obtiene de él.
7,15-21 La Sabiduría me lo enseñó.
El discurso del rey continúa ahora con una invocación para saber expresarse adecuadamente, seguida de una enumeración de los conocimientos que ha obtenido de la sabiduría (1 Re 5,9-14). Muchos de los elementos son una actualización del texto de 1 Re 4,32-34, según los conocimientos de la física griega –actividad del mundo, relación de los elementos naturales, etc.–. De este modo el rey se atribuye para sí la ciencia que buscaba la cultura del momento.
Hoy día el mundo hace alarde constantemente de la independencia de los distintos ámbitos de la realidad –el conocimiento, las relaciones humanas, la sociedad, el mundo laboral, la economía, el derecho, la política, etc.–, con la consiguiente deshumanización de las mismas. Para este texto, sin embargo, Dios es quien unifica toda verdad, ¿acaso no es urgente comprender esta frase desde el compromiso con el mundo más necesitado?
7,22–8,1 Reflejo de la luz eterna.
En este apartado se define la naturaleza de la sabiduría, con términos
de la filosofía griega aplicados a la religión judía (Eclo 24,3; Jn 1,5.9; Col 1,15). Comienza enumerando 21 características de la sabiduría (22s) y continúa estableciendo la relación de ésta con Dios y con la creación (7,24–8,1), como en Prov 8,22-31, prólogo de toda la teología en la que se inspirarán Juan (Jn 1,3.10), Pablo (Col 1,15-17) y Hebreos (Heb 1,3). De este modo, el autor del libro expresa la superioridad de la sabiduría respecto al conocimiento griego. ¿Cómo reconocer la verdadera sabiduría? ¿Es posible
hallarla en medio de un mundo tantas veces alejado de la verdad y envuelto en juegos egoístas? Sí, mientras existan quienes, con sus vidas, sean portadores de esperanza y de sentido para quienes los han perdido, y mientras haya también, quienes los reconozcan. (Sabiduría 7,1-30. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel)

[ii] nom, DIOS tip, DOCT ver, TRINIDAD vet,
DIOS
(a) La revelación de Dios.
“Ya a partir de su primer renglón, la Biblia habla de Dios (Gn. 1:1). De un extremo al otro, se presenta como la revelación que Él ha dado de Sí mismo, revelación sin la cual nosotros no sabríamos nada suficiente acerca de Él.
Es cierto que antes de revelarse mediante la palabra escrita, Dios se manifestaba por la obra de la creación. Ésta muestra la gloria, poder y deidad del Creador (Sal. 19:1; Ro. 1:20). También aquellos que no poseen las Escrituras son culpables de no buscar a Dios, de no glorificarle, y de no darle gracias (Hch. 17:27; Ro. 1:20). Pero en ningún pasaje leemos que nadie entre los hombres llegue a conocer a Dios de una manera concreta mediante la contemplación de la naturaleza.
Lo mismo se puede decir acerca de la conciencia. Los hombres poseen una cierta noción de la voluntad de Dios (Ro. 2:15). De ello es que subsista un mínimo de moralidad en la sociedad humana y que los magistrados sean, a su manera, servidores de Dios (Ro. 13:4). Pero ello no impide que los paganos ignoren las ordenanzas divinas (Sal. 147:20). Como el hombre pecador no busca a Dios (Sal. 14:2; Ro. 3:11), hace falta entonces una revelación especial en la que Dios toma la iniciativa para que el hombre pueda llegar a conocerle.
Así, se reveló a los primeros miembros de la humanidad, Adán, Abel, Caín, Noé. Pero los recuerdos de esta revelación primitiva quedaron rápidamente oscurecidos. Se pudiera pensar que Job y sus amigos, no pertenecientes al pueblo elegido, todavía fueron beneficiarios y depositarios de aquel conocimiento anterior de Dios. Pero los mismos antepasados de Abraham estaban apartados de Dios (Jos. 24:2). Asimismo, las naciones en general son presentadas como alejadas de Dios (Ef. 2:12). En particular, las pretensiones de los filósofos son rechazadas con energía: el mundo, con su sabiduría, no conoció a Dios (1 Co. 1:21).
Como consecuencia, Dios se reveló, primeramente de una manera directa, a Abraham, Isaac y Jacob, después con la mediación de los profetas, desde Moisés hasta Malaquías. Sus escritos son palabra de Dios (Dt. 18:18, 19), una palabra viva (Hch. 7:38). La revelación culmina en la encarnación, ya prevista y saludada desde antes por los creyentes del AT y del NT (Jn. 20:30; Ro. 16:26). El resultado es que en tanto que esperamos aquel día en que el Señor, a Su vuelta, nos llevará a la gloria, donde conoceremos como somos conocidos (1 Co. 13:12), no tenemos otra fuente válida de información acerca de Dios que la Biblia.
Para que podamos llegar a beneficiamos de la revelación de las Escrituras hace falta, por otra parte, la acción interior del Espíritu Santo. Vista nuestra naturaleza pecadora, somos impermeables a la verdad, incluso cuando nos es presentada en todo su esplendor. Hay una total incompatibilidad entre la manera de pensar de Dios y la de los hombres (Is. 55:8, 9; 1 Co. 2:14). Es preciso que mediante el Espíritu, el Padre nos ilumine con la verdad, y nos disponga para aceptarla (Mt. 16:17; Jn. 6:45; 1 Co. 2:10; Ef. 1:17, 18).
Esta revelación no comporta ninguna imperfección. Se puede admitir una cierta gradación entre la palabra transmitida por los profetas y la del Hijo (He. 1:1). Pero como el mismo Hijo puso Su sello sin reservas de ningún tipo sobre los escritos del AT (Mt. 5:17), no debemos tampoco nosotros presentar ninguna de nuestra parte.
A propósito de esta revelación se puede hacer la siguiente observación: Al decirse: «Oísteis que fue dicho a los antiguos, mas yo os digo» (Mt. 5:21, 22, etc.), según los más acreditados exegetas, Jesús no hablaba aquí del texto del AT, sino solamente de las interpretaciones tendenciosas por las que los judíos trataban de restringir su alcance (cp. Mt. 15:3-6). Incluso si se quiere interpretar de otro modo los pasajes del sermón del monte, no se puede por ello llegar a la conclusión de que la revelación antigua fuera errónea: lo más que se podría decir es que no había sido dada todavía en su plenitud (cp. Mt. 19:8).
(b) La Unidad de Dios.
De principio, Dios aparece como único. Si se emplea la misma palabra en el AT y en el NT para designar a Jehová y a los falsos dioses, se da por supuesto que jamás los autores sagrados atribuyen a los segundos existencia real. Se trata de vanidades (Sal. 115:8; Is. 44:9; 1 Co. 8:4-6). Con frecuencia se puede ver detrás de ellos a los demonios, inspiradores de idolatría, mediante la cual se hacen dar a sí mismos la honra, en lugar de a Dios (1 Co. 10:19, 20).
Con toda certeza, Jehová es el Dios de Israel; pero este vínculo no tiene nada de común con las limitaciones que imaginaban los paganos. Para ellos, cada divinidad tenía sus circunscripciones, con fronteras bien delimitadas, fuera de las cuales otras divinidades ejercían su poder. Nada de esta concepción se halla en los autores sagrados.
Jehová es el Dios de los israelitas por Su elección. En Su soberanía se quiso revelar a ellos (Dt. 4:33- 36). Concluyó una alianza con ellos, y los eligió para que fueran Sus testigos. Esto no significa en absoluto que Su autoridad quede confiada a los que formaban parte de esta nación. Él es el Señor de todas las naciones (Sal. 82:8; 72:11, 17, etc.).
En el seno del pueblo de Israel hubo ciertamente los que atribuían una cierta realidad a los falsos dioses hasta el punto de rendirles culto. Incluso dentro de la Iglesia primitiva los había que no estaban del todo convencidos de la vanidad de los ídolos (1 Co. 8:7). Pero esta tendencia no apareció jamás entre los instrumentos de la revelación. Todo lo que se oye acerca del desarrollo progresivo del monoteísmo en el AT proviene de una interpretación inexacta de los textos. Desde la primera línea de Génesis, Dios es uno, Creador de todo el universo. Los Diez Mandamientos, cuya antigüedad es irrebatible, comienzan con la exclusión de toda falsa deidad (Éx. 20:3). La confesión de fe de Israel se halla en Dt. 6:4. Las afirmaciones de Is. 40-48 son insuperables en su vigor monoteísta, pero no aportan nada que sea fundamentalmente inédito con respecto a los textos más antiguos.
(c) La Trinidad.
La unidad de Dios no excluye en absoluto la distinción entre las Personas de la divinidad. Ya el AT deja entrever esta distinción, aunque ciertamente de una manera velada, ya que era sobre todo la unidad de Dios lo que debía ser destacado frente al politeísmo ambiental. Incluso si no se quiere tener en cuenta la forma plural «Elohim» unida a un verbo en singular, debido a que este hecho recibe varias interpretaciones, hay textos en los que el nombre de Dios es applicable por adelantado al Mesías (Sal. 45:7-8; Is. 9:5); también, siendo que el nombre de «Señor» equivale al nombre inefable de Jehová, se ha de considerar el Sal. 11:1. Con Jehová se asocia un Hijo (2 S. 7:14; Pr. 30:4; cp. Sal. 2:12). El pasaje acerca de la Sabiduría en Proverbios (Pr. 8) nos la presenta como un ser personal, y no como una abstracción, hasta tal punto que, desde el mismo marco de referencia del judaísmo, sus filósofos llegaron a la conclusión de la existencia de un mediador, el Logos, entre Dios y el mundo.
El Espíritu de Dios es igualmente mencionado con frecuencia en el AT, y ello en términos que implican a la vez Su existencia propia y su unidad sustancial con Dios (Gn. 1:2; Sal. 51:13; 2 S. 23:1). Al llegar al NT hallamos allí la doctrina de la Trinidad netamente formulada, aun cuando no se emplee este término.
De entrada, el NT es tan formal como el AT al afirmar la unidad de Dios (Mr. 12:29; Stg. 2:19). La divinidad del Hijo y del Espíritu Santo no contradice en nada este hecho. Pablo opone el solo Dios y Padre y el solo Señor Jesucristo a la multiplicidad de las divinidades y de los señoríos del paganismo (1 Co. 8:5, 6).
Así, en el seno de la esencia divina única se pueden distinguir tres Personas que reciben igualmente el nombre de Dios, que en el seno de la Deidad mantienen unas relaciones a nivel interpersonal. Sería prolijo enumerar todos los pasajes donde este nombre se aplica al Padre. (He aquí unos como ejemplo: Jn. 20:17; 1 Ts. 1:1; 1 P. 1:2; Stg. 1:27; Jud. 1).
El Hijo es llamado Dios por el apóstol Juan (Jn. 1:1; 1 Jn. 5:20), por el apóstol Pedro (2 P. 1:1), por el apóstol Pablo (Tit. 2:13; Ro. 9:5), por el autor de la epístola a los Hebreos (He. 1:8). El texto más contundente es aquel en el que el mismo Jesús acepta que se le llame así (Jn. 20:28). En cuanto al Espíritu Santo, es evidente en base a Hch. 5:3,4 que mentirle a Él es lo mismo que mentir a Dios. Ello es debido a que se trata de Dios. Su Personalidad queda también evidenciada por cuanto tiene voluntad (He.2:4); se comunica (He.9:8); conduce a los Suyos (Gá.5:18); justifica (1Co.6:11); enseña (1Co.2:13); y da testimonio (Ro.8:16), aparte de muchas otras actividades, de las que se mencionan varias principales en Jn.14,15 y 16.
Las tres Personas de la Trinidad son mencionadas juntas en la fórmula bautismal (Mt. 28:19) y en la bendición apostólica (2 Co. 13:13); también en 1 Co. 12:4, 6 y en Ef. 4:4-6, de manera que queda implicada su distinción. Esta distinción queda además posiblemente destacada aún más claramente en los pasajes en los que las tres Personas aparecen con funciones distintas: Por ejemplo, en el bautismo de Jesús, el Padre da testimonio del Hijo, sobre quien desciende el Espíritu Santo (Mt. 3:16, 17); a su muerte, el Hijo se ofrece al Padre por el Espíritu (He. 9:14); en Pentecostés, el Padre envía el Espíritu Santo en nombre del Hijo, y el Hijo lo envía de parte del Padre (Jn. 14:26; 15:26).
En nuestra experiencia de la salvación, la distinción entre las Personas se nos hace clara. Somos salvados según la presciencia de Dios Padre. Es el Hijo quien se ofreció en sacrificio para la redención. Es el Espíritu Santo quien aplica las bendiciones (1 P. 1:2). Pero esta distinción no está limitada a la administración de la salvación, sino que existe desde toda la eternidad en el seno de la esencia divina (Jn. 17:5).
Para acabar de precisar esta doctrina, debemos mencionar los textos que destacan la unidad entre las tres Personas; el primer libro en antigüedad del NT, la 1. Epístola a los Tesalonicenses, presenta al Padre y al Hijo de tal manera unidos, que el verbo que denota la acción de ellos está en singular, lo que es tan contrario a todas las leyes de la gramática griega como pueda serlo a las de la gramática de la lengua castellana. «Mas el Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija (sic) nuestro camino» (1 Ts. 3 11). Jesús dijo de una manera explícita: «Yo y el Padre somos una sola cosa» (Jn. 10:30). Por su parte el Espíritu Santo está tan estrechamente unido al Padre y al Hijo que por Su venida al corazón del creyente también el Padre y el Hijo vienen a morar allí (Jn. 14:17, 23). La subordinación del Hijo al Padre y la del Espíritu Santo al Padre y al Hijo no implican diferencia alguna de esencia entre las tres Personas.
Para hacer comprender el misterio de la Trinidad, en ocasiones quizá para hacerlo aceptable al pensamiento humano, los teólogos han recurrido a diversos argumentos y a diversas comparaciones derivadas del mundo inanimado, y especialmente de la naturaleza humana. Como no hallamos ninguna argumentación de este género en la Biblia, no corresponde una discusión de este tema a un diccionario bíblico. Sin embargo, los que deseen estudiar a fondo esta cuestión hallarán un valioso tratamiento de la misma en la obra de L. S. Chafer, «Teología Sistemática», tomo I, PP. 294- 313, y en la obra de F. Lacueva, «Un Dios en tres Personas» (PP. 125-166). (Véase también TRINIDAD).
(d) Los Atributos de Dios.
A la pregunta ¿quién es Dios? hemos tratado de dar respuesta con la Biblia en la mano: Es Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo. Tenemos que abordar ahora la cuestión que no puede venir más que en segundo lugar:  ¿Cómo es Dios? Aquí es que deberemos mencionar lo que se denominan los atributos de Dios, esto es, los caracteres por los que se distingue de Sus criaturas. La Biblia no da una lista de Sus atributos como tal, sino que los muestra en actividad, de una manera concreta, en la historia de la revelación. De pasada se puede constatar que se aplican indiferentemente a las tres Personas divinas.” (Páginas 204 a 206 del Diccionario Bíblico Teruel   http://www.diocesisdeteruel.org/pdf%20y%20otros/materiales/BIBLIA/DICCIONARIO%20B%C3%8DBLICO.pdf).
“nom, DIOS (Nombres) tip, DOCT CRIT ver, DIVINIDADES PAGANAS, PENTATEUCO, EJÉRCITO DE LOS CIELOS vet,
DIOS (Nombres)
Se rendía una veneración muy particular al «nombre de Dios» en Israel (Éx. 20:7; Dt. 5:11). Ello se debe a que este nombre, objeto del mayor de los respetos por parte de todos los creyentes, era para los israelitas como la misma persona del Señor. En Éx. 23:20, se dice del ángel que manifestaba Su presencia que el nombre de Jehová estaba en él, lo que significa que Dios estaba en él. En Dt. 12:11 leemos que en el país de Canaán Dios se reservará un lugar donde morará Su nombre. En otros pasajes, el nombre de Dios viene a ser sinónimo de Su presencia, p. ej., Sal. 20:2: «Jehová te oiga en el día de la angustia; el nombre del Dios de Jacob te defienda.»
Así se explica el hecho de que entre los principales pecados condenados en el Decálogo figure aquel que consiste en «tomar el nombre de Dios en vano». Esta veneración del nombre inefable de Dios (Jehová) llega entre los judíos hasta extremos rayanos en la superstición. Se llegó a ni osar pronunciar este nombre, y a prohibir su utilización, e incluso a castigar con la muerte a los mismos rabinos que, por error, lo llegaban a pronunciar públicamente. Se excluyó la lectura del nombre, ya que no el nombre mismo, del texto sagrado. Sobre las cuatro consonantes del nombre, o tetragramatón, se colocaron vocales (las del vocablo «Adonai», Señor), de manera que en todas las ocasiones que al leer la Torá se hallaba el nombre de Jehová, se pronunciaba «Adonai».
En el NT se halla el nombre empleado en el sentido particular que se ha estado señalando. Es evidente que «creer en el nombre» de Jesús (1 Jn. 5:13) es creer en Jesús mismo. El pedir a Dios que Su nombre «sea santificado» es orar para que se reconozca y respete la santidad del mismo Dios (cp. el lugar que toma el «nombre» en Hechos 3:16; 4:10, 12, 17, 30; 5:28, 40; 8:12, 16; 9:15-16, 28; 10:43; 19:17; 21:13; 26:9). Los nombres dados a Dios en la Biblia dicen cómo es Dios. Y lo dicen indudablemente mucho major que todos los comentarios que puedan hacerse de Su persona.
(a) ELOHIM.
Elohim es ciertamente una de las designaciones más antiguas del Dios de la Revelación. Se halla en los relatos bíblicos de la creación y de la época patriarcal. Sólo la Biblia conoce este término. Es cierto que tenía un origen semítico: en las lenguas cananea y caldea Dios se llamaba El. Indudablemente, se había preservado el antiguo nombre de Dios dado en la revelación original, conocida por Noé, pero que quedó posteriormente rodeado de conceptos paganos. Así, Abraham y sus descendientes retomaron el nombre de El en su sentido originario, desvinculado de connotaciones paganas, para designar a Dios. En Israel, este nombre asume un carácter más particular, viniendo a ser el nombre propio del Dios único e incomparable. Es así que se acompaña siempre con un adjetivo que destaca un aspecto una virtud del mismo Dios El Shaddai (Dios Todopoderoso Gn. 17:1), El Elión (Dios Altísimo Gn. 14:18), El Olam (Dios eterno Gn. 21:33), El Ganna (Dios celoso Éx. 20:5), El Hai (Dios viviente Jos. 3:10). De todas maneras se usa preferentemente la forma plural Elohim. Ciertos críticos han sostenido que al ser Elohim un plural ello constituye prueba del politeísmo de los antiguos hebreos. Sin embargo, la prueba de que esto es una falsa acusación la tenemos en los adjetivos que acompañan al término Elohim de la Biblia, y que se hallan siempre en forma singular. Así, en Gn. 1:1 se dice, no que Elohim (los dioses) crearon, sino: Elohim creó (bórá). En realidad la forma plural de Dios en la Biblia evoca un sentimiento de reverencia. Es un plural mayestático, el nombre que sintetiza todas las perfecciones divinas. Al mismo tiempo, insinúa la presencia de una pluralidad de personas en el seno de la deidad. Cp. igualmente los consejos en el seno de Dios: «Hagamos al hombre...» (Gn. 1:26) y «He aquí el hombre es como uno de nosotros» (Gn. 3:22).
Elohim se deriva de una raíz que significa «ser fuerte, poderoso». Este nombre del Dios poderoso conviene particularmente al Creador de Génesis 1, donde se emplea constantemente. Aparece 2.312 veces en el AT.
(b) JEHOVÁ.
Éste es el nombre más empleado en el AT (6.499 veces). En castellano se transcribe en esta forma. No se trata de un sustantivo, sino de un calificativo que, en hebreo, se presenta en forma de un tetragrama: YHVH. Éste es el nombre inefable, que los judíos no tenían derecho alguno a pronunciar, y que debían sustituir en la lectura del texto sagrado por Señor (mi Señor, Adonai). Es por esta lectura que los masoretas tuvieron la idea de añadir a las cuatro consonantes YHVH las vocales que pertenecían al sustantivo Señor (Adonai). El lector judío, así, no se equivocaba; sabía que tenía allí dos nombres en uno, uno todo en vocales, el otro todo en consonantes. Más tarde, los cristianos transcribieron erróneamente como «Jehová», dando así en una sola palabra las dos juntas. La verdadera transcripción debiera dares como YªHV'H, o Yahveh. YHVH significa «Aquel que es». En este nombre encontramos a la vez la afirmación metafísica del Ser eternamente presente (Yo soy), que está en el origen y al final de toda existencia, Dios único, incomparable, sin limitaciones, y la afirmación moral y espiritual de la fidelidad divina. Yahveh, éste es el Dios que se relaciona con el hombre, y que le quiere dar Su propia vida (la raíz de Yahveh es a la vez ser y vivir). La inmortalidad, la verdad y la fidelidad quedan reunidas en Yahveh. Si «Elohim» destaca un atributo de Dios, el poder, «Yahveh» revela con mayor fuerza Su propia esencia. El uso de este último nombre muestra que se relaciona con el Dios de la redención y del pacto que se revela al hombre para salvarle. Es Elohim, el Creador, quien dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen» (Gn. 1:26); pero es como Yahveh-Elohim que entra en relación con el hombre a partir de que éste toma su lugar en la escena, advirtiéndole, juzgándole, prometiéndole salvación, revistiéndole de pieles de animales sacrificados (Gn. 2:7, 16; 3:9, 15, 21). Otras expresiones compuestas con el mismo nombre completan esta revelación de la providencia y de la salvación divinas:
(A) «Yahveh-Jireh», Jehová proveerá (Gn. 22:13-14);
(B) «Yahveh-Rafah», Jehová que te sana (Éx. 15:26);
(C) «Yahveh-Nissi», Jehová mi bandera (Éx. 17:15);
(D) «Yahveh-Shalom», Jehová Paz (Jue. 6:24);
(E) «Yahveh-Raah», Jehová mi Pastor (Sal. 23:1);
(F) «Yahveh-Tsidkenu», Jehová nuestra justicia (Jer. 23:6).
En verdad, Jehová, el Dios salvador, responde a todas las necesidades de nuestro ser.
La teología crítica ha pretendido que el empleo de los dos nombres Elohim y Yahveh denota en el texto bíblico dos autores diferentes, el Elohísta y el Yahvista (sin hablar de otras «fuentes» constantemente puestas al día; véase PENTATEUCO), que hubieran escrito mucho tiempo después de Moisés, y con mucho tiempo entre sí. Pero el argumento basado sobre los nombres divinos no demuestra nada en absoluto: Sólo en Génesis, Elohim aparece 164 veces, y Yahveh 146 veces. ¿Acaso se puede recortar el texto en otros tantos fragmentos? ¿Y qué se va a hacer del nombre Yahveh-Elohim (Jehová Dios), que aparece desde el capítulo 2? ¿Se va a decir también que los otros nombres (Adonai, etc.) revelan cada uno de ellos a un nuevo autor, distinto de los otros? Según los críticos, el nombre de Jehová no hubiera sido revelado más que a partir de Moisés ante la zarza ardiente, puesto que Dios le afirma: «Así dirás a los hijos de Israel: El YO SOY me ha enviado a vosotros» (Yo soy, «Eheieh», ésta es la transcripción de la 1ª persona de Yahveh; «Él» es, tal es el sentido verdadero de Su Persona). El Señor añade, al enviar a Moisés: «Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos» (Éx. 3:15; 6:3). ¿Qué significa esta declaración, frente a todo lo que hemos afirmado acerca de la presencia de Jehová en todas las páginas del Génesis? Una explicación que se ajusta a la mentalidad oriental acerca de la naturaleza de los hombres es como sigue: El Éxodo es por excelencia el libro del pacto y de la redención. Dios se revela en el Éxodo como nunca lo había hecho a los patriarcas, y ello no solamente a Su pueblo, sino también a los egipcios y a Faraón. El rey exclamó: «¿Quién es Jehová?... Yo no conozco a Jehová» (Éx. 5:2), y la respuesta del Señor vuelve como un proverbio: .... y vosotros sabréis que yo soy Jehová» (Ez. 6:7; 7:5,17, etc., cp. Ezequiel, donde esta expression aparece más de 50 veces, p. ej., Ez. 5:13; 6:14, etc.). Así, conocer a Jehová es reconocer Su naturaleza, Su carácter, Su soberanía, Su obra en juicio y salvación.
(c) JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS.
Jehová de los ejércitos. Expresión frecuentemente empleada en el AT (Is. 54:5; Os. 12:6, etc.), más particularmente en los libros preexílicos (Samuel, Reyes, Salmos, Isaías, Amós). Este nombre compuesto viene a ser sinónimo de Creador todopoderoso, de dominador supremo, de Dueño de todo el cosmos.
(d) ADONAI.
Adonai, Señor, Dueño. Este nombre fue también aplicado ya desde el principio al Dios de Israel (Gn. 15:2, 8; 18:3, 27, 30; Éx. 23:17; 34:23); se utiliza 427 veces en el AT, expresando la soberanía de Dios, y por ello el sentimiento de dependencia de la creación, la noción de que el hombre está al servicio de su Creador, a quien pertenece, y a quien debe su existencia como el vasallo a su soberano. (Notemos que el término «adonai» se emplea también para un hombre; p. ej., Abraham es el «Señor» de Sara y de su siervo (Gn. 18:12; 24:9, 10, 12). Moisés, amedrentado ante el servicio al que ha sido llamado, emplea el nombre divino apropiado al decir: «¡Ay, Señor [Adonai]!, nunca he sido hombre de fácil palabra. . . » Y es Jehová [Yahveh] quien le promete Su presencia y ayuda eficaz (Éx. 4:10-17). El término Señor («Kurios») en el NT es el equivalente de «Adonai».
(e) EL SANTO DE ISRAEL.
El Santo de Israel. En el libro de Isaías, Dios es frecuentemente llamado el Santo de Israel, o solamente el Santo, para denotar el Dios de Israel, o el Verdadero Dios (Is. 1:4; 5:19, 24; 6; 40:25, etc.). En Ezequiel, Dios se hace conocer como Jehová, como el Dios poderoso y verdadero, al manifestar Su santidad (Ez. 20:41 ss; 28:22; 36:2 etc. Es preciso señalar que Dios jura por Su santidad, como jura por Sí mismo (Am. 4:2; Sal. 89:36; Gn. 22:16; Éx. 32:13; Jer. 22:5; Is. 45:23).
La santidad parece ser sinónima con la divinidad. La lectura de un libro como Levítico deja al lector convencido de ello. La santidad, considerada en Dios, no resulta ser tanto uno de Sus atributos como Su mismo carácter. A través del AT, los textos en los que se trata la santidad divina expresan a la vez Su inefable pureza, Su horror al mal, su aborrecimiento contra el pecado, al igual que Su gloria, majestad, elevación y Su grandeza supremas. La santidad de Dios está en estrecha relación con Sus celos, Su ira y Su venganza. Su naturaleza celosa (Éx. 20:15) no es nada más que Su santidad en acción (Oehler). En Ez. 38:18, 23 leemos que en Sus celos e ira Jehová ejercerá Sus juicios sobre Israel y que así Él se glorificará y santificará. La venganza de Dios es una consecuencia de Sus celos y de Su ira (Nah. 1:2; Ez. 25:14, 17). Los celos, la ira, y la venganza estallan cada vez que la voluntad de Dios se enfrenta a la oposición de los hombres, cada vez que es menospreciada y desobedecida.
Al revelarse como santo, Dios intimaba a Israel que ellos debían ser también santos (Lv. 11:44; 19:2; 20:7, 27; cp. 1 P. 1:16). Esta orden queda, como vemos en la cita de 1 Pedro, reafirmada para los creyentes del Nuevo Pacto.
(f) PADRE.
El NT nos dice que Dios es luz, y que es amor (1 Jn. 1:5; 4:8), pero aquí se trata de Su naturaleza y atributos y no de nombres divinos. La revelación más sublime le da el título que resume para el creyente todos los demás títulos y atributos: el de «Padre». El contenido y sentido de este nombre nos ha sido revelado claramente por Jesucristo, por Sí mismo, por la parábola del hijo pródigo (Lc. 15), el Padrenuestro (Lc. 11); por Su oración sacerdotal (Jn. 17). Y esta revelación nos la ha dado en Su calidad de «Hijo», y con el don total que consumó en el Calvario, donde Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo (2 Co. 5:19).
Pero Jehová estaba ya considerado como «Padre» en un sentido nacional, e invocado como tal, desde el mismo AT. Recordemos las incomparables estrofas del profeta Isaías: «Pues tú eres nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos reconoce; tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre...» (Is. 63:16; 64:7). Sin embargo, hay más que la idea del Dios que da la existencia a la nación, que la nutre, la protege, y la salva en su territorio (Os. 11:1). Al releer los pasajes en los que los escritores sagrados hablan de las relaciones entre Dios y el hombre, de la indignidad de los pecadores al título de hijos de Dios (Is. 1:2; 30:1-9; Sal. 73:15); y los que atribuyen a Dios el título de «Salvador» (Sal. 106:21; Is. 43:3, 11; 49:26; 60:16; 63:8; Jer. 14:8; Sof. 3:17, etc.). La paternidad divina se revela también en esta noción del Dios-Salvador, que da por segunda vez la vida a Sus hijos.
Así, a través de los nombres de Dios, constatamos que la revelación bíblica se mantiene de una manera coherente consigo misma desde sus orígenes, y que a través de las diversas formas de Su Nombre se expresan a la vez el carácter, la identidad, la voluntad, y los actos de Dios.” (Ibídem 208-210, Diccionario Bíblico Diócesis Teruel).

[iii] “Conocer el nombre es conocer la cosa o la persona (Gen 32,30; Jue 13,17). Saber el nombre de Dios es conocer a Dios (Ex 3,13; Is 42,8; Sal 9,11; 91,14), pues entre el nombre de Dios y el mismo Dios hay una identidad absoluta (Ex 23,21; 33,19; 34,5; Dt 5,11; 12,5.11.21; 16,2.6; ISam 20,42; IRe 8,29; 9,3; 2Re 21,4.7; Is 30,27; 59,19; 60,9; Jer 24,27; Sal 20,2; 22,23; 105,47; 122,4). Esta identidad está muy clara en Is 42,8: «Yo, Yavé, tal es mi nombre». Moisés quiere saber cómo es Dios y le pregunta por su nombre. Y Dios le dice: «Yo soy Yavé, el que es, el que soy» (Ex 3,14), el fiel, siempre el mismo.” (Evaristo Martín Nieto. El Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo 1996, Madrid. Pág. 56).

[iv] “Dios se reveló luego a Abraham, ya de 99 años de edad, como «el Dios Todopoderoso», nombre que indica que los recursos se hallan en el mismo Dios.” (Página 10 del Diccionario Bíblico Teruel
http://www.diocesisdeteruel.org/pdf%20y%20otros/materiales/BIBLIA/DICCIONARIO%20B%C3%8DBLICO.pdf).

[v] (Dios el Padre: v. Gén. 1:26–27; Sal. 82:6; Mal. 2:10; Mateo 3:16–17; 5:48; 6:8, 26, 32; 17:5; Lucas 11:11–13; Juan 3:16–17; 17:3–5, 11; Hech. 7:55–56; 17:28–29; Rom. 8:16–17; 1 Cor. 8:5–6; Efe. 1:2–3, 17; Heb. 12:7–9; 1 Juan 3:1–2).
“Nadie puede decir PADRE sin la gracia del Espíritu (cfr. 1Co 13,3). PADRE es la palabra que Jesús usaba en los momentos más fuertes: cuando estaba lleno de alegría, de emoción: Padre, te doy gracias porque has revelado estas cosas a las gente sencilla (Mt 11,25); o llorando ante la tumba de su amigo Lázaro: Padre, te doy gracias porque me has escuchado (Jn 11,41); o luego, en los momentos finales de su vida, al final (cfr. Lc 23,46). En los momentos más fuertes Jesús dice PADRE; es la palabra que más usa. Habla con el Padre. Es el camino de la oración y, por eso me permito decir que es el espacio de oración. Sin sentir que somos hijos, sin sentirse hijo, sin decir PADRE, nuestra oración es pagana, es una oración de palabrería.
“Claro que se puede rezar a la Virgen, a los Ángeles y a los Santos. Pero la piedra de toque de la oración es PADRE. Si no somos capaces de iniciar la oración con esa palabra, la oración no irá bien. Padre. Es sentir la mirada del Padre sobre mí, sentir que esa palabra Padre no es perder el tiempo, como las palabras de las oraciones de los paganos: es una llamada al que me dio la identidad de hijo. Ese es el espacio de la oración cristiana –Padre–, y luego ya podemos rezar a todos los Santos, a los Ángeles, y también hacer procesiones, peregrinaciones… Todo eso es hermoso, pero siempre comenzando con Padre y conscientes de que somos hijos y que tenemos un Padre que nos ama y que conoce todas nuestras necesidades. Ese es el espacio.” (Homilía del Papa Francisco en Santa Marta Jueves, 16 de junio de 2016).
“La palabra Abba es de tal importancia y sacralidad que solo puede ser usada para dirigirse a Dios. Sólo Dios es nuestro Abba: «No llaméis a nadie "padre" vuestro en la tierra, porque uno sólo es vuestro Padre, el del cielo» (Mt 23,9). Dios es «el Padre», con articulo y con mayúscula, el Padre por excelencia, el único. Podemos decir que su nombre propio es ese: «El Padre». A nadie más se puede llamar padre, y nadie se puede dejar llamar padre, pues eso supone apropiarse del mismo nombre de Dios.” (Evaristo Martín Nieto. El Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo 1996, Madrid. Pág. 40).
“En un sentido más amplio, Dios es Padre, porque a él le debemos el ser y el subsistir, porque de él procede todo bien (2Cor 5,18), el don de la nueva vida en Cristo (Rom 5,15), la gracia y el don de la justicia (Rom 5,17), «el don indecible», portador de gracias sin fin (2Cor 9,14-15), el don de la fe, garantía de nuestra salvación (Ef 2,8), el don del Espíritu Santo: «Todo don excelente y todo don perfecto viene de lo alto, del Padre de las luces. Él nos ha engendrado» (Sant 1,17-18).
“Y como él nos ha engendrado, quiere y reclama para sí mismo el título de Padre: «A nadie llaméis Padre». «Buen Padre os tenéis, que os da el buen Jesús; no se conozca aquí otro Padre». (Santa Teresa de Jesús C45,2)” (Evaristo Martín Nieto. El Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo 1996, Madrid.  Pág. 41).
“Aparte de la oración sacerdotal (Jn 17) y del Padre Nuestro (Mt 6,9-13; Lc 11,2-4), los evangelistas recogen sólo tres oraciones de Jesucristo: Lc 10,21 y Mt 11,25-26; Mt 26,39.42.44; Mt 27,46 y Lc 23,34.46. Jesucristo comienza todas sus oraciones con la palabra «Padre», todas menos una, la oración de queja: Mt 27,46.
“La oración hay que comenzarla siempre, como Jesucristo, con la palabra «Padre», y con humildad, pues se trata de escuchar a Dios: «Padre, habla, que tu hijo escucha» (1Sam 3,9-10; Sal 99,7-8). Orar no es charlatanería, es escuchar (Mt 6,7). Los paganos, en sus oraciones, fatigaban a los dioses con su palabrería. Esta actitud de humildad está claramente expuesta en la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18,10-14). La oración del fariseo representa lo que no debe ser la oración (la soberbia, la autocomplacencia), la del publicano es la acertada (humildad, sentimiento de pecado, súplica del perdón). Oración confiada: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado» (Jn 11,41). No hay que insistir en pedir cosas para uno mismo, pues «nuestro Padre conoce lo que necesitáis antes de que le pidáis» (Mt 6,8): «Sólo pido no pedirte nada». Lo único que quiero es estar contigo. Oración solidaria: en ella estamos con Dios desde la unión con los hermanos. El que no se entienda con los hombres, no puede entenderse con Dios. Para tratar de amistad con aquel que es nuestro amigo, hay que ser amigo de los hombres, pues el que no tiene capacidad de amistad, tiene muy poca capacidad de orar: «Cuando os pongáis a orar si tenéis algo contra alguien, perdonádselo, para que también vuestro Padre celestial os perdone vuestros pecados» (Mc 11,25)”. (Evaristo Martín Nieto. El Padre Nuestro La Oración de la Utopía. Ed. San Pablo 1996, Madrid.  Pág. 10-11).

[vi] “El Espíritu es el don de Dios, de este DIOS PADRE NUESTRO, que siempre nos sorprende. El Dios de las sorpresas. ¿Por qué? Porque es un Dios vivo, es un Dios que vive en nosotros, un Dios que mueve nuestro corazón, un Dios que está en la Iglesia y camina con nosotros, y en ese camino nos sorprende siempre. Y así como tuvo la creatividad de crear el mundo, tiene la creatividad de crear cosas nuevas todos los días. Es el Dios que nos sorprende.” (Homilía del Papa Francisco en Santa Marta Lunes, 8 de mayo de 2017).

[vii] “Solo el Espíritu Santo nos enseña a decir: JESÚS ES EL SEÑOR. Sin el Espíritu, ninguno de nosotros es capaz de decirlo, de sentirlo, de vivirlo. Jesús, en otros pasajes de este discurso largo, dijo: Él os conducirá a la Verdad plena, os acompañará a la Verdad plena. Él os recordará todas las cosas que yo he dicho; os lo enseñará todo. Es decir, el Espíritu Santo es el compañero de camino de todo cristiano, y también el compañero de camino de la Iglesia. Y ese es el don que Jesús nos da.
“El Espíritu Santo es un don: el gran don de Jesús, el que no nos hace equivocarnos. Pero, ¿dónde vive el Espíritu? En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles (16,11-15), encontramos la figura de Lidia, comerciante de púrpura, una que sabía hacer las cosas, a la que el Señor le abrió el corazón para unirse a la Palabra de Dios. El Señor le abrió el corazón para que entrase el Espíritu Santo y ella fuese una discípula. Es precisamente en el corazón, donde llevamos al Espíritu Santo. La Iglesia lo llama el dulce huésped del corazón: ¡está aquí! Pero en un corazón cerrado no puede entrar. ¿Y dónde se compran las llaves para abrir el corazón? No: eso también es un don. Es un don de Dios. Señor, ábreme el corazón para que entre el Espíritu y me haga entender que JESÚS ES EL SEÑOR. Esta es una oración que debemos hacer en estos días: Señor, ábreme el corazón para que yo pueda comprender lo que Tú nos has enseñado. Para que yo pueda recordar tus palabras. Para que yo pueda seguir tus palabras. Para que yo llegue a la verdad plena.” (Homilía del Papa Francisco en Santa Marta Lunes, 22 de mayo de 2017).

[viii] “La «bendición» dirigida a Dios es una expresión de alabanza y gratitud, como en el caso siguiente: «Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el Nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza» (Neh 9.5)” (Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo Testamento, Editado por Merrill F. Unger - William White, pág. 54).
Nehemías 9:5 - Dios habla hoy
Luego dijeron los levitas Josué, Cadmiel, Binuy, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petahías: "Levántense, alaben al Señor su[3] Dios por siempre y siempre. ¡Alabado sea, con bendiciones y alabanzas, su alto y glorioso nombre!"
Nehemías 9:5 - Reina Valera 1960
Y dijeron los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías: Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza.
Nehemías 9:5 - Nueva Version Internacional
Y los levitas Jesúa, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías clamaron: "¡Vamos, bendigan al Señor su Dios desde ahora y para siempre! ¡Bendito seas, Señor! ¡Sea exaltado tu glorioso *nombre, que está por encima de toda bendición y alabanza!
Nehemías 9:5 - Nueva Versión Internacional 1999
Y los levitas Jesúa, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías clamaron: «¡Vamos, bendigan al Señor su Dios desde ahora y para siempre! ¡Bendito seas, Señor! ¡Sea exaltado tu glorioso nombre, que está por encima de toda bendición y alabanza!
Nehemías 9:5 - Biblia de las Americas
Entonces los levitas, Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías, dijeron: Levantaos, bendecid al SEÑOR vuestro Dios por siempre y para siempre. Sea bendito tu glorioso nombre y exaltado sobre toda bendición y alabanza.
Nehemías 9:5 - Kadosh Israelita Mesiánica
Entonces los Leviim Yeshúa, Kadmiel, Bani, Hashavneyah, Sherevyah, Hodiyah, Shevanyah y Petajyah dijeron: "Levántense, y bendigan a YAHWEH su Elohim desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura; digan: "¡Bendito sea Tu Glorioso Nombre, exaltado sobre toda bendición y alabanza! Y Ezra dijo:
Nehemías 9:5 - Nueva Traducción Viviente
Luego los jefes de los levitas —Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías— llamaron al pueblo: «¡Levántense y alaben al SEÑOR su Dios, porque él vive desde la eternidad hasta la eternidad!». Entonces oraron: «¡Que tu glorioso nombre sea alabado! ¡Que sea exaltado por sobre toda bendición y alabanza!
Nehemías 9:5 - La Biblia del Oso  RV1569
Y dixeron los Leuitas Ieſua, y Cadmiel, Bani, Haſebnias, Serebias, Odaias, Sebnias, Phathahias, Leuantaos, Bendezid à Iehoua nuero Dios deſde el ſiglo hae el ſiglo: y bendiga el nombre de tu gloria y alto ſobre toda bendiciõ y alabança.
Nehemías 9:5 - Reina Valera Antigua 1602
Y dijeron los Levitas, Jesuá y Cadmiel, Bani, Hosabnías, Serebías, Odaías, Sebanías y Pethaía: Levantaos, bendecid á Jehová vuestro Dios desde el siglo hasta el siglo: y bendigan el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza.

[ix] Al Salmo 111,7 s. Meditemos en la felicidad que aquí se nos propone: no temer nunca una mala noticia sabiendo que el Padre nos cuida (v. Salmo 22); y, aun cuando los enemigos parezcan triunfar, esperar tranquilos hasta que caigan, seguros de que caerán (v. Salmos 29; 34; 36; 108); lo cual no nos impedirá rogar por ellos como quiere nuestro Señor (v. versículo 4; Mateo 5, 43-48). Dios nos ofrece esto muchas veces (v. Salmos 3, 7; 26, 1 ss.; 36, 7 ss.; 90, 7; 118, 165; Romanos 8, 31, etc.) y sólo pide que le creamos de veras. Lo que nos traiciona, lo que nos falla es siempre el corazón. ¡Y aquí se nos asegura que no fallará, que estará siempre bien dispuesto! Pero ¿cuántos pueden gloriarse de tener esta confianza? Por tanto, nuestro examen de conciencia ha de empezar siempre por ver si tenemos fe viva, sin la cual “es imposible agradar a Dios” (v. Hebreos 11, 6). De ella nos vendrá el amor, que es lo que nos hará piadosos y justos (v. Salmo 110, 10 y nota. Juan 14, 23 s. y nota.) (Biblia Straubinger).

[x] Se actualiza día a día y en cada instante en la Sagrada Eucaristía, Sagrada Comunión, Sagrada Custodia, Sagrada Hostia y Sagrado Sagrario.

[xi] (Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel: Dar con amor –(caridad)–. Cuando las obras de caridad, llamadas en la teología tradicional, obras de misericordia, se cumplen por cumplir o por obligación o por aparentar, resultan deshonrosas y humillantes; ante todo debe primar el recto sentido de la misericordia y el criterio de la justicia.) (Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel, 1Corintios 13, 4-7: “El amor (la caridad) es paciente, es servicial, [el amor –la caridad–] no es envidioso ni busca aparentar, no es orgulloso ni actúa con bajeza, no busca su interés, no se irrita, sino que deja atrás las ofensas y las perdona, nunca se alegra de la injusticia, y siempre se alegra de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”)
 (Santa Biblia Paulinas Dr. Evaristo Martin Nieto, 1966. 1Corintios 13. Todos los dones, todos lo prodigios, todas las grandes obras de los hombres, nada son, nada valen, de nada sirven sin la caridad que es la reina de todas las virtudes. La caridad e superior a todos los demás dones y virtudes porque todos desaparecerán con la muerte, mientras la caridad es eterna. La caridad de que habla el apóstol en este precioso capítulo es el amor al prójimo; caridad que parangona con la fe y esperanza. El amor al prójimo, pues, es también caridad teológica y aquí tiene su más brillante y perfecto himno.)
(Biblia Hebraica Stuttgartensia LXX, NT, 1Corintios 13,1-13: “La excelencia del amor. Si yo hablara en lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como el bronce que resuena, o un címbalo que retiñe. Y si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviera toda la fe, de tal manera que removiera montañas, y no tuviera amor, nada soy. Y aun si repartiera todas mis posesiones, y entregara mi cuerpo para gloriarme, y no tuviera amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, el amor es bondadoso, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece, no actúa indebidamente, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra en la injusticia, sino que se regocija con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser. Porque las profecías serán abolidas, las lenguas cesarán, el conocimiento se acabará … Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”)

[xii] Indulgencia de tres años cada vez. Indulgencia de siete años, sí, durante el mes de octubre, se reza después del Santo Rosario, Indulgencia Plenaria al mes. (E. I. 476) (página 908 Misal Romano Diario Eudaldo Serra, Pbro. Ed. Balmes, Barcelona 1962. –Hoy Indulgencia Parcial–).

[xiii] Novena pedida a la Reverenda Hermana Dolores del Inmaculado Corazón, fiel devota de San José, y a quien se le agradece su deferencia; nsemedellín@nseradio.com

[xiv] Rezarla por nueve mañanas consecutivas por lo que usted desea (no olvidar rezar también por los que no rezan). Jamás o raramente ha fallado.
Esta oración fue descubierta el año quincuagésimo de Nuestro Señor Jesucristo. En el siglo XVI, envió el Papa esta Oración al Emperador Carlos. El emperador recibió esta oración al prepararse para emprender la batalla.
Los que leyesen esta oración serán premiados. Igualmente se premiará a los que la escuchasen al ser leída o si la llevasen en su persona. A todas estas almas se les promete que no morirán repentinamente; ni se ahogarán; ni serán afectados por el veneno. No caerán en manos de sus enemigos; ni serán consumidos en ningún incendio; ni aun derrotados en la batalla. Haced esfuerzos para que se conozca esta oración, y propagadla en todas partes. Imprimatur Rvdsmo. Jorge W Ahr Obispo de Trenton.
(Oración tomada del sitio web: http://oracionesydevocionescatolicas.com/oracion_san_jose3.htm)

[xv] SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL y RAFAEL. En la Biblia, desde el AT, aparecen los ángeles y sus jefes, los arcángeles, criaturas espirituales, como ministros o servidores de Dios, bien sea para llevar a los hombres los mensajes y la protección divina, bien sea para alabar al Señor y presentarle las preces de los hombres. La Iglesia celebra a tres arcángeles. Miguel, que significa «¿Quién como Dios?», es el defensor de los derechos divinos y el protector del pueblo de Dios y de la Iglesia contra las asechanzas del mal; a él se refieren Dan 10-12, Ap 12 y la carta de Judas. Gabriel, «Fuerza de Dios», es sobre todo el ángel que interviene, enviado por Dios, en los acontecimientos de la Anunciación y del nacimiento de Juan Bautista y de Jesús (Lc 1). Rafael, «Medicina de Dios», aparece en el libro de Tobías, como compañero y protector del hijo en su largo y peligroso viaje y como médico de la ceguera del padre. Con el Salmos 103 (102) podemos rezar: «Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra».- Oración: Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres, te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

[xvi] La version inicial conocida de esta Oración aparece en la obra Explicación de la Doctrina Cristiana. Según el método con que la enseñan los Padres de las Escuelas Pías. Dispuesta en forma de Diálogo entre Maestro y Discípulo. Por el P. Cayetano de S. Juan Bautista, Sacerdote de dichas Escuelas Pías. Está editado en Pamplona en 1800 y tiene 357 páginas, y en la 239 (308) donde el autor invita a avivar el deseo de recibir a Cristo, explicando también cómo hacerlo, y allí se encuentra, así:
“Yo quisiera Señor, y Dios mío, recibiros con aquella pureza, humildad, y amor con que os recibió vuestra Santísima Madre, y con el fervor, y espíritu de los Santos.”
En el Catecismo del Padre Ramo —así se decía—, leemos: "Yo quisiera, Señor y Dios mío, recibiros con aquella pureza, humildad y amor, con que os recibió vuestra Santísima Madre, y con el fervor y espíritu de los Santos'''. San Josemaría la rezaba: "Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos". Cambia amor por fervor, y un pequeño arreglo la hace más sencilla. No sabemos si el P. Laborda ya se la enseñó así, o si san Josemaría la hizo suya desgastándola de tanto vivirla y rezarla, como recomendaba: "¡Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual! —Practícala frecuentemente y tendrás más presencia de Dios y más unión con Él en las obras”. Y es herencia entrañable que legó a sus hijos del Opus Dei, que había fundado en 1928, joya de acendrada devoción eucarística con visos de universalidad perenne.”

[xvii] (Bendición en forma imprecatoria, como comentario a Nm 6,24-26; ésta, en boca de los sacerdotes aarónidas; en el salmo en plural: «nos». Es decir, se democratiza la bendición de Números. Todo bien procede de la bondad divina. Si estamos alegres ante Dios, todos los pueblos reconocerán su poderío y su victoria (2-4). El gobierno universal de Dios, es motivo para que todos los pueblos se alegren y salten de gozo (5s). La cosecha abundante es un signo de la bendición divina (Abundancia, don de Dios, v. Génesis 27:28; Deuteronomio 16:10; 28:11; Salmos 65; 68:9; 104:10; 144:13; Joel 2:26; Hechos 14:17 y ss). Brota de aquí la alegría y el júbilo universal, como se repite rítmicamente en el estribillo (4.6). La bendición sálmica nos lleva al comienzo de la carta a los Efesios (Ef 1,3). Podemos orar con este salmo para dar gracias a Dios por los bienes de la tierra. Comentario a Salmos 67 Biblia del Peregrino. Luis Alonso Schokel.)

[xviii] (Romanos 5,12.15.17-19.20-21. “12 Así como por un hombre penetró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, así también la muerte se extendió a toda la humanidad, ya que todos pecaron. 15 Pero el don no es como el delito. Porque si por el delito de uno murieron todos, mucho más abundantes se ofrecerán a todos el favor y el don de Dios, por el favor de un solo hombre, Jesucristo. 17 En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte, con mayor razón, por medio de uno, Jesucristo, reinarán y vivirán los que reciben abundantemente la gracia y el don de la justicia. 18 Así pues, como por el delito de uno se extiende la condena a toda la humanidad, así por el acto de justicia de uno solo se extiende a todos los hombres la sentencia que concede la vida. 19 Como por la desobediencia de uno todos resultaron pecadores, así por la obediencia de uno todos resultarán justos. 20 La ley entró para que se multiplicara el delito; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. 21 Así como el pecado reinó produciendo la muerte, así la gracia reinará por medio de la justicia para la vida eterna por medio de Jesucristo Señor nuestro.”)

[xix] (1,5–2,2 Luz y pecado. La imagen de la luz, que el cuarto evangelio refiere a Jesús (cfr. Jn 8,12), se aplica ahora a Dios, fuente de la revelación y de la santidad. Cada una de las formulaciones introducidas por esta expresión: «Si decimos» (6,8.10) expresa el sentir de los adversarios gnósticos, cuya doctrina san Juan combate. Hablar de la luz respecto a la divinidad, era un tópico o lugar común en aquel tiempo. Para el gnosticismo el creyente llegaba hasta Dios mediante una especie de iluminación interior, o profundo conocimiento, o éxtasis mistérico; para San Juan se trata de marchar o caminar según el comportamiento de Dios: «sean santos, porque yo soy santo» (Lv 19,2). «Proceder con sinceridad», proceder con la verdad, posee un carácter concreto y existencial. La verdad es la Palabra de Dios, proclamada por Jesús (8.10), que penetra en el creyente hasta transformar su vida. «Proceder con sinceridad» muestra el camino de conversión hacia el encuentro vital con Jesús.
El apóstol insiste con sano realismo: somos pecadores. El pecado existe (8.10). Dios lo permite para manifestarnos su amor en el Hijo (cfr. 4,9; Rom 11,32; Gál 3,22). La sentida conciencia de nuestro pecado no debe llevarnos a la desesperación, sino a renovar la fe en Cristo. Este aparece egregiamente señalado con tres funciones salvadoras: A) Es nuestro «Abogado» –Parakletos–. En el evangelio se aplica al Espíritu Santo (cfr. Jn 14,16.26), aquí se refiere a Jesucristo, el que intercede por nosotros en el tribunal de Dios. B) Es «Justo», no tanto en su esencia, sino  en cuanto a la manifestación de su obra de salvación, puesto que perdona y justifica a los pecadores. C) Es «Víctima» de expiación (cfr. Éx 29,36s), indica el sacrificio voluntario de Cristo sobre la cruz (cfr. Ap 5,9s), que posee eficacia permanente y universal. Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel.)

[xx] (Papa Francisco. Audiencia General. Agosto 9 de 2017. “Hemos oído la reacción de los comensales de Simón el fariseo: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?» (Lucas 7, 49). Jesús acaba de cumplir un gesto escandaloso. Una mujer de la ciudad, conocida por todos como una pecadora, ha entrado en casa de Simón, se ha inclinado a los pies de Jesús y ha derramado sobre sus pies un aceite perfumado. Todos los que estaban allí en la mesa murmuraban: si Jesús es un profeta, no debería aceptar gestos semejantes de una mujer como esa. Aquellas mujeres, pobrecitas, que servían solo para encontrarse con ellas a escondidas, también por parte de los jefes, o para ser lapidadas. Según la mentalidad del tiempo, entre el santo y el pecador, entre lo puro y lo impuro, la separación debía ser neta.
Pero la actitud de Jesús es diversa. Desde los inicios de su ministerio de Galilea, Él se acerca a leprosos, a endemoniados, a todos los enfermos y a los marginados. Un comportamiento tal no era para nada habitual, tanto es así que esta simpatía de Jesús por los excluidos, los «intocables», será una de las cosas que más desconcertarán a sus contemporáneos. Allí donde hay una persona que sufre, Jesús se hace cargo, y ese sufrimiento se hace suyo. Jesús no predica que la condición de pena debe ser soportada con heroísmo, según el estilo de los filósofos estoicos. Jesús comparte el dolor humano, y cuando se le cruza, desde lo más íntimo prorrumpe esa actitud que caracteriza al cristianismo: la misericordia. Jesús, ante el dolor humano siente misericordia; el corazón de Jesús es misericordioso. Jesús siente compasión. Literalmente: Jesús siente temblar sus entrañas. Cuántas veces en los Evangelios encontramos reacciones parecidas. El corazón de Cristo encarna y revela el corazón de Dios, que allí donde hay un hombre o una mujer que sufre, quiere su sanación, su liberación, su vida plena.
Es por ello que Jesús abre los brazos de par en par a los pecadores. Cuánta gente perdura también hoy en una vida equivocada porque no encuentra a nadie dispuesto a mirarlo o mirarla
de manera diferente, con los ojos, mejor, con el corazón de Dios, es decir mirarles con esperanza. Jesús en cambio ve una posibilidad de resurrección incluso en quien ha acumulado muchas elecciones equivocadas. Jesús siempre está allí, con el corazón abierto; abre de par en par esa misericordia que tiene en el corazón; perdona, abraza, entiende, se acerca: ¡así es Jesús!
A veces olvidamos que para Jesús no se ha tratado de un amor fácil, a bajo precio. Los Evangelios conservan las primeras reacciones negativas hacia Jesús precisamente cuando Él perdonó los pecados de un hombre (cf. Marcos 2, 1-12). Era un hombre que sufría doblemente: porque no podía caminar y porque se sentía «equivocado». Y Jesús entiende que el segundo dolor es más grande que el primero, hasta tal punto que le acoge enseguida con un anuncio de liberación: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (v. 5). Libera esa sensación de opresión de sentirse equivocado. Es entonces cuando algunos escribas —los que se creen perfectos: yo pienso en muchos católicos que se creen perfectos y desprecian a los demás... es triste, esto...— algunos escribas allí presentes se escandalizan por las palabras de Jesús, que suenan como una blasfemia, porque solo Dios puede perdonar los pecados.
Nosotros que estamos acostumbrados a experimentar el perdón de los pecados, quizás demasiado «a buen precio», deberíamos recordar de vez en cuando cuánto hemos costado al amor de Dios. Cada uno de nosotros ha costado bastante: ¡la vida de Jesús! Él la habría dado incluso solo por uno de nosotros. Jesús no va a la cruz porque sana a los enfermos, sino por que predica la caridad, porque proclama las bienaventuranzas. El Hijo de Dios va a la cruz sobre todo porque perdona los pecados, porque quiere la liberación total, definitiva del corazón del hombre. Porque no acepta que el ser humano consume toda su existencia con este «tatuaje» imborrable, con el pensamiento de no poder ser acogido por el corazón misericordioso de Dios. Y con estos sentimientos Jesús sale al encuentro de los pecadores, que somos todos. Así los pecadores son perdonados. No solo son tranquilizados a nivel psicológico, porque son liberados del sentimiento de culpa. Jesús hace mucho más: ofrece a las personas que se han equivocado la esperanza de una vida nueva. «Pero, Señor, yo soy un trapo» — «Mira adelante y te hago un corazón nuevo». Esta es la esperanza que nos da Jesús. Una vida marcada por el amor. Mateo el publicano se convierte en apóstol de Cristo: Mateo, que es un traidor de la patria, un explotador de la gente. Zaqueo, rico corrupto —este seguramente tenía una licenciatura en sobornos— de Jericó, se convierte en un benefactor de los pobres. La mujer de Samaria, que ha tenido cinco maridos y ahora vive con otro, escucha cómo se le promete «un agua viva» que podrá manar para siempre dentro de ella (cf. Juan 4, 14). Así Jesús cambia el corazón; hace así con todos nosotros. Nos hace bien pensar que Dios no ha elegido como primera masa para formar su Iglesia a las personas que no se equivocaban nunca. La Iglesia es un pueblo de pecadores que experimentan la misericordia y el perdón de Dios. Pedro entendió más verdades de sí mismo cuando el gallo cantó, que de sus impulsos de generosidad, que le hinchaban el pecho, haciéndole sentir superior a los demás.
Hermanos y hermanas, somos todos pobres pecadores, necesitados de la misericordia de Dios que tiene la fuerza de transformarnos y devolvernos esperanza, y esto cada día. ¡Y lo hace! Y a la gente que ha entendido esta verdad básica, Dios regala la misión más bonita del mundo, es decir el amor por los hermanos y hermanas, y el anuncio de una misericordia que Él no niega a nadie. Y esta es nuestra esperanza. Vayamos adelante con esta confianza en el perdón, en el amor misericordioso de Jesús.”)

[xxi] Isaías 58,1-12 El ayuno. La justicia que juega un papel determinante en el pensamiento deuteronomista, representada también por los profetas, no puede quedar oculta ni siquiera por las más extraordinarias prácticas religiosas, ya que estas últimas corren el riesgo de volverse mecánicas y externas. Este oráculo está, pues, en línea con la exigencia de la interiorización de las prácticas religiosas: si éstas no salen del corazón y sobre todo como fruto de una verdadera justicia, se convierten en abominación para Dios. El meollo del oráculo lo encontramos en los versículos 5-7. Los versículos 8-12 enumeran detalladamente los frutos que produce la práctica de la justicia. El creyente debe recurrir con frecuencia a este tipo de mensajes para examinar la calidad de su vida humana y cristiana (Biblia del Peregrino, Luis Alonso Schokel, págs. 812-813).

[xxii] Salmos118:25 - Bible Gateway
https://www.biblegateway.com/verse/es/Salmos118:25?interface=print 2/2
LBLA Te rogamos, oh SEÑOR: sálvanos ahora; te rogamos, oh SEÑOR: prospéranos ahora.
DHH Por favor, Señor, ¡sálvanos! Por favor, Señor, ¡haz que nos vaya bien!
JBS Oh SEÑOR, salva ahora, te ruego; oh SEÑOR, te ruego nos hagas prosperar ahora.
NBD SEÑOR, ¡danos la *salvación! SEÑOR, ¡concédenos la *victoria!
NBLH Te rogamos, oh SEÑOR, sálvanos ahora; Te rogamos, oh SEÑOR, prospéranos ahora.
NTV Te rogamos, SEÑOR, por favor, sálvanos. Te rogamos, por favor, SEÑOR, haznos triunfar.
NVI Señor, ¡danos la salvación! Señor, ¡concédenos la victoria!
CST Señor, ¡danos la salvación! Señor, ¡concédenos la victoria!
PDT SEÑOR, te alabamos; nos salvó el SEÑOR.
BLP Te lo ruego, Señor, sálvanos, te lo ruego, Señor, haznos triunfar.
BLPH Te lo ruego, Señor, sálvanos, te lo ruego, Señor, haznos triunfar.
RVA-2015 ¡Oh SEÑOR, sálvanos, por favor! ¡Oh SEÑOR, haznos prosperar!
RVC Señor, ¡te ruego que vengas a salvarnos! ¡Te ruego que nos concedas la victoria!
RVR1960 Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.
RVR1977 Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.
RVR1995 Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, Jehová, que ahora nos hagas prosperar.
RVA Oh Jehová, salva ahora, te ruego: Oh Jehová, ruégote hagas prosperar ahora.
SRVBRG Oh Jehová, salva ahora, te ruego: Oh Jehová, ruégote hagas prosperar ahora.
TLA Dios, Dios mío, ¡danos tu salvación, concédenos tu victoria!


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